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“VENDEDORA DE DULCES”

- UN CUENTO -

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Por:

Marco Freddy Solarte Ruano

 

Marco Freddy Solarte Ruano

 

 

– Todas las tardes, de lunes a sábado, de paso al trabajo, un señor acercaba al puesto de ventas por su caja de chiclets y, al tiempo que le entregaba la moneda, le miraba con detenimiento y sonreía; ella también sonreía, pero, con pena agachaba la mirada, hasta que llegó el momento en que sus miradas se encontraron y las palabras salieron espontáneamente iniciando una interesante conversación. Sobre sus impresiones le comentó a su prima que había venido desde Pereira, para la celebración del cumpleaños de su hija.

– Y continuó: No alcanzo a imaginar por qué razón este señor se hubiera fijado en mí -le recalcó- cuando, como ves, mi apariencia exterior es igual a la de otras vendedoras callejeras, y mis rasgos como los de cualquiera indiecita, con el cutis maltratado por las inclemencias de la intemperie.

– Vea, pues; tan raro el asunto -querida prima- había replicado Jésica, con expresiones de asombro.

–  Déjeme le cuento: pues, este señor, con tono seguro me dijo: “tú encajas en la imagen de aquella “naturalita” de la que tanto había hablado su hermano y también recomendado para que le hiciera compañía”.

Días más tarde, -continuó-, dicho personaje, se acercó y, mirando fijamente mis senos, me dijo que yo era una “indiecita hermosa”, y no me molesté, porque entendí el mensaje que estaba cargado de sinceridad y afecto; y, por la misma razón, en el momento que ya se marchaba a su trabajo, le dije mi nombre y también le di el número de mi celular.

Después de unas semanas, en una hoja de mi libreta de notas le escribí:

“Te quiero, eres adorable, tienes una personalidad increíble, y voy a cumplir tus deseos, porque como dice el refrán: “hoy estamos y mañana no se sabe”.

Transcurrieron un par de semanas y me solicitó que escribiera en una hoja de papel mis datos personales y familiares; lo hice con todos los detalles y le agradó mi redacción, la letra y también la ortografía. Seguidamente, en vista de su insistencia para que nos encontráramos en algún lugar; le comenté que mi mamá no podía cuidar a mi hija, por la noche, porque mi papá es “un tanto enojón”, y por tal motivo, tan pronto le pago el dinero del diario al cobrador, empaco los dulces y comestibles, me voy a casa y no me sobra tiempo para atender su deseo.

Al respecto me dijo que él tendría paciencia y esperaría porque estaba encantado con los mensajes que le había entregado; por la forma cómo los había redactado y por mis demostraciones de buen sentido común.

 

 

Entre mensajes, conversaciones cortas y expresiones de mutuo deseo, le conté sobre el “compromiso que tengo con el “gota a gota”, y también le agradecí por los regalos que me había hecho, pero le precisé que yo no era una persona interesada que, si me “mataba trabajando”, era porque soy una mujer correcta y honesta. Tal vez sería por este motivo que, después de unos días me regaló algo de dinero para que le enviara unas fotografías en las que me mostrara discretamente erótica; lo hice, pero no habían sido de su agrado. Entonces, quise compensarle y dejé que él mismo me tomara unas fotografías para que hiciera sus dibujos a lápiz.

Jésica había entendido perfectamente tal situación y, con base en su experiencia, en su propio espacio, le había maquillado y tomado algunas fotografías muy insinuantes y las habían colocado en una de las redes sociales. La respuesta había sido rápida, pues de diferentes lugares muchos hombres le habían enviado mensajes pidiéndole fotografías y videos eróticos. Con tales propuestas, Jésica le había indicado cómo sacarle provecho económico al negocio, pero ésta había hecho caso omiso a tal consejo; sin embargo, Jésica había insistido con el propósito de que pudiera  ganar algún dinero extra y, de una vez por todas, solucionara sus obligaciones económicas con el pago “gota a gota”, y que se librara de esas personas que diariamente cobran los intereses, pero el capital se mantiene y el deudor permanece entrampado.

Tan pronto pudo hacerlo, le había comentado a su mamá sobre tales travesuras y también le había  indicado las fotografías y mensajes que habían “colgado” en la mencionada Internet; ésta, en pocas palabras le había advertido que “estaba jugando con candela”, que estaba “mandando al traste” todos los valores que había aprendido dentro de su familia y en el colegio; que su hija, más temprano que tarde se habría de enterar y que sus amistades le iban  a perder el respeto; además, le dijo:

– Tu prima, Jésica, desde muy niña salió de casa para dedicarse a esa vida disoluta que, según afirma lo hizo por necesidad, pero yo pienso que una parte pudo haber sido por eso, pero la otra fue porque le gustaba esa clase de aventuras.

– Dicho esto, su madre, con rabia y con dolor, le preguntó: ¿hija, a ti te gustaría esta forma de vida?

Todo este comentario de su madre le hizo recapacitar y retiró de la Internet las fotografías y del chat los mensajes.

Ahora, en cuanto a su amigo, no tardó en ganarse su confianza, visitarle a su apartamento y complacerle, sin reatos ni temores, a la manera que su prima, experta en tales lides eróticas, le había señalado. Éste, empezó a dudar desde el momento que supo que había pagado la deuda del “gota a gota” con el dinero aportado por su prima; aunque suponía que ella también le había sacado provecho a sus  prácticas con grupos de personas de oscuros procederes; en fin, con algo de desconfianza, también disfrutó sus habilidades liberadoras y, sobre todo, hizo las mejores fotografías, en diferentes posturas, y también algunos videos que mostraban sus avances en el arte del modelaje erótico.

Al despedirse, ella amorosamente le daba un beso y un abrazo; tomaba lo suyo, y adiós.

 

“Ella tomaba sus fotografías, con modelaje erótico”
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