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LA PAZ TOTAL COMO CAMINO

La política de Paz Total –desde su inicio con la Ley 2272 de 2022– nos ha dejado claro que estamos en otra propuesta de paz.

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Por:

Germán Valencia (*)

 

Germán Valencia

 

Dos de las más importantes ideas sobre la paz en el mundo nos las entregaron Mahatma Gandhi y Boutros Boutros–Ghali a comienzos del siglo veinte y al final del mismo, respectivamente. El primero presentó la paz como camino, es decir, como un sendero que hay que recorrer de manera continua; el segundo la imaginó como una construcción, que conlleva acciones, con las que, al final, se ven los resultados (Ver: El uso de las metáforas en los estudios políticos y de la paz, Universidad de Antioquia, 2023).

Estas dos ideas, a pesar de lo específicas que puedan parecer o ajenas a las dinámicas de nuestro país –pues una se gestó en la lejana India en la década de 1930, y la otra en el seno de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en el decenio de 1990–, se han convertido en algo recurrente en Colombia y podemos ver cómo son usadas a diario en los discursos sobre la paz.

Para constatar esta afirmación no es sino echar la mirada una década atrás y se verá cómo el expresidente colombiano Juan Manuel Santos tomó como referente teórico la idea de trabajar en la “construcción de una paz estable y duradera”, revelando con ello el afecto que le tiene a la idea que propuso el exsecretario de la ONU en 1992 cuando nos presentó Una agenda para la paz.

La paz como construcción nos habla de un conjunto de acciones diseñadas por los actores responsables de mantener el orden público y velar por ella. Un conjunto de medidas que tiene como fin fortalecer las capacidades estatales para gestionar los conflictos violentos y, a la vez, crear las condiciones políticas, económicas y culturales para edificar una paz sólida.

Una idea de paz que está asociada básicamente a la reconstrucción de sociedades, luego de intensas luchas y violentos combates. Una propuesta de paz que se sitúa en el momento en el que se han firmado acuerdos de paz mediante el diálogo político y en el que comienzan a implementarse programas post bélicos –post-conflict peacebuilding– con los que se busca socavar las causas de los conflictos y construir una nueva realidad pacífica.

Una idea que, como vemos, le calza como anillo al dedo a la paz de Juan Manuel Santos; ya que durante su mandato (2010-2018) logró negociar un acuerdo de paz con las FARC-EP, en el que quedaron establecidos una serie de programas como los PDET o el PNIS con los que se busca atender las causas que originaron el conflicto como el tema agrario, la participación política y el narcotráfico–. Programas con los que se aspira a consolidar la paz en los territorios.

En breve, acciones como los programas de desarme, desmovilización y reintegración (DDR), al igual que los encaminados a la reincorporación política, económica y social, y que indican tareas para mejorar la confianza en el Estado y bienestar de las personas. Por tanto, podemos concluir que las políticas que se desarrollan en Colombia, desde hace más de una década, se pueden inscribir claramente en la idea de paz como construcción que propuso Boutros–Ghali hace tres décadas.

Sin embargo, esta idea de paz como construcción parece distanciarse cada vez más de la propuesta de Paz Total que nos hace actualmente el presidente Gustavo Petro. Los avances en materia de paz con las diversas estructuras armadas ilegales en el país –ELN, disidencias y bandas criminales– evidencian que estamos en Colombia muy lejos de tener nuevos programas de desarme, desmovilización y reinserción, y mucho más lejos de una situación posbélica.

La política de Paz Total –desde su inicio con la Ley 2272 de 2022– nos ha dejado claro que estamos en otra propuesta de paz. Una propuesta muy diferente a la que planteó y dejó instalada el gobierno de Juan Manuel Santos (Ver: La Paz Total como política pública). La idea que quiero dejar sentada en esta columna es que la propuesta de paz del gobierno Petro es más cercana a la paz que propuso Gandhi hace casi cien años como camino.

Como recordará el lector, a Mahatma Gandhi le tocó vivir en un momento muy tenso en la historia de la India, cuando esta nación era gobernada por el imperio británico y su pueblo era sometido a fuertes medidas que lo afectaban en todos los ámbitos –económico, político, social, cultural, etc.–. Lo que hizo el líder indio fue ir proponiendo y ejecutando acciones de resistencia que tuvieron sus efectos con el pasar de los años.

Un ejemplo lo podemos encontrar en la mítica Marcha de la Sal, que realizó Gandhi en 1930, para la que propuso un recorrido de cerca de 400 kilómetros, con dirección a Gujarat, en la India, con el objetivo de generar un boicot contra las instituciones británicas. Estas obligaban al pueblo indio a comprar sal importada del Reino Unido, a pesar de contar con la riqueza salina local en el mar Arábigo.

Así como esta estrategia de resistencia fueron muchas las que le sirvieron a Gandhi para ir configurando la propuesta de paz como camino. Una larga experiencia de resistir, de oponerse y de trabajar con la gente, para con ellos construir una idea de paz similar a un largo sendero por el que se transita colectivamente. Una senda por donde nos movemos permanentemente: enfrentándonos con obstáculos, proponiendo acciones y logrando cambios sociales y políticos de manera lenta.

De allí que diga que la Paz Total se puede inscribir en la idea de paz de Gandhi. Lo cual lo justifico en tres observaciones: primero, porque la Paz Total de Petro, al igual que la gandhiana, sólo tiene claro el propósito: acabar con la guerra y la violencia contra el pueblo. Este objetivo quedó claro desde el primer discurso de Petro como presidente. En agosto de 2022 habló de la necesidad de trabajar unidos en un gran acuerdo nacional para romper, por fin, con más de seis décadas de confrontación armada y ofrecer al pueblo una realidad de paz.

Segundo, porque al camino de la Paz Total, como el camino de Gandhi, no se le conoce con claridad. No se sabe a ciencia cierta qué pasos se tendrán en los próximos meses o años, no conocemos una política que guíe la ejecución de estrategias y no conocemos el final, solo aspiramos a reducir la violencia. Solo tenemos hasta el momento varios procesos de paz iniciados, pero con dinámicas muy distintas. Estamos ante una situación que se aparta de la idea de paz como construcción, pues no contamos con los planos para construir la paz y llegar al posconflicto como si lo cuentan hoy las ex FARC-EP con el Acuerdo Final.

Y tercero, varias de las estrategias que usa el gobierno Petro para persuadir a los violentos son actos de no-violencia. A pesar de que el Estado Colombiano posee una Fuerza Pública armada fuerte, este Gobierno propone acciones de cambio usando programas sociales en los territorios y no las armas. Una filosofía muy similar a la de no-violencia y que está causando muchas críticas desde la oposición, debido, precisamente, a la inactividad armada y a la falta de uso de la fuerza, como ocurre esta semana en el sur del país.

En este sentido estamos recorriendo un camino de saltos, en el que hemos tenido momentos buenos como aquel, al final de año pasado, cuando se informó de un cese multilateral del fuego, pero también otros donde hay momentos complejos y difíciles como los que se viven en la primera semana de noviembre de 2023, en los que se lidia con un secuestro realizado por el ELN, una parálisis de las negociaciones con el Estado Mayor Central de las FARC y con un proceso donde no se avanza con las estructuras criminales de alto impacto (Ver: La foto de la paz con las estructuras criminales).

En conclusión, el modelo de paz que viene desarrollándose en Colombia desde hace un año, con el ascenso de Gustavo Petro al gobierno tiene rasgos muy similares a la propuesta de paz que hizo el filósofo y activista indio, Mahatma Gandhi, como camino. Una paz en la que lo único claro es la búsqueda por reducir la violencia armada y cerrar todas las guerras armadas en el país. Una idea de Paz Total que propone a los gobiernos que vendrán que se mantengan firmes en este sendero de pensar la paz como política de Estado.

Una metáfora de paz que, hay que reconocerlo, no es nueva en el país. Ya otros mandatarios y líderes como el exgobernador de Antioquia Guillermo Gaviria la propusieron, Gaviria de hecho la defendió hasta su muerte el 21 de abril de 2002. Una idea de paz que nos recuerda, como nos diría Gandhi, que: «no hay camino para la paz, la paz es el camino». Un sendero que hay que recorrer en compañía de otros actores, una gran marcha que durará tal vez mucho tiempo.

Esperemos que esta filosofía de la paz como camino nos dé resultados y logremos –parafraseando a Gandhi– independizarnos del sendero de guerra o descolonizarnos del dominio de los violentos. Una idea que nos propone convertir a la paz en una actividad permanente, en la que es necesario trabajar incansablemente para avanzar. Una tarea que nos exige tener la convicción de que este es un camino, que hay que recorrerlo y que debemos estar abiertos a las sorpresas, pues no hay seguridad en los pasos que daremos.

 

(*) Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia

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