CAROLINA, UNA NUEVA ERA
Hay alguien que lo tiene todo: historia, ideario, voz, lealtad, fuerza y ecuanimidad, pero no tiene el beneplácito dentro de la cúpula del Pacto Histórico porque, ella, Carolina Corcho, no pertenece a ese círculo.
Por:
Lucero Martínez Kasab *

Hay un pensador al que quiero profundamente por su manera de razonar, sí, pero sobre todo por su nobleza, es Juan José Bautista Segales, filósofo boliviano que partió a la eternidad en el 2022. Estaba aún joven, con tiempo para habernos entregado mucho más de su bella alma. Dentro de su gran lucidez para comprender este mundo, estaba su crítica hacia la gente de izquierda de estos tiempos. Él, decía que, se puede ser anticapitalista, antineoliberal, sin embargo, se puede conservar una conciencia burguesa al reproducir formas modernas de una subjetividad, que es un modo de pensar y sentir basada en el individualismo, la competencia, el egoísmo y el acaparamiento del poder.
La izquierda hizo famosa la palabra burguesía como una acusación contra los dueños del poder, propietarios, codiciosos, egoístas, privilegiados reservándose para sí misma la pureza de un pensamiento alrededor del bien común y en favor de los oprimidos. Hizo de la burguesía el nombre de aquello que había que superar, pero la historia mostró una paradoja: se podía combatir a la burguesía como clase y, a la vez, conservar dentro del nuevo poder mucho de aquello que se criticaba y se pretendía abolir: formas de dominación, comportamientos egoístas, la defensa de privilegios. Parece que esto sucede dentro del Pacto Histórico. Se está combatiendo al fascismo hacia afuera, pero se está reproduciendo hacia dentro formas de desigualdad y privilegios. Se está relacionando con el poder como la élite de cualquier partido burgués que cercena las vías democráticas hacia el liderazgo.
Lo que está sucediendo actualmente con la senadora Carolina Corcho hace evidente que la cúpula del poder en ese partido tiene una conciencia burguesa que no ha superado. Son personas que se han instalado en el punto de la dominación creando su propia élite, sus propios círculo de decisión y de privilegios; con eso están hundiendo, por falta de grandeza, de coherencia política, el momento único en la historia de Colombia creado por cientos de militantes, activistas y simpatizantes del progresismo a lo largo de dos siglos, que tiene en Gustavo Petro su máximo y brillante representante, pero con más de 60 años a cuestas, que necesita a alguien a su lado para pasarle el legado de su lucha y la de todo el progresismo; para que no muera esta otra manera de vivir la vida en Colombia. El progresismo no le ha aprendido nada a él, cuando dijo, en medio del desespero por contener a la oposición: ¿A quién le cargo la maleta? El Pacto Histórico está reproduciendo la lógica que dice querer combatir.
Petro, merece un digno sucesor o una digna sucesora que, además, de poseer los idearios políticos con total claridad, sea capaz de expresarse ante el público con solvencia argumentativa y con algo decisivo en Colombia, con fuerza. Este no es el tiempo ni lugar de Gandhi. Es el tiempo y lugar de una Colombia con una idiosincrasia política que pide presencia escénica con voz y argumentos que llegue hasta el último de los espectadores con fuerza, porque, fuerza, es vitalidad, que se traduce, dentro del colectivo que somos los humanos, en la convicción íntima, inconsciente, de que ese líder es capaz de conducir al grupo hacia su salvación.
Dentro del Pacto Histórico hay quienes tienen una historia de resistencia, sí, pero no tienen fuerza. Hay quienes conservan los idearios de los rebeldes, sí, pero no poseen solvencia argumentativa. Hay quienes son leales, sí, pero no poseen la imagen necesaria. Hay quienes tienen fuerza, pero no poseen ecuanimidad. Y, hay alguien que lo tiene todo: historia, ideario, voz, lealtad, fuerza y ecuanimidad, pero no tiene el beneplácito dentro de la cúpula del Pacto Histórico porque, ella, Carolina Corcho, no pertenece a ese círculo. Ella, es la inconforme que está pensando no en sí misma, sino en el país; siendo capaz, ella sola, de lanzarse durante dos años a recorrer Colombia para mostrar las bondades del gobierno de Gustavo Petro.
Es entendible que la élite del Pacto Histórico sienta un golpe en el ego con el espacio que, cada vez más, abarca Carolina al luchar por otra manera de hacer las cosas. Es entendible el estremecimiento dentro de ese Partido, sí, pero entendible desde la lógica del espíritu burgués: competitivo, individualista, codicioso así nos lo diría Juan José Bautista. Sin embargo, desde otro marco cultural, desde, por ejemplo, el mundo comunitario de los indígenas, que es casi igual para todos los pueblos originarios de América Latina -ejemplo en consonancia con la fórmula vice presidencial que tuvo el Pacto Histórico con Aida Quilcué- el surgimiento de una figura como Carolina no se vivenciaría de manera persecutoria, amenazante, para el Yo del Partido, sino por el contrario, como un enriquecimiento para el Nosotros, porque, desde ese marco de los pueblos originarios, realmente comunitario, cuando el Otro crece, crece el Nosotros.
¿De qué vale una escuela de formación política para las bases de un partido, si la cúpula del mismo partido no promueve, no asiste a las clases de su propio crecimiento y formación para purificarse? Para transformar su conciencia política hacia mejores formas de entendimiento y organización, ampliando el horizonte de un progresismo burgués. La cúpula necesita avanzar hacia el espíritu comunitario, que es la inteligencia del Nosotros en los procesos políticos por encima del Yo; el progresismo necesita avanzar hacia una nueva era.
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