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IPIALES, CUNA DE GRANDES…. ALCANFORES

“En Ipiales no hay cultura, en Ipiales no hay escritores, en Ipiales no hay artistas”, es la quejumbrosa repetición que se escucha a diario

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Por:

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

 

Con inusitada sorpresa y tristeza, hemos recibido la noticia de que Satena, la aerolínea que nos conectaba a los ipialeños con el interior del país, suspende la operación aérea, para lo cual los viajes deben hacerse vía aeropuerto Antonio Nariño del municipio de Chachagüí. La suspensión, anota la aerolínea, se debe a unos obstáculos que ponen en riesgo la seguridad de los usuarios y tripulación, como son los árboles que se ubican en dos predios propiedad de particulares. Insólito por demás, algo que Corponariño debió haber previsto para hacer los correctivos del caso.

 

 

Un nuevo sufrimiento con el servicio de Satena

 

Con anterioridad, Avianca había anunciado con bombos y platillos que iniciaría operaciones en ruta Bogotá-Ipiales-Bogotá, ante lo cual muchas personas adquirieron sus tiquetes, llevándose pronto la no grata sorpresa de que se anunciaba que se suspendían las rutas en razón a que el aeropuerto no cumplía con los parámetros para aterrizar flotas jet de más de 100 pasajeros. ¿Candidez de la aerolínea, quién debió hacer los respectivos estudios para ofrecer sus vuelos? No sabemos, sin embargo la mano negra opera ahí, dúdelo quien lo dude.

 

 

De tal manera que a abril de 2022 no hay aerolíneas que conecten a Ipiales con Bogotá, debiendo los usuarios hacer los costosos y trajinantes desplazamientos hasta la ciudad de Pasto y de ahí a Chachagüí, como en las peores épocas del aislamiento geográfico que ha debido enfrentar nuestra ciudad, sin olvidar que el aeropuerto San Luis fue inaugurado en 1940, alcanzando en una época a tener vuelos internacionales que lo conectaban con Quito, Lima y Buenos Aires.

Sin embargo, con el paso del tiempo, vemos cómo en lugar de avanzar, nuestro municipio o parece detenido en el tiempo o, lo que es peor, en un retroceso constante que parece llevarlo a hecatombes no queridas. Da tristeza ver sus parques, al garete del microtráfico y la violencia, sus calles convertidas en trochas y sus espacios públicos convertidos en basureros. Claro, hay una responsabilidad fundamental en sus gobernantes, esto es innegable, pero también hay un sentimiento de abandono por parte de sus habitantes, de los propios ipialeños, que realmente da verdadera tirria.

Espacios que pudieran ser considerados lugares potenciales para el turismo, y con ello de generación de empleo, como lo es el conjunto Rumichaca, en donde está el puente natural que le da su nombre y la vieja casona de Aduanas, inaugurada en 1932 y de la cual hemos hablado ya en otros espacios. Hoy, la espantosa estructura metálica que algunos llaman marquesina, sigue alterando el espacio y la arquitectura que fue declarada Bien de Interés Cultural de la Nación, pero esto parece no importarle a nadie, total, nadie se asoma por allá, a no ser por el voladero donde el trago y los estupefacientes parecieran mantener a sus moradores en los paraísos artificiales.

 

 

Una horrorosa estructura permanece en pie, en medio del herrumbre y el abandono, en un sector en otros tiempos de atractivo turístico…

 

Con el Santuario de Las Lajas, no sabemos quién se enriquece, ¿la curia acaso? Hermoso espacio, un lugar mágico sin duda alguna, la atención en los negocios ha mejorado ostensiblemente, pero no hay guías para los turistas, quienes deben por su propia cuenta y riesgo imaginarse por qué hay ahí un santuario, además de que el museo, con todo lo valioso que ahí contiene, parece un lugar de escaparate donde se pusieron piezas al garete, sin ninguna intervención museística, tan necesaria no solamente para los turistas, sino para los ipialeños mismos, ya que es el único museo que existe en la ciudad fronteriza. Develamos el arco rampante que ahí existe, sin embargo parece que estas notas caen en suelo árido.

 

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Por Ipiales pasa uno de los patrimonios de la humanidad más importantes, como es el Qhapaq Ñan – Sistema vial andino, el cual comparten varios países de América del Sur, y en nuestro departamento son 17 kilómetros, los más septentrionales, que compartimos con El Contadero, Funes, Gualmatán, Pasto, Potosí, Tangua y Yacuanquer. ¿Hay en la ciudad de las nubes verdes un anuncio al respecto, hay guías que orienten a los turistas? ¿Hay, siquiera, un afiche que muestre ese patrimonio? No, un total desconocimiento al respecto, como si no nos perteneciera, como si únicamente fuese un accidente más en nuestra desconocida historia propia.

Del Puente Nuevo, ni hablar. Del Chorro Grande o el Chorro Chico, los recuerdos. De la vieja construcción republicana donde funcionó el colegio San Felipe Neri, sólo queda la deuda de unos curas que debieron pagar con deshonor frente a una construcción elevada con el dinero solidario de todos los ipialeños hace más de 100 años. ¿Tuvo dolientes? No, obviamente no, es necesario el progreso, representado en edificios de cemento y en edificaciones modernas que muestren un pueblo próspero. Por eso no importa destruir las casonas republicanas, vender los balcones a los avivatos paisas, destruir para hacer parqueaderos. ¡Esa es nuestra modernidad!

Nos preciamos de decir que nuestra gastronomía es única, que el cuy de El Charco es el mejor del mundo -según testimonio de expertos viajeros como el propio Germán Arciniegas-, que nuestro puerco hornado es más jugoso y fresco que el de otros municipios, que nuestro pan de maíz es inigualable, que nuestro champús es más aromático, que nuestras tortillas de papa son manjar de dioses, sin embargo nada hacemos para preservar esos saberes heredados de nuestros ancestros, no hay una capacitación para que se cumplan las normas mínimas de asepsia que muchos turistas o viajeros exigen. No por nosotros, que estamos acostumbrados a comer el pellejo de la 14 ahí, donde lo venden, de pie, sino por quienes llegan ansiosos de conocer lo nuestro y de valorarlo como nosotros mismos no lo hacemos.

 

 

Muchas veces para conseguir esos alimentos hay que hacer hasta lo imposible, hay que esperar a que llegue diciembre, hay que esperar que llegue sábado, hay que esperar que al que los hace le de la gana de hacerlos. Servicio pobre el de muchos, que se empachan en sus vanidades, olvidando que ahí hay un servicio que se presta y una forma maravillosa de generar empleo y con ello recursos.

Ni qué decir de nuestro carnaval Multicolor de la Frontera, cuyas raíces las hemos encontrado en 1916, y quizá antes, pero a nadie le importa, inclusive algunos de sus artesanos fueron vilipendiados, no solamente por las administraciones de turno, sino por la propia prensa que los acorraló para pagar favores, en lugar de salir en su defensa y en apoyo de un arte que nos engrandece como ciudadanos habitantes del mundo del carnaval y la fiesta.

Mientras Pasto tiene en su haber dos patrimonios de la humanidad exclusivos para sí mismos, como lo es el Carnaval de Negros y Blancos y Conocimientos y técnicas tradicionales asociadas con el Barniz de Pasto Mopa–Mopa, el cual comparte con el Putumayo, gracias a las diligencias que hacen no solamente sus gobernantes, sino también los artesanos, la academia, los pastusos en general, logrando estos importantes reconocimientos.

 

En Ipiales, lo normal es que pulule el síndrome de Procusto, por eso no avanzamos, por eso no crecemos como sociedad -considerando el crecimiento como un baluarte que no solamente se representa en dinero, sino en cultura ciudadana, en civilidad en el mejor de los términos-, por eso lo normal es ver, escuchar y sentir que si alguien obtiene un logro, un triunfo, publica algo o hace una obra, lo asocien a la suerte, a la politiquería rampante o, en el mejor de los casos, a la terquedad que a muchos nos asiste.

 

 

“En Ipiales no hay cultura, en Ipiales no hay escritores, en Ipiales no hay artistas”, es la quejumbrosa repetición que se escucha a diario, sin embargo, cuando hay muestras de arte, cuando hay lanzamientos de libros, cuando hay proyecciones de películas hechas por ipialeños, estos quejumbrosos son los primeros que brillan por su ausencia. Síndrome de Procusto, lo dicho.

Alcanfores nos han dicho, pues tenían razón. Vamos para atrás, no como el cangrejo que camina de lado, sino para atrás y para atrás, como la memoria, que de no usarla, termina perdida en un rincón olvidado del tiempo.

1 comentario
  1. Rikardo Pantoja dice

    Ipiales, creo yo. Está congelada. No solo en el tiempo, sino en un ostracismo al rojo vivo.
    Su entrada principal, debe ser no únicamente las terrestres, sino prima una Aerolínea que de verdad quiera tener esa gran opción de apertura (para sus clientes) y beneficios (para ellos y sus usuarios) impresión de la mala gestión y visión de aquellos que se ufanan de querer a la Exprovincia y únicamente tienen en su labor la particular de ostentar un cargo público.
    Hay algo particular, y es que las emisoras regionales que compiten digo yo por la sintonía con las del Ecuador, siguen en muchos casos colocando canciones de cuando estaba en el colegio, año 96.
    En materia de artes, los nichos que tiene, pequeños en ayidas e inmensos en proyectos siguen manteniendo viva la expresión del mismo en todos sus aspectos, obviando el ostracismo de pequeños grupos (como en todo) por figurar.
    Ipiales, cuándo dejarás de tener miedo por ser frontera y seguir regando y cultivando tus semillas.

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