MOVIMIENTOS ESTUDIANTILES Y CONSTITUCIÓN EN COLOMBIA

A propósito de los 30 años de la Constitución de 1991

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Por

J. Mauricio Chaves Bustos

 

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

“La vida política se desarrolla a través de conflictos jamás definitivamente resueltos, cuya resolución se consigue mediante acuerdos momentáneos, treguas y esos tratados de paz más duraderos que son las Constituciones”.

NORBERTO BOBBIO.

 

En 2021 conmemoramos los 30 años de la Constitución de 1991, en medio de una crisis social generalizada fruto del descontento popular frente a las desigualdades y las injusticias que se perpetúan en un país marcadamente inequitativo.

Además, frente a un Estado que se ha empotrado desde las castas añejas que han gobernado al país durante siglos, manteniendo una corrupción que pareciera normalizada, con unos políticos que cada vez se identifican menos con el gran colectivo popular. Fruto de este descontento son las marchas, paros y protestas de los últimos meses, especialmente con la perpetuación de un modelo de gobierno cuya solución pareciera ser las armas y la militarización del país, frente a lo cual muchos han levantado su voz de forma contundente, especialmente los jóvenes, quienes están dando cátedra de coherencia a un país en donde se resolvían las cosas, por parte del Estado, enviando a su conglomerado a ver fútbol, bajo la vieja consigna latina de pan y circo. Es por eso que creemos pertinente hablar de la Constitución del 91, garantista, hecha bajo la égida de la concordia y la paz nacional, la cual ha sido transformada a los acomodos personales de los ubérrimos sembradores del odio. Por eso presentamos nuestro análisis dividido en 3 partes: 1. Antecedentes del movimiento estudiantil colombiano; 2.  La séptima papeleta –antecedentes de la Constitución del 91; y 3. Balance general y conclusiones.

 

 Parte 1

 

La vetusta y obsoleta Constitución conservadora del 86 pasó a la historia, gracias a la iniciativa de un grupo de estudiantes que, avizorando los cambios de una modernidad retardataria para Colombia, buscaron que las instancias sociales y políticas colombianas se aunaran para lograr la susodicha reforma constitucional. Este escrito busca esclarecer la importancia del movimiento estudiantil dentro del escenario político colombiano, tradicionalmente cauteloso frente a las reformas constitucionales, máxime cuando éstas se instituyen para salvaguardar el status quo de clase.

 

  1. Antecedentes del movimiento estudiantil colombiano.

 

Próximos a conmemorar un bicentenario de una libertad supuesta, hay que recordar que el movimiento de independencia también tuvo su fragua en los claustros universitarios del Rosario y del San Bartolomé de Bogotá, quizá sea dable rastrear hasta allá el movimiento estudiantil en Colombia.

Sin embargo, también es cierto que la universidad durante la Colonia [1] fue un instrumento de afianzamiento de estatus y de clase, lugar, por demás, a donde muy pocos podían llegar, solamente aquellos que pudieran costear los altos costos, además de demostrar una limpieza de sangre ante la rancia sociedad colonial de entonces, particularmente de Bogotá o Popayán, los mayores centros de explotación colonial; son los pequeños burgueses, criollos por demás, quienes anhelan poder obtener una igualdad jurídica estatal manifiesta frente a los españoles por nacimiento, no otra fue la causa de la tan sonada gesta libertaria en sus inicios, reduciéndose a la búsqueda de igualdades entre iguales, es decir entre criollos que se creían, además por derecho propio, también españoles, sin embargo, no debemos caer en el romanticismo de creer que aquellos próceres se sintieran llamados a la búsqueda de los principios liberales que inspiraron a los burgueses franceses, liberté, égalité et fraternité, no podían aplicarse, según ellos, en una sociedad donde las diferencias estaban marcadas por la raza o por el estatus, indios y negros nada valían, al igual que pardos o mestizos, incluso niños y mujeres estaban por fuera del ordenamiento civil, a la mejor usanza de la tan mentada democracia griega.

Si bien es cierto que en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario se formaron la mayoría de héroes que dieron origen al movimiento de independencia, no sobra recordar al sabio Mutis, a Sinforoso Mutis o al Marqués de San Jorge, Jorge Tadeo Lozano, también es cierto la mayoría escasamente emprendieron estudios superiores, así como también es cierto que la gesta emancipadora no fue en ningún momento una política del Colegio Mayor, al contrario, Rector y Colegiales propugnaban por la conservación del status quo, y no sobra recordar que el sabio gaditano, Mutis, aprovechó la empresa de la expedición botánica para enriquecer a su familia con la explotación de la quina colombiana, llamada cinchona, en contraposición a la explotada en Perú, quina peruana, y que no reportaba ganancia alguna para los neogranadinos, a la par que introducía las cátedras sobre Copérnico y Newton. Lo que hay que considerar y reconocer es que el Colegio del Rosario detentó durante todo su desarrollo colonial, incluso posterior, una verdadera autonomía administrativa, al quedar en cabeza de los Colegiales la elección de sus propias directivas.

En 1826, durante la interinidad del general Santander, se fundaron las primeras universidades realmente públicas: La Central de Bogotá, Central de Caracas y Central de Quito, y que en nuestro país se convertiría posteriormente en la Universidad Nacional de Colombia, es al hombre de las leyes a quien se le debe el real impulso de la educación media y superior en Colombia, como anécdota, cabe recordar que el gran maestro de Bolívar, el incomprendido sabio Simón Rodríguez, mientras mendigaba las migajas de su discípulo, quien parecía que lo había olvidado, Santander le daba recursos para que fundara su propio colegio en el actual departamento de Nariño, específicamente en la ciudad de Túquerres. El descontento antibolivariano, endilgado quizá injustamente a Santander, termina por reunir a estudiantes del San Bartolomé, entre ellos el sabio Florentino González, para fraguar el atentado contra Bolívar, conocido como la tristemente célebre Negra Noche septembrina.

La Universidad republicana pierde su autonomía académica, administrativa y financiera, ya que debe responder a los intereses del Estado. Posteriormente, bajo el gobierno de Ospina Rodríguez, hay un intento por modernizar la universidad, sin embargo lo que se logra es que el clero vuelva a regentar los estudios superiores en el país. Durante el siglo XIX la universidad, por tanto, gira siguiendo la veleta de las revueltas de los llamados Supremos, y sus destinos obedecen también al gobierno de turno. Respecto a la Constitución del 86, no hay nada que indique que las universidades tuvieran una relevancia en esta, mucho menos el movimiento estudiantil, entonces precario y subsumido en los intereses de los partidos liberal y conservador. Coincide, sin embargo, la aparición de la primera Universidad realmente liberal del país, el Externado de Colombia, la misma que surge por la fuerza de la contradicción, buscando, en oposición a los regeneradores, un espacio académico para expresar el conocimiento libremente.

Si bien es cierto que el nacimiento del Externado coincide con la expedición de la Constitución del 86, es bueno advertir que bien pronto la universidad se convirtió en el palenque de las libertades y en el legítimo contradictor de los desafueros de la Regeneración. Es importante reconocer que el Externado fue la primera universidad del país en instituir la representación estudiantil en las instituciones.

En 1918, la Universidad Latinoamericana debe enfrentar los retos de un mundo cambiante, donde las ideas socialistas de Marx y Lenin se escondían entre los libros de los estudiantes del subcontinente. Es así como en este año se lleva a cabo el congreso universitario estudiantil en Córdoba, Argentina, cuya representación colombiana estuvo en cabeza de Germán Arciniegas. El Manifiesto de Córdoba es claro en reconocer el rompimiento de una tradición conservadora frente a un liberalismo latente, “acabamos de romper la última cadena que, en pleno siglo XX, nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica… Reclamamos un gobierno estrictamente democrático y soberano, el derecho a darse el gobierno propio, radica principalmente en los estudiantes”.  El movimiento de Córdoba está influenciado por el pensamiento del filósofo mexicano José Vasconcelos y por las ideas de la Escuela Nueva.

Durante la década de los 20 se puede decir que se inicia un verdadero movimiento universitario. El antecedente argentino, la pérdida de Panamá, la masacre de las bananeras, la aparición de nuevos movimientos sociales y políticos, reclaman del estudiante un puesto en el pensamiento social colombiano. Entre 1920 y 1924, en plena República Conservadora, se registran trece conflictos estudiantiles, reclamando reformas académicas que propulsaran por la pertinencia de los estudios que se ofrecían, máxime cuando se quería avanzar en la industria y el comercio, lugar donde los retóricos y gramáticos no tenían cabida, pero eran quienes gobernaban.

El 8 de junio de 1929, estudiantes de las principales universidades de Bogotá, los de la Nacional, Externado y Libre, se organizaron para protestar contra el gobierno de Abadía Méndez, siendo reprimidos por la fuerza pública; en este hecho cae el primer estudiante mártir, el ipialeño Gonzalo Bravo Pérez, quien por error murió víctima de una bala perdida, pues además de conservador, su familia tenía nexos de amistad con el presidente Abadía, sin embargo la historia patria ha recreado el 8 de junio como el Día del Estudiante Universitario. La protesta surge a raíz el nombramiento del responsable de la masacre de las bananeras como Jefe de Policía de Bogotá. Lo curioso es que al año siguiente, es decir en 1930, caía el régimen conservador y se instauraban las políticas liberales, cuyo punto álgido sería la denominada Revolución en marcha de López Pumarejo y que buscaba integrar al país a los movimientos políticos, culturales y sociales de entonces.

Pude decirse, entonces, que el movimiento estudiantil de la década de los 20 impuso un nuevo modelo político para el país, el liberal.

También en los centros universitarios se levantó la voz de protesta ante el asesinato de Gaitán, y también los desafueros provinieron de ahí. No es difícil imaginar al abogado Fidel Castro, acompañado de estudiantes colombianos y bogotanos, reunidos para buscar alguna injerencia en la Conferencia Panamericana de Bogotá. El cierre del Congreso condujo finalmente a la dictadura de Rojas Pinilla, quien finalmente debió enfrentar el descontento del Movimiento Estudiantil, quienes el 8 y 9 de junio de 1954 se organizan para marchar y protestar al régimen militar, recordando el 25 aniversario del levantamiento estudiantil colombiano, en estos sucesos cae asesinado el líder estudiantil Uriel Gutiérrez, y el día 9, trece estudiantes caen víctimas del desafuero militar ordenado por Rojas. El dictador instaura la Constituyente del 54, que terminaría, entre otras cosas, por reconocer los derechos políticos de la mujer en Colombia. En la caída de Rojas es necesario reconocer el papel que desempeñó la Federación Colombiana de Estudiantes, influenciados por los liberales, y de la Unión Nacional de Estudiantes colombianos, con un claro ascendiente de izquierda.

Durante las décadas del 60 y 70, los movimientos estudiantiles se mueven a las vanguardias de entonces, particularmente influenciados por Mayo del 68 de Paris, así como por la Primavera de Praga y por México del 70. Las ideas marxistas de todo corte campean el terreno estudiantil, marxistas, leninistas, trosquistas, estalinistas, en un marasmo de multicorrientes que terminarían por enfrentarlos entre sí.  Los 80 se caracterizan por seguir con la línea de izquierda, los cierres de las universidades públicas eran una constante, así como los múltiples congresos universitarios y protestas, sumando más de cien. No sobra recordar que en 1971 se dio una de las mayores protestas estudiantiles, en contra del ministro de educación de entonces, Luis Carlos Galán, quien promulgaba un centralismo universitario, así como el recorte de la autonomía universitaria.

Los 80 se caracterizan por la represión de Turbay Ayala, quien gobernó bajo el denominado Estado de Sitio, la pérdida de la autonomía universitaria mediante la asignación de observador que hace el ICFES, son las constantes durante los años que anteceden al movimiento estudiantil de los 90. Estas décadas, especialmente a partir del 70, están caracterizadas por la persecución a estudiantes y académicos, al cierre de universidades públicas por tiempo indefinido y al juicio en consejos verbales de guerra con el fin de desarticular el movimiento estudiantil.

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[1] Durante el periodo de la Colonia existieron cuatro universidades en la Nueva Granada: Santo Tomás (1580), Javeriana (1622), San Nicolás de Mira (1694) y San Buenaventura (1747). Solamente la Javeriana y la de Santo Tomás entregaban grados a seglares, la primera hasta la expulsión de los jesuitas, en 1767 y la Tomista, hasta 1826. El Colegio Mayor del Rosario se fundó en 1561, para educar a seglares, sus estudiantes y los del San Bartolomé se titulaban en la Santo Tomás. Cabe destacar la función desempeñada por la Universidad de San Pedro Apóstol, fundada en Mompox en 1806, que también otorgaba títulos a seglares y que puede ser considerada, durante la Colonia, la única universidad pública de la Nueva Granada.

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