Epifanía en la obra de James Joyce

Este artículo es un abrebocas, una consideración, una provocación, una opinión que se enriquecerá con el diálogo que entablemos, una invitación para leer la obra de este interesante autor.

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Por:

Graciela Sánchez Narváez

 

Graciela Sánchez Narváez

 

Los escritores de los que he querido comentarles se destacan de una manera especial entre muchos otros, porque se autorizaron a ser “únicos”, pues marcaron la historia con la huella de una nueva forma de hacer literatura, rompiendo las formalidades literarias que se hicieron costumbre en su tiempo y en su medio.

 

Se trata en esta oportunidad de James Joyce. Y es que este autor no solo es diferente por su obra, sino por algunos aspectos especiales de su vida. Nace en Dublín, en el año 1882. Su obra está catalogada como el fenómeno más sorprendente del Siglo XX. Sus ecos, resonancias y reflejos, no sólo se quedaron en Irlanda, sino que salieron al Viejo y Nuevo Mundo. Su grandeza sólo puede estar comparada con la obra de Proust.

Pero, ¿por qué el término Epifanía en el título que encabeza este artículo?  El término griego “Epiphaneia”, significa mostrarse, aparecer, evidenciarse. Se utiliza en Teología, por ejemplo, para hablar de la manifestación de Jesús a los gentiles y especialmente a los Reyes Magos.

Joyce tenía una atención penetrante en los seres que lo rodeaban. Todos hacían epifanía ante sus ojos, pero no de cualquier manera, pues el sentido que él les imprimía sobrepasaba cualquier mirada para hacerlos mucho más importantes y trascendentales. Esas simples observaciones naturalistas, esos hechos pintorescos, revelaban una realidad a través de las asociaciones de ideas, de las visiones difusas y poéticas del razonamiento, incluso de la erudición; ellas fueron recogidas por Joyce para darles la nota de una “aparición”, ante la cual se asombraba como si se tratara de algo nuevo y nunca antes visto.

Esta actitud fue la clave de su éxito pues, a través de la escritura, estas imágenes adquirieron una significación absoluta y poética, pero mucho más allá de las simples frases vacías que en apariencia parecían coincidencias fortuitas, comparaciones, curiosidades lingüísticas, retruécanos; todo esto será lo trabajado por Joyce en sus novelas cortas.

Por la epifanía, Joyce pasa del naturalismo al simbolismo y de allí el carácter ambiguo de su obra. En sus obras se encuentra la relación metafísica entre el individuo y la totalidad en la que se encuentra inmerso. El objeto “epifanizado” es el verdadero material que utiliza Joyce para simbolizarlo todo. Son notas conscientes, voluntarias, casi penosas, no son dictadas automáticamente al espíritu. Hay un camino largo en su conversación, todo lo hace con su técnica, que es el “monólogo interior”, Este es otro mecanismo que utilizó Joyce, pues es prácticamente el hilo conductor de la novela. Nunca escribió como un relato que supone episodios y encuentros lineales, sino por la meditación original en primera persona de un héroe. Este monólogo está tomado, o debe parecerlo, a lo vivo en sus hiatos, sus despropósitos y sus incoherencias. Su carácter a veces visionario es la larga novela de “Ulises”. La presenta sin signos de puntuación.

Es importante saber más de la vida del autor en aras de comprender la relación que ella tiene con su obra, pues es conocido que en cada texto hay un personaje que encarna su personalidad y la de su padre, quien es en la realidad, Jhon Estanisslaus Joyce.  Este, un hombre pintoresco, era un gran bebedor y mujeriego, desempeñó muchos oficios y obligó a su mujer y a sus trece hijos a realizar muchas mudanzas por no alcanzar a pagar la renta mensual. Sin embargo, la historia nos cuenta que pertenecía a una buena raigambre irlandesa.

Joyce convertirá a su padre en el personaje Simón Dedalus, en la obra “El Retrato de un artista adolescente” y en el padre de Stephen Dedalus que a su vez es el propio James Joyce.  En “Ulises”, Simon Dedalus, será amigo de Leopoldo Bloom, personaje central de su mejor creación literaria. Su nombre Stephan lo toma de San Esteban y Dedalus del personaje mitológico griego llamado Dédalo.

Joyce fue el mayor de todos sus hermanos y, como era costumbre, vivió desde los seis años en un internado, por lo que sus estudios primarios los hace en Clongowes Wood College. En una de las mudanzas a las que su padre los había sometido, llega a Dublín, donde termina sus estudios secundarios en un establecimiento jesuita en el año de 1898. En 1902, termina sus estudios universitarios. Esta etapa está seguida de una crisis personal que tuvo que ver con problemas sexuales y estéticos, con difíciles relaciones familiares, con conflictos religiosos que describe en “Retrato del artista adolescente”, publicado en 1916. En Dublín se encuentra con Nora Barnacle, con la que se casa y tiene dos hijos, Lucía y Giorgio.

Ya con su esposa es muy difícil su vida laboral. Se vuelve una Odisea porque no hay trabajo seguro. Se sostiene con el pago de algunos artículos que publica y dando lecciones particulares (1907). La primera obra que le abre campo entre los medios Literarios es “Música de Cámara”, un libro que se publica después de su muerte. “Esteban el Héroe” (1944). Sigue con su autobiografía y publica “El retrato del artista adolescente” en 1914 y una serie de novelas cortas tituladas “Gente de Dublín”.

En 1920 Joyce se instala en París, cuando ya se había comenzado a publicar partes su obra “Ulises”, habiendo sufrido una fuerte censura en Inglaterra y Estados Unidos, llegando a ser decomisadas y quemadas las revistas donde aparecían los capítulos de la novela. Por fin, a fines de 1922, se publica la obra completa.

Joyce retrata sus crisis religiosas y sexuales, hasta su primer pecado a los 16 años, medita sobre el infierno de cuatro millares de millas, descrito por los monjes jesuitas, expone su teoría sobre el arte y la estética, resuelve ser un solitario entre la comarca y rechaza la tradición irlandesa y la educación estrecha recibida en el ambiente donde se educó.

Dédalus o Dédalo es el personaje de la mitología clásica, es conocido por su ingenio, construyó y edificó el laberinto del cretense Minos y prisionero de este rey, se evadió en compañía de su hijo Ícaro. Se fugaron de la prisión y salieron volando con unas alas cuyas plumas fijó a sus espaldas y a las de su hijo con cera. Ícaro llegó tan cerca del sol que fundió la cera de sus alas cayendo hasta el fondo del mar.

El nombre de “Dedalus”, su “alter ego”, significa múltiples concepciones. El hombre halcón elevándose por encima de las olas hacia el sol. El símbolo del artista forjando otra vez en su taller con la inerte materia terrestre, un ser nuevo incorpóreo, imperecedero, capaz de volar.

En Joyce hijo, existe siempre la búsqueda obsesiva de un padre. En “El Retrato del artista adolescente”, todavía no es Ícaro, “Ulises” es el creador en potencia más cercano de Ícaro. El nombre de “Stephan” o “Esteban”, que es el santo lapidado por “ver más lejos”, hace muy buena mención a la intención literaria de James Joyce en casi todas sus obras, es la crítica rebelde a la tradición estrecha de sus tiempos, es la oposición contestataria del poeta, es la mirada a una ciudad que lo sorprende en cada una de sus acciones. Pero, lo que más nos atrae es la genialidad para utilizar distintos géneros en una misma obra. “Ulises” es una epopeya dramática, poética, teatral y lírica; todos estos géneros dentro de la misma novela. Su conversión al cine, debió ser fácil para sus productores en cuanto a los discursos, porque en mi consideración estaban elaborados los libretos.

Este artículo es un abrebocas, una consideración, una provocación, una opinión que se enriquecerá con el diálogo que entablemos, una invitación para leer la obra de este interesante autor.

Los dejo con “Ulises” y “El retrato del artista adolescente”, que son obras adaptadas al cine, donde podremos encontrar en forma especial los conceptos de epifanía y monólogo interno, que aquí se han desarrollado.

 

Si desea profundizar en James Joyce, esta conferencia de Jorge Luis Borges, es magistral…

 

2 Comentarios
  1. J. Mauricio Chaves-Bustos dice

    Fue el mismo Jocye quien empleó el término epifanía para sus obras, sin embargo lo que menos se encuentra en el Ulíses es la revelación del otro como sustancia, un libro incomprensible que parte de una visión enteramente subjetiva que describe el pensamiento de un personaje, por eso mismo la película fue un rotundo fracaso, porque ahí no hay diálogos, sino un intimismo que termina por volverse obtuso. Interesante análisis de uno de los libros más difíciles de roer, sin duda alguna, por eso agradezco la invitación que hace la autora del artículo a seguir desentrañando a Joyce, especialmente en el Ulises.

  2. Claro está que el término Epifanía es utilizado por Joyce, es por eso, que aparece en el título del artículo. También es claro, que una obra tan compleja, “Su maldita novela-monstruo” tendría tantas interpretaciones como rechazos. Tal vez el autor lo sabía. La asimétrica, formaron nuevos dialectos para descifrar.Consisero de manera personal el mi artículo, que el valor de la película Ulises, está precisamente es ese monólogo interno, un diálogo con el “otro yo” íntimo donde las palabras no relatan acciones, sino la visión de un sujeto interno . Es poco lo que le ocurre a Leopold Bloom, un héroe urbano y pasivo.Solo piensa y habla así mismo. Esta no es una ficción aquí no ocurren cosas verdaderamente importantes como en las novelas de su tiempo. Es un día real de la vida pero, son casi todos los días de la vida. Gracias Mauricio por despertar este diálogo.

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