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¿LA PORNOGRAFÍA ES ADICTIVA? LO QUE DICE LA EVIDENCIA

El consumo excesivo de pornografía puede convertirse en un problema si afecta el funcionamiento cotidiano de la persona.

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Por:

Danielle ThielkeCampbell Ince y Giselle Woodley.

 

Danielle Thielke, Campbell Ince y Giselle Woodley

 

Hablar de pornografía suele ser un tema evitado, ya sea en la escuela, el trabajo o la mesa familiar.

Sin embargo, en Australia, aproximadamente tres de cada cuatro hombres (76%) y más de un tercio de las mujeres (41%) reportan haber visto material pornográfico en el último año.

Entre los australianos de 15 a 20 años, más de la mitad de los hombres jóvenes (54%) y una de cada siete mujeres jóvenes (14%) reportan consumir pornografía semanalmente.

Es probable que hayas escuchado el término «adicción a la pornografía» para describir el consumo excesivo de porno, de manera que interfiere con la vida de una persona o con quienes la rodean.

Pero ¿es realmente adictiva la pornografía? La investigación actual sugiere que la respuesta es bastante compleja.

El debate sobre la pornografía

 

Para muchas personas, ver pornografía es una conducta bastante habitual. Sin embargo, otras la consideran problemática.

Una investigación de 2025 examinó los efectos de la pornografía sobre la salud mental, emocional y física de las personas. Concluyó que la pornografía no es intrínsecamente dañina. Sin embargo, puede afectar a las personas de forma distinta según qué contenido consuman, quién lo consuma y cómo lo haga.

El consumo excesivo de pornografía puede convertirse en un problema si afecta el funcionamiento cotidiano de la persona. Para describir esto, investigadores y clínicos utilizan el término uso problemático de pornografía. Se refiere a la incapacidad de controlar el propio consumo pese a intentos repetidos por hacerlo, con consecuencias negativas asociadas.

Una encuesta global encontró que entre 3% y 15% de las personas podría experimentar uso problemático de pornografía, una dificultad que en general es más frecuente entre los hombres.

¿Qué lo causa?

 

El uso problemático de pornografía es un problema complejo, influido por diversos factores. Entre ellos se cuentan condiciones de neurodesarrollo o de salud mental preexistentes, como el TDAH o la depresión. Ciertos rasgos de personalidad, como la impulsividad, el bajo autocontrol y la búsqueda de novedad, también pueden contribuir.

Factores sociales y culturales, como la baja satisfacción en las relaciones, el aislamiento social y las influencias religiosas, también son relevantes. Las personas que sienten soledad o carecen de apoyo emocional presentan mayor riesgo de desarrollar este problema.

Para muchas personas con uso problemático de pornografía, el consumo puede convertirse en un círculo vicioso que desvía la atención de sus relaciones y responsabilidades diarias. Por ejemplo, el uso excesivo podría llevar a alguien a perder su trabajo por bajo rendimiento. También puede aislarse de amigos y familiares. Estas consecuencias suelen empeorar su salud mental y su funcionamiento cotidiano, lo que dificulta aún más controlar el consumo.

Las personas pueden experimentar el uso problemático de pornografía de distintas formas. Los investigadores han propuesto varias presentaciones clave:

  • Compulsividad: un impulso intenso y difícil de resistir hacia la pornografía, en particular para aliviar tensión o ansiedad acumulada.
  • Impulsividad: lleva a un uso rápido y espontáneo, sin considerar las consecuencias, por ejemplo consumir pornografía en una computadora del trabajo.
  • Desregulación emocional: cuando la persona recurre a la pornografía para manejar emociones difíciles como el estrés, el aburrimiento o la soledad.
  • Experiencias tipo adicción: como sentir ansias intensas o necesitar contenido cada vez más extremo para sentirse satisfecho.

¿Es realmente adictiva la pornografía?

 

En la actualidad, el uso problemático de pornografía se considera un tipo de trastorno de conducta sexual compulsiva. Este tipo de trastornos se caracteriza por la incapacidad de controlar impulsos sexuales intensos y repetitivos durante al menos seis meses, al punto de descuidar las responsabilidades cotidianas.

Por ahora, el uso problemático de pornografía no está reconocido formalmente como una adicción. No figura como tal en la Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS ni en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, los dos sistemas internacionales usados para definir y diagnosticar condiciones médicas.

Es importante señalar que la investigación sobre este tema ha crecido notablemente desde la publicación de esos manuales. La evidencia, incluida una revisión internacional reciente, sugiere que el uso problemático de pornografía puede en algunos casos funcionar como una adicción.

Cada vez hay más voces que piden clasificarlo como una adicción conductual, lo que lo ubicaría en la misma categoría que otras conductas adictivas en línea, como los trastornos por juego de apuestas o videojuegos. Estas conductas activan áreas similares del sistema de recompensa cerebral. Sin embargo, actividades como beber agua generan una respuesta parecida, por lo que conviene interpretar esta evidencia con cautela.

El reciente juicio histórico sobre adicción a redes sociales en Estados Unidos determinó que gigantes tecnológicos como Meta y Google diseñaron sus plataformas de manera intencionalmente adictiva. Componentes de diseño similares se usan en muchos sitios populares de pornografía gratuita (conocidos como tube-sites), donde se suben y ven videos. El porno de internet actual ofrece acceso ilimitado a la novedad sexual, permitiendo a las personas cambiar de contenido constantemente («tab-switching») y buscar material nuevo durante los llamados «atracones». La investigación muestra que ambas conductas podrían ser factores de riesgo para el uso problemático.

Sin embargo, hay razones para ser cautos al describir el uso problemático de pornografía como una adicción. La investigación muestra de forma consistente que muchas personas se autoidentifican como «adictas» al porno, incluso cuando su consumo es poco frecuente y generalmente está bajo control. Esto se explica por la incongruencia moral: cuando una persona sostiene creencias morales o religiosas firmes en contra de la pornografía pero continúa consumiéndola. Esta contradicción puede generar un malestar significativo o una fuerte sensación de estar «enganchado», incluso con un consumo controlado, y se ha vinculado con distintas condiciones de salud mental subyacentes.

Qué puedes hacer

 

Si tú o alguien cercano sienten que su consumo de pornografía es problemático, aquí hay algunos pasos prácticos a considerar:

 

  • Identificar qué está impulsando esta conducta, para asegurar el tratamiento adecuado. Por ejemplo, ¿se trata de una pérdida genuina de control, de un conflicto moral respecto al consumo o de una condición subyacente como la depresión?
  • Consultar a un profesional calificado especializado en uso problemático de pornografía. Los psicólogos pueden evaluar si el consumo tiene un componente más compulsivo, impulsivo o de tipo adictivo, y sugerir tratamientos basados en evidencia, como la terapia cognitivo-conductual. Sexólogos y terapeutas sexuales también pueden ayudar a comprender la relación de la persona con la pornografía y desarrollar conductas más saludables.
  • Tener presente que existe una cantidad considerable de desinformación en este ámbito, incluyendo la proveniente de terapeutas y coaches sin formación en enfoques basados en evidencia.
  • Abordar cualquier conversación sobre el consumo de pornografía con respeto y cuidado, ya que este tema suele estar cargado de vergüenza, miedo o culpa.

 

Nota: el artículo original de The Conversation indicaba que una quinta parte de las mujeres jóvenes accedía a pornografía semanalmente; esta cifra fue corregida posteriormente a una de cada siete.

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Artículo publicado en The Conversation y traducido y adaptado para Psyciencia.

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