La Noticia, la Memoria y la Verdad

Múltiples sorpresas ha generado el desarrollo del Paro Nacional, al punto que ni los mismos organizadores pensaron que llegaría a tener las dimensiones que ha registrado

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Por:

Graciela Sánchez Narváez

 

Graciela Sánchez Narváez

 

Múltiples sorpresas ha generado el desarrollo del Paro Nacional, al punto que ni los mismos organizadores pensaron que llegaría a tener las dimensiones que ha registrado. La posibilidad despertada por el paro de generar formas de expresión social ha permitido que afloren temas de protesta y reclamos represados que no estaban previstos, pues las jornadas se centraban inicialmente en seis peticiones que desde hace un año no se había resuelto, pero especialmente, en el rechazo a la Reforma Tributaria del gobierno cuyos contenidos desproporcionados, injustos con la clase menos favorecida, desarticulados completamente de la realidad colombiana, se lanzan precisamente en un momento en el que nuestro pueblo se asfixia en la escasez económica, se debate entre la angustia y el dolor que deja una pandemia incontenible, que se lleva nuestros seres más amados y se desata el mayor contagio de los tiempos de esta emergencia.

 

La protesta generalizada en Colombia, algo que nadie imaginaba

 

Es por esto que, ante el anuncio del retiro del proyecto, las movilizaciones continúan e incluso se recrudecen. Uno de los riesgos de la fortaleza del paro radica en la gran diversidad y falta de unidad en la dirección, lo que puede llevar al desgaste y a la frustración, a menos que se logre un rápido proceso de negociación. Otro riesgo está en el desarrollo y consecuencias de los acontecimientos, ya que junto a las protestas se han generado hechos vandálicos de diversos orígenes y naturalezas, protagonizados por personas infiltradas en las movilizaciones, por delincuentes que aprovechan el desorden para cometer sus delitos y, lo que es mucho más grave, por los supuestos agentes institucionales interesados en desprestigiar el paro y las movilizaciones populares.

Los hechos de presión que incluyen bloqueos de vías, ataques a la infraestructura de las ciudades, paralización de muchas actividades que sustentan a la gente, no deberían tener lugar en nuestro país, pues, son atentados contra la vida ciudadana, que un gobierno inteligente se apresura a resolver de manera oportuna, cosa que en este caso no ocurrió, por esta razón hoy lamentamos la pérdida de la vida de algunos jóvenes que fueron líderes o sencillamente el corazón y la fuerza de nuestro pueblo, precisamente por ser parte de esa juventud que sueña con un mejor país para habitar.

De esta manera, la respuesta del gobierno ha sido calificada como desproporcionada en el uso de la fuerza por analistas y observadores nacionales y por diversos organismos extranjeros; y es que, ha sido sorprendentemente lenta, esquiva y errática en la aceptación de la dimensión del paro. Sí; lamentablemente rígida al no asumir una actitud negociadora acorde con la gravedad del momento.

El interés de este artículo, además de evidenciar la trascendencia social del paro, es el de analizar la forma como se ha manejado la información en los diferentes medios.

Este tema es de gran importancia porque los hechos son objeto de lecturas diversas y el público se enfrenta a un torrente de informaciones que dificulta la generación de un juicio claro, además, exponen la imagen de nuestro país ya deteriorada ante el mundo por esta clase de gobiernos, agudizando el detrimento de nuestra propia dignidad como colombianos en el exterior.

En la construcción de una noticia, junto a la relación de los hechos, hay implícitos unos componentes subjetivos que están ligados a la carga ideológica de los periodistas o de las agencias de periodismo, por lo que se evidencia que aquello que hace ver una noticia con absoluta imparcialidad, es algo muy difícil de alcanzar. Sin embargo, el periodismo profesional debe tener en cuenta que la generación de una noticia siguiendo las pautas de lo que será la Historia, o sea la condensación de los hechos en la memoria de los pueblos. El recorrido de la noticia debe adaptarse a las tres fases de la operación historiográfica, que van desde el testimonio inicial, pasan por un proceso de análisis hasta una crítica que permiten la explicación y la comprensión para concluir en el plano del registro escrito o en otras formas de la representación historiadora de un hecho que ya es o pronto será el pasado.

Siempre que se habla de una noticia, especialmente en los tiempos actuales, cuando se tiene acceso a tantas vertientes de información, surge la pregunta sobre su veracidad, su autenticidad y su imparcialidad.

Hay entonces una pugna entre los hechos, la memoria de los hechos y la forma como son registrados y aspiran a ser parte de la Historia. De esa confrontación se espera que resulte la noticia, como la propuesta de recuerdo colectivo que pretende generarse en las mentes de un conglomerado. Esta propuesta se confronta con los parámetros culturales, la orientación ideológica y política de las personas, e incluso con sus intereses, hasta que se produce algo que se considera la verdad, de tal modo que hay gran variedad de verdades cuya validez social se va decantando en la medida en que el juicio del tiempo las vaya convirtiendo en historia compartida colectivamente.

Las diferencias de criterios son absolutamente válidas cuando obedecen a visiones diversas de la realidad, de modo que son producto de la forma de entender el mundo, pero no puede decirse lo mismo cuando se trata artificialmente de construir verdades al servicio de intereses particulares, forzando argumentos, ocultando evidencias, creando falsas noticias o, lo que es el extremo de la manipulación, generando hechos que desvirtúen la naturaleza de los fenómenos sociales e históricos, como la mencionada intervención de agentes del estado en la generación de desórdenes que se trata de atribuir al paro.

Si la construcción de verdades artificiales es un peligro para la memoria y la Historia, no lo es menos un factor intruso que se desenvuelve junto ellas y amenaza con construir a su manera las formas de verdad.

Se trata del olvido, que regularmente es producto de la decantación de los juicios y la medición de la importancia de los hechos, pero que se ha convertido actualmente en un arma de control y manipulación propia del ejercicio del poder, junto con la construcción de verdades acomodadas, la magnificación de hechos insignificantes y el ocultamiento de los esenciales. Entonces, el olvido ya no depende solamente de la condición humana, sino que se construye deliberada y forzadamente a partir de los intereses de quienes escriben las noticias y la Historia.

Entonces, mucho más que hoy, a través de los instrumentos que inundan de información nuestro mundo, después de que pase el paro nacional, seremos tentados a recordar sólo ciertos aspectos de los acontecimientos, a magnificar otros y, especialmente, a olvidar o a pasar por alto aquello que hoy constituyen tragedias que pudieron evitarse.

Es nuestro deber y nuestro derecho velar por la generación de una memoria y una imagen colectiva sana, apegada a los hechos, de modo que hoy, más que en cualquier época de la Historia, debemos vigilar cómo se generan esa memoria y esa Historia.

Esto constituye una militancia que tiene la misión de controlar la forma como digerimos las noticias y cómo permitimos la creación de verdades y el forzamiento de olvidos.

 

1 comentario
  1. Gloria Cardenas dice

    Excelentes comentaristas. Felicitaciones

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