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JOSE ELIAS DEL HIERRO, EL REVES Y “EL DERECHO”

ELEGIA DE VARONES ILUSTRES EN LA PROVINCIA DE LA VILLAVICIOSA DE LA CONCEPCION DE LOS PASTOS (XIX)

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Por:

Jorge Luis Piedrahíta Pazmiño

 

Jorge Luis Piedrahíta Pazmiño

 

Sin duda es el ipialeño que arropó las más egregias armaduras en la “nomenclatura” nacional. Para uno como él será que Borges reconoció que “somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de sombras inconstantes, ese montón de espejos rotos”. La nobleza de un pueblo se mide por el peso de su memoria. En torno al recuerdo de sus claros varones debe arder perennemente una lámpara votiva.

Fue una noticia reivindicatoria para la genealogía ipialeña el hallar la partida de nacimiento del niño José Elías Del Hierro Guerrero, hijo de José Elías y Carmelita, en la cancillería de la parroquia de san Pedro Mártir del 15 de octubre de 1904, tercer hijo de nueve. Nacido, pues, en la plaza mayor de la antigua Villaviciosa de la Concepción de los Pastos, de la antigua y frondosa estirpe de los Del Hierro, muy pronto se asentarían en la hacienda de Pusialquer, en contigüidad de Pupiales, a la que se trasladó la familia y allí morirá su madre en 1913, apenas de 39 años, revistiendo de tristeza y orfandad a la copiosa prole y al abnegado esposo, que en aquel apacible y pródigo fundo supo hacer más llevadero su desvalimiento y los estragos de aquella ausencia prematura.

Algunos pupialeños generosos pero despistados reclaman el natalicio del niño José Elías por allí en jurisdicción de ellos, en la hacienda “La Arcadia”, en la vereda “El Espino”.

El primer año de escuela lo cursó en Ipiales, seguramente en la Tomás Arturo; el segundo y tercero, en Pupiales, y coronará interno sus estudios primarios con los maristas en Túquerres.

Para el bachillerato retorna en 1917, al recién fundado Colegio Nacional “Sucre” (1911), y a la casa de sus abuelos paternos, Aparicio Del Hierro y Carmen Almeida.

“El Sucre”, era regentado por su primer Rector, el Pbro. Benjamín Arteaga. Era la continuación de la escuela pública de 1827 y del primer Colegio Nacional que se había fundado en Ipiales en 1837. Institución de la más genuina vena ipialeña, cantera democrática por excelencia, este año celebrando sus 110 años de magisterio y patriotismo, fue regentada por verdaderos adelantados de las humanidades todas, el médico Caviedes, el historiador Sergio Elías Ortiz, incluso Monseñor Justino Mejía fue llamado a la Rectoría. Como tampoco en “El Sucre” se podía cursar todo el bachillerato, José Elías se escapa en su caballo blanco en 1920 a Pasto en procura del alero protector de su tía paterna Clara Del Hierro, viuda del general Eliseo Payán, homónimo del expresidente caleño, y muerto en la guerra de los mil días. Viuda, ingresó al convento de las vicentinas con el nombre de Sor Helena y a la sazón fungía como Directora del Hospital San Pedro, fundado y construido a instancias de don Pedro Vela, otro ipialeño de valer.

San Juan de Pasto, la ciudad teologal y realista, doctoral y triste, aislada y enclavada en un rincón de los esquizofrénicos Andes, a lo más ostentaba en los extramuros un molino de harinas, una trilladora de café y una curtidora de cueros a orillas del Río Blanco, aquella villa se despejaba en el horizonte promisorio del joven ipialeño. Nunca más la dejaría y sería su verdadera patria chica: “La sociedad pastusa aristocrática y refinada me acogió con generosidad y me abrió sus puertas”, dirá mucho después con viva y obligante gratitud.

Por lo pronto, se matriculará en el Colegio de San Felipe Neri, creado por el propio Libertador Simón Bolívar el 25 de septiembre de 1829 y reinstalado en 1880. Allí aprendió el catecismo y los dogmas católicos y escolásticos de los presbíteros Aristides Gutiérrez, Alejandro Ortiz, Manuel María Guzmán, Ramón María Jurado, Fernando Jurado, Blas Chaves, Gustavo Villota, Rafael Delgado; tal, el escuadrón que lo aquilató en severos y proselitistas ejercicios espirituales con los que amasó su alma española de beatitud apócrifa, sectarismo galopante, idolatría itinerante, anejos de un iglesia claustral, inquisitorial y vengativa.

Pasa a la Universidad y su acudiente Rafael Villota Ceballos, concejal, le consigue su primer sueldo como auxiliar en el ayuntamiento. Ese será el primate escalón de una carrera burocrática inatajable y exuberante.

 

José Elías del Hierro: Gerente General de la Caja Agraria. Fecha de evento: 15/03/2014. Foto: (Archivo El Colombiano)

 

Son tres los ipialeños, coetáneos e igualmente ávidos y afanosos por coronar las alturas. Con Rogerio Córdoba y Alfonso Montenegro. En el San Felipe Neri también había conocido y tratado al probo y vehemente Justino Mejía y Mejía con quien compartirá los brebajes de la amistad y las primicias de las letras. También asomaba sus designios otro ipialeño enjundioso, Manuel María Montenegro Vela, apenas menor unos meses. Todos ellos cofrades de la recién fundada Universidad de Nariño, establecida en 1905 en el antiguo plantel del Colegio de la Compañía de Jesús que databa de 1712. Ellos sabían que el privilegio universitario –sobre todo en aquellos años- otorgaba un alto rango civil y aperturaba como una ganzúa los caminos de la política y la burocracia.

Como le sucedió en el “Sucre” de su ciudad natal, tampoco la UDENAR tenía el pensum total; pero coincidencialmente, a medida que los ipialeños avanzaban en sus ciclos así mismo se inauguraban los cursos siguientes. Mientras tanto, Joselías daría a luz sus primeras producciones literarias en su periódico manuscrito “El Guáitara”. Aquí, en la Universidad, también fundó el periódico “El Estudiante”, y también la Federación de Estudiantes y la Sociedad Literaria “Antonio Álvarez Lleras”. Se gradúa de abogado en 1929, a los 24 años, con Tesis de Grado sobre “La propiedad de los hidrocarburos y el subsuelo”. Ya aquella temática lo seducía y será clave en su carrera de abogado y político. El Rector era el Pbro. Fernando B. Jurado.

El 3 de julio de 1928, aparece “El Derecho”, primeramente semanario de circulación departamental, fundado por un muchacho de 23 años, “dentro de una concepción socio-política de derecha”, con un capital de $ 1.000 cofundado con sus paisanos Rogerio Córdoba y Efrén Osejo Peña, Aurelio Caviedes Arteaga, Carlos Pabón, Carlos López, Alfonso Rodríguez, Carlos Moncayo Quiñones, Fernando Ortiz, Jesús Absalón Martínez. Se aprovecharon los tipos de la imprenta remanente del doctor José Rafael Sañudo. Por ser el fundador y director un ipialeño bien podríamos decir que es patrimonio de nuestra cultura local. Rogerio Bolaños, otro ipialeño también fue después su Director. Había surgido como una bandera juvenil, y -en manos de Del Hierro- dobló hacia el fanatismo antiliberal y se convirtió en el trapiche triturador de todo lo que no fuera confesional y laureanista.

Semanario y Diario que sufrió las peripecias propias de un periódico combativo, incendiado a causa del golpe contra López el 10 de julio de 1944 pero revivido de sus cenizas más por la mística y dadivosidad de doña Marina, 7 meses después; en su momento fue el quinto en antigüedad después de El Colombiano, El Tiempo, El Espectador y Vanguardia Liberal. Circuló hasta los años noventa cuando finalmente desapareció por consunción. Empero, el viejo linotipo y la prensa plana habían abierto camino al sistema off set y la rotativa.

En 1925, José Elías entró por el portón principal en la casa Santacruz-Burbano de manos de la risueña Marina, y allí hallaría el pasaporte para sus sueños eminentes. Don Alberto Santacruz descendía del doctor y coronel Tomás de Santacruz y doña Clelia Burbano, nieta del doctor Clímaco Burbano, fallecido en aquellos días y que había sido Prefecto de la Provincia de Obando, Primer y Único Gobernador del Departamento de Ipiales en 1908, copartidario y amigo del presidente Suárez que le había ofrecido la Procuraduría General de la Nación, a lo que se negó Clímaco diciendo que “cuando el bizcochuelo me llegó ya no tenía dientes”. Inclusive la propia Presidencia de la República se la ofreció cuando se hizo inevitable que el presidente paria se retirara. José Elías también arrimó el espaldarazo de don Julián Bucheli, “caudillo medioeval”, terrateniente de muchos latifundios, jefe venerable y ya casi mítico, que desde su fundo de Consacá maniobraba la precaria ideología y la pícara logística, al que heredó sus amigos y sus enemigos. Era el año 30 cuando lo sucede un triunvirato compuesto por su yerno José María Salazar Albán, Pedro Díaz del Castillo y el cuasi adolescente José Elías Del Hierro.

 

En 1928, fundó El Derecho, en Pasto

 

No se sabe si primero se casó o primero lo eligieron a la Cámara, pero para 1930 con sus nuevas credenciales, hizo el inacabable viaje de diez días a la capital: Pasto – Ricaurte (en vehículo). Se alquilaban cabalgaduras hasta El Diviso, luego a caballo a Aguaclara y luego la lancha hasta el puerto de Tumaco para embarcarse hasta Buenaventura. Y el Valle del Cauca, La Dagua, el Quindío, la Cordillera Central, Ibagué, el puerto de Girardot, y la sabana.

Eladio Polo, Manuel Benavides Campo, Foción López, Guillermo Edmundo Chaves, Sergio A. Burbano, José Elías Del Hierro eran la constelación de figuras públicas para aquellos años. Carlos Lleras en sus Memorias (p. 366 y 314) dice que ingresaron en 1930, Gerardo Martínez Pérez, José Elías Dulce, Benjamín Burbano, Horacio Ortega, Ricardo Martínez y Julio César Delgado de Tumaco, de quien dice el propio Lleras Restrepo que era “simpático, desabrochado y cínico. A Soto (Jorge Soto Del Corral) le profesaba una admiración sin límites y cada vez que venía a Bogotá le traía de regalo algunos de esos suculentos aguacates que produce Tumaco. A nosotros también nos traía; yo conozco la gente que va a tener influjo político decía al entregárnoslos; aquí llevo otros para el “indio Soto”. Se dio al alcohol con exceso y su trato se volvió casi insoportable; pero Soto “lo lidiaba”, como suele decirse, con amistosa tolerancia. Sabía corresponder a los aguacates y a los primeros recuerdos universitarios.

“Este regalo de los aguacates constituye una bien estudiada costumbre de los políticos liberales de Tumaco y siempre el obsequio se hace con el mismo criterio que exponía cínica y simpáticamente el representante Delgado. Durante muchos años nosotros mismos hemos podido medir con ese termómetro infalible qué tan bien o tan mal estamos en los medios políticos de aquella ciudad, digna de mejor suerte. Ahora hace tiempo que nos tenemos que contentar con frutas menos sabrosas y podríamos decir, bajo juramento, que, en cambio, no les sucede lo mismo a Alfonso López Michelsen o a Julio César Turbay”.

José Elías Del Hierro, que alcanzó meteórica, meritoria y merecida figuración en la política colombiana, particularmente en el partido conservador, en sus Memorias revela que su primera intervención en el Congreso tuvo que ver con un debate que libró con Gaitán –en 1931 sería- toda vez que Gaitán “había sido elegido representante a la Cámara por Nariño. Cuando viajó para conocer el Departamento trajo pésimas impresiones producidas principalmente por quienes lo rodearon y acompañaron durante el viaje. Al regresar, pronunció en el parlamento un discurso en el cual con tintes acentuados como era su estilo, sostenía que la población total de Nariño era aborigen y que vivían en condiciones mendicantes. Prescindió del análisis de los aspectos positivos de Nariño y no planteó ninguna solución a los problemas presentados”. Esa misma noche los parlamentarios nariñenses decidieron contestar a Gaitán y escogieron al joven y primípara Del Hierro.

En 1942, la Asamblea de Nariño eligió como Senadores a José Elías Del Hierro, al tumaqueño Max Llorente (con suplencia del tuquerreño Carlos César Cerón) y al “El Chinche”, Julio César Enríquez. Manuel María Montenegro no quiso ser suplente de Llorente ni éste de Montenegro; empero, pronto El Viejo López lo creó Gobernador, Jurista del palacio presidencial y Diplomático en Roma.

Cuando el golpe de Estado contra López (“que no fue”, ver Elegía XVI) José Elías informa en sus Memorias que “en forma inmediata, en la casa del jefe del partido conservador, don Medardo Bucheli Ayerbe, se convocó ese día y en los sucesivos a reuniones con los jefes del partido en Nariño, entre los cuales se encontraban el doctor José María Salazar Albán, don Manuel López y el doctor Carlos Augusto Guerrero. Decidimos en la primera reunión informar de todos estos acontecimientos al jefe nacional del partido, Laureano Gómez, que dio la orden de apoyar el golpe”. Empero, José Elías ni quiso redactar la renuncia presidencial ni estuvo en orden de apoyar un acto inconstitucional.

En lo que tiene que ver con el 9 de abril, Del Hierro habla de los prolegómenos del bogotazo: “El ambiente revolucionario era claro, se lo respiraba. La intranquilidad no tenía límites y era peligroso transitar después de las seis por las calles de Bogotá, donde se formaban tumultos. “Jornada” anunciaba: “Lo que vendrá ahora será lo que el gobierno debe cosechar: la anarquía y el desorden”, dice Del Hierro.  Poco antes, dicen las memorias del delegado a la IX Conferencia, José Elías Del Hierro, “Gaitán había dado a conocer el denominado “Plan de Abril”, elaborado por el partido comunista para ser cumplido en la Conferencia Panamericana. Este plan exigía la participación del liberalismo y contenía entre otras exigencias el asesinato del Secretario de Estado de los Estados Unidos, George Marshall, con el fin de impedir la condena unánime de los países al comunismo, y el plan integral en su contra. Inesperadamente se vio envuelto en un plan que no era el suyo, pero había ido demasiado lejos y sabía demasiado de los intentos del comunismo. Gaitán había creado un ambiente revolucionario, apoyado activamente por el sindicalismo infiltrado de fuertes dirigentes comunistas y con financiación del comunismo internacional”.

Con aquel tufillo macartista y sicopático que sufría el establecimiento, Del Hierro llega a decir que “había encendido (Gaitán) una pasión en el alma popular imposible de contener: se le había señalado un objetivo y se lo había envenenado presentando al gobierno y al conservatismo como autores de los atropellos que sufría, de muertes, de hambre. El doble juego del liberalismo había fracasado”. Después de describir las exhaustas jornadas familiares sufridas, Del Hierro comenta sobre la entrevista de los jefes liberales en Palacio y las cajas destempladas que recibieron de Ospina Pérez quien se negó a entregar su banda tricolor. Interesadamente Del Hierro olvida que también Laureano Gómez desde su blindada trinchera del Ministerio de Guerra, en donde se guarneció vergonzosa y humilladamente, azuzaba a los generales y coroneles para que instaran a Ospina a abandonar la presidencia, dejándolo todo en una junta militar. Aquí comienza la grave y esdrújula enemistad de entrambos monstruos.

Las conclusiones de Del Hierro no pueden ser más consabidas y sibilinas en un dirigente sectario: “Al formar gabinete mixto, el conservatismo conservaba el poder. Lo grave fue que esta colaboración se conservara, con debilitamiento del partido y su quebrantamiento en vísperas de elecciones. Con el paso de los días el liberalismo se afianzó en el poder, olvidó el servicio a la Patria para pensar solo en afianzarse como partido y debilitar al conservatismo”. Y más adelante: “El golpe del 9 de abril fue un golpe fraguado, planeado y dirigido por el comunismo. Mucho se ha escrito sobre ello y existen los documentos que confirman este hecho. Fue una clara intervención del comunismo para buscar el fracaso de la IX Conferencia Panamericana, donde se planeaba establecer la formación de un frente continental anti-comunista”. Con tales auspicios intolerantes José Elías Del Hierro a cuatro manos con Forero Benavides fueron los asesores históricos de la crónica del bogotazo que difundieron maniqueamente en “Revivamos nuestra Historia”, hace 40 años y que hace descansar la responsabilidad del crimen en los comunistas Lombardo Toledano y el venezolano Machado, amén del escritor guatemalteco Cardoza y Aragón y del universitario cubano Fidel Castro. El sectario Del Hierro no quería recordar que la marcha del silencio de febrero de 1948 la había organizado Gaitán en protesta por la violencia auspiciada por el propio palacio presidencial y por eso la llamó “oración por la paz” implorada ante un Ospina Pérez soberbio y cavernícola, en vísperas del “bogotazo” que cobró como víctima magnicida al propio caudillo liberal.

El 9 de abril, Joselías emite como cada dos días su radio periódico en la Voz de Colombia. A medio día lo visita en su residencia Jorge Leyva para informarle la muerte de Gaitán. Inmediatamente debe buscar escondites para él y su familia, porque los gaitanistas colgaban de los faroles de la plaza de Bolívar a todos los jefes conservadores.

En los “Borradores de la Historia de la República Liberal”, Lleras Restrepo recuerda que: “CCCLXV, El “Pacto de Tregua” fue un paso importante para el restablecimiento de la paz en el país. Quise yo darle gran efectividad en cuanto concernía a las relaciones entre liberales y conservadores, demasiado tensas en la mayor parte del país. Mi decisión fue la de hacer todo cuanto estuviera en mis manos para calmar la indignación de los liberales y la de mantener con los conservadores un clima de entendimiento. Ni una ni otra cosa eran fáciles. En ciertas ciudades (y recuerdo especialmente a Cali) el jefe de la guarnición militar, que era el general Rojas Pinilla, si no me engañan mis recuerdos, apresó a los liberales que se habían auto-nombrado gobernadores y alcaldes y los remitió a la guarnición militar de Ipiales. En numerosos municipios, el liberalismo se apoderó de las oficinas públicas. Por otra parte, los conservadores, influidos por el recuerdo de la furia popular que estalló el 9 de abril, resolvieron armarse para hacer frente a cualquier nuevo ataque.

Continuaba la persecución contra el liberalismo. Noticias procedentes de la frontera colombo-ecuatoriana daban cuenta del enorme éxodo de ciudadanos liberales que buscaban amparo y refugio en el territorio de la República hermana contra la persecución conservadora. El texto del mensaje firmado por el inspector de Inmigración y Extranjería del Ecuador, para su gobierno, fue el siguiente:

“Tulcán, mayo 19 de 1949. Señor director de Inmigración, Quito

“Ante inmisericordes ataques poblaciones fronterizas, ciudadanos liberales colombianos piden asilo esta ciudad. Como nuestras leyes me facultan, he optado extenderles cédulas personales, fin puedan permanecer tranquilos, mientras venga calma política República hermana. Necesito su autorización, previo conocimiento mismo Gobierno, ministro Relaciones Exteriores, se sirva respaldarme esta decisión. Agradecerele inmediata contestación. Atentamente, Lelio Lara C., inspector de Inmigración y Extranjería”.

“Se ha informado que el señor presidente Galo Plaza, impuesto de la dolorosa situación que afrontan nuestros compatriotas al sur de este departamento, ha dispuesto otorgar una amplia hospitalidad, trabajo y atenciones especiales a los exiliados que huyen de la persecución, que tiene caracteres nunca vistos”.

Por eso será que Payán Archer en un provocativo tomo que escribió sobre su amigo y paisano José Elías Del Hierro, lo reconoce como dogmático e intransigente; primero como alfil del laureanismo que tempranamente lo integró al Directorio Nacional Conservador y luego como jefe tradicional que postulaba que los partidos son agencias de colocación para su respectiva clientela. Están formados no tanto por credos cuanto por un aluvión de sentimientos, fidelidades y mitos. Más que contrapuestos programas son una antítesis pasional, decía.

Después de la victoria de Ospina en la que tuvo acciones principales nuestro paisano, el nuevo Presidente le ofreció ministerio que Del Hierro declinó. Prefirió que la burocracia la desempeñaran sus subalternos: Domingo Sarasti a la Corte Electoral, Sergio Antonio Ruano a la jefatura del Departamento Nacional del Trabajo y luego a la Corte Suprema de Justicia; Moncayo Quiñones, Secretario del Consejo de Ministros; Chepe Velasco un consulado en Quito; Albornoz, a la Cámara, y “el cuñadísimo” Carlos Santacruz, a la Dirección de Edificios Nacionales. Incluso alcanzó a inaugurar un sui géneris ICETEX comoquiera que una decena de muchachos nariñenses estudiaron en el exterior.

Empero, ya para 1949 fue imperativo para Del Hierro ocupar el Ministerio de su especialidad, el de Minas y Petróleos, desde mayo 49 hasta el 7 de agosto de 50. Volvió a la misma cartera al comienzo del Frente Nacional, en 1959, nombrado por Lleras Camargo. Y rotó a la del Trabajo hasta noviembre de 1961 cuando su destino fue por nueve años la Gerencia de la Caja de Crédito Agrario Industrial y Minero, en el cual realizó “la tarea más importante por el aspecto social y económico y por la extensión y magnitud que logré dar a esa empresa pública”. La Caja de Crédito Agrario, “fruto de la administración Olaya Herrera, una de sus obras fundamentales. Los liberales no deberíamos olvidarnos de eso -dice Carlos Lleras- por todo lo que ha significado para el desarrollo de la agricultura, la democratización del crédito y el mejoramiento de la vida rural”. Aníbal Cardozo Gaitán, liberal, presentó el proyecto de ley 57 de 1931, y su ponente fue el senador conservador, Mariano Ospina Pérez.

 

López Michelsen condecoró a José Elías del Hierro en el casino de oficiales del Grupo Cabal

 

Del empréstito norteamericano, $ 3.500.000 se destinaron a fundar la Caja de Crédito Agrario, Industrial y Minero. Varias veces fue reconocida la gestión de Del Hierro al frente de la Caja. La UDENAR le otorgó el “Honoris Causa” en Agronomía y también como el Egresado Mayor. El Canciller López, en 1970 y el Presidente López en abril de 1978, en Ipiales, le colgó la Orden de Boyacá, en el Grado de Gran Cruz. (Ver Elegía XVII). Es que la cartera de la entidad había llegado a los 4 mil millones de pesos en préstamos para el desarrollo rural del país. En la gestión del ipialeño, la Caja Agraria hasta pagó en 1964, el remanente de 2 cuotas por US $ 200.000 que fue la indemnización (¡¿) que se pagó a la Casa Arana, el enorme territorio que ocupó por 20 años. ¡Manes del Tratado Lozano-Salomón! Quedaron también como mérito indudable de su gestión los edificios que construyó en todos los municipios, especialmente en su Departamento y los muchos copartidarios que ingresaron a la frondosa nómina de la entidad crediticia. Hugo Mazuera Erazo -su pariente- también fue Gerente en 1977.

Por su exitoso desempeño a lo largo de su Gerencia José Elías fue reconocido como un gran ejecutivo. Así lo dijo el ágil periodista Iáder Giraldo en sonado reportaje para “Cromos” y en vísperas de la candidatura presidencial del ipialeño.

Perteneció a la Generación de Los Nuevos, nacidos entre 1904-1910, Del Hierro, Justino Mejía, Manuel María Montenegro, Emilio Bastidas, Sergio Elías Ortiz, Alberto Montezuma Hurtado, Gerardo Martínez Pérez.

Más de una vez se separó José Elías de “la pura doctrina”; mejor dicho, de la “disciplina para perros”, que era la táctica atrabiliaria de Laureano Gómez con sus válidos, a pesar de que él mismo la practicó con sus favoritos y súbditos en Nariño, según afirma el solitario de Manhattan Payán Archer, en sus explosivas memorias.

José Elías, presidente del Directorio, proclamó a Ospina en el Teatro Colón, el 23 de marzo de 1945, fue Director de El Siglo, en 1946, Embajador a la posesión de Rómulo Gallegos en 1948, Miembro de la Delegación a la IX Conferencia, Ministro ante la ONU.

Político de casta, “estratego y cruzado de convenciones y conciliábulos” dice el poeta iluminado Payán Archer (amigo y pariente), su primera polémica la libró con Jorge Eliécer Gaitán, cuando entrambos eran parlamentarios elegidos por la circunscripción electoral de Nariño. Gaitán en los cuarenta también fue senador por Nariño. Tuvo que ser antes de 1942. En el 40 o en el 38. Cuando fui diputado (jlp.) no hallé probanza de esa elección en los anales de la duma toda vez que para aquella época los diputados   elegían a los senadores. Y esa sería única vez que fue senador en su vida parlamentaria.

Joselías fue obteniendo también en rigurosa escalera todas las charreteras en su solapa azul de metileno. Para 1946 ya era el jefe de debate de su partido y reclamó la victoria de Ospina Pérez ante un partido liberal nuevamente dividido y por ello mismo humillado ante otro Ospina, como en 1857.

Todo le venía como compensación por sus servicios beligerantes como parlamentario y como Director de El Siglo y también de “La República”, del ala ospinista. Contestatario de López Pumarejo, de Santos, de Gaitán para los corifeos de Joselías, el liberalismo era el responsable de la violencia desde 1930 y de la falsificación del millón ochocientas mil cédulas, entre otras alucinantes acusaciones que dizque justificaban la defensa a sangre y fuego con que amenazó José Antonio Montalvo.

Pero la lealtad con los jefes del partido no era incondicional. Unas veces se distanció de las consignas jupiterinas de Laureano Gómez y de su hijo Álvaro más belicoso y marrullero que “el monstruo”.  Y con Mariano Ospina, a pesar de haber sido su ministro discrepó, especialmente en la campaña de Pastrana Borrero, cuando con los expresidentes Valencia y Urdaneta Arbeláez se sintieron burlados.

Del legajo de cartas que se cruza con su paisano, contemporáneo y correligionario, Pbro. Justino C. Mejía y Mejía, no sólo se comprueba el interés que genuinamente Del Hierro dispensaba en sus compromisos senatoriales o ministeriales, sino que destila su irredento conservatismo. Payán Archer también habla de 18 millones que consiguió para obras en el puerto de Tumaco. En carta de diciembre 19 de 1950, al Monseñor de Las Lajas: “Por fin puedo decirle que conseguí el giro de DIEZ MIL PESOS para el Hospital de Ipiales, así me lo avisa en este momento el Secretario del Ministerio de Higiene, pasará a la Contraloría y de allí me comprometo a sacarlo y luego a conseguir el giro de la Tesorería, para ver si antes del año nuevo tienen las monjitas cómo dar de comer a los enfermos y a los curas… que desayunan opíparamente”.

También con Sergio Elías Ortiz le llevaron a Monseñor Mejía y Mejía su nombramiento como Rector del Colegio “Sucre”, pero finalmente no aceptó. Eso era para 1949.

En carta de septiembre 28 de 1950, “Le aviso también que he ido al Fomento Municipal a decirles que hasta cuándo hacen el alcantarillado del Santuario. No tienen plata, pero creo que, para el presupuesto del próximo año, si ayuda el gobernador Caviedes podemos sacar eso. Estoy aquí tratando de instalarme independientemente, es lo mejor, alcanzar independencia. Cuando me haga falta plata le aviso. Salúdeme a las monjitas, que recen porque Laureano se mantenga. Su muerte, sería gravísima, aunque ya le dimos un golpe a Santos con el Decreto”.

Y es que el liberalismo había logrado que se anticiparan las elecciones presidenciales para el 27 de noviembre de 1949 y que no se prolongara el periodo preelectoral que ya era un estado de violencia y de intimidación. En el debate parlamentario se pasó al abaleo. Un disparo en el tórax dejó muerto al liberal Gustavo Jiménez y herido de muerte al pro-hombre liberal Jorge Soto Del Corral.

El proyecto fue aprobado, pero Ospina lo objetó por inconveniencia y por inconstitucional. Al llegar a la Corte Suprema de Justicia ésta le dio vía libre y a Ospina le tocó sancionarlo. Así que las elecciones fueron en noviembre de 1949.

Los ministros Joselías Del Hierro, Jorge Leyva y Víctor Archila Briceño acudieron ante Laureano Gómez tratando de buscar fórmulas de acercamiento con el gobierno. No los dejó hablar. “Les agradezco – dijo energúmeno- que vayan en mi nombre donde el presidente Ospina y le comuniquen que, en vista de que él no ha querido o no ha podido imprimir un acento fuerte a su gobierno, yo he decidido cerrar El Siglo, renunciar a la candidatura presidencial y ausentarme del país. Deben hacerle saber que, si el lunes próximo no ha habido un cambio sustancial en el gabinete, tomaré precisamente ese día la determinación de que les hablo”.

 

Joselías, hizo parte del alto gobierno y de tomar decisiones de país

 

Ultimátum comunicado a Ospina. Y obedecido el lunes siguiente. Ministerio y Gobernaciones fueron integradas por hombres fuertes del régimen.

Ganó como candidato único Laureano y se posesionó ante la Corte –presidida por el nariñense Domingo Sarasty- porque el Congreso estaba clausurado desde noviembre del año pasado. De la “Corte-sana” extrajo Gómez al magistrado Sarasty Montenegro para el ministerio de gobierno.

El 17 de septiembre, en una revista aérea en Palenquero, Gómez sufrió accidente agudo de hipertensión y se pensó de inmediato en su retiro y muerte.

A Eduardo Santos lo habían reelegido los liberales como designado el 9 de agosto de 1949. Eso significaba que, en caso de fallecimiento de Gómez, lo debía reemplazar el ex presidente liberal. Pero el Gobierno expidió el decreto 2996 de 26 de septiembre de 1950, señalando la vocación sucesoral. Por tanto, descabezó a Santos, declarando vacante la designatura y estableció “la fila india” de ministros y gobernadores. ¡En primer grado sucesoral quedaba el ministro Sarasty!.

A esta “jugadita” o golpe, se refería Del Hierro en su carta al canónigo de Las Lajas.

José Elías Del Hierro, presidente del Senado en 1952, miembro del DNC, se autoeligió Constituyente (por el Senado, con suplencia de Efrén Osejo Peña) por Nariño. (t. XII, p. 77) La Cámara eligió a Carlos Albornoz, (recién llegado del Paraguay) quien fue el presidente de la instalación de la Asamblea, por orden alfabético. No se sabe cómo, pero también Domingo Sarasty era constituyente, si se tiene en cuenta que integraba la Comisión que fue por el general Rojas a Palacio para la instalación (t. XII, p. 186 Lleras Restrepo) Domingo Sarasty era embajador en Méjico en 1952 a donde llegaron exiliados los López y Lleras Restrepo. Esta cuenta un episodio sobre su sombrero inglés que se le quedó en una percha de un restaurante y que Alberto Lleras prometió recompensárselo. Se lo remitió desde Washington a la embajada en el DF, pero allí no se lo entregaron porque “no se habían cubierto los derechos de aduana”.

Y Domingo Sarasty también fue designado magistrado de la CS de J. en noviembre de 1953 (t. XII, p. 350).

Así que había tres nariñenses “gobiernistas” en la Constituyente de 1953.

López Michelsen dirigió un derecho de petición a Rojas Pinilla, en febrero de 1954, con motivo de la integración de la nueva CS de J., para averiguar acerca de su demanda de inconstitucionalidad sobre los decretos 3519 y 4120 dictados por Ospina. Pero precisamente el cambio de esta Corporación obedeció no tanto a renovar la cúpula en el poder judicial cuanto en buscar el relevo del magistrado Ricardo Jordán Jiménez quien tenía listo un proyecto de ponencia totalmente favorable a las pretensiones de Alfonso López Michelsen (ALM). Lleras dice que la demanda era jurídicamente inexpugnable y muestra bien lo que fueron los decretos pura y llanamente: un golpe de estado (t. XII, 413) Lleras reprodujo íntegro el alegato de ALM.

El asesinato de Alonso Jaramillo Gómez, jefe de control de cambios en la administración de Laureano Gómez, quien descubrió la importación fraudulenta de mercancías (frutas, automóviles Hudson y otros) con licencias falsas extendidas a nombres ficticios y la tortura a Felipe Echavarría. Turbay Ayala en carta a Carlos Lleras dijo que Laureano reasumió el 13 de junio porque el Ejército estaba investigando a Álvaro Gómez Hurtado por todas estas irregularidades. Inclusive así lo iba a leer Rojas Pinilla en el discurso de esa noche. Pero que Ospina Pérez y Alzate lo disuadieron porque hubiera sido un baldón eterno al conservatismo. De todas maneras, habló de la gravedad moral del momento. Pabón Núñez, ministro de gobierno de Rojas, después amplió y comprobó todas las irregularidades la familia Gómez Hurtado.

Es evidente que en las sesiones del Congreso de 1946 a 1949 no hubo lugar siquiera a pensar en la carrera judicial y en concursos para el acceso y el ascenso de los funcionarios judiciales y del Ministerio Público. Apenas se alcanzó a crear el Ministerio de Justicia. La violencia y el crimen político intimidatorio llegaron al propio recinto de la Cámara de Representantes. En noviembre de 1949 el Presidente de la República cerró el Congreso, que no volvería a existir sino en 1958, y por decreto elevó la mayoría indispensable en la Corte Suprema de Justicia para declarar la inconstitucionalidad de los decretos de estado de sitio, de modo de asegurar la intangibilidad de sus dictados represivos.

Por renuncia de los magistrados de la Corte, que se resistían a dar posesión como Presidente de la República al candidato único en las elecciones del 27 de noviembre de 1949, el gobierno nombró en su reemplazo a personas de su entorno. Así aseguró la obsecuencia de la rama judicial, al paso que la calidad de esta se redujo consiguientemente. Y los jueces de instrucción, encargados únicos de investigar los delitos eran nombrados por el Ministerio de Justicia, que además les asignaba su cometido específico.

El temor de que la Corte, adicta a la dictadura, que mantenía su investidura, declarara inconstitucional el decreto que convocó al plebiscito, llevó a la Junta Militar de Gobierno a nombrar nuevos magistrados. Esta Corte de emergencia duró en ejercicio un año, el de 1958, pues el Congreso elegido entonces eligió por última vez Corte y Consejo de Estado de ternas enviadas a él por el Presidente de la República, paritarias, pero con reflejo de la composición política del Congreso, que entraron en funciones con el año de 1959, y que en lo sucesivo se renovarían por cooptación.

El 13 de junio José Elías no acepta ningún compromiso con el régimen de facto que inaugura su antiguo compañero de gabinete ministerial. Como constituyente de ese año, tampoco valida la dictadura de Rojas Pinilla porque “una cosa es aceptar el hecho cumplido del gobierno de Rojas y otra, declarar la vacancia presidencial”, figura exótica cuestionada valerosa y eruditamente por Alfredo Vásquez Carrizosa.

Joselías también discrepó de la torcida de Álvaro y Laureano cuando se apartaron de apoyar la candidatura Valencia en 1958, deshonrando los compromisos del naciente Frente Nacional. Joselías marcó distancias con aquella casa-Gómez tan tóxica cuanto inconsecuente.

Jefe doctrinario, compuso para su feligresía laica, la historia de las ideas conservadoras, afincada en la patrística, los devocionarios de la iglesia católica y las prédicas de los apóstoles y padres fundadores Ospina y José Eusebio Caro y Sergio Arboleda. No en vano, lograron con Montalvo que en el Plebiscito de 1957 volviera el preámbulo teocrático por excelencia, aún con la inaudita negativa de Álvaro Gómez Hurtado y con la más insólita bendición de Lleras Restrepo. Desde luego era réplica de la monarquía de Alfonso XII y de Cánovas del Castillo, de un siglo atrás.

Del Hierro fue verdaderamente un líder nacional, desde muy joven. En Revista Javeriana de 1940, ya propone por ejemplo la supresión de las Asambleas Departamentales. Incluso fundó un radio periódico en Bogotá. “Mi nombre en la actividad pública ha sido modesto, discreto, no he quemado ni un grano de incienso para destacarlo”, dijo entre humilde y satisfecho. Su colaborador y amigo ex magistrado Manuel Bernal Arévalo recuerda que cuando Del Hierro fue elegido Fiscal del Consejo de Estado despidió a su secretario pues gustaba de redactar sus documentos en solitario.

A pesar de que fue diplomático itinerante en Nueva York, Caracas e incluso La Paz-Bolivia a donde fue para el IX período de sesiones de la OEA, no pudiéramos decir que fue de carrera, tal como puede predicarse de sus contemporáneos Domingo Sarasti o Montezuma Hurtado que lo fueron en Quito y en el Distrito Federal y en Tegucigalpa y La Paz, de las cuales el pastuso compuso insuperables colactáneas históricas y literarias. Tampoco fue Gobernador, pero sí empujó a muchos de sus correligionarios. En esto compartieron vidas paralelas con Rogerio Bolaños de Bautista, también ipialeño, jefe que le recibió la alternativa tanto en el congreso de la república como en el diarismo de “El Derecho”, también diplomático itinerante en Nueva York y también padrino de muchos nombramientos merecidos e inmerecidos de sus inefables copartidarios.

 

El Derecho al servicio de los idearios partidistas de Joselías del Hierro

 

Valga la pena mencionar a Domingo Sarasti, de Pupiales, igualmente encumbrado dirigente conservador, ministro de Gobierno de Laureano Gómez, magistrado de la Corte Suprema de Justicia y de la Electoral, Embajador y parlamentario.

“Domingo había sido Ministro de Gobierno de Laureano, sin embargo, su lealtad hacia Ospina era total y yo diría -habla Carlos Obando Velasco, igualmente exministro y tataranieto de José María Obando- que su ospinismo era tan fuerte como su antialvarismo. He llegado a pensar que lo primero era consecuencia de lo segundo. Nunca le oí una sola palabra en contra de Laureano, pero diría que vivió y murió amargado en contra de Álvaro y su camarilla. Sentía profundo resentimiento o cuando menos menosprecio hacia el grupo alvarista”.

El mismo Carlos Velasco Obando, ministro de Obras de Lleras Camargo y Valencia, ex gobernador del Cauca, embajador en París, en sus memorias “Una sopa para el diablo”, recuerda al paciente Sarasty: “Sarasty con J. Emilio y Obando en campaña en Cali, en Popayán y en Nariño. Excepcionalmente gentil y de una simpleza increíble. La Convención conservadora que presidía J. Emilio se prolongó mucho y tuvieron que quedarse Sarasty y Obando Velasco. Sarasty se retiró a descansar a la media noche y había descansado en un catre del celador de la gobernación de La Guajira”.

Ejerciendo la Gerencia de la Caja Agraria varios de los amigos de José Elías, paisanos y copartidarios, empezando por Urdaneta Arbeláez, Montalvo, Deogracias Fonseca, Gabriel Paris, Juan B. Córdoba, y el propio Ospina Pérez, le pidieron lanzar su candidatura para 1970, último período del Frente Nacional. Surgieron igualmente las aspiraciones de Evaristo Sourdís y Hernán Jaramillo Ocampo. Luego, la de Álvaro Gómez, Belisario Betancur, el general Rojas, Castor Jaramillo Arrubla.

Tanto José Elías como Carlos Augusto Noriega entre otros han redactado la crónica de lo que fue aquella campaña en medio de imposturas, empates, renuncias; “en la segunda sesión de la Convención, Ospina Pérez rompiendo su debida neutralidad, anunció que votaba por Pastrana, quien había sido convenido con el presidente Lleras Restrepo. Sourdís y Pastrana obtuvieron 278 votos. Ospina declaró disuelta la Convención ante una nueva derrota de su pupilo. Surgió la iniciativa de elegir dos compromisorios con plenos poderes, que actuarían como árbitros. Uno de ellos fue Joselías y el otro Ospina Pérez, que insistió en enviar una lista de candidatos a la convención liberal. Del Hierro reiteró que el compromiso era enviar el nombre del candidato. Finalmente, Ospina dejó en manos del otro partido la decisión de escoger el candidato. Lo que desató la ira de los expresidentes Valencia y Urdaneta y de Del Hierro.

Se dijo que había ganado el general. Pero también surgió el interrogante: ¿por qué renunció a su triunfo?

Del Hierro fue derrotado, por primera, única y última vez, en su aspiración al senado, en su propio y amasado departamento. Idéntica suerte llevó Valencia en el Cauca. Es que la ANAPO había desmantelado todas las expectativas.

En esa ocasión fue que se derrumbó definitivamente –para Joselías- el mito de Ospina Pérez, que entre telones también aspiraba a la reelección, como Valencia. No supo comprender que él había llegado al poder sobre el lomo de los hechos victoriosos de Laureano y de la generación de los nuevos. Llegó a disfrutar la victoria. Hombre de club, donde se hacían las tertulias con la información de las apasionantes hazañas de quienes batallaban en las regiones en el ostracismo del poder y hacían cada mañana y cada amanecer nuevas lides para llevar al partido conservador al poder. Era un ejecutivo de escritorio a quien su soberbia le hizo perder la dimensión histórica del momento y conducir el partido a la puerta de las derrotas futuras del conservatismo. Eso dice Del Hierro de Ospina.

Busqué al doctor Del Hierro en diciembre de 1983 cuando me desempeñaba como Jurídico en la Intendencia Nacional del Casanare y su subsuelo fue favorecido con el descubrimiento de vastísimos yacimientos de petróleo, común en todos los llanos colombo-venezolanos. Cusiana, Cupiagua, Aguazul eran los prodigiosos pozos brotados de aquella llanura embriagadora e infinita pero no tenía la Intendencia cánones ni normativa para la adjudicación de su exploración y explotación, a las insaciables transnacionales.

Concurrí al gabinete del ex ministro y reconocido especialista, quien solícito y generoso absolvió los más obtusos cuestionamientos. Ya tenía 80 años el legendario dirigente, pero estaba lúcido y erudito en aquella temática de la cual había sido pionero, ministro y fundador en los años cincuenta, y antes, como profesor universitario desde 1929 en la Udenar, graduado con la tesis “Propiedad de los Hidrocarburos y el subsuelo”. No podía ser más atinada mi consultoría con aquél experto quien aprovechó la circunstancia para evocar su añeja ipialeñidad.

 

Como ministro de Minas vino a Las Lajas y dejó pegada una placa que aún permanece

 

La creación de Ecopetrol

 

La reversión al Estado Colombiano de la Concesión De Mares, el 25 de agosto de 1951, dio origen a la Empresa Colombiana de Petróleos.

 

Como Ministro de Minas en 1949-50, fue preocupación de Del Hierro la reversión de la llamada Concesión de Mares, otorgada a éste por su compadre Rafael Reyes y por 50 años en 1905. De Mares traspasó su derecho a la Zona del Carare para “explorar y explotar”.

En 1941, el Procurador Carlos J. Medellín demandó ante la CS de J la reversión de la concesión para 1946 y no para 1951 como sostenía la Tropical. Empero, la Corte falló a favor de la transnacional. Según el historiador René De la Pedraja, basado en archivos británicos y norteamericanos, López Pumarejo, quien durante años había sido sobornado por las petroleras, presionó a los magistrados.

El decreto Ley 165 de diciembre de 1948, expedido por Ospina Pérez, autorizaba al gobierno a “promover la organización de la Empresa Colombiana de Petróleos” y señalaba que la primera opción era la creación de una empresa con participación del capital privado, nacional y extranjero; la segunda, una compañía de capital privado colombiano únicamente; y la última -en caso tal que el sector privado no quisiese asumir la empresa-, una empresa de carácter netamente estatal.

El 4 de junio de 1949, el Gobierno instituyó una junta para promover la creación de la naciente empresa; junta compuesta por José Elías del Hierro, ministro de Minas y Petróleos, y dos miembros del Consejo Nacional de Petróleos: Martín del Corral y Fernando Salazar.

En una reunión en Nueva York con los directivos de la Standard Oil, Wiedey y Maier argumentaron a favor de quedarse en Colombia; pero las directivas no aceptaron. Entonces, mientras que los ejecutivos locales de la Tropical estaban dispuestos a quedarse en Colombia, los directores de la Standard manifestaron que ellos sólo aceptarían un mínimo de 51% en la propiedad de las acciones o, en su defecto, un contrato que les garantizase el derecho a administrar la empresa; incluso afirmaron que el trabajar en una compañía donde el Estado podía ser accionista era contrario a su filosofía”. Y, al margen de lo aquí anotado para diciembre de 1948, la Standard se había hecho a una participación muy importante de la Arabian American Oil Company, Aramco, y a reservas petroleras muy importantes en el Medio Oriente que les reportarían ganancias mucho más altas que la Concesión de Mares. Aún así, el embajador Beaulac consideraba que, por razones de seguridad nacional y dada la “vulnerabilidad del Medio Oriente, las compañías debían desarrollar el potencial petrolero en el Hemisferio Occidental, incluida Colombia”.

En noviembre de 1949, la Standard Oil tomó la decisión definitiva de no participar en la Concesión de Mares después de la reversión; además de la alta rentabilidad de los campos petroleros en el Medio Oriente y las nuevas explotaciones en Canadá, les disgustaba también la legislación petrolera colombiana y los problemas domésticos en el país, así como los conflictos con los colonos que se habían establecido en terrenos de la concesión”.

Una vez que el gobierno colombiano se dio cuenta de que la Standard Oil no estaba interesada en la nueva empresa invitó a los empresarios colombianos. Después de contactos con el ministro José Elías del Hierro, el Consejo Nacional de Petróleos y ejecutivos de la Tropical, Gutiérrez Gómez informó a los directores de la Andi que el gobierno quería “intentar… por todos los medios”, la segunda alternativa con capitalistas colombianos.

Gutiérrez Gómez reconocía: “si no se logra la constitución de la compañía mixta de petróleos, inexorablemente se llegará a la compañía netamente oficial, pues el gobierno se encuentra ante la imperiosa necesidad de tomar una decisión… Del Hierro y los miembros de la Comisión Promotora del gobierno visitaron Medellín para interesar a los industriales antioqueños en la compañía y citaron a una reunión a la que asistieron unos 50 empresarios”. Del Hierro les propuso a los industriales que el gobierno y el capital privado contribuyesen con 10.000.000 de pesos cada uno; la empresa operaría como entidad privada sin interferencia oficial alguna y el gobierno se encargaría de resolver el problema de los colonos para que la compañía pudiese iniciar operaciones sin esa dificultad. Además, el gobierno estudiaría la posibilidad de que el sector privado tuviese mayoría en la junta directiva de la empresa”.

Después del primer sondeo entre los industriales, 18 firmas antioqueñas se comprometieron a suscribir un capital total de sólo 3.335.000 pesos”. La Andi nombró una comisión que viajase a Bogotá para las supuestas “conversaciones finales” con el gobierno” y a su vez, la junta de la Andi en Bogotá nombró otra comisión para que se reunieran con los representantes de la junta de Medellín”.

Los industriales antioqueños y bogotanos se reunieron en Bogotá y sugirieron que, para completar el capital necesario, se abriera una suscripción popular de acciones. Cipriano Restrepo Jaramillo propuso que se vinculase a la Compañía de Petróleos Ariguani, de la cual él era accionista, que podía aportar cerca de dos millones de pesos en maquinaria, estudios y dinero”. Días después, los industriales se reunieron con el presidente Ospina Pérez y le propusieron que el sector privado tuviese la mayoría del capital de la empresa; además, pretendían que la nueva compañía no heredase la deuda de prestaciones a los obreros de la Tropical y que, como nuevos inversionistas en el negocio, tuviesen exenciones fiscales”.

Ospina Pérez designó una comisión conformada por los ministros de Minas y Petróleos (Del Hierro), Gobierno (Luis Ignacio Andrade) y Hacienda (Hernán Jaramillo Ocampo) para seguir negociando con los industriales. Gutiérrez Gómez informó a los industriales del resto del país sobre estas negociaciones, advirtiendo que el sector privado debía jugar un papel central en la compañía, “por ser ésta la única solución razonable para el problema de combustibles que de otra manera quedaría expuesto a la desastrosa administración oficial”.

 

LA REFINERIA DE TUMACO  

 

Nadie se explica por qué José Elías del Hierro y su hijo Eduardo del Hierro Santacruz, desde las alturas del poder y con la posibilidad de hacer realidad el sueño de Nariño, se opusieron a la construcción de la refinería en Tumaco

 

 

La riqueza petrolera del Departamento de Nariño no estuvo en duda nunca. La expectativa por la construcción del ferrocarril que comunicaría con Cali y Tumaco, la expresaba un informe de la época:

Con verdadera satisfacción han presenciado unas personas el trazo de la vía férrea que los ingenieros norteamericanos han practicado al nordeste y al suroeste de esta capital, con el objeto de comunicar esta con Cali y con el océano. Ni el acueducto, ni otra obra material profana puede ser tan ventajosa para el país, como la que se proyecta, pues ella despertará muchas energías, facilitará los negocios, engendrará nuevas empresas e industrias, estimulará más el trabajo, acrecentará la riqueza publica, desterrará prejuicios desastrosos, traerá mejores luces, fomentará la sociabilidad, infundirá aliento general y hará más amable la existencia y más risueño el suelo nativo”.

Sin embargo, el destino que tuvo esta obra fue bastante polémico. Desde 1912 se dictaron leyes que ordenaron la construcción del ferrocarril de Nariño, pero solo hasta 1918 el gobierno se vio obligado a contratar el trazado en la vía Popayán-Pasto-Tumaco, con una a Ipiales. El ingeniero norteamericano Daniel L. Wright, en unión de ingenieros nariñenses, completó el trazado después de dos años de estudio, el cual fue aprobado por el gobierno mediante la Resolución No. 33 de 29 de noviembre de 1924. Una vez obtenida la aprobación, el ingeniero Wright propuso al gobierno la construcción y terminación de la obra en el plazo de cinco años, mediante la concesión para explotar el petróleo de Nariño en el litoral del Pacifico y en el valle del rio Patía, pero el Ejecutivo rechazo la propuesta, “infringiendo, con esta medida, una sangrienta bofetada a la opinión nariñense”.

El general Pedro Nel Ospina al finalizar su período presidencial (1926) dejó instalados los primeros cuarenta kilómetros de rieles entre Aguaclara y Espriella. El presidente Miguel Abadía Méndez, al iniciar su gobierno, anunció a los nariñenses en telegrama de 9 de junio de 1926 que la prolongación del ferrocarril de Popayán a la frontera ecuatoriana, constituía parte esencial de su programa de gobierno. Así fue como se comenzó el tendido de rieles desde Popayán hasta Timbío para cuya celebración el entonces gobernador de Nariño, general Eliseo Gómez Jurado, dispuso que al clavar el primer riel fuera con clavo de oro, extraído de las canteras de Barbacoas, para que “el significado del hecho se grabara en la mente de los abnegados y luchadores hijos del sur de Colombia”. A pesar de esto, los trabajos fueron suspendidos.

 

En el mapa de vías de Nariño, 1951, figuraba el ferrocarril

 

Quedó en el ambiente la pregunta sobre los motivos que llevaron a no aceptar la propuesta de Wright para la construcción del ferrocarril: “¿Por qué los Gobiernos no cumplen con sus deberes de mandatarios o servidores de los pueblos que los eligen para el bien común y para que procuren su completo bienestar de acuerdo a sus necesidades […]?” Mr. Wright, después de conocer y examinar el suelo, expresó que existían en el Departamento “grandes y riquísimos yacimientos mineros, pues las formaciones mineras de las vertientes del Pacífico son prácticamente idénticas con las vertientes de Méjico y Norteamérica, muy especialmente se correlacionan con las de California y Nevada; de allí se deduce que su riqueza debe ser análoga a la de dichas regiones. El Departamento de Nariño con el ferrocarril no sólo sería agricultor, sino un departamento minero, tal como lo atestiguaban diferentes expertos.

Otra de las propuestas que se hicieron para la construcción del ferrocarril fue la de Mr. Clorimer quien, basado en la inconmensurable riqueza petrolífera colombiana y en unión de banqueros ingleses, propuso construir un ferrocarril y una carretera en el sector de Tumaco-Pasto-Putumayo a cambio de que el gobierno le diera la explotación del petróleo nariñense. Esta propuesta también fue negada, “porque los hidrocarburos de este Departamento son reserva de los americanos del Norte y Nariño está condenado a vivir en la retaguardia de los demás departamentos”.

En 1948, la misión ferroviaria americana y posteriormente la misión Currie aconsejaron al Gobierno suspender las obras del ferrocarril, levantar los rieles de algunas secciones como Nariño y construir el ferrocarril del río Magdalena. El ferrocarril de Nariño prestó servicio hasta el año de 1959, cuando finalmente se extinguió por falta de apoyo del gobierno nacional, ausencia de liderazgo local e incapacidad.

Ante tal riqueza petrolífera yacente en el subsuelo de nuestro Departamento –del cual era sabedor Del Hierro- significa un arcano hasta ahora mismo indescifrado, saber cuál fue la verdadera justificación de José Elías y su hijo Eduardo, en lo que tiene que ver con su reticencia a apoyar la construcción de la Refinería de Tumaco. Amigos, admiradores y adversarios, controvierten su indolencia mientras destacan la solidaridad a la causa que ofrecieron José María Salazar Bucheli, Julio Enrique Escalón Ordoñez, Guillermo Payán Archer, a la sazón Ministro de Estado, Contralor General y Gobernador designado, que condicionó su posesión a la construcción de la Refinería. Inclusive de los dirigentes ipialeños encabezados por el fogoso y joven Pbro. Manuel Dolores Chamorro. O la de don Ángel María Medina Santacruz que fue el verdadero cruzado de la iniciativa. Y menos se entiende la indiferencia y obstrucción de los Del Hierro, si se tienen en cuenta sus antecedentes en esta materia especializada de los petróleos, si se sabe que esa fue su debilidad desde los bancos universitarios.

El 27 de marzo de 1971, el Presidente Pastrana Borrero había nombrado miembro principal de la junta directiva de Ecopetrol a Medina Santacruz con suplencia de Alberto Díaz del Castillo. Entrambos alegaban y comprobaban solventemente la rentabilidad de la refinería y el cuadro comparativo con las de Yumbo o Buenaventura que legítima y ahincadamente defendían los vallecaucanos Germán Holguín Zamorano y Joaquín Vallejo, avalados por el Minminas y el Presidente de Ecopetrol Mario Galán Gómez que se habían comprometido a construir la gran refinería de Occidente en el Valle del Cauca.

También Laureano Alberto Arellano, Gobernador de Nariño, terciaba naturalmente a favor de Tumaco con la contratación de estudios que justificaban una obra destinada a convertirse en polo de desarrollo del suroccidente.

Medina Santacruz, en mensaje al Presidente, 14 de julio de 1971, “debido al alza de crudos en el exterior a US $2.40 barril, Refinería del Valle tendrá una pérdida de $ 53.644.000 pesos anuales. En cambio, la de Tumaco sube la rentabilidad en total del 14% al 22% anual”. La refinería de Yumbo quedaba descartada.

También el anterior gobernador Ricardo Martínez Muñoz había aportado otro muy útil estudio que elaboraron los especialistas Carlos César Puyana Mutis, Sergio Castro, Luis Alejandro Enríquez, Juan Coral Córdoba, Francisco Angulo Vela, Humberto Coral Garzón.

Después de 10 años de campaña y estudios, Pastrana firmó el decreto 1978 de octubre de 1973, por el cual se aprobaba la construcción de una refinería de 75.000 barriles diarios, en el puerto de Tumaco. Fue invaluable el apoyo del Presidente y del ministro Gerardo Silva Valderrama en la aprobación del contrato con la Foster Wheeler. Luego, Medina fue designado Auditor General del Banco de la República. Y en el malogrado homenaje que la ciudadanía nariñense le brindaría por todas estas acciones tuvieron que ver las presiones de los Del Hierro para que este fracasara. Nadie entendió de este saboteo para con tan leal y entusiasta nariñense otrora muy cercano a la casa política y familiar de los exministros.

Recién designado en 1974 Ministro de Hacienda, Rodrigo Botero Montoya, dio inicio a una campaña antinariñense manifestando que “el país no tendría endeudamiento externo excesivo en dólares y se podría controlar la inflación si se eliminaban la Hidroeléctrica del Patía y la Refinería de Tumaco”. Que se requería de una persona importante de Nariño que se comprometiera a bloquearlas. Y la encontró en Eduardo Del Hierro Santacruz, condiscípulo suyo de Harvard. Ningún nariñense progresista lo podía creer toda vez que como lo dijo Medina Santacruz “se trataba del hijo de un dirigente conservador de Nariño, a quien el departamento le había dado todos los honores”.

Del Hierro Santacruz, apenas posesionado el 10 de agosto como Ministro de Minas, reemplazó a Medina con Jaime Concha Sáenz, en la Junta Directiva de Ecopetrol y dio el anuncio de la cancelación de la Refinería de Tumaco, bajo el eufemismo de aplazamiento.

 

Tren Agua Clara

 

Ferrocarril puente el Pindo, Tumaco

 

Construcción de la vía del tren en Nariño

 

Tanto el Ministro, como José Elías le hurtaron el cuerpo a las convocatorias que les hicieron sus desinflados paisanos. Lo único que José Elías explicó es que el Gobierno estaría dispuesto a otorgar a Nariño, como compensación, la electrificación rural.

Tampoco había sido comprensible en Del Hierro su conducta asumida ante la fundación que se proponía del Banco Surcolombiano. Razones insondables por las cuales el doctor José Elías del Hierro bloqueó la creación del Banco y otras iniciativas del señor Medina.

Ángel María Medina nunca conoció qué ocurrió con las gestiones que se comprometió a adelantar el doctor Del Hierro, en relación con la propuesta que les hizo de impulsar la creación de un Banco de Fomento. Años más tarde vendría don Ángel a enterarse de los verdaderos motivos de José Elías del Hierro para tomar esa actitud. La información le fue suministrada por su amigo, Eduardo Mazuera, cuñado de José Elías, después de que recibiera una carta insultante de José Elías del Hierro y de la cual le envió a don Ángel una copia como también de la respuesta. En la primera se negaba a firmar un pagaré a favor del Banco de Bogotá, para modernizar el periódico EL DERECHO, de propiedad de la Editorial Surcolombiana Ltda. que gerenciaba el señor Mazuera, a pesar de que todos los demás socios ya se lo habían hecho, incluso el señor Medina Santacruz. “Del Hierro no quería que Medina le superara en acciones en el Departamento”.

También el señor Mazuera le comentó a don Ángel María que la suspensión de la publicación de la Revista Nariño en Marcha, por parte de la Editorial Surcolombiana Ltda., fue también propiciada por el doctor José Elías del Hierro.

El doctor José Elías del Hierro se enteró de la llegada del Gobernador Salazar y de don Ángel María a Bogotá (no supieron cómo) y el mismo día los invitó a cenar en el Club de Ejecutivos. Allí, los dos le dieron información completa sobre el estado en que se hallaba el proyecto, incluso del hecho de que ya contaba con el capital necesario, así como sobre todas las actividades desplegadas para obtener la aprobación de la creación del citado banco y le hicieron énfasis en que se hallaban dispuestos a emplear todo el tiempo que fuera necesario para conseguir el objetivo. El doctor Del Hierro les manifestó que era mejor el establecimiento de un Banco de Fomento, que tendría mayores garantías para Nariño y que él se encargaría de sacarlo adelante. Como el doctor Del Hierro ocupaba el alto cargo de Gerente General de la Caja de Crédito Agrario y figuraba en el panorama nacional como persona muy prestante y representativa en el gobierno, los señores Salazar y Medina no dudaron de su palabra de sacar adelante el mencionado banco de fomento.

Posteriormente, desde COFENAR le dirigieron una serie de mensajes al doctor Del Hierro recordándole el ofrecimiento. A pesar de todos estos recordatorios e insistencia, se dilató la aprobación y de esta manera vinieron a perderse los ingentes esfuerzos del Dr. Salazar Bucheli y del señor Medina Santacruz por fundar el Banco Surcolombiano.

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