GUERRA CONTRA LAS DROGAS Y EL CUIDADO DE LA VIDA
La salud es una meta a ser conquistada, un bien que se adquiere a través de los conflictos que caracterizan a nuestras sociedades.
Por:
José William Pineda Medina

Las drogas han existido y lo harán. La relación del hombre y la comunidad con ellas hacen la diferencia: si están en contextos con significados trascendentales o insertos en una dinámica autopoiesica especifica que pueden significar equilibrios (homeostasis) no generan daños ni problemas; si ingresan dentro de una dinámica manipulada por intereses de lucro dentro de un contexto propicio por el vacío, la incertidumbre y las carencias, termina reproduciendo situaciones complejas dentro de una dinámica adictiva compulsiva.
1.- Los países productores de drogas cubren parte de sus metas económicas con el velado apoyo de los dineros de las mafias, los vínculos de política empresa y droga es evidente. El incremento de la corrupción y la oneración de las clases políticas y económicas del país no es ajena a este gran negocio; no es posible tapar el sol con un dedo. (Empresarios de la droga, banqueros, altos mandos del ejercicio del control, terratenientes, ganaderos, ejecutivos que son dueños del transporte de la importación legal e ilegal, bandas armadas, guerrilla, mafiosos y narcotraficantes).
2.- El caldo de cultivo para este creciente negocio es la ignorancia, la miseria, la falta de oportunidades y el mantener un estado de cosas que fomente los vínculos de las personas con lo ilegal para poder subsistir o cumplir el iluso sueño de ser pudiente. (Cultivadores, microtraficantes, reducidores, delincuencia barrial, capos y clanes de venta de droga, policías, funcionarios de control, microcultura que normaliza el negocio, usadores de droga abusadores y dependientes).
3- Políticas de salud basadas en la generación de rentabilidad, políticas públicas en drogas centradas en lo biomédico, en el control y la punición, incremento del estigma, la discriminación y el rechazo, que se traduce en escasez de oportunidades, detrimento de lo humano y de su capacidad de agencia, invisivilizacion del otro, reiteración de acciones que tiene evidencia de fracaso o mínimos resultados, deterioro de lo comunitario y creación de situaciones sociales y comunitarias en franco deterioro.
El contexto
Un mundo donde la pobreza, el hambre, la salud, la educación, la igualdad de género, la salubridad, la contaminación por hidrocarburos, las oportunidades laborales y el crecimiento económico, la infraestructura y los planes de crecimiento urbano y rural, las desigualdades, las ciudades y su tasa de crecimiento, la problemática que deja el consumismo, el deterioro del medio ambiente, los ecosistemas, la vida submarina, la paz y la justicia social, las dificultades para la articulación en apoyo al desarrollo no sean tenidos en cuenta, será un mundo en deterioro y con pocas posibilidades para la supervivencia del hombre sobre la tierra.

Sin el cumplimiento de estas necesidades, que son básicas, ¿cómo se puede pedir que el avance en las otras áreas de la vida sean dadas?
Las políticas y las propuestas por lo general se diseñan desde la óptica de los que están afuera: en la sobriedad.
¿Cómo viven las comunidades y los sujetos un mundo con esta condición?
Hay una promoción hacia el consumo de drogas desde la temprana edad, existen condiciones complejas que impiden el nexo afectivo y el control parental ya sea por escasez o por abundancia, existen políticas restrictivas que crean barreras técnicas y sociales para la comprensión y el apoyo a estas problemáticas que se relacionan con el uso de droga, es una sociedad con doble moral, la juventud y de cómo la representamos entra en un dilema ¿Son el futuro? ¿El divino tesoro? ¿O son la amenaza los rebeldes y antisociales que representan un peligro para todos?
Las estadísticas nacionales muestran que los jóvenes de estratos altos acceden en mayor medida al uso de drogas y por qué los de las clases bajas se deterioran tanto y terminan siendo las víctimas de la dependencia y los consumos escalonados hacia verdaderas patologías en salud mental?
Desde la epidemiologia comunitaria se ha empezado a cuestionar la adicción como una enfermedad mental crónica y recurrente, concepto que nos ha anclado en la desesperanza y en la victimización de las personas dependientes, cerrando el cerco y determinando sus alcances; los hemos recluido en ámbitos carentes de oportunidades y centrados en una pobreza de sí mismos. (i)
¿La solución está en ámbitos cerrados, recluidos, aislados y excluidos? La solución para quién es. ¿El problema está en ellos? ¿Contagian?
¿Hasta cuándo se seguirá insistiendo en fórmulas que no nos han llevado a buen puerto? ¿Será necesario reincidir en prácticas que enriquecen a unos y empobrecen a otros? ¿Esto tendrá que ver con economías o solo con patologías?
¿Hablaríamos de personas en condiciones de vulnerabilidad? ¿O personas con sus derechos vulnerados? Debe haber un cambio en el lenguaje. ¿Personas vulnerables? A qué se refiere, una condición en abstracto, una condición congénita inherente a ellos. En realidad, son personas a las cuales se le ha creado la condición de vulnerabilidad, tienen sus derechos vulnerados, se les ha limitado con acciones y omisiones sus oportunidades de vida; es como cuando se habla de adicto y toda su carga conceptual los coloca en un lugar inaccesible y de difícil manejo; los lenguajes permean la condición, producen un espacio físico y un actuar determinado.
Igual, están dentro de comunidades a las cuales se les ha propiciado estas condiciones y como una frontera remarcada se les excluye a un lugar a donde la carencia de oportunidades educativas, laborales, de acceso a servicios, a espacios de recreación y apoyo emocional, junto con una fuerte carga de estigma y discriminación que impide u obstaculiza el desarrollo de vínculos con otras opciones de desarrollo y que sus opciones para mantenerse y sobrellevar la angustia del vivir son limitadas. Y casi que enmarcadas dentro de cierto tipo de prácticas rayadas con la marginalidad o el sacrificio de sí mismos, esto aunado a la situación que implica pertenecer a una etnia o a un género especifico, en una lucha continua por la supervivencia en un medio de alta exigencia y propuesta de consumo desbordada, con referentes de propuestas hedónicas, vacuas y carentes de futuro.
Sería indolente fomentar una propuesta victimizante en la cual pretenda que la respuesta de estas comunidades y personas ante un modelo de intervención que no prevea estos factores sea de gran resultado y molestarme por ello y cerrar la puerta y señalar su incapacidad o falta de deseo para superar su problemática situación.
Desde 2007-2009 se ha ido perfilando una propuesta en la cual se promueve el Modelo de Inclusión Social, y de manera lógica se identifica la necesidad de iniciar procesos con las personas y comunidades vulneradas en sus derechos; con la promoción de la Atención Básica en Salud, nadie con hambre, con dolor, con carencias emocionales, sometidos a violencias de distinto género, discriminación, sin vivienda, ni atención médica adecuada podrá responder a la oferta loable de abandonar aquellas cosas que mitigan su malestar de vida. (ii)
¿Qué nos puede estar sugiriendo esta práctica? Que la acción esta direccionada a los grupos poblacionales, a las dinámicas inherentes que promueven estilos de vida diferenciados; cada uno de ellos tiene sus idearios, sus imaginarios, sus mitos y sus formas de responder a las contingencias de la vida; no es un asunto meramente de salud pública; no es el individuo inconexo el que responde; hay en sí una dinámica relacional que se construye a partir de la experiencia especifica de vida y tener incidencia en ella implica fomentar la inmersión empática, el reconocimiento de las reglas de ese juego, de lucha por la existencia, que se provoca en cada acto, en cada propuesta de manejar la vida y entender que solo la acciones del interior generarán cambios significativos, mediante propuestas de educación, construcción colectiva e inyección de recursos, no solo técnicos, económicos y humanos sino epistemológicos, que propendan por la apropiación y producción de un conocimiento válido para su transformación en prácticas y estilos de vida. (iii)
La salud es una meta a ser conquistada, un bien que se adquiere a través de los conflictos que caracterizan a nuestras sociedades. Ello implica la exigencia de que las instituciones que proporcionan servicios de salud se orienten a recomponer y actualizar constantemente los objetos, los medios de trabajo o las actividades realizadas en las prácticas de salud y también que, a partir de esa experiencia democrática, se instauren nuevas relaciones técnicas y sociales en el proceso de trabajo en salud.
Conciliar el “mundo subjetivo” con el “mundo social” a través de una acción pedagógica y política emancipadora y la participación organizada de los grupos sociales, así como el reconocimiento y el estímulo a las iniciativas comunitarias, radicadas en la solidaridad, constituyen posibilidades de redefinición de relaciones sociales que podrán contribuir a la reducción del sufrimiento humano, a la preservación de la salud, la elevación de la conciencia sanitaria y ecológica y a la defensa de la vida y mejora de su calidad.
Para avanzar en este camino, necesitamos los instrumentos metodológicos que nos permitan abordar la complejidad inherente a todos esos procesos con rigor y flexibilidad.
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(i) Considerar la adicción como un proceso comportamental y no una enfermedad cerebral crónica, es mucho más coherente con los conocimientos que nos aportan los avances de las neurociencias en estos últimos treinta años (Gazzaniga, 2012; Frazzetti, 2014) o de la epigenética (Carey, 2013), o de las últimas síntesis sobre el cerebro (Eagleman, 2017), perspectivas todas que vienen a demostrar que lo determinante en última instancia en el comportamiento humano sería el contexto sociocultural o, en todo caso, las relaciones que se establecen entre dicho contexto y el cerebro humano, cosa muy distinta a considerar a éste como el origen monocausal de nuestros comportamientos.
(ii) Los ODS proporcionan un marco en el cual se pueden repensar las políticas de drogas para enfocarse en aquellas personas cuyos derechos están vulnerados, en lugar de las amenazas que pueden representar las propias drogas. Se ha debatido mucho sobre cómo se alcanzarán estos Objetivos, pero hasta ahora se ha ignorado la importante cuestión de la reforma de las políticas de drogas.
(iii) En este sentido, la Salud Colectiva parte del reconocimiento de esa complejidad, al incluir tanto en el concepto de salud como en las formas de trabajar elementos congruentes entre sí, como el reconocimiento de los determinantes socioculturales de la salud, la importancia de la “agencia”, de las subjetividades, la presencia de los diversos grupos sociales, o de las estructuras instituidas que influyen en ella.
Almeida Filho y Silva Paim, en un decisivo artículo sobre la formulación del concepto de Salud Colectiva, plantean que éste sería tanto un campo de conocimiento como de prácticas: “Como campo de conocimiento contribuye al estudio de los fenómenos de salud- enfermedad-atención en poblaciones como procesos sociales, investigando la producción y distribución de la enfermedad en la sociedad como parte de la reproducción social y analizando las prácticas de salud como un proceso de trabajo articulado con otras prácticas sociales. Como campo de prácticas, Salud Colectiva focaliza sus modelos o lineamientos sobre cuatro objetos de intervención: políticas, prácticas, tecnologías e instrumentos.” (Almeida Filho& Paim, 1999). RIOD

