FUNDAMENTOS PARA LA HISTORIA DE IPIALES

Abuso de encomenderos, causa para creación de la Parroquia San Pedro Mártir y pueblo de Ipiales...

0 809

Por:

José Vicente Cortés Moreno

Especialista en Historia y Dr. Ciencias de la Educación

 

José Vicente Cortéa Moreno

 

 

INTRODUCCION

 

Encomendero y mal trato a los indígenas.
Dibujo de la época. (Guamán Poma de Ayala. 1550)

 

El 29 de agosto de 1581, el Teniente Gobernador de San Juan de Pasto, Capitán Hernando Cepeda en la doctrina de Pupiales tomó posesión al párroco y al gobernador para la CREACIÓN de la Parroquia San Pedro Mártir y la REDUCCION de 800 nativos del cacicazgo de Ipiales, en urbanismo español con la figura política colonial, PUEBLO DE IPIALES del Corregimiento de los Pastos.

El Obispo de la diócesis de Quito, Ilustrísimo Fray PEDRO DE LA PEÑA, gestionó ante el monarca Felipe II, la Real Cédula, para la creación de doctrinas y parroquias. El binomio Estado – Iglesia, tenía estricta obligación de controlar los abusos de los conquistadores que prácticamente esclavizaron a los nativos y no velaron por la enseñanza de la civilización cristiana, incumpliendo el tratado con el monarca, desde el mismo momento de la fundación de la gobernación de Popayán y la Villa Viciosa de San Juan de Pasto en 1542, a la cual quedaron conquistados.

El Rey Carlos I, teniendo en cuenta las acusaciones de los frailes dominicos, declaró a los nativos “Vasallos libres”, pero no pudo vigilar su mandamiento, sus vasallos no escaparon a la avaricia de los encomenderos, que en los primeros años de conquista ejercieron el poder absoluto. Después de la visita del oidor Tomás López Mendel en noviembre de 1558 disminuyó la servidumbre, sin embargo, no se libraron del pesado pago de tributos a los encomenderos, al estado y a la iglesia.

Su primer párroco, Fray Gerónimo de Tuesta, de la Orden de predicadores de Santo Domingo, permaneció tres periodos, desde 1581 hasta 1595. En los años siguientes, hasta 1769, veinte predicadores del Convento de San Pedro Mártir de Quito permanecieron adoctrinando a los nativos y a los primeros colonos; en los periodos siguientes continuaron los párrocos del clero diocesano, hasta nuestros días.

El gobernador y el doctrinero, concursaban para el cargo con el dominio de la lengua indígena, el idioma castellano y la religión católica. Para el cargo de gobernador cumplía los requisitos el músico Don Pedro de Henao; y ya había prestado sus servicios en la doctrina de Pupiales. Henao, además de la administración, se encargó de la construcción de las casas para el párroco, el gobernador, el encomendero, la escuela para el adoctrinamiento de los niños, la plaza y las calles bajo la dirección arquitectónica del obispo Peña Montenegro. Dicen los testigos que la capilla, hoy catedral de la diócesis, la construyó Henao con sus propios recursos y la ayuda de 150 nativos. El gobernador Pedro de Henao, permaneció veinte años como funcionario al servicio de la corona, hasta 1601, con una gestión a favor de los nativos que reconocieron en España, cuando éste visitó al Rey Felipe II. Labor cumplida cuando terminó delimitando y ayudando a escriturar las tierras de resguardo.

En 1581, el encomendero de segunda vida era Don Sebastián de Belalcázar, hijo de los conquistadores y primer encomendero de Ipiales, capitán Hernando Cepeda de Carveo y Catalina Belalcázar, hija del primer gobernador de Popayán.

Pese a las visitas del oidor López Mendel, García Díaz y García Valverde, los encomenderos ejercieron oposición al párroco, al gobernador y a la Real Audiencia de Quito, DISPUTANDO las tierras que le quitaron para la construcción del pueblo, además de la fuerza laboral de los nativos, el diezmo y los tributos autorizados por el obispo y el visitador que pagaban los ochocientos indígenas y primeros colonos españoles. Los tributos del encomendero terminaron con su muerte y las tierras entraron en venta a favor de los herederos.

La figura política de PUEBLO y el gobierno absoluto del emperador terminaron en 1823, cuando San Juan de Pasto del Imperio Español entregó las armas al gobierno republicano de la Gran Colombia. La Republica optó por entregar autonomía administrativa y cambió el nombre de Pueblo por el de DISTRITO PARROQUIAL, que duró hasta 1905, cuando un decreto presidencial de Rafael Reyes lo volvió a cambiar por el de MUNICIPIO.

La Nación de los Pastos, que ocupaba la región interandina entre los ríos Guáitara en el norte y Mira en el Sur, la dividieron en dos: el norte para la gobernación de Popayán de Sebastián de Belalcázar y el sur para la gobernación de Quito de Gonzalo Pizarro.

La Gobernación de Popayán la dividieron en corregimientos, uno por cada etnia. El CORREGIMIENTO de los Pastos quedó dividido en 22 encomiendas, una por cada cacicazgo; una de ellas era la ENCOMIENDA DE IPIALES de la familia de Catalina Belalcázar. Primero fue su esposo Hernando Cepeda y luego su hijo mayor Sebastián Belalcázar.

Políticamente, el Corregimiento de los Pastos, cuando pasó al virreinato de la nueva Granada se llamó Provincia de los Pastos. Pese a las sublevaciones en Guaytarilla, Sapuyes, Imués, Túquerres y Yascual, además del asesinato del corregidor Francisco Rodríguez Clavijo y su hermano Atanasio en Túquerres en 1800, permaneció estable hasta 1823, cuando llegó el gobierno democrático de los independentistas. En la república, se llamó Cantón ipiales con capital Ipiales, hasta 1853; provincia de Túquerres, con capital, primero Ipiales hasta 1858, y luego Túquerres hasta 1863.

Cuando la patria la dividieron en Estados Unidos de Colombia, también el Estado Soberano del Cauca por ley 131 de octubre 23 de 1863, se dividió en 16 municipalidades, una de ellas, la de Obando, que resultó de partir en dos la provincia de Túquerres con los nombres de municipalidad de Túquerres y municipalidad de Obando, hasta 1886, cuando la nación se unificó con el nombre de Republica de Colombia; las divisiones también cambiaron de nombre, la municipalidad se llamó Provincia de Obando, hasta 1904, cuando desapareció para conformar el DEPARTAMENTO DE NARIÑO. Una de las causas para la desaparición de la provincia de Obando fue la Guerra de los Mil Días. Ipiales se levantó en protesta contra las políticas del Estado, que cambio a una constitución que restringió las libertades y defendía los privilegios. Guerra perdida, provincia perdida.

Entre 1908 y 1909, la provincia de Túquerres volvió a constituirse en DEPARTAMENTO DE IPIALES con capital Ipiales por medio del decreto 916 del 31 de agosto de 1908. Con el decreto 557 de 6 de junio de 1909 volvió a reintegrarse al departamento de Nariño.

El municipio de Ipiales conmemora la Municipal de Obando desde que cumplió el centenario de la expedición de la ley 131 del 23 de octubre de 1863, por ser un logro del partido liberal de Ipiales en la división de la provincia de Túquerres, en el seno del congreso del Estado Soberano del Cauca; además fueron 23 años de prosperidad para su capital Ipiales, con la administración de su ponente y primer jefe de esta región, Dr. Avelino Vela del Coral.

 

ORGANIZACION TERRITORIAL Y POLÍTICA DE IPIALES

 

La milenaria etnia de los Pastos ocupaba la región sabanera desde el año 500 después de Cristo, aproximadamente, según los estudios arqueológicos, antropológicos y lingüísticos. Llevaban más de mil años cultivando las tierras, haciendo artesanías y practicando su cosmovisión, cuando fueron invadidos por los conquistadores españoles en 1542.

Por medio de una bula del Papa Alejandro VI los reyes católicos de Castilla y Aragón, recibieron como regalo de Dios, las tierras descubiertas por los audaces aventureros hispanos en el Nuevo Mundo. Se legalizó este don a cambio de expandir la ideología de la civilización cristiana- católica, en vez de la cosmovisión naturalista, usos y costumbres, la moral y la ética de las etnias americanas.

En nombre de Dios y de los emperadores Carlos I de España e Isabel de Portugal, la empresa conquistadora, buscadora de oro de Sebastián de Belalcázar, con la autoridad de ser el gobernador y capitán general de lo que conquistare por toda su vida,  sembró en el suelo, la cruz y la bandera española para proceder a la usurpación de tierras, fuerza laboral y libertad de las etnias, aquí milenariamente establecidas, y repartirlas entre cada uno de los miembros de su ejército conformando encomiendas de la gobernación de Popayán.

Las etnias Pastos, Quillacingas, Abades, Sibundoyes, etc., pasaron a ser vasallos del Rey y encomendados (sirvientes) de los fundadores de la Villaviciosa de San Juan de Pasto. Esta villa, sería en adelante, cerca de trescientos años, la subsede de la administración, de la gobernación de Popayán y esta a la vez fue una parte de la Real Audiencia de Quito, del gran virreinato del Perú.

El tratado de Toledo con Francisco Pizarro del 26 de julio de 1529 y la Real Cédula del Emperador Carlos I y la reina consorte Isabel de Portugal a Sebastián de Belalcázar en el año 1538, creaba “La Encomienda como un derecho concedido, por merced real, a los beneméritos de las Indias para recibir y cobrar para sí los tributos de los indios que se les encomendare por su vida y la de un heredero, con cargo de cuidar del bien de los indios, en lo espiritual y temporal, además defender las provincias donde fueran encomendadas”.

Merced a La Encomienda, cada cacicazgo fue entregado a un conquistador encomendero. Los nativos fueron desplazados a mano armada de sus parcelas, entregando gran parte de ellas al encomendero y además cultivarlas hasta la muerte de este, y continuar hasta la desaparición del hijo primogénito.

Los representantes de la Iglesia católica, como el obispo del Cuzco Vicente Valverde, argumentaban que se entregaban las tierras por ellos descubiertas, como encomienda, a cambio de tratar a los indígenas como si ellos fueran sus padres, además de enseñarles la lengua castellana, educarlos en la religión católica y en los usos y costumbres de la civilización católica. Sin embargo, los encomenderos no cumplieron con el tratado, los esclavizaron, apropiándose de su trabajo y bienestar, les pusieron a pagar impuestos imposibles de cumplir, pues tenían que trabajar todo el año y aún así no alcanzaban a tributar.

El rey, muy molesto, por lo que estaba aconteciendo en ultramar, quiso imponer orden, creando el virreinato del Perú. Envió a Blasco Núñez de Vela como su primer Virrey en 1544. Los encomenderos liderados por Gonzalo Pizarro se rebelaron y dieron batalla asesinando al representante del Rey. Los combates continuaron y los representantes del gobierno con el sacerdote La Gasca también asesinaron al encomendero revoltoso. Pese al triunfo del ejército del virrey los encomenderos lograron reversar algunas medidas del rey.

El gobierno imperial nuevamente envió como virrey a Antonio de Mendoza el 14 de septiembre de 1551 quien murió el año siguiente enfrentando a los encomenderos. Luego llegaron Andrés Hurtado de Mendoza, Diego López de Zúñiga y Francisco Toledo hasta 1581 cuyas relaciones también fueron tensas entre encomenderos e Iglesia a la hora de recibir impuestos; los encomenderos querían todo el tributo para ellos.

Desde 1556 el nuevo Rey Felipe II envió como fiscal de tributos en 1558 al “funcionario al servicio de la corona”, oidor del Nuevo Reino de Granada y sacerdote licenciado Tomás López Mendel con el cargo de Visitador de la Gobernación de Popayán, quien juntamente con los obispos de Popayán y Quito tasaron lo que los nativos debían pagar por el supuesto cuidado y el aprendizaje de la civilización católica.

En el corregimiento de los Pastos la tasación se inició en el pueblo de Funes, continuó por Chapal 1, luego Chapal 2 (hoy Puerres), Males, IPIALES, Carlosama, Pupiales, Gualmatán, Putiznán, Iles, Guáytara, Túquerres, Ancuya, Calcan y Capuis, Yascual, Guachucal, Pastaz, Mallama y Muellamas.

El tributo tasado por el obispo y el visitador para el cacicazgo de Ipiales consistía en: “se debe entregar cada año al encomendero Cap. Hernando Cepeda de Carveo: 1.500 mantas de algodón de a dos piernas cada una de tres varas de largo y tres cuartas de ancho, 1.600 brazas de chaquira, 1.400 aves, 100 pares de alpargates, treinta jáquimas con sus cabestros, 20 cinchas todas de cabuya, 10 reatas de lana o algodón y 40 libras de algodón hilado, 6 arrobas de cabuya y 100 piezas de loza de toda suerte y 6 tinajas para tener agua como las suelen hacer y 12 petacas para encorar y 30 pétales chicos y 8 grandes de tamaño que los suelen hacer y 6 cargas de ají y 50 panes de sal de los que entre ellos se usa, todo lo cual pagaran y darán en dos veces en el año, mitad a San Juan y mitad a Navidad y den cada año 2.000 cargas de leña, cada tres meses quinientas cargas.”

“Lo mismo den de lo que siembran en este valle cinco fanegas de maíz con sus frijoles en la tierra de su encomendero (puestas en Pasto) además deben dar otras 5 fanegadas de maíz y 6 fanegadas de papas y que les desyerben y cojan en este valle 5 fanegadas de trigo y 50 fanegadas de cebada, que den barbechándolo y sembrándolo en tierras del encomendero con sus bueyes. Lo mismo den 6 muchachos para que sirvan en casa del encomendero y se reanuden cada 15 días como el cacique y principales del pueblo ordenan que sean de los más desocupados y no casados de ninguna manera hasta en tanto que el dicho encomendero se provea de servicio. Lo mismo estos y demás indios que empajen y reparen las casas y bohío de la morada del encomendero cada dos años si fuere menester. No se debe cambiar los tributos ni dar por adelantado so pena por las leyes de la cédula y provisiones de Su Majestad dadas y ordenadas para el buen gobierno de estas partes”.

Firman el Obispo de Quito García Díaz Arias y el Oidor Licenciado Tomás López Mendel.

La orden de predicadores de Santo Domingo desde el principio de la conquista denunció estos abusos, primero, Fray Antonio de Montesinos en la isla Dominicana, luego Fray Bartolomé de las Casas en Nueva España y fray Pedro de la Peña en Quito.

El obispo Pedro de la Peña Montenegro escribía al rey Felipe II: “Que los encomenderos en vez de ser unos padres cuidadores de lo espiritual y temporal eran unos verdaderos verdugos”. Tal vez quería decir como los poetas, eran unos monstruos de carne con gusanos de hierro, no veían en los naturales su rostro, sino sus brazos, se enriquecían con el dolor ajeno.

Dice el Ilustrísimo González Suárez: “El Señor de la Peña trabajó en reducirlos a vivir congregados formando pueblos urbanos; a fin de adoctrinarlos e instruirlos, así en la religión cristiana, como en las artes necesarias para la vida. Púsose para esto de acuerdo con el presidente de la Real Audiencia, Licenciado Diego de Narváez y, provisto de la competente autorización del Rey Felipe II, escogió los sitios que le parecieron más a propósito para fundar pueblos, y allí procuró establecer las familias de indios, dándoles terrenos, donde pudieran sembrar, y ejidos para que pastoreasen sus ganados. Cada pueblo tenía en contorno una legua de terreno, y a los españoles se les prohibió formar estancias en los terrenos asignados a los indios. Por el espacio de un año, mientras estaban ocupados en construir la iglesia parroquial y fabricar sus propias viviendas, fueron exonerados del pago de tributos. Fue pues el ilustrísimo señor Peña Montenegro haciendo reducciones y congregando pueblos, y de las familias derramadas por las sierras, ordenaba poblaciones, enseñando a los indios lo político a vueltas de lo cristiano”. Con esta cédula real del Rey Felipe II el ilustrísimo Obispo de la Peña con los conventos de la diócesis de Quito fundó 32 doctrinas y parroquias, siete en lo que es hoy el departamento de Nariño. En el corregimiento de los Pastos se crearon las doctrinas de Pupiales para los padres franciscanos y luego fueron cambiados los padres por los dominicos; las doctrinas de Carlosama, Males y Mallama para los padres mercedarios. Las Parroquias de Ipiales para los frailes dominicos y Túquerres para los padres Agustinianos.

En la doctrina de los Abades (hoy Samaniego) se asignó al doctrinero Andrés Moreno de Zúñiga y en la doctrina de San Sebastián de Yascual se asignó al doctrinero Diego Bermúdez. No concursaron para doctrineros de Ipiales.

 

PARROQUIA San Pedro Mártir de Ipiales

 

La parroquia San Pedro Mártir, se creo en el repartimiento o cacicazgo de Ipiales, dentro del corregimiento de los Pastos, por merced de la cédula real de su Majestad el Rey Felipe II, autorización que fue gestionada por el segundo Obispo de Quito, el dominico Ilustrísimo FRAY PEDRO DE LA PEÑA, considerado el “padre protector de los indios” en el virreinato del Perú.

La Parroquia tenía como propósito lograr la reducción de la etnia en un lugar urbano o pueblo para la estabilidad del adoctrinamiento, la protección contra los abusos de los encomenderos y la conversión a la civilización CRISTIANA de los nativos del CACICAZGO DE IPIALES Y DEMAS PUEBLOS DEL ENTORNO, que desde 1576 venía realizándose en Pupiales, primero por los clérigos seculares y luego por los frailes Franciscanos por contratación de los encomenderos.

El nuevo territorio, escogido por el obispo de la Peña y el presidente de la Audiencia de Quito, Licenciado Diego de Narváez, fue la encomienda de segunda vida de Sebastián de Belalcázar, nieto del conquistador e hijo del primer encomendero Cap. Hernando Cepeda de Carveo y Catalina Belalcázar.

El gobierno de la Real Audiencia de Quito, dirigido por el cuarto presidente de la Real Audiencia, licenciado Diego de Narváez y los oidores Diego Ortegón, licenciado Francisco de Aunabay, licenciado Vegas de San Pedro, por medio del escribano Suárez de Figueroa, dieron cumplimiento a la Cedula Real del Rey Felipe II y el obispo de la Peña, el 14 de agosto, enviando la provisión de la merced real  al teniente de gobernador de Pasto, Capitán Hernando Cepeda de Carveo, quien dando cumplimiento al último requisito debía proceder a tomar posesión del cargo de párroco al fraile dominico Jerónimo de Tuesta y al representante del patronato real del gobierno monárquico, con el cargo de GOBERNADOR del pueblo de Ipiales y Potosí del corregimiento de los Pastos al cacique Don Pedro de Henao.

El 29 de AGOSTO de 1581, en la doctrina de Pupiales, con la presencia del escribano Álvaro de Argüello, los testigos el padre franciscano Fray Antonio de Zúñiga y padre dominico fray Diego Sapico; los encomenderos de Pupiales, Juan Sánchez de Xérez; de Pastás, Hernán Núñez de Trejo, e Ipiales Sebastián Belalcázar Cepeda, los caciques de Pupiales Don Hernando Táquez, de Túquerres; Don Luis Istiamputar, de Zapuyes cacique y gobernador Dn Juan Nastar, de Imués cacique don Pedro y de Males cacique don Francisco.

EL 29 DE AGOSTO DE 1581, el capitán Cepeda en nombre de su Majestad el Rey Felipe II, ordenó, al párroco Fray Gerónimo de Tuesta y al gobernador indígena de Ipiales Don Pedro de Henao tomarse de la mano para tararear el juramento de posición, de la parroquia de Ipiales y doctrina de Pupiales.

En los días siguientes construyeron la casa del párroco, la del gobernador, la del encomendero, la capilla, la plaza y las casas para los 800 tributarios con el modelo arquitectónico español, 20 casas en cada cuadra. Aseguran los testigos: Dominico Fray Bartolomé Téllez, el cura vicario, Ruiz Gómez de Cámara, el español residente en Ipiales Pedro Alonso de Zambrano, el español residente en Carlosama Bartolomé Chamorro y el indio principal de Ipiales Luis Cuasiquil que la capilla la construyó Don Pedro de Henao con sus propios recursos y el trabajo de 150 indígenas. Se trazaron las calles formando cuadriculas al estilo español y en las cuadras se alojaron 800 tributarios indígenas.

El Pueblo indígena duró 20 años hasta cuando se terminó la escrituración de las tierras de resguardo en 1601. Muchos nativos abandonaron el poblado para radicarse en sus resguardos, el doctrinero Fray Gaspar de Lara también abandonó. El momento de crisis de la parroquia fue aprovechado por los COLONOS Damián Pérez, Pedro Jiménez, Bartolomé Chamorro y nueve más para invadir los predios abandonados. A partir de 1614 volvió Fray de Hinojosa como párroco y en adelante, debido a la inclusión de españoles, la parroquia de Ipiales aparece en los mapas del Consejo de Indias como pueblo español, hasta 1823. Desde 1581 hasta 1769 pasaron 22 frailes dominicos como párrocos de Ipiales procedentes del convento San Pedro Mártir de Quito. La Iglesia católica ha seguido conservando esta parroquia con la misma denominación San Pedro Mártir hasta nuestros días pasando por las diócesis de Quito, Popayán, Pasto y ahora catedral de la diócesis de Ipiales.

 

Iglesia Catedral de Ipiales, San Pedro Mártir (Foto Javier Garzón)

 

Al siguiente año de creada la parroquia y el pueblo de Ipiales, en 1582 don Pedro de Henao visitó la Real Audiencia en Quito y se identificó “Don Pedro de Henao indio principal de la Provincia de Quito dijo que yo a muchos años que soy gobernador del Pueblo de Ipiales y Potosí que son los pueblos principales del corregimiento de los Pastos donde soy muy señalado por cuidar a Dios y a Vuestra Excelencia reduciendo muchos indios a la religión cristiana y a la obediencia real como consta en las informaciones que presento juntamente con el título que tengo de la Audiencia Real para la gobernación”.

El gobierno español, lo denominó políticamente como Pueblo de Ipiales perteneciente al Corregimiento de los Pastos, hasta marzo de 1823. Cuando llegó la independencia y la república de la Gran Colombia el pueblo cobró autonomía y se llamó Distrito Parroquial, hasta 1905, cuando por decreto ley del presidente Rafael Reyes a todos los distritos parroquiales y distritos municipales se les llamó municipios.

En cambio, la nación de los Pastos fue dividida en dos, desde 1542 para mediar entre la gobernación de Popayán del conquistador Sebastián de Belalcázar y la gobernación de Quito del conquistador Gonzalo Pizarro. En la división territorial de la gobernación de Popayán, la nación de los Pastos se llamó “Corregimiento de los Pastos” hasta 1823 cuando llegó la independencia de España en territorio pastuso. En marzo del mismo año, por decreto ejecutivo del vicepresidente Francisco de Paula Santander, pasó a llamarse Cantón Ipiales con capital distrito parroquial de Ipiales, y conformar la Provincia de Pasto, hasta 1853, cuando el presidente Mariano Ospina Rodríguez cambió el nombre de Cantón por el de Provincia; en este momento se llamó Provincia de Túquerres con capital distrito parroquial de Ipiales, hasta 1858. A partir de 1858 hasta 1863 la provincia de Túquerres cambió su capital por el distrito parroquial de Túquerres.

Entre 1863 y 1886 la república toma el nombre de Estados Unidos de Colombia y se divide en estados soberanos. El Estado Soberano del Cauca, al que quedamos vinculados, volvió a subdividir la Provincia de Túquerres, en dos municipalidades: la municipalidad de Túquerres y la MUNICIPALIDAD DE OBANDO, por iniciativa del partido liberal, dirigida por el senador, Dr. Avelino Vela del Coral, quien fue su primer jefe, y primer alcalde del distrito parroquial el Sr. Mardoqueo González.

En 1886, la república nuevamente se unifica en un solo estado llamándose República de Colombia con capital Bogotá. Los diferentes nombres de las subdivisiones anteriores se unificaron llamándose Provincias. La municipalidad de Obando quedó con el nombre de PROVINCIA DE OBANDO con capital distrito parroquial de Ipiales.

En 1904, se crea el departamento de Nariño con las provincias de Pasto, Barbacoas, Tumaco y OBANDO, con capital distrito municipal de Pasto. Las anteriores capitales quedan convertidas solamente a distritos municipales.

En 1905, el presidente Rafael Reyes cambia los nombres de distritos municipales a municipios; de ese momento hasta hoy se llama MUNICIPIO DE IPIALES.

Entre 1908 y 1909, la provincia de Túquerres volvió a constituirse en DEPARTAMENTO DE IPIALES con capital Ipiales por medio del decreto 916 del 31 de agosto de 1908. Con el decreto 557 de 6 de junio de 1909 volvió a reintegrarse al departamento de Nariño.

El municipio de Ipiales conmemora la Municipal de Obando desde que se cumplió el centenario de la expedición de la ley 131 del 23 de octubre de 1863, por ser un logro del partido liberal de Ipiales en la división de la provincia de Túquerres, en el seno del congreso del Estado Soberano del Cauca; además fueron 23 años de prosperidad para su capital Ipiales, con la administración de su ponente y primer jefe de esta región, Dr. Avelino Vela del Coral.

 

Otras Efemérides

 

En este año 2022:

 

  • Ipiales cumplió 441 años de su creación como parroquia San Pedro Mártir y como pueblo urbano colonial del imperio español.
  • Ipiales y todo el departamento de Nariño, el 9 de junio cumplió 200 años de Independencia.
  • 199 años de haber sido Cantón Ipiales con capital el distrito parroquial de Ipiales
  • 169 años de haber sido provincia de Túquerres con capital distrito parroquial de Ipiales.
  • 159 años de haber sido Municipalidad de Obando con capital distrito parroquial de Ipiales.
  • 136 años de haber sido provincia de Obando con capital distrito parroquial de Ipiales.
  • 118 años de haber sido Distrito Municipal de Ipiales, perteneciente al Departamento de Nariño.
  • 114 de haber sido departamento de Ipiales con capital el municipio de Ipiales.

 

Bibliografia

 

  • López Mendel Tomás. Visita a la Gobernación de Popayán. Libro de tributos 1558-1559. Edición de Berta Ares Queija. Págs: XVIII, XVIV, XX, XXI. 17,18.
  • González Suárez, Ilustrísimo Federico. Historia General de la República del Ecuador. Tomo tercero, la colonia 1564 -1809. Págs. 11- 13. Imprenta del Clero. Quito mayo de 1892.
  • Vargas, Fray José María O.P. Historia de la Cultura Ecuatoriana. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Págs. 30-32
  • Albuja Mateus, Mons. Augusto E. Doctrinas y Parroquias del Obispado de Quito en la Segunda Mitad del siglo XVI. Págs. 43-46, 288,289, 431. Ediciones Abya – Yala. Quito 1998.
  • Mejía y Mejía, Pbro. Justino Cástulo. Geografía Pastusa de la Fe. Págs. 76-78, 160 – 165. Editorial Pax Limitada Bogotá 1961.
  • Guerra Moscoso, Sabrina. La disputa por el control de las doctrinas en la Real Audiencia de Quito. Págs. 56 – 72. Tesis doctoral Universidad de Jaume, Castellón 2008.
  • Cortés Moreno, José Vicente. Historia de Ipiales. Organización Territorial y Política. Cedigraf Impresores. Ipiales 2021.
  • Archivo General de Indias. Audiencia de Quito. Pedro de Henao reclama confirmación de cacicazgo. 1582. Signatura Quito 22, n, 38. 
  • Mejía y Mejía, Pbro. Justino. Revista Las Lajas N° 49 Tipografía las Lajas, 1974. (Propiedad del Sr. Jaime Coral Bustos)
  • Wikipedia Reyes de España, Virreyes del Perú, Real Audiencia de Quito
  • Wikipedia. La encomienda
Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.