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ESTAR ATRÁS

Atrás, en lo que algunos llaman el gallinero, la vida es más sabrosa, no hay protocolos que respetar, no hay palabras que disimular

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Por:

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

Muchos esperan estar siempre adelante, que los que entren después te vean en un lugar de privilegio. Estar adelante es hartísimo, por demás. Si observas bien, el que está adelante cobra un aire de importancia, así no lo tenga, sus movimientos entonces se impostan cada vez más, modula palabras con quien está a su lado como si estuviera pontificando. A veces, cuando quiere descender al lado de los mortales, el que está adelante hace un guiño al que está atrás, un hola levantando la mano, como una reina de belleza de cualquier pueblo, otras veces levanta las cejas como advirtiendo que el que está atrás existe, y en raras ocasiones se les ve lanzar un saludo lastimero, silencioso, como para no ser descubierto por quienes comparten ese sitial con él, es como negando en esos segundos su propia procedencia.
Yo soy de los que prefiere estar atrás, ahí se puede ser sarcástico sin dilaciones, se puede lanzar improperios a los que están adelante, sin que estos noten que es eso, un improperio, pensando muchas veces que es un saludo o un disimulado “hola”. Estar atrás te da mundo, te vuelve un gamín, te despoja de esa odiosa aureola casi mágica que creen tener los que están adelante. Atrás te puedes reír sin disimulos, a carcajadas si quieres, que nadie volteará a ver al inmoral que lo hace, ya que mirar hacia atrás es como descender en la escala social inventada por quienes están adelante.
Y lo mejor de estar atrás es que puedes encontrar congéneres parecidos a ti, burla vidas a los que les vale un pepino estar adelante, ahí, momentáneamente, se crea una hermandad mucho más sincera que la de los de adelante, ahí nadie te mira de la cabeza a los pies, nadie nota que si el color de zapatos sale con el del cinturón, si tu camisa está ajada o si tu chaqueta está manchada; atrás, en esa efímera hermandad, cobran importancia los codazos no tan disimulados cuando alguien de los de adelante comete un error, cuando la embarra, cuando se les riega el vino, cuando la medalla impuesta se les resbala, cuando sin querer dicen, hacen u obran de manera que supuestamente no deberían hacerlo; atrás los murmullos pueden tomar acentos más fuertes, las risas pueden contagiar a los que están cerca, así sea dos hileras más adelante, los vergonzantes invitados que parecieran estar en un limbo entre los privilegiados y los parias autoproclamados, inclusive no falta el descarado que no tan disimuladamente voltea a ver quién está atrás, como añorando dejar su propia farsa y buscar un puesto junto a ellos.
Los de adelante deben siempre disimular, aplaudir así no haya merecimientos, ponerse de pie cuando alguien de supuesta mayor importancia se pone de pie para saludar al que llega después, o el lambón que se pone de pie porque considera que es rendir tributo a alguien que, quizá, tampoco lo merezca, pero es necesaria la lambonería. El de adelante no puede darse el lujo de embarrarla, no puede decir algo equivocado, no puede cruzar la pierna más de lo permitido, no puede abrir la pierna más de lo permitido, ni puede rascarse la espalda o la cabeza sin disimulo. Debe moderar labios, posición, tronco, cabeza y extremidades, debe parecer casi un maniquí, es el costo que implica estar adelante, y frente a eso no hay excusas que valgan, obviamente, para los de adelante o para los que quisieran estar adelante.
Atrás, en lo que algunos llaman el gallinero, la vida es más sabrosa, no hay protocolos que respetar, no hay palabras que disimular, la vida va sucediendo al antojo de quienes han formado el corrillo; las imposturas no existen, ahí lo que se valora es el chispazo contundente, la frase recurrente, el gesto oportuno; ahí, en el corrillo, se crea un lenguaje de señas que permite ir descifrando lo que pasa adelante para ir, al mismo paso, generando la burla y el comentario; atrás todo está permitido, menos los protocolos y las imposturas.
Por esto, y por mil razones más, siempre he preferido estar atrás que estar adelante. La vida sin imposturas, tal y como debe ser.

J. Mauricio Chaves-Bustos

1 comentario
  1. Stella dice

    Tal y como debe ser, querido amigo, sin perder la perspectiva que es lo que te permite mirar y ver mejor. Insuperable, Mauricio

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