ERNESTO VELA ANGULO: EL ULTIMO RADICAL

ELEGIA DE VARONES ILUSTRES EN LA PROVINCIA DE LA VILLAVICIOSA DE LOS PASTOS (15)

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Por:

Jorge Luis Piedrahíta Pazmiño

 

Jorge Luis Piedrahíta Pazmiño

 

 

Alto e imponente, la larga caña pensante pascaliana, profesor crítico y provocador, nunca impasible, de semblante severo, talante optimista, sobrio en sus alegrías, Ernesto Vela Angulo (EVA) ha sido, uno de los más descollantes ipialeños de todos los tiempos, gracias a su temperamento democrático abierto a todos los vientos, a su vocación docente, a su formación intelectual, pero ante todo a su impecable compromiso con la justicia social.

 

Ernesto Vela Angulo: Nació en Ipiales el 21 de enero de 1918, hijo de Ernesto Vela Castrillón y Sofía Angulo, Doctor en Derecho U. Nacional; abogado y catedrático en Derecho Público y Penal, Derecho Constitucional, Filosofía del Derecho, Teoría Constitucional, Derecho Administrativo Colombiano y Derecho Constitucional Colombiano e Historia de las ideas políticas desde 1964 hasta el año 2000.

 

 

Desgajado de la tercera generación del fundador republicano del Municipio, con sus hermanos Antonio y Avelino son la tríada patricia, recia y ostentosa de sus valencias primigenias. En estas calendas de octubre es la efeméride de su aliento precursor.

A pesar de no haber concurrido personalmente a su cátedra, de no haber sido de la cauda de sus alumnos en la egregia y centenaria Universidad de Nariño, el testimonio de todos sus discentes acredita no solo su versación científica, su pragmatismo pedagógico, su repudio del unanimismo y de la ratio scripta, de suerte que no pueda hablarse jamás de “la voz de la universidad”, pues son muchas sus vocerías, sus tonos y sus claves. Por el contrario, para el disidente EVA la misión universitaria era la de auspiciar el libre examen y la dialéctica, estimular la disparidad, fomentar la emulación, ser ágora férvida de la controversia y el cisma.

Incitador, sería la mejor definición y tarea que cumplió y cumple EVA. Para que sus alumnos y entusiastas no se burocraticen intelectualmente, para que no se deshumanicen o simplemente y escuetamente se industrialicen. Se informen, pero no se formen.

Su producción bibliográfica desperdigada en libros, revistas, ensayos, artículos, apabullante y abrumadora; todo ello respalda su vasto prestigio en todos los escenarios de la ciencia y la cultura. “Sin lugar a dudas que la obra de EVA es la mejor contribución a un Estado que persigue organizarse como un Estado Social de Derecho a la luz de la nueva Carta Política, en medio de una realidad descarnada y brutal, pero convencida de su derecho a una segunda oportunidad sobre la tierra”, se dice en el prólogo de uno de uno de sus fundamentales textos.

Pero lo que definitivamente seduce de EVA es su visión estrictamente iconoclasta de la realidad, dígase jurídica, filosófica, sociológica o política. Siempre provocador, irreverente, en el foro, en el ágora, en la cátedra, en la vida diaria.

 

Ipialeño integral, asaz auténtico, escéptico y suspicaz, quizá su arrojo liberal surja de estas breñas indómitas que provocaron la impaciencia y fatiga de los precursores y libertadores, a los que igualmente secundó sin solución de continuidad y por lo que pagó insólito precio. Ipialeño de raza, de cuna, de savia, de sangre, siempre ha sido el primero en exhibir la indeclinable debilidad por su terruño. No en vano es descendiente puro del fundador, blasón que ha enriquecido con el magisterio de una vida pulcra, corajuda, sobria y enteramente ejemplar en todas sus emanaciones. 

 

Yo lo conocí en los años noventa cuando me desempeñaba como Contralor de Ipiales y lo convidaba a enaltecer y a compartir las celebraciones de la provincia chica o de la patria grande. También cuando estuve en el Fondo de Seguridad Judicial. Y cuando fungía como dirigente y periodista a comienzos de siglo, y lo cortejaba para que abra el apetito de las reconquistas literarias y democráticas. Ya estaba apacible y conciliador, rumiando todas sus hazañas pasadas, sin desdeñar su enhiesto ipialeñismo o su otoñal liberalismo, después de haber fustigado durante toda la vida pedestales vernáculos o foráneos a precio de proscripción, que no es solamente la manu militari. No había comulgado con la “historia de bronce”, pródiga en venerar reliquias abolidas por el tiempo.

Siempre polémico, heterodoxo, contestatario nato, adobado de un espíritu ecuménico y burlón que lo divorciaba de los báculos insoportables. Ha poco de su muerte, era zaherido por sus intencionales, pero ya inocentes invectivas picarescas y urticantes deslizadas en la revista de la UDENAR, o en “Cultura Nariñense”, o en “Memorias del Sur”. Con Agualongo y Sañudo barajaba jugosamente su “realismo mágico”.

Del filósofo solía repetir que “representó la reacción de Pasto contra la independencia y la libertad. Independencia no sólo política. Ese modo de pensar influyó tremendamente en Nariño. ¿Nuestro territorio había sido maltratado durante el siglo 19, pero por culpa de quién? De los propios pastusos. Se encargaron de enaltecer lo realista. El departamento es realista hasta ahora”. Y del magno guerrillero: “Agualongo prefiere a sus viejos amos y desprecia olímpicamente a los criollos, encarnando el tipo clásico del reaccionario de su tiempo y de enemigo apasionado de la causa de la independencia”. 

A lo que ripostaban sus contradictores que EVA aparece “aduciendo grandes mentiras, sobre Pasto, como una ciudad oscurantista y reaccionaria que se opuso a la independencia, a la libertad, sin que se haga un análisis de las circunstancias y condiciones que vivía Pasto y su gente” (carta de Enrique Herrera, 30 de mayo, 2005).

Igualmente reprochaban a EVA que haya recordado que al departamento de Nariño “se quería ponerle por nombre el Departamento del Corazón de Jesús”, como si no hubiera cierto que  le quisieron bautizar con el de su beatísima madre, “la Inmaculada Concepción”.

Con razón Julián Bastidas Urresty, en un reciente y espléndido libro, recuerda que Humboldt sentenció que “en Pasto, Quito, Perú, los indios han cambiado un excelente gobierno como el de los incas, por un miserable: el español”. Y dice el autor: “A pesar de las constataciones de Humboldt, algunos historiadores aseguran hoy que los habitantes de Pasto vivían felices con Fernando VII, razón por la que se resistieron a la independencia de España”.

Un Adelantado fue –como se diría en las crónicas cervantinas tan añejas a él-, un letrado, un patriota que libró todos los combates dialécticos en pos de la justicia social en particular para las clases derelictas, las minorías discriminadas siempre, para las cuales ejerció con prontitud y largueza la prédica del libre examen, muy distinto a la férula escolástica de su tiempo.

“Cuando fundamos “Amerindia”, con Alberto Quijano Guerrero y Antonio José Cerón Mora, por allá en los cincuentas, queríamos significar que Colombia no es una sola raza como creían cuando festejaban el 12 de octubre, el de la raza blanca. Por el contrario, ese día supone la presencia del mestizaje total. Porque aquí somos blancos, indios, negros. Y ese mestizaje produce genios como García Márquez, Patarroyo, Llinás, Botero”.

“Amerindia” en el meridiano interpretativo de las corrientes de avanzada que lideraron Vasconcelos, Haya de la Torre, Reyes, Silvio Zavala, José María Arguedas en el Continente y entre nosotros, Otto Morales o Germán Arciniegas. Desde ese entonces se firmaba EVA, o “L. C de A” (Largo Caballero de Angulo”).

Hace 70 años, en diciembre 6 de 1951 con Alberto Quijano Guerrero y Antonio José (“Antojose”) Cerón Mora fundaron y dirigieron la revista “Amerindia”, de ideas, para proveer cultura popular y formar conciencia ciudadana mediante la difusión de principios éticos-sociales en armonía con la raza y las costumbres para que el derecho y la justicia tengan el imperio que les corresponde en el desarrollo.

En edición censurada por la dictadura Gómez-Urdaneta, con precio comercial de 25 centavos, con una portada de Leopoldo López Álvarez, “¿olvidado, incomprendido?”, EVA inaugura sus escritos con el ensayo “Emancipación e Independencia”, en el cual también inicia su línea antiagualonguista.

Para febrero de 53, EVA funge de director único e inserta ya su primera incursión por los predios de la filosofía existencialista: “Estos  existencialistas que tienen por emblema la libertad obligatoria, la libertad como lo impuesto que no se puede resistir, la libertad como condena, también han sabido tejer verdaderas redes de conceptos, de sutiles ideas que los sociólogos, los sicólogos quieren hacer suyas, a pesar de la enemistad que se profesan pues mientras los existencialistas son filósofos y matemáticos y éticos, casi todos los sicólogos y los sociólogos continúan dentro del positivismo y del empirismo vulgar sin atreverse a  dilucidar la realidad de las vivencias.

Y, decía, que los existencialistas, los descendientes de Sören Kierkegaard y de Martin Heidegger y de Carlos Jaspers, y no los de Jean Paul Sartre, pues éste amigo del teatro, de la charla y de la novela obscena, no tiene escuela ni ideas fijas o constantes, no es sino el vulgar difundidor de doctrinas casi no comprendidas sino simplemente sentidas, en medio de la desesperanza de la postguerra, y más que todo, de la desilusión, de la derrota y de la libertad que impusieron los alemanes al bello pueblo francés”.     

En el número 6 de julio de 1952, EVA irrumpe con el escrutinio de “La Lucha por el Derecho”, que refinará más tarde para la Revista de la UDENAR. En el número 7, la clínica científica es para “El Espíritu de las Leyes”.

Desde el número 7 en adelante EVA elabora ensayos sobre las categorías de “la interinidad”, “la seguridad”, “la intimidad”, “la capacidad” …  “la continuidad” …

Recurriendo al género inventado por Platón para que sirva de correa de transmisión a la filosofía socrática o como los evangelistas para divulgar la doctrina del galileo, o el Quijote y Sancho, Montesquieu en sus “cartas persas”, o los sueños de “Luciano Pulgar”, EVA entraba diálogos largos, densos, contenciosos entre amigos y conocidos de la comarca.

En el que llamó “Inconcluso” y publicó en la revista “Meridiano” de noviembre de 1982 (dirigida por Quijano Guerrero) entran en escena parroquianos y vecinos que en palique delicioso y contundente sorprenden a los mismos sociólogos y politólogos modernos: Don Miguel, verbi gracia dice que “quien no tiene empleos que dar, dineros oficiales que distribuir, aguardiente que repartir y mentiras que decir no hace papel en la política”. Julio, asumiendo pose doctoral disputa sobre la moral y la política. Y en algunos pasajes se tornan costumbristas como cuando describen cómo se toma el entredía, seguido de una narrativa risueña sobre la ciudad matrona.

Y el mismo Julio hace un luengo discurso histórico y filosófico que lo remonta a los griegos, a Sócrates, a Platón, a Jesucristo.

“Hace muchos años, pero muchos años, que mi buen amigo Carlos me había visitado. Tenía el pleno convencimiento que se su voz se había extinguido. O que talvez hubiera muerto. Pero la sentía cercana y no podía oírla. Me dijo que los tiempos radiantes de realizar la historia ya se habían marchado. Que solamente quedaba el trabajo de mirar atrás. Aquí me dijo he visto a los que hacen la historia. Qué pocos ellos. Y en cambio, grandes y gloriosos y muchos son los que la escriben. Los marcos son bellos y esbeltos. Los cuadros pequeños y flacos, sin lustre, sin gloria. ¿Quién hace la historia? ¿Los que la vivieron o los que luego la esculpieron? Pongamos acuerdo, le dije. Separemos los personajes, separemos los tiempos. Miremos en cada época a sus autores. Busquemos en cada recodo a sus actores. La historia es ciencia que engrandece a quien la realiza. La vida es tragedia que la escriben los sobrevivientes repletos de holguras y satisfacciones”.

En algún crítico había aprendido, seguramente, que el mejor estilo es el que se escribe conversando, y que la mejor historia es aquella que forma eslabón entre la sencilla crónica y la narración limada. Lo digo por don Julio y no por el doctor Largo Caballero de Angulo.

 

EL M.R.L.

 

A lo largo de los años pude reunir en una nueva mesa redonda a los confalonieros y paladines del MRL: Álvaro Uribe Rueda, Ernesto Vela Angulo, Benjamín Ardila Duarte, Guillermo Puyana Mutis, que era su Secretario de Juventudes, y al propio López Michelsen y no era posible la evocación que hicieran sin que se sintiera un dejo de profunda melancolía a la par que una íntima punzada de nostalgia por la muerte prematura de esa gran esperanza.

Decían que el Movimiento Revolucionario Liberal -llamado en su hora primera Movimiento de Recuperación Liberal- fue fundado el 14 de febrero de 1960, cuando realizó su primera gran asamblea nacional en el Cine California, situado en la calle 23, donde hoy se halla erigida la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Ese día mil y pico de delegados llegaron de los cuatro puntos cardinales del país, como un tropel de militares peregrinos en demanda de la buena ventura. Muchos de ellos, en medio de su euforia, ya traían -a sólo año y medio de gobierno del Frente Nacional- el sabor amargoso del desencanto. Vinieron a la capital a cumplir con la convocación, sin viáticos ni auxilios de marcha. Es que el movimiento ya era una realidad desde 1959. A fines de este último año se había efectuado la reunión de El Búho, salón de teatro experimental situado en un sótano de la avenida Jiménez de Quesada, casi al borde de San Victorino. Allí, Alfonso López Michelsen presentó el programa SET (Salud, Educación y Techo), adicionado en los meses siguientes por los vanguardistas con otras dos Te: Tierra y Trabajo. Estas siglas, por sí solas, ya señalaban el rumbo socio-económico que iría a seguir mayoritariamente la novel empresa política.

Pero en El Búho afloraron contradicciones incipientes de predominio entre los grupos de inconformes que acudieron a esa cita previa de fundación. Los promotores iniciales del movimiento de independencia, Álvaro Uribe Rueda, Ernesto Vela Angulo, Iván López Botero, Ramiro de la Espriella, Felipe Salazar, se dieron cuenta de que se hallaban presionados por dos corrientes con factores de poder a su favor: la una, también inconforme como nosotros y próxima en ese momento, provenía del Frente Liberal del Pueblo de influencia comunista, y concurrió al Búho, con el nombre de Gerardo Molina para la dirección provisional, propuesto por un estudiante de bachillerato, Alfonso Hanssen Villamizar; y la otra, que ya no se atrevía a aproximarse siquiera a la tendencia independentista de El Búho, estaba compuesta por un grupo de jóvenes del oficialismo, accionistas iniciales pero en retiro del semanario La Calle, como Héctor Charry Samper, Fabio Lozano Simonelli y Diego Uribe Vargas, que tenían entrada franca en los grandes medios de comunicación y contaban con el apoyo del jefe del partido liberal, Carlos Lleras, y del propio Presidente de la República, don Alberto Lleras.

En aquella sesión primaria del Búho, los miembros de la célula germinal del MRL, para no ser desplazados por la figura consagrada de Molina, que había sido amigo y había sido su maestro universitario, tomaron a López Michelsen como un escudo y lo impulsaron a la dirección provisional, pero única, del movimiento. El nombre de López era mágico en ese fin de año de 1959. Además de sus charreteras académicas ganadas en la época de oro de la universidad, donde también había sido profesor y jefe de campaña de reinas estudiantiles, representaba la herencia imponente del grande hombre de Estado que acababa de morir en Londres, glorificado por todos los partidos y todas las capas de la sociedad colombiana. Aparte esto, López el Viejo había sido el patrono moral de La Calle.

A pesar de su partida de nacimiento mestiza, La Calle comenzó asumir una definida actitud de avanzada y de crítica, y como consecuencia aparecieron los primeros conflictos y rebeliones contra la línea de la dirección. En este estado de división reprimida, a principios de agosto de 1958 explotó una bomba en medio de La Calle. Llegó de Méjico el folleto de López Michelsen contra la alternación presidencial, reciente y último acuerdo del Frente Nacional paritario, por medio del cual se prolongaba su vigencia por cuatro años más hasta 1974 y se establecían turnos en la presidencia de la república. Se dijo que la alternación fue el precio que el liberalismo pagó para iniciar el ciclo con el nombre de Lleras Camargo. Talvez, no como respuesta, pero sí inmediatamente después del pronunciamiento de López contra la alternación, el nuevo presidente Alberto Lleras comenzó, de hecho, a desmantelar la redacción y la sociedad de La Calle. Nombró ministros a dos redactores, Virgilio Barco y Vicente Laverde, y a uno de los socios, Hernando Agudelo; gobernador de Santander a otro redactor, Mario Latorre Rueda; y a un fundador, Fabio Lozano Simonelli, secretario de Palacio; además de otros nombramientos, como el de Rodrigo Botero. Con todo lo cual se provocó la desbandada del resto de los socios oficialistas. Quizá el presidente no supo quiénes tenían el mando efectivo. Por eso, a pesar de las bajas, el movimiento se rehízo de inmediato y radicalizó su campaña. La lucha contra la alternación, aunque establecía una frontera basada en un motivo político tradicional y notoriamente sectario, fue la chispa que incendió la pradera. De todo el país llegaron millares y millares de adhesiones. Se hallaban aún demasiado frescos el desangre y la persecución sufridos por el liberalismo bajo las dictaduras. Y así no quedó la menor duda de que había nacido un nuevo movimiento político. Se alzaron dentro del congreso -el primero después del restablecimiento del estado de derecho- los cinco mosqueteros que plantearon el memorable debate para impedir la aprobación del pacto de la alternación: Felipe Salazar Santos, Iván López Botero, Jaime Isaza Cadavid, Ernesto Vela Angulo y Liborio Chica.

En ese momento, eran los herederos y continuadores de la Revolución en Marcha, iniciada en el primer período de Alfonso López y truncada en los años posteriores. Eran ya el fruto sazonado de la universidad creada por la “república liberal”, que vivió hasta 1949 su tiempo más glorioso: la época de las rectorías de Julio Carrizosa Valenzuela y Gerardo Molina. Los profesores fueron hombres públicos de la talla moral e intelectual de Jorge Eliécer Gaitán, Carlos Lleras, Jorge Soto del Corral, Diego Montaña Cuéllar, Antonio García, Nieto Arteta, Palacio Rudas, Eduardo y Alberto Zuleta Ángel, Antonio Rocha, el propio López Michelsen y los exiliados republicanos españoles, invitados por el Presidente Eduardo Santos a rehacer su vida en Colombia, como Luis de Zulueta, José M. Ots. Capdequi, A. García Banús, Ramón Trías, Pedro Urbano González de la Calle.

El MRL tuvo todo el tiempo la virtud de buscar y exaltar nuestra autenticidad histórica. No una imposible autenticidad racial, ni una sola autenticidad de expresión lingüística, ni mucho menos una autenticidad folclórica y provinciana al son de vallenatos y bambucos quindianos sino la autenticidad que cuenta, la “autenticidad auténtica”, que es la autenticidad histórica, la que surge de la vida colectiva anterior y halla la fuerza de su destino en la cultura a que se ha pertenecido.

EVA precisa cuál fue la intención al fundar el MRL: “Nos parecía inaceptable que fuera un nuevo partido, el partido del frente nacional el que se impusiera por encima de nuestra ideología. También inaceptable la alternación, por antidemocrática.    

“El doctor López adhirió al MRL. El MRL era anterior a López Michelsen. Vino López y se cogió sus banderas. Sin López estuvimos de fundadores con Álvaro Uribe Rueda, Felipe Salazar Santos, Ramiro de la Espriella, López el de Calarcá… Lo fundamos cinco representantes primerizos, para oponernos a la alternación que había sido la base inicua de todos los pactos del frente nacional. De inspiración socialista pero no marxista. Después tuvimos adhesiones importantes. Fuimos a semejanza de los radicales del siglo XIX, que fueron insurgentes de ellos mismos. Abiertos a todos los vientos particularmente para quitarle a Colombia la tutela del clericalismo. Es que teníamos una república católica. Con los radicales se acabó ese sistema y se estableció una república liberal y laica”.    

Habían pensado en dos personajes, cual más intelectuales y profesores universitarios para que dirigiera el movimiento: Gerardo Molina y López Michelsen, quien fue elegido como jefe. Militaron en el MRL, prestigiosos universitarios como  Eduardo Umaña Luna, Jaime García Parra, Indalecio Liévano Aguirre, Felipe Salazar Santos, Ramiro de la Espriella, Mario Latorre, Gustavo Vasco, Pepe Gutiérrez, Fabio Nicholls, Ricardo Samper, Plinio Apuleyo Mendoza, Eduardo Gaitán Durán, Cote Lamus, Pedro Acosta Borrero, Jose Font Castro, Escallón Villa, Iván López, Luis Villar Borda, Francisco Zuleta, Marìa Elena de Crovo, Guillermo Hernández Rodríguez… Acá en Nariño, Eduardo Alvarado Hurtado y Guillermo Puyana Mutis, que fue Secretario de Juventudes.

En el prólogo de “Colombia en la Hora Cero”, Liévano Aguirre habla de “los mecanismos de presión del Frente Nacional y señala que López Michelsen sólo pudo contar inicialmente con el respaldo de un grupo de jóvenes sin prestigio electoral, que no habían participado en los compromisos y transacciones a que se llegó con los factores de poder de la sociedad colombiana y entre quienes figuraban Mará Elena de Crovo, Luisa Pérez de Mejía, Pedro Acosta, Hernán Villamarín, Hugo Latorre Cabal, Álvaro Escallón, Ernesto Vela Angulo, Ramiro de la Espriella, Jaime Ucrós, Iván López Botero, Jaime Isaza Cadavid, Uribe Rueda, Felipe y Santiago Salazar Santos”.

 

EVA: elegido acusador en primera votación en EL JUICIO A ROJAS PINILLA 

 

 

EVA fue elegido Representante a la Cámara por primera vez para el bienio 1958-60 y se inauguró con el juicio político en contra del ex presidente General Gustavo Rojas Pinilla. Por el Departamento de Nariño actuaban ya como acusadores ora como jueces Juan Bravo Pérez, Gerardo Jurado E., Alberto Montezuma Hurtado y José Zabulón Romo. La Junta Militar de Gobierno nombrada por el mismo Rojas y a la que los políticos le dieron toda la legitimidad, sin que se sepa a qué título, puesto que había sido nombrada por el tirano derrocado, sin asidero en la Constitución, había dictado el decreto 981 creando una curiosa Comisión Nacional de Instrucción Criminal, para que juzgara al dictador. ¿Cuál era el procedimiento pre-existente del que hablaba el art. 26? Tampoco era competente la Cámara de Representantes. La susodicha y espuria Comisión de Instrucción, remitió el expediente a la Comisión de Acusaciones de la Cámara. Acumulados los procesos, las sindicaciones eran por abuso de autoridad, concusión, cohecho, indignidad, cuidándose naturalmente de no incluir los delitos imputables a los coequiperos de la dictadura, que ya hacían parte del nuevo gobierno. Esta Comisión designó como Acusador o Fiscal de la Cámara al conservador Uribe Prada, triste personaje que en los días de esplendor rojaspinillista firmaba sus memoriales de Abogado, a manera de encabezamiento, vivando al General-Libertador Rojas Pinilla.

La Cámara era incompetente toda vez que los artículos 102.5 y 130 de la Constitución hablaba de “acusar ante el Senado, al Presidente de la República…”, que nada tenía que ver ahora, toda vez que Rojas era ex presidente o ex dictador y las normas citadas se aplican al primer magistrado en ejercicio.

Pero es que la única instrucción –y valga la palabreja- que tenían las Cámaras era condenar al ex dictador. (¡Como ahora, la de absolver!) Sólo a él y por eso las vitandas maniobras para desvincular a militares y civiles que tuvieron figuración en la dictadura.

El vocero del acusado, Daniel Valois Arce, dijo que Rojas Pinilla no era acusado por haber dado el golpe de Estado el 13 de junio, que era verdaderamente lo inconstitucional, sino por un contrabando de ganado. Se trajo a cuento que tanto José María Obando como Tomás Cipriano de Mosquera –los otros dos presidentes llevados a juicio- lo fueron por golpistas, es decir por quebrantar el orden constitucional. Y ante todo porque eran presidentes en ejercicio.

La Cámara eligió a Uribe Prada para que defienda a Laureano, el dictador civil en el exilio. Se discriminó a los que incriminaran al acusado, en virtud de un compromiso simoníaco con la Junta Militar, a cuyos miembros se garantizó la impunidad a trueque de la entrega del poder.

También se trataba de establecer la conducta de Rojas ante la libertad inconsulta e incondicional de León María Lozano, alias “El Cóndor”, bien conocido en Tuluá y por Gustavo Álvarez Gardeazábal que había creado la narrativa, acá en Torobajo hace 50 años, sobre el siniestro personaje protegido de los gobiernos de Ospina, Laureano y Rojas Pinilla.

Gil Miller Puyo, de la Comisión de Acusación dice que su conducta se tipifica en el delito de abuso de autoridad. Que se daban todos los reatos, y agrega que por prescripción penal ha perdido el Estado la facultad de efectuar la acción penal, y cita los artículos 105 y 181 del Código Penal.

Ante una interpelación del honorable Representante Ernesto Vela Angulo, el orador explica que el delito sí ha prescrito, en contra de lo que considera Vela Angulo (tomo III, p. 560). Vela Angulo sienta tesis sobre cómo el principio de la prescripción no se inicia sino al deliberar efectivamente el Congreso y da explicación amplia (p. 561).

La Presidencia concede la palabra al H.R. Vela Angulo, quien empieza su exposición analizando el fenómeno de la prescripción de la pena en relación con la acusación que se está intentando contra el señor Rojas Pinilla por haber ordenado la libertad de León María Lozano, atropellando la Rama Judicial. Hace un pormenorizado análisis sobre las circunstancias en que se produjo la libertad no solamente de Lozano, sino sobre el anciano detenido en una cárcel de San Andrés, al que se ha referido el doctor Nieto Rojas para deducir que el hecho claro y clásico es que ha existido un delito de abuso de autoridad demostrado palmariamente. Agrega que León María Lozano fue puesto en libertad y mantenido en libertad, lo cual es aún más grave para la sociedad.

El H.R. Castañeda formula algunas interpelaciones, que son absueltas por el orador, quien agrega que son muy difíciles los diálogos cuando el orador no es un Sócrates y el interpelado no es un Platón.

Se traba un nuevo diálogo entre el orador y los H.R. Cosme León Meneses y Silva Valdivieso, y el orador Vela Angulo concluye este aspecto de su discurso diciendo que se explica que haya Representantes melancólicos porque son libres y que la democracia les otorgue el derecho de defender la tiranía. Respondiendo una nueva interpelación del Representante Castañeda, el orador hace amplias consideraciones sobre principios de Derecho Penal y le aconseja al interpelante que ojalá le aproveche la lección.

Reanuda su discurso el doctor Vela Angulo historiando la forma cómo se produjo la libertad del “Cóndor” León María Lozano y dice que el Representante Nieto Rojas ha traído una prueba que no aparecía en el expediente, como afirmación de que el General había recibido una carta de Lozano quejándose de enfermedad, carta donde empezó a gestarse el delito, y que además prueba la amistad preexistente entre el señor Rojas Pinilla y “el Cóndor”.

Continúa su discurso haciendo una historia de lo que han sido los tiranos a través de los tiempos, desde Sila hasta nuestros días y expresa que Rojas Pinilla, al atropellar las decisiones de un Juez, culminó su actuación tiránica destrozando las normas legales que constituyen soporte del régimen constitucional.

Vuelve el orador al análisis severo del cuerpo del delito configurado plenamente en el delito de abuso de autoridad de que se acusa al señor Rojas Pinilla, y para reafirmar su tesis invoca las teorías de tratadistas famosos del Derecho Penal.

Los H. R. Villamizar Betancourt y Torres Poveda lo interpelan para rebatir tesis de carácter científico expuestas por el orador, quien las explica ampliamente. Adicionalmente hace un recuento sobre el proceso de Núremberg, en el que se juzgó a los nazistas de la segunda guerra mundial, y comenta las teorías penales que se pusieron en vigencia en aquella ocasión histórica. Ahonda en consideraciones científicas sobre Derecho Penal, citando diversos tratadistas y diversas teorías, y concluye que Rojas liberando a “el Cóndor” no solamente delinquió, sino que traicionó los sagrados intereses de la seguridad colectiva. Realiza un nuevo estudio sobre la prescripción penal citando textos legales que la consagran, para concluir que en el caso en discusión la prescripción no cobija a Rojas Pinilla. Termina su discurso afirmando que la acción penal contra Rojas Pinilla solamente nace ahora que la Cámara inicia la acusación, ya que antes era imposible, especialmente cuando el incriminado ejercía la Presidencia de la República. Algunos años más tarde, en la revista de la Universidad de Nariño, el parlamentario-jurista hará una disquisición detenida del tema que acá también examinamos en algún otro apartado de esta semblanza.

El representante Felipe Salazar Santos, también del MRL, disiente de la opinión de EVA, manifiesta que el delito estaba prescrito y explica que el delito cometido por Rojas Pinilla, “es de los que la doctrina llama instantáneos”, remata el aguerrido tolimense. Aduce diversas argumentaciones y continúa refiriéndose al erudito discurso pronunciado por el doctor Vela Angulo, especialmente a la tesis sostenida en tal exposición consistente en que la prescripción de la pena, en relación con la acusación que discute contra Rojas Pinilla, no se había operado por razones que el doctor Vela Angulo explicó ampliamente. El orador disiente de la tesis planteada por Vela Angulo con argumentos de carácter legal, que expone ante la honorable corporación, y agrega que la Comisión de Acusación tomó gran cuidado y estudió exhaustivamente todas y cada una de las incidencias jurídicas materia de la ponencia. Continúa refiriéndose a la teoría del delito instantáneo, ilustrándola con ejemplos pertinentes tanto a esta teoría como a la teoría del delito permanente y relacionándolos con el tema en discusión.

Se refiere concretamente a la orden impartida por el general Rojas Pinilla para poner en libertad al “Cóndor” Lozano y afirma que el delito de abuso de autoridad se consumó el 16 de julio de 1953, fecha que se debe tomar como punto de partida de la prescripción de la pena. Hace un estudio sobre la tesis expuesta de que, dada la circunstancia de que las Cámaras estaban cerradas no era posible intentar ninguna acusación contra el General Rojas Pinilla y afirma que evidentemente la tesis es inobjetable.

Es de recordar aquí que Salazar Santos era miembro de la Comisión que había sustanciado la procedencia de la acusación. Los otros dijeron que la prescripción estaba suspensa, que es una modalidad que existe en la legislación italiana, pero no en la colombiana.

Gustavo Balcázar Monzón, futuro Designado y Ministro, y único supérstite de aquella generación, dejó una constancia en la que también alega la imprescriptibilidad de la pena a imponer a Rojas Pinilla, con idéntico argumento al de EVA: “si se tiene en cuenta que ni la Cámara ni el Senado existieron en Colombia desde el 25 de julio de 1953 -fecha de la comisión del delito-  hasta el 20 de julio del presente año”.    

Dice el Acta que abierta la votación para elegir acusador ante el honorable Senado, de acuerdo con el artículo 582 del CPP, el H.R. Néstor Urbano Tenorio anuncia que el candidato acordado por un numeroso grupo de Representantes es el Honorable Representante Ernesto Vela Angulo. Era una expresa aprobación a su alegato de la imprescriptibilidad. El H.R. Mario Latorre Rueda, en nombre de la Comisión de Acusación, propone el nombre del H. R. Gil Miller Puyo Jaramillo. Llamados a lista los H. R. depositan sus votos en la urna destinada al efecto, en número de 107 sufragios. Cerrada la votación, los H. R. Enrique Pardo Parra y Jaime Cuenca, nombrados escrutadores informan el siguiente resultado:

Por el H. R. Gil Miller Puyo Jaramillo, 43 votos; por el H. R. Ernesto Vela Angulo, 44 …. Por el señor León María Lozano, 1 voto.

En atención a que ninguno ha obtenido la mayoría de las dos terceras partes, la Presidencia ordena abrir nueva votación contraída a los dos representantes que ha obtenido la mayoría de votos.

El H. R. Hugo Escobar Sierra solicita un receso de 15 minutos para conciliar la votación. Primeramente, el H. R. Alberto Galindo había protestado por “los votos dados por criminales”. Abierta la votación para elegir acusador ante el honorable Senado, el H.R.  Ernesto Vela Angulo agradece los votos consignados en su favor, renuncia su postulación para acusador, y anhela que la Comisión de Acusación siga buscando motivos de acusación en contra del señor Rojas Pinilla por las faltas cometidas, y desea también que los 44 representantes que lo acompañaron con su voto continúen creyendo en que los delitos cometidos por Rojas Pinilla no han prescrito.

Quede pues, como constancia, que el novel parlamentario oriundo de Nariño –y más precisamente de Ipiales- fue el escogido en primera vuelta por la Cámara de Representantes para actuar como Fiscal ante el Senado de la República en la causa que se siguió en contra del general Gustavo Rojas Pinilla. No se supo qué propuso Escobar Sierra en esos minutos de receso que determinaron la nominación de otro y que siempre obedecen a propósitos non sanctos.

 

EN EL SENADO

 

El Senado votó por quitarle el uso de la palabra a Rojas y dictar veredicto. El primero en disentir de semejante aberración fue el senador jurista Alfonso Uribe Misas. Siguieron Carlos del Castillo Isaza, Bayona Carrascal, Luis Torres Quintero, López Escauriaza, Alberto Pumarejo, Castro Monsalvo, Muñoz Botero, Juan Antonio Morillo, Bernardo Ceballos Uribe, Arriaga Andrade, Gonzalo Vargas Rubiano, Velasco Villaquirán, quienes merecen rescatarse del olvido. Y también nuestros paisanos Juan Bravo Pérez y Alberto Montezuma Hurtado.

En “Estampa”, revista que dirigía Montezuma Hurtado, los penalistas Luis Carlos Pérez, Reyes Posada, Rincón Zamudio, Luna Serrano, Ordóñez Peralta y Ordóñez Quintero, Salah Villamizar, habían señalado que “no se puede quitarle el uso de la palabra al acusado”.

Zabulón Romo, parlamentario por nuestro Departamento de Nariño, laureanista de miedo, en consecuencia enemigo de Rojas, dijo que éste venía preparando el golpe desde hace meses y que defraudó el fisco por lo del contrabando. Y que ya eran suficientes 40 horas de defensa. El General ripostó que sus jueces políticos ya iban por las 16.800.

Gerardo Jurado, también senador nariñense, gregario del laureanismo, no tuvo escrúpulos tampoco para fungir como intrépido miembro de la Comisión Evaluadora de la Acusación (art. 589 del CPP) a sabiendas de su natural impedimento.

El juzgamiento y condena del ex dictador no se endereza a investigar la masacre de la plaza de toros, la muerte de los estudiantes del 8 de junio, porque ello conllevaría el juzgamiento de los generales Gabriel Paris, Luis E. Ordoñez, Deogracias Fonseca, quíntuples, que eran directos responsables de aquellos crímenes. O los dineros entregados por Rojas Pinilla, en dólares y pesos colombianos, a los doctores Carlos Lleras Restrepo y Alfonso López Pumarejo, como indemnización por el incendio de sus casas, en tiempos de Urdaneta; o los sueldos en pesos, convertidos en dólares para que en tal moneda se pagaran los emolumentos al ex Presidente Laureano Gómez durante su exilio en España; o los grandes negocios que por importación de papel hacía el periódico “El Tiempo” antes de la Dictadura, y que por ésta le fueron suspendidos; o la falta de pago de impuesto de renta y patrimonio por parte de este órgano publicitario, para acogerse luego a la amnistía tributaria, con pérdidas millonarias para el Estado por tal concepto y que el doctor Eduardo Santos nunca pudo explicar; o que “El Espectador” tampoco estuvo ausente de semejantes anomalías tramposas; o las del auto de detención contra Raimundo Emiliani Román y Eduardo Lemaitre, por un delito contra la fe pública; o la detención decretada contra Diego Tovar Concha, miembro de la Junta Directiva de la Empresa de Teléfonos de Bogotá; o los terrenos que la tiranía cediera a Roberto García Peña, Director de El Tiempo, de la friolera de 2.226 hectáreas…

Rojas fue suspendido en el uso de la palabra precisamente cuando iba a iniciar el estudio de las acusaciones por las cuales estaba sentado en el banquillo y de otras más, empezando por denunciar que Laureano Gómez sabía lo que iba a suceder el 9 de abril y había pedido el mayor sigilo. El Senado tampoco atendió la solicitud de pruebas, por innecesarias dijeron, que reclamaba el vocero del acusado Jesús Estrada Monsalve.

El Senado, el 18 de marzo de 1959, actuando como Jurado de Conciencia, profirió veredicto condenatorio y el 2 de abril vino la sentencia ya como Juez de Derecho. En 1966, el Tribunal de Cundinamarca restituyó en todos sus derechos al General. Sentencia que confirmó la Corte Suprema. Alfonso Reyes Echandía, según la Revista del Externado # 1, noviembre de 1959 hizo inteligentes “glosas a un juicio ante el senado”, inmediatamente después de haberse graduado de abogado.

 

CONTRA LA REGENERACION Y CONTRA LAUREANO

 

Por todos estos antecedentes, y sus convicciones radicales, EVA era opositor irrebatible, igualmente de Núñez, de Caro y de la Regeneración. Decía que después de su victoria en “La Humareda”, el Presidente salió al balcón de Palacio y dijo que la Constitución de Rionegro había muerto. Y la rompió simbólica pero arbitrariamente. Luego convocó a unos delegatarios, los eligió él mismo con su dedo. Esos delegatarios se reunieron en Bogotá y dijeron que iban a legislar en nombre de Dios, cuando la verdad era que estaban haciendo una Constitución en nombre del triunfador Núñez. Confundieron a este con Dios, le levantaron estatuas, lo divinizaron, le perdonaron todas sus fallas morales; sus poemas se convirtieron en himnos.

Las lindezas no acaban: el artículo 29 en el cual se establecía la pena de muerte para los delitos como traición, piratería, asesinato, asalto en cuadrilla de malhechores, “y ciertos delitos militares definidos en las leyes del ejército”. De manera que el ejército ordenaba matar por delitos militares a los civiles dando aplicación al artículo 121, que terminaba diciendo que, en caso de perturbación del orden público interno, se aplicaría solamente el derecho de gentes suspendiendo todos los derechos y garantías individuales. Con eso se hacía un esguince sangriento al artículo 26 en el cual dizque se garantizaba la libertad individual.

Los artículos citados desfiguraban totalmente la Constitución, pues el estado de sitio no se levantaba por ninguna razón y el ejército seguía matando “legalmente” a los civiles por delitos militares.

El resto de la Constitución no rigió en ningún momento; se pusieron de moda y se aplicaban solamente los artículos transitorios y especialmente el K, que terminaba con la libertad de expresión  y dejó en manos del Presidente el perseguir y castigar el delito de opinión; el aberrante L, que establecía que los decretos que dictaba el Presidente regirían en forma preferencial, aunque fueran contrarios a la Constitución, mientras no fueran revocados por el cuerpo legislativo o revocados por el propio gobierno. El cuerpo legislativo era el mismo de delegatarios.

A esto agregamos los decretos legislativos dictados por el Gobierno sobre las más diversas materias, la ley de los caballos que desarrolló el literal K, y el artículo 6 de la ley 153 de 1887, que estableció el absurdo de presumir que las leyes dictadas por el órgano legislativo nuñista eran constitucionales, aunque aparentaran o fueren en contra de la Constitución. Los decretos del Presidente se aplicaban aún estando en contra de la Constitución y todas las leyes de ese cuerpo de áulicos que obraban “en nombre de Dios”, se presumían constitucionales.

Así también se rebeló contra Laureano Gómez, a quien se le dijo el probo, sabio y justiciero. Pero la justicia con él fue venganza. El 9 de abril había huido de Colombia como lobo carnicero y cobarde porque sabía que la furia popular se estrellaba contra él, porque sabía que toda la sangre derramada, por su culpa lo había sido. Y volvió engreído y ensimismado. Aquella justicia inicua y subyugada por sus feroces amenazas, confirmada la tremenda ignominia. A su máximo representante le permitía que sirviera de lacayo en el gobierno del nuevo estilo. Y el presidente de la Corte Suprema de Justicia, que lo había sido de la Electoral que había elegido a Laureano Gómez contando votos sangrantes y mentirosos, pasaba a ocupar el ministerio de Gobierno del mismo Gómez, ratificando, en esa forma, un claro y expreso acuerdo anterior. Si a este proceder no se lo denomina complicidad, esta figura debe desaparecer del código penal. ¡Justicia cómplice de la injusticia y de la venganza, que presta sus hombres para continuar en la injusticia! (¡Y el personaje de marras, decimos nosotros, no era otro que nuestro paisano Domingo Sarasty Montenegro!).

Y en la misma revista “Amerindia” –que se había convertido en una isla solitaria y contestataria- saludando el 13 de junio (1953) dice que comienza la labor de limpieza. El pueblo recién ahora sabe por las palabras presidenciales cómo eran los tiempos de oprobio y desangre, cómo eran las matanzas y cómo la justicia, a quién se absolvía. Era una justicia que fallaba de acuerdo con los mandatos de la camarilla y del dinero. Los que administraron aquella justicia cómplice del crimen, que por esos caminos escalaron los más altos cargos, verán cómo es aquella justicia limpia y sana que jamás comprendieron porque sus oídos estaban sordos a la conciencia y al deber y solamente abiertos a la ruda mecánica de su propio partido.

No podía adivinar ni sospechar EVA que cuatro años después habría de recoger las velas laudatorias del nuevo régimen. ¡Y que en menos de un lustro debía llamar a cuentas la dictadura, desde la tribuna de la comisión de acusaciones!

 

EL LIBERALISMO ACTUAL    

 

Dos derrotas consecutivas, siendo la última la más grave (la de 2006), se deben atribuir a la falta de ideología. De compromiso no solo con el pueblo sino con las grandes causas que lo animaron en el pasado. Por ejemplo, su definición frente a la propiedad, al Estado. Que ha sido claudicante ante la propiedad, ante el reparto de la riqueza en forma más equitativa, igualitaria, justiciera. Ahora estamos ante la victoria o mejor será decir la resurrección del neoliberalismo que nació en el siglo XVII, como algo revolucionario en contra del feudalismo, que había acabado con Europa. Pero eso terminó en el acaparamiento de la riqueza en muy pocas manos. De allí que debemos volver al Estado Intervencionista, ante todo en cuanto a la economía. La economía sin intervención se desboca. El dinero atrae más dinero y vienen los cinco monopolios que hoy manejan la economía del país. El imperio del capitalismo salvaje. Contra eso tenemos que estar. El liberalismo es el partido de la justicia social y no el que defiende la concentración de la riqueza en poquísimas manos.

 

RECUERDOS DEL PUEBLO DE IPIALES

 

Leonidas Coral, todo un personaje del que casi nadie se acuerda. Fue secretario de Avelino Rosas, hace más de cien años, en la guerra de los mil días y escribió un libro sobre esa guerra. Inclusive le escribía sus discursos a Rosas. Allí aparece la municipalidad de Ipiales entregando todas sus tropas para enfrentárselas a los conservadores.

A lo largo del siglo XIX Ipiales era una aldea de indígenas. Solo a partir de 1863 llega a tener un predominio en la provincia. Es más joven que los demás pueblos. Más joven que Puerres, que Cumbal, que Guachucal. El municipio de Ipiales cogió la preeminencia desde que se consiguió que la aduana pasara de Carlosama a Ipiales, allí ya se transformó en un centro de riqueza. Después el Prefecto de aquel tiempo construyó la carretera Ipiales-Rumichaca, sin ir a Carlosama, para llegar a Rumichaca.

Avelino Vela fundó la Municipalidad de Obando en homenaje de Josefina Obando y no del general José María Obando. Por eso la Plaza La Pola, es en homenaje de la Pola del Sur, que es Josefina Obando.

Los recuerdos se suceden sin lagunas ni marchitamientos en la memoria de EVA. De Gerardo Martínez Pérez dice que empezó como Juez Municipal y terminó de Procurador General de la Nación y de candidato presidencial. “Cometió un gravísimo error: se bañó en viernes santo… y como era ateo”.

Manuel María Montenegro, más que magistrado fue un ejecutivo extraordinario. En Ipiales fundó la Logia. Don Horacio Ortega. El doctor Hernando tenía un gran defecto, que dizque no arriesgaba un centavo para nada… La mamá de ellos, doña Hortensia Mora de Ortega, fundó el primer colegio en Ipiales para educar mujeres.

José Antonio Llorente, otro radical liberal. No se contentó con golpear con las dos piernas a los conservadores (contendores, perdón) sino que usaba bastón… Llegó a ser Ministro de Hacienda en el tiempo del republicanismo… Como buen ipialeño murió soltero… Como el doctor Manuel María Montenegro, el doctor Avelino Vela Angulo, el poeta Bustos.

 

FILOSOFIA Y LETRAS 

 

EVA, fue Secretario General U. Nacional y U. de Nariño; Decano Facultad de Derecho U. de Nariño, Rector Universidad de Nariño, Juez y Magistrado; Concejal de varios municipios, Diputado Asamblea de Nariño; Representante a la Cámara, fundador y director del Movimiento Revolucionario Liberal MRL y Senador de la República.

 

 

Repasando todos estos textos preparados a lo largo de sus intensas meditaciones por el antiguo profesor universitario para el consumo de sus discípulos y alumnos, pero también para los expertos e igualmente para los iniciados, hemos regresado nostálgicos a las cátedras que recibimos también de Teoría del Estado, Introducción al Derecho, Filosofía del Derecho, que de todos estos temas trajina y domina el maestro ipialeño. Fácilmente pasará a ser un clásico en los estudios sobre el Estado.

“Es en la ciencia de todas las ciencias, la Filosofía, en donde debe empezarse la constante tarea de buscar material con el cual, después de algunos años, estructurar si no una doctrina, por lo menos, argumentos necesarios a una sociedad, a un delincuente, a un juzgador, a un estudiante”. No en vano su tesis de grado versó sobre Filosofía del Derecho. Y sus autores socorridos y basilares: Kant, Kelsen, Keynes, los tres iniciados por la K. Junto con Calvino –decimos nosotros-, por la estirpe calvinista, política-económica de nuestra historia.

¿El Estado es un fenómeno de poder? ¿Fue el pueblo o los dirigentes los que asesinaron la libertad? ¿Si el Derecho es o no la voluntad, o la “emanación de la voluntad”, si las normas jurídicas existen independientes de que una legislación las declare válidas?  ¿Si es imperativa la moral, la falsa moral, la doble moral? Todas interrogaciones carnudas que fueron acicate de su mente inquisidora e igualmente acusadora. Algunos (¿o todos?) fueron absueltos cabalmente en su elaborado ensayo sobre “La Sentencia”, que es epítome de todas sus reposadas elaboraciones de Filosofía del Derecho, de Introducción al Derecho, pero también de Historia y Teoría del Estado.

También aprovechó jugosamente a Rudolf von Ihering, que desde 1880 venía enseñando luminosamente que “la expresión del derecho encierra una antítesis que nace de esta idea: la lucha y la paz, la paz es el término del derecho, la lucha es el medio para alcanzarla. Sin lucha no hay derecho, sin derecho no hay justicia, sin justicia no hay paz”.

El derecho también comporta la lucha contra la costumbre conforme a la escuela alemana de Savigni, de que el Derecho se iba formando, estructurando pasiva y pacíficamente a través de la costumbre.

El autor de “El espíritu del Derecho Romano” contradice y postula que el Derecho es la lucha contra la costumbre porque supone la consagración de los perjuicios y los intereses de las castas dominantes. El derecho debe luchar por imponerse. Sin lucha no hay posibilidad de existencia. Quien no lucha no consigue ni el derecho ni la libertad, dos categorías que se habían confundido desde Kant. Solamente luchando por el Derecho se podrá llegar a ser libre.

Por ello EVA arriba a la idea de que la historia no es sino la historia del Derecho, la eterna lucha por hacerlo más humano y no sólo privilegio de unos pocos, apoyándose en la evolución jurídica que acompaña a las auténticas sublevaciones sociales.

En la revista de la UDENAR que data de 1989, hizo una exposición más aproximada al pensamiento del célebre romanista: El derecho da la libertad y termina con la opresión. Donde hay derecho es muy difícil que la opresión forme parte esencial de la sociedad. El derecho ha de ser docencia y cultivo, cultura, elevación.

Mirado así, el Derecho como pedagogía, se explica la necesidad de su enseñanza. Será motor que impulse el cambio, hasta la sustitución de una forma especial de sociedad. Es el medio para llegar a la justicia. Es el derecho martillo de opresión o móvil de libertad o camino de igualdad. Por sí mismo, no oprime a quien lo ejerce. Será bueno o malo, justo o injusto, opresor o liberador, según quien lo haga.

Aquí viene la evaluación de las facultades de Derecho que deben ser escuelas de enjuiciamiento al propio derecho, a sabiendas que el derecho no es único. El derecho puede cambiar y es necesario cambiarlo cuando conduce a la opresión y a la injusticia.

EVA invita al poeta alemán Hölderlin y a Lord Byron para comprobarnos lo imperceptible de la mutación del derecho en delito, lo virtuoso en vulgar, lo heroico en terrenal.

Concepción Arenal en su delicioso libro –dice EVA- “El delito colectivo”, pone de presente la disyuntiva cuando compara el delito común con el delito político.

Mariano Ruiz Funes dijo entonces que el delincuente no es un ser sin derecho, sino con derechos. El peor de los delincuentes tiene sus derechos. El derecho es el arma de los débiles –decía Grotius- solamente el Derecho elimina la delincuencia. Solamente el derecho de los derrotados asegura la justicia, son palabras que deberían inscribirse en toda universidad.

El derecho iguala a las personas. Los sistemas españoles colonialistas durante 300 años, nos muestran una clara violación del derecho. El único que tiene derechos es el Rey. Los súbditos tienen mercedes y no derechos. Ricardo Palma entre otros, narra las arbitrariedades del régimen español. Por eso les cayó como una bendición la doctrina de los derechos naturales que tradujo y trató de implantar Antonio Nariño. Cuando Bolívar aplica las tesis de Rousseau empieza la lucha por el derecho y la conquista de la libertad.

 

LA SENTENCIA    

 

En 1994, la Universidad le publicó una de sus mayores contribuciones al estudio del Derecho, a entenderlo y comprenderlo, que él lo sabía compendiado en La Sentencia. Es la expresión más conocida. El centro de nacimiento, donde se lo siente y palpa.

Hace EVA un curso elemental pero definitivo de introducción al Derecho y de Teoría del Estado. Rastrea las escuelas de derecho, las unívocas o unilaterales, las que dicen que el Derecho no es sino la reglamentación del interés de los poderosos, que crean el derecho para proteger y mantener sus privilegios. Otra que dice que el poder tiene su origen en el dominio de los medios de producción, es decir que es un desquite de los antiguos débiles esclavos contra los viejos señores nobles. De allí parten las teorías teológicas, naturalistas, positivistas o revolucionarias. Pero en todo caso el Estado y el Derecho han de estar al servicio del hombre y no al contrario.

Y el Derecho se explica solamente a través de las personas. “Ha sido una lucha larga, dura y sangrienta que aún continúa y que si se descuida de su fortaleza, no faltarán fuerzas extrañas que pretendan quitar la categoría de personas a algunos hombres o por su color, o por su forma de cabeza, o por su forma de pelo. Y dejar dramas con un solo actor y el resto, la totalidad, como simple espectador, tal como sucede en las colmenas, en donde solo hay un gran actor, la reina o madre, y todo lo demás es enjambre, es público, es súbdito.

Esto nos lleva a mirar con franqueza el problema de la igualdad de las personas: no existe esta igualdad. Las personas no son iguales, como no es la vida, el mundo de la práctica. En nuestros Estados hay unas personas privilegiadas y otras marginadas.    

La persona, el mundo de la naturaleza y el mundo de la cultura se insertan en la historia. La historia de la humanidad no es sino la narración de las luchas del hombre en busca de su propia personalidad.    

Es claro que el Derecho ponga a disposición de los hombres los medios para la lucha por la personalidad. Lo antijurídico, lo aberrante es que unos gocen de los medios de enriquecer su personalidad y a otros les sean negados esos medios.    

Pero si tenemos el concepto de que los actos jurídicos y las normas son obras del hombre, que el hombre es el ser creador y no una simple criatura, que el hombre es su causa y no simple efecto de las fuerzas naturales, entonces entra en vigor el Derecho y la lucha por el Derecho se hace racional y no se convierte en una lucha contra lo imposible. Con el trabajo, el esfuerzo, la decisión y la lucha, se consigue cambiar el Derecho y hacer que la igualdad de opciones originarias sea la misma para todos. El conformismo, la pasividad, el negativismo, conducen a la degeneración y a su consecuencia, la negación del Derecho.

Sin violencia no hay derecho, pero se cree ver en la fuerza del Derecho una violencia distinta a la pura fuerza física, y no hay tal, no hay sino la fuerza física, que muchas veces se convierte en amenazas del obrar, actúa como coacción sicológica para producir determinadas actuaciones siendo entonces verdad que el Derecho vive por el miedo y se perpetúa por la fuerza.    

Este elemento brutal innecesario, la violencia, es un atributo esencial del Estado. Este no puede vivir sin el monopolio de la violencia, tanto que el primer delito, el más grave, se configura por la lucha, por el dominio o monopolio de la violencia. Todo Estado, todo Derecho lucha por conseguir ese monopolio. Y lo particulares luchan también por conseguir algo de ese monopolio. Así, el propietario lucha por tener derecho a rechazar al intruso por la violencia, y hasta con la muerte.

La historia no es sino la historia del Derecho, la eterna lucha del Derecho por hacerse más humano, totalmente humano, y no solo privilegio de unos pocos. A mayor historia y lucha, más personas a quienes se les reconocen consecuencias jurídicas a sus actos.    

Hacer de todos los hombres seres responsables, dueños de sus actos es, ha sido y será la misión del Estado y del Derecho, de suerte que el Estado no sea un fin en sí mismo, sino un medio para aumentar la responsabilidad humana, su libertad y el enriquecimiento de su personalidad.

La Sentencia es pues la confirmación de un proceso, la individualización del Derecho. Es allí donde se ve aparecer la fuerza con todo su rigor, y lo que se ha dicho en una sentencia, ha de cumplirse inexorablemente so pena de propiciar el desquiciamiento total de un orden jurídico.    

La Sentencia es la conclusión del Derecho y el síntoma de que un sistema de Derecho está en vigencia. Donde las sentencias no se cumplen no hay Estado ni Derecho actuante. La sentencia es una norma, pero una norma con fuerza actual y con valor emergente y actuante. En la sentencia se encuentra el Derecho después de un largo camino y la fuerza que permanece inminente y como en asechanza. La sentencia unifica el Derecho y la fuerza, la normatividad y la vigencia, en ella vemos que normas sin fuerza son fantasías y que la fuerza sin recorrido del Derecho es arbitrariedad y sobre todo antihumanidad.   

Kant recuerda el símbolo de esto cuando dice que si a un Estado pequeño localizado en una isla lejana, le fuera necesario trasladarse de su sitio y abandonar la sede primitiva, para que ese Estado no se destruya, sería necesario que antes de partir todos y abandonar la isla, se cumplieran las sentencias pendientes, ejecutando al último criminal en prisión y reconociendo la naturaleza del ultimo hijo nacido, y las consecuencias de los últimos contratos celebrados.

Es legítima una sentencia cuando la dicta un poder establecido de acuerdo con las normas; es legal cuando se hace basada en las normas. En la legitimidad se toma como referencia al autor de la sentencia, en la legalidad, su contenido. La legitimidad hace referencia a la jurisdicción y competencia del funcionario. La legalidad, al encuadramiento de la sentencia dentro del orden objetivo de las leyes.

De contera precisa la invulnerabilidad del principio de la cosa juzgada o res judicata de los latinos. Viene la explicación del derecho positivo de linaje kelseniano de la legitimidad normativa. El orden jurídico se explica por sí mismo, es un orden cerrado, mejor, que sus normas se justifican unas en otras, tienen un cimiento o punto de apoyo en algo que no es jurídico; Kelsen llamó a ese basamento la norma fundamental, y resulta que no es ninguna norma sino algo diferente a una norma, es la realidad social, la realidad material en la cual descansa todo el orden jurídico. Esto quiere decir que más allá de la Constitución hay una realidad social y material que la propia Constitución no puede desconocer.

Esta norma fundamental de Kelsen no es una entelequia, una hipótesis; es una gran realidad, es la realidad del poder, la realidad del Estado, es entonces algo que pertenece al mundo de las cosas, de la sociedad, de la realidad social. El poder es realidad tremenda y no simple fórmula hipotética que, sin embargo, por su otro lado, ilumina toda organización social, todo el Derecho, es bifronte, se une a la realidad para succionarla y vivir en ella, y al mismo tiempo alumbra y da vida a todo el orden. Es el cordón umbilical que une la realidad social con la organización jurídica. Esta es organización normativa, la otra es realidad.

 

EVA rescata el aporte decisivo de Rousseau acerca del hombre creador del Estado y del Derecho. Por eso recuerda que fue llamado “el Copérnico del Estado”. La tierra no era el centro del universo sino un planeta más que giraba alrededor del sol. El centro del universo del Estado y del Derecho y su origen no está más allá del hombre, sino que éste es el centro y actor de ese universo.

 

El Derecho y el Estado son creaciones del hombre, son los medios puestos por el hombre para vivir en común. Ante esta teoría del origen humano del poder surgen preguntas insidiosas: ¿el poder que viene del hombre qué limites tiene? ¿Qué limites tiene el que viene del proletariado? ¿Es un poder ilimitado, infinito, absoluto?

Este es el problema del liberalismo clásico. El poder debía estar limitado de alguna manera. No creían en los límites religiosos, pues de darle la razón a la Iglesia veían disminuidos sus intereses de racionalistas. Tenían que buscar algo racional para limitar el poder que lo veían libre y omnipotente liberado de la religión y de la moral, especialmente de esa moral calvinista de propietarios y terratenientes y capitalistas para quienes la propiedad privada era el freno al poder ilimitado del pueblo.

Siguiendo esas huellas, los liberales dieron por encontrar la justificación del poder y sus límites en el respeto a los derechos naturales. Eran esos la propiedad y sus epígonos como la conciencia, la intimidad, el ocio. Ahora se llamarían Derechos Humanos. Derechos que nacían con el hombre, dones de la naturaleza, consustanciales y existían aún por encima de la Iglesia y de la moral y aún sin la existencia de Dios como lo afirmaba Groscio.

Para garantizarlos, los liberales crearon un Estado débil y lo tridividieron. El poder no estaría en unas solas manos, se dividiría para que por contrapeso no peligraran los derechos naturales del individuo.

 

LA MORAL Y LA NORMA JURÍDICA. LA RELIGIÓN  Y EL DERECHO

 

Embajador Extraordinario y Plenipotenciario Naciones Unidas Nueva York, Embajador Plenipotenciario OIT Ginebra, Embajador Plenipotenciario CEPAL, Embajador Gobierno de Bolivia y Delegado de Colombia ante la Organización Mundial del Café. Perteneció a la Academia Colombiana de Jurisprudencia.

 

 

Tema picudo el relacionado con las diferencias, semejanzas, identidades, aproximaciones existentes entre la Moral y el Derecho. Para el autor, la diferencia, es de origen protestante. Surge cuando la Iglesia deja de ser universal y se cuartea por motivos de la reforma. Tomassio (1655-1728), amante de toda libertad de pensamiento, señala los límites de la dominación del Estado, reivindica la libertad de conciencia individual, arbitrariamente invadida por la coacción jurídica. De suerte que la disputa entre la Moral y el Derecho no es discusión académica sino esencialmente política.

Los protestantes lideran esta diferencia porque ellos reclaman el eclipse de la Iglesia en los países nórdicos. En los sistemas católicos, de iglesia universal, es la poseedora del espíritu de la conciencia, de la ciencia del bien y el mal. La iglesia se reservaba el derecho de reglamentar el régimen de las personas, el estado civil, una esfera dentro de la cual el Estado no podía penetrar; era el reinado de la Iglesia, de la moral, de la parte interna del alma del hombre. Con esta tesis de los derechos naturales de origen divino promulgados a través de la Iglesia, no era necesaria la diferencia entre Moral y Derecho. La moral era una exigencia, una especie de virtud y consistía en vivir de acuerdo con los mandatos del Derecho Natural.

En su oposición Hobbes, por ejemplo, dijo que el Estado y no la Iglesia era el remedio a la maldad del hombre y el Estado debía ser absoluto para mantener a raya los ímpetus naturales del hombre. El Estado de origen protestante es omnímodo, sin límites posibles. Desaparece el Derecho Natural y queda la voluntad del príncipe. Solamente queda el Derecho y este es del Estado.

Para remediar, para evitar los abusos de las autoridades civiles, habiendo desaparecido el influjo de la Iglesia, se acudió entonces a establecer la diferencia entre Moral y Derecho. El Derecho, lo externo, se dejaba en manos del Estado; en cambio, lo interno, la moral, quedaba fuera del Estado, del príncipe, del Derecho, sujeto solamente a la conciencia moral de cada cual.

Despliega aquí Eva un erudito alegato en defensa del Derecho versus la Moral. Esta pugna por saber hasta dónde va el Derecho y dónde comienza la moral, se hizo fuerte y engendró luchas duras y sangrientas. Pero como país católico, la lucha se entabló entre la Religión guardiana de la moral y el Estado tutelar del Derecho.

 

La religión y el Derecho están siempre comprometidos con un orden establecido desde afuera. La moral no tiene compromiso sino con la sola conciencia humana, con la conciencia individual de cada autor como responsable. La moral al ser manipulada por los fuertes termina a su servicio y es el escalón desde donde se ultraja al hombre débil, al hombre vencido. Para este no hay moral; el vencimiento es prueba de su inferioridad, de su inmoralidad. La moral pasa a ser así no el freno al poder del Estado, sino la encargada de glorificar al triunfador.

 

En la moral hay autodominio. No hay quien haga cumplir sus mandatos, sino uno mismo. Hay solamente deberes. Por esto es unilateral, es autónoma. Es autárquica. La norma la dicta el mismo sujeto, no la encuentra hecha, sino que está siempre haciéndola. Es claro que estas normas morales se hacen de acuerdo con la cultura de cada momento, cambian como cambian los pueblos y los hombres.    

En el Derecho, en cambio, la norma está hecha, uno la encuentra ya establecida. El derecho es heterónomo. Se dice que el Derecho es externo, porque esta objetivado, vigente, rige con fuerza. La moral no se codifica. El Derecho sí. Moral impuesta desde afuera no es moral. Derecho hecho por uno mismo no es Derecho. La moral se aplica porque el hombre es libre. Libertad quiere decir facultad de decidirse por uno mismo. Cuando la violencia interviene, desaparece la moral. La coacción es el enemigo más fiero de la moral. La moral a la fuerza no existe. Derecho sin fuerza no existe.   

En nuestro país era un tema socorrido por Eduardo Santos y López Michelsen reprochando la conducta de Laureano Gómez, entre otros muy dado a mirar la paja en ojo ajeno. Por eso los dos estadistas liberales argumentaban que un gobierno no debe aplicar normas morales, en lugar de someterse a reglas jurídicas, que son las que una sociedad ha acordado para regular el comportamiento de los ciudadanos. La regla jurídica – y esto, muy en el pensamiento de EVA-  es clara, es previa, está consentida, adoptada, es de conocimiento público; la moral, es un tema subjetivo con respecto al cual las personas tienen distintas valoraciones. Y esas aprehensiones no se pueden discernir por parte del gobernante pues suponen realmente un acto de discrecionalidad y arbitrariedad, por lo desconocidas y por lo que implican que la moral personal está por encima del legislador.

En el “Testimonio Final”, capítulo sobre “el Estado de Derecho y el Subjetivismo Moral”, López afirma: “Días oscuros le sobrevendrían  a la República si la debilidad de parte del gobernante o una actitud de fácil complacencia con los nuevos supuestos pontífices de una supuesta moral superior, llevaran a un desprecio de las reglas de derecho vigentes, a cambio de una alegre e irresponsable fascinación con sugestivas proposiciones que no por atractivas pueden sustituir de la noche a la mañana el Estado de Derecho”. 

Era lo que decía un editorial de Eduardo Santos al día siguiente de la posesión de Laureano Gómez, o sea el 8 de agosto de 1950:

“La tesis (la de que la moral está por encima de la ley) por lo demás es infinitamente peligrosa, por cuanto deja al arbitrio del mandatario el cumplir o no con los preceptos legales. Aceptada la peregrina teoría, el gobernante estaría en libertad de acomodar –con el pretexto de la moralidad o la inmoralidad-  toda la legislación a su personal capricho. Un método que conduciría fatalmente a la autocracia”.

¿Y qué diremos -opinamos nosotros-  sobre su reconocida “doble moral”? ¿O sobre “el estado de opinión” que quieren prevalecer los nuevos laureanistas o illuminati del Centro Democrático?

 

LA CIUDAD DE DIOS YH EL PARAÍSO PERDIDO

 

 

En el Génesis se habla del origen del Estado, y se dice que el mal, que el pecado, es la fuente del Derecho. Por el pecado de Adán se establece el trabajo y se organiza la vida humana. Ya establecidos fuera del paraíso, los hijos de Adán luchan entre sí y triunfa el mal (Caín); es este el fratricida, el homicida, el aborrecido de Dios, el maldito. Sin embargo, él es el constructor de las ciudades, lo mismo sus descendientes son los fundadores de los Estados. El mal, pues, el pecado, son las causas o el origen del Derecho, del Estado.    

 

Cuando la Biblia toca estos temas no está haciendo historia sino dogma. Este origen pecaminoso llega hasta nosotros. Científicos como Freud han afirmado que es cuestión demostrada que el Derecho y el Estado se originaron en un parricidio y que el Derecho inició con un incesto. En “Tótem y Tabú”, Freud no se extraña en señalar el origen del Estado, el hecho de que los hijos maten al padre para poder hacerse directivos de una nueva familia. Necesitan matar al padre para independizarse. Con la existencia del páter familia, el hijo siempre será dependiente. Solamente eliminando al padre se consigue la personalidad, la autonomía, la libertad.

También a nosotros nos enseñaron que fue conveniente eliminar a la madre patria para poder ser naciones independientes. Sin esa muerte aún seríamos colonias.

La tradición judeocristiana se va por este camino, distinto al de los griegos y romanos, entre los cuales la ciudad, el imperio, era lo predominante y la obra de los semidioses. Se llega a extremos, como los señalados en Platón cuando hace de la República la totalidad del vivir y el ser superior al cual debe entregarse el individuo. La ciudad es todo y el hombre queda reducido a servidor de la ciudad. Para los que perdieron el paraíso, descendientes de Cain, el Estado es obra del mal, el Estado es la caída de la cual solamente se volverá por la influencia del Mesías, del Enviado de Dios, que vendrá a purificar el Estado. Cristo salva a la humanidad del pecado, es el redentor, el salvador, el Cristo, enviado a redimir al hombre por su muerte.

En el Evangelio se establece que el Estado, el César, no es todo, que hay algo en el hombre que si bien no le pertenece a él mismo, el hombre le pertenece a Dios. Hay dos potencias, el Estado y Dios. Ninguna ha de penetrar en el ámbito de la otra. Agustín de Hipona, de los maniqueos, que estaban convencidos de la existencia de dos principios: la existencia del bien y, en frente, la del mal como sustancias independientes y en lucha permanente. No era sino la traducción al latín de los principios persas del enfrentamiento entre Dios y el demonio por dominar el mundo. Es el mismo sentimiento que invade a los occidentales en tiempos de Milton que en el Paraíso Perdido ve a Lucifer en encarnizada lucha con Dios por el dominio del hombre. Al lado de esta ciudad de Caín, es necesario crear la ciudad de Dios, obra del Creador, en al cual el hombre en vez de estar caído y sometido a las pasiones, goza en medio de la virtud y la contemplación.

Esta tradición judeocristiana del paraíso terrenal y de la caída del Estado como obra del pecado y de la maldición se riega por todo el mundo cristiano y el pagano. Séneca en tiempos de Nerón ya hablaba en cartas a Lucilio, de una edad de oro, llena de felicidad y de alegría, que había terminado por culpa del hombre para sumirse en la vida terrenal en la cual las pasiones dominaban y triunfaban los malhechores.

La idea de una edad de oro anterior a esta, por la que nosotros atravesamos, está inserta en Rousseau, quien en su “Tratado de la Desigualdad” nos dice que la felicidad primitiva fue interrumpida por los criminales que inventaron el Derecho de propiedad. Que cuando alguien dijo “esto es mío”, terminó la edad de oro y se dio principio a la sociedad actual llena de injusticias.

Esta edad ha de ser cambiada por otra sociedad basada en la razón, en el juicio, en el contrato, es decir, en la igualdad y en el razonamiento. Esta nueva sociedad estará fundamentada en el querer de los ciudadanos y el Derecho y el Estado no vendrán de mitos extraterrenales, sino que se establecerán por mutuo acuerdo y consentimiento. Es claro que establecer este Estado de mutuo consentimiento y de directo gobierno de los hombres es difícil de encontrarlo y de mantenerlo. Es necesario hacer transacciones para que la unidad de voluntades de los hombres, no ofrezca resistencias.

Siguiendo a San Agustín, Tomás Hobbes, cree que el Estado ha de existir para librar a los hombres del pecado. El hombre es un lobo feroz al cual hay que atar fuertemente mediante el estado fuerte y absoluto. Cada vez que el Estado suelta las riendas, aparece el lobo y todo lo destruye. Este homo hominilupus no es sino la consecuencia de la caída del hombre, del pecado, de la maldición. El Estado es necesario como penitencia, como castigo, como freno a la animalidad del hombre.

Surgen pues, Santo Tomás, el papa Gregorio VIII, fray Hildebrando quienes son pioneros del poder terrenal de la Iglesia.

Estos dos principios se cruzan para obtener la ventaja de la Iglesia sobre el poder civil y hacer del Papa el jefe del cristianismo, es decir del Orbe. Es el señor de la ciudad y del mundo. Urbi et orbi. ¿Por qué se ha cambiado la doctrina de San Agustín, por qué el Estado ya no es obra de Caín y del diablo sino obra de Dios?

El cambio se produce en la Edad Media, cuando la Iglesia obtiene poder terrenal y temporal y es la guía universal de la creencia. Santo Tomás es el autor de un nuevo sistema político en el cual, si bien el poder está creado o viene de Dios, ese poder solamente se legitima cuando está al servicio de la Iglesia. Ya el poder no es bueno ni malo, es neutro.  Si la máquina del Estado se pone al servicio de la Iglesia y de sus intereses, entonces la obediencia del Estado es legítima. Si el Estado se desvía de estos fines, se convierte en algo diferente a los intereses de la Iglesia, cesa la obligación de obediencia.

Por ahí derecho, los monarcómanos quedan autorizados para exterminar al gobernante cuyos designios fueren contrarios a los de la Iglesia. El Padre Mariana, español y jesuita inventó la obligación del “tiranicidio” en caso de que el gobernante se convierta en tirano. Teoría apenas oportuna cuando los países del norte de Europa ya no obedecían al Papa y se refugiaban en el protestantismo.

A pesar de los esfuerzos de los escolásticos, seguía en el fondo de los creyentes la tesis de que el Estado era producto del demonio y los protestantes siguieron esa teoría. Si la sociedad y el estado eran el producto de una caída: ¿Cómo conseguir el levantamiento, la salvación de los hombres? ¿Toda la vida será una condena?

 

 

Ernesto Vela Angulo con Jorge Luis Piedrahíta

 

 

LA GRACIA DE DIOS Y LA ESTIRPE CALVINISTA

 

Aquí surge la teoría de la Gracia de Dios. Los que se salvarán serán los que estén en gracia del Señor. ¿Y cómo se obtiene esta gracia? Los católicos de Trento contestaban diciendo que la Gracia si bien es don de Dios, está sujeto al comportamiento humano.

Los jansenistas sostuvieron la teoría del arbitrio ilimitado de Dios, y aún de su injusticia, al escoger a los predestinados. Estos eran los que nacían con el sello de la Gracia.

A raíz de la reforma protestante en Suiza, Juan Calvino intervino en la disputa de la Gracia. Tiene una teoría que era imposible concebir en tiempos anteriores. Como estamos en los comienzos del capitalismo, el razonamiento de Calvino es sui generis y produce hondas consecuencias.

 

Los escogidos de Dios, los de la Gracia Divina, son aquellos que, con su trabajo, el esfuerzo y el ahorro de ellos o de sus antecesores, han acumulado riquezas. Los ricos, los capitalistas, son los ejemplos de la humanidad, pues esa riqueza es producto de los esfuerzos, del bien vivir. Los pobres lo son por su descuido, su holgazanería, por sus vicios y desorden, y sobre todo por su falta total de voluntad en el trabajo y en el ahorro. 

 

De manera que la riqueza es una bendición de Dios y los ricos los escogidos de Dios que desde esta vida tienen el derecho a gozar de los beneficios divinos y humanos que en ellos ha puesto el Señor. Calvino es el creador de esta Gracia y el que estableció la predicación de que la riqueza es un don de Dios y los ricos son los escogidos de Dios. Tesis que aún perdura para legitimar todo abuso del capital, la esclavitud moderna, la servidumbre y establecimiento de la riqueza a la categoría de atributo divino.

Con esta teoría de la predestinación de los ricos ya no es necesaria la presencia permanente de Cristo. Jesús se convierte en un personaje histórico, inteligente y su Evangelio se relega a un segundo plano para ser reemplazado por las lecturas y la sujeción a las normas del antiguo testamento en los cuales se señalan las aventuras de los judíos y su moral de atesoramiento, envilecimiento y celestinaje.

Es esta la gran doctrina protestante que aún rige entre los moralistas del norte de Europa. El Estado protestante es propiedad de los burgueses ricos y el Estado católico pretende ser llevado como propiedad de la Iglesia y del Papa de Roma.

Los positivistas no se libraron de este prejuicio judeocristiano. Darwin dijo que la existencia sobre la tierra no es otra cosa que una terrible lucha a muerte por la supervivencia. En la que triunfa el mejor. Los pobres y los débiles no merecen crédito ni esperanza ni existencia.

 

 

Ernesto Vela Angulo, Jorge Luis Piedrahíta, con el periodista Pedro Pedroza Flórez, en Ipiales
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