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EL RÉGIMEN DEL DICTADOR BASHAR AL-ASSAD SE HA DESMORONADO

FIESTA EN PAÍSES BAJOS

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Por:

Luis Fidel Cabrera *

 

Luis Fidel Cabrera

 

Miles de sirios se congregaron en Ámsterdam, Utrecht y en otras ciudades neerlandesas y de toda Europa. “Libertad Libertad”, grita la masa. “Me siento como si hubiera nacido de nuevo”, dice Hassan, uno de los felices sirios.

Una manifestación programada para el domingo pasado contra el régimen de Assad, terminó en una fiesta siria popular tras su caída. Aunque también hubo dudas sobre el futuro. “Realmente es demasiado pronto para pensar en regresar”.

El régimen del dictador Bashar al-Assad se ha desmoronado. Los rebeldes han entrado en Damasco, el dictador ha huido del país. ¿Cómo pudo caer en una semana “el mayor criminal de guerra del siglo XXI”? ¿Cuál es el futuro de Siria? Y sobre todo lo que muchos se preguntan: ¿Quién es Bashar al-Assad? Un oftalmólogo, pero formado como dictador como su padre.

Las estatuas caen, los barrios son invadidos, los soldados huyen o deponen las armas. Bashar al-Assad, líder dictatorial de Siria durante 24 años, ha caído. En una semana y media perdió ocho capitales de provincia, sus aliados Irán y Rusia lo abandonaron. La capital, Damasco, cayó durante la noche del sábado al domingo.

La televisión estatal siria, que antes solo alababa al dictador y que hasta el sábado por la tarde seguía sembrando confusión, toma ahora un tono diferente. “La victoria de la gran revolución siria”, informa el canal “y el derrocamiento del régimen criminal de Assad”.

Assad abandonó el país, como un ladrón; días antes su esposa e hijos habían huido a Rusia. Hoy el país está bajo el control de su primer ministro, Mohammad Ghazi al-Jalali, que se encuentra en plena coordinación con los grupos rebeldes. Jalali ya convocó a elecciones libres el domingo por la mañana.

 

La primavera árabe: “ahora es su turno, doctor”

 

Derrocados los gobernantes autónomos, nació la “Primavera Árabe”, una serie de manifestaciones populares, levantamientos y rebeliones armadas que se extendieron por gran parte del mundo árabe a principios de la década de 2010. Todo comenzó en Túnez y continuó por la región. En Egipto, salieron a manifestarse millones de personas contra Hosni Mubarak quien llevaba 30 años en el poder; los libios contra Muamar Gadafi, 42 años en el poder; en Yemen contra Ali Abdullah Saleh, 21 años entonces; en Argelia contra Abdelaziz Buteflika, 12 años entonces. En Jordania fue destituido el primer ministro Samir Rifai. ​Mientras en Egipto Hosni Mubarak fue derrocado el 11 de febrero. En Yemen, el país más pobre del mundo árabe, las protestas contra Ali Abdullah Saleh duraron más de un año, hasta que en febrero de 2012 fue expulsado del poder. Tan solo Catar y los Emiratos Árabes Unidos fueron los únicos que no tuvieron manifestaciones, y si las tuvieron, no causaron repercusión de ningún tipo. En Siria se rebelaron contra Bashar Al Assad, 15 años en el poder en ese entonces, se produjo una guerra civil. En la ciudad de Dera’a, en el sur de Siria, los adolescentes escribieron grafitis en la pared: “Ahora es su turno, doctor”.

A quien se referían era al médico Assad. Sus servicios secretos hicieron detener y torturar a los adolescentes y en poco tiempo Assad se enfrentó a manifestaciones masivas en todo el país. El presidente podría haber anunciado reformas, pero optó por la mano dura. En marzo de 2011, criticó duramente a los “conspiradores” y no dio un paso atrás.

Sus parlamentarios tenían que repetir todos los días en coro: “Sólo Dios, Siria y Bashar”. En la calle, los manifestantes cambiaron ese coro en algo diferente: “Sólo Dios, Siria y la libertad”. Y eso es de lo que están gozando ahora. “Lástima que no lo pueda celebrar en mi propio país” dice Omar otro de los festejantes en el corazón de Utrecht.

 

Todo estaba permitido, incluso el gas venenoso.

 

Assad no quería aceptar ninguna crítica de ninguna entidad que luchara por los derechos humanos. Describió a los manifestantes pacíficos como “terroristas”, “infiltrados” o simplemente instrumentos de una conspiración occidental. Los manifestantes fueron golpeados, asesinados a tiros por francotiradores o llevados a una de las innumerables cámaras de tortura de Siria. Aquí todo estaba permitido, incluido el uso de gas venenoso y lo usó en varias oportunidades.

El país se hundió en una guerra civil en la que muchos otros países (Rusia, Estados Unidos, Irán, Turquía, los Estados del Golfo) empezaron a involucrarse. Assad liberó rápidamente de las cárceles a yihadistas convictos –una estratagema cínica sacada directamente del manual del dictador–, creando caos y perfeccionando su propia narrativa sobre los “terroristas”.

Los sirios comunes y corrientes, los de a pie pagaron el precio. Más de 14 millones de personas han tenido que huir de sus hogares, algunas en el extranjero y otras en otros lugares de Siria. Más de 600.000 personas fueron asesinadas, la mayoría de ellas a manos del régimen. Según una estimación del libro The Syria Gulag (2022), 300.000 sirios han sido arrestados desde 2011, algunos solo por darle me gusta a una publicación de Facebook. En términos porcentuales, prácticamente no hay ningún país en el mundo que detenga a tantas personas como la Siria de Assad. El experto en Siria, Charles Lister, calificó a Assad como “el mayor criminal de guerra del siglo XXI”. El gobierno de Assad no fue diferente del de su padre, Hafiz al-Assad, quien gobernó con mano de hierro desde 1971 hasta su muerte en 2000.

 

Potencias extranjeras, antes su gran apoyo

 

Se sabía desde hacía algún tiempo que su gobierno estaba erosionado y corrupto, pero siempre hubo potencias extranjeras que lo cubrieron. En 2016, durante la batalla de Alepo, aviones de combate rusos y milicias proiraníes (Hezbolá, apoyado por milicias de Afganistán e Irak, entre otras) lograron salvarlo de la derrota.

Hoy, en 2024, no llegó ninguna ayuda. Moscú está preocupada por la guerra que libra en Ucrania, Irán y Hezbolá están completamente fuera de control.

Después de muchos años el lema de 2011 –“Uno, uno, uno, el pueblo sirio es uno”– ha regresado, al igual que la bandera verde, blanca y negra de la revolución. Y ese lema se repitió miles de veces en muchas ciudades europeas. Somos los últimos en reír decía Fátima, una chica siria refugiada en Países Bajos, pero reímos mejor.

 

El líder del HTS Al Jolani (centro), el primer ministro saliente Al Jalali (izquierda) y Mohamed al Bashir (derecha), que encabeza el “Gobierno de Salvación” de los rebeldes durante la reunión para coordinar el traspaso de poder (infobae.com)

Sobran las dudas

 

Aquí en Europa y allá mismo en Siria hay muchos interrogantes. ¿Habrá un régimen islámico estricto liderado por el grupo rebelde extremista HTS? ¿Se salvará Siria del caos que enfrentaron Irak y Libia cuando los dictadores fueron derrocados? ¿Y Assad está completamente acabado? Su provincia natal, la región costera cercana a Latakia, es un bastión de su grupo religioso (los alauitas) y resistirá el mayor tiempo posible.

Es casi media noche sigue la fiesta en Países Bajos, organizada por miles de sirios que celebran desde ahora la llegada de “un país completamente nuevo”, un país sin Assad.

 

*Biólogo Ambiental, Periodista de Ciencia

Cabre018@planet.nl

 

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