Día universal del Idioma: la lucha por el valor de la Palabra

1 977

El arte narrativo en Don Quijote y Cien años de soledad, demuestra cómo la técnica narrativa en las dos obras ha sido seminal para sus respectivas épocas. A través del perspectivismo, el mundo árabe y la alquimia, la inmortalidad y el juego de apariencia y realidad, se destaca la metalepsis, o sea, la inversión en los niveles de la narración. Esta inversión crea en las dos obras una perspectiva múltiple y compleja que otorga al mundo literario una ambigüedad que despierta muchas interpretaciones. Las nuevas fronteras de la perspectiva múltiple que Cervantes alcanzó en su obra abrieron nuevos senderos literarios en su época. De igual manera, García Márquez demostró nuevas posibilidades narrativas en la ficción contemporánea hispanoamericana.

 

Cervantes: El genio de la novela

 

A propósito de la celebración del día del Idioma

 

Por: Graciela Sánchez Narváez

Ideas Circulantes

 

 

Graciela Sánchez Narváez

 

“Los mares llenos de piratas fieros
por ellos tus armadas encogidas;
y en ellos mil haciendas y mil vidas
sujetos a mil bárbaros aceros”
Miguel de Cervantes Saavedra

 

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Imaginar todo lo que los habitantes de la América conquistada por los españoles tuvieron que pasar en el proceso de aculturación idiomática, nos produce ciertos sentimientos de rebeldía. La historia nos habla de la sorpresa, el dolor y el sufrimiento de los pueblos originarios cuando fueron asaltados por la llegada de unas personas extrañas que querían cambiarlo todo en su propia casa.

Como narran los hechos, la dominación idiomática fue una necesidad para los conquistadores del Nuevo Continente, ya que no podían continuar de manera indefinida comunicándose con los pueblos descubiertos por medio de los simples gestos. Urgieron por esto a los indígenas para que aprendieran el idioma español imponiendo sus métodos violentos de aprendizaje, pues, a pesar de que quedaron admirados por la organización de las comunidades que encontraron, en cuanto a la estructura de sus lenguas, al desarrollo cultural, religioso, político, económico y educativo de cada etnia, para nadie es un secreto que la mayor parte de los españoles que arribaron con Colón a estos territorios no estaban capacitados para entender ni la dimensión de su encuentro ni a quienes descubrían, por lo cual, los métodos utilizados fueron completamente dominantes y humillantes para los indígenas, mucho más cuando quienes llegaron se dieron cuenta de toda la riqueza que había en cada rincón americano.

Sin embargo, pese a que se reconoce la crudeza del proceso de su imposición, se ha establecido una fecha para rendir un homenaje a la riqueza del idioma español, que se celebra todos los años el 23 de abril en los pueblos hispanoamericanos. Se ha elegido este día, para conmemorar el fallecimiento de Miguel de Cervantes Saavedra, considerado como el mejor exponente del Castellano y como autor de la obra magna “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”.  Aunque realmente Cervantes muere el 22 de abril de 1616, esa fecha fue escogida porque coincide con la muerte de otro gran pensador y escritor inglés, William Shakespeare, por lo que también el 23 de abril se celebra el Día de la Lengua Inglesa.

El Idioma es un factor fundamental de unión de los pueblos, de allí la gran propuesta de buscar un solo idioma para todo el mundo. Se pensó y se trabajó en el “esperanto”, sin embargo, esta iniciativa no progresó como se esperaba. Considero que faltó fuerza y colaboración en la idea para promover un poco más esta gran posibilidad. El habla y la escritura nos representan y construyen la memoria de los pueblos. Un lenguaje, bien hablado y bien escrito es la marca de la cultura de los sujetos y sus comunidades.

Entonces, pese a los acontecimientos negativos que trajo la conquista, hemos heredado, con nuestro idioma castellano, una lengua armónica, cadenciosa y plurisémica, características que dinamizan nuestra comunicación y la hacen viva y vibrante en todos sus sentidos, como lo demuestra la calidad de obras como “El Quijote”.

El genio de las letras españolas representó en el Quijote una época de transición entre la España que vivía un gran florecimiento debido a la conquista y la España de la colonización de América, que le trajo especial aumento del poder económico, industrial y comercial. Pero, a su vez, tuvo que afrontar los graves fenómenos de las guerras, entre ellas la de Lepanto, y la pésima administración de Felipe I, quien transformó a Madrid en una villa descuidada con construcciones mal distribuidas, donde ricos y pobres marcaban abruptamente sus fronteras y los campesinos no eran otra cosa que un ejército de mendigos. Definitivamente, en muchos aspectos, España había empobrecido.

Todo esto lo representa Cervantes en su magna obra, pues, luego de volver de la empresa heroica de Lepanto, se ve amenazado por el peso de la ley; entonces prolonga su actitud rebelde en el cautiverio y ocho años después se casa con una labradora hidalga, diecinueve años más joven que él.

Es por esta época cuando encuentra en su camino a Lope de Rueda, un escritor Sevillano, actor y dramaturgo de renombre, quien aprovecha que Cervantes no goza de aprecio literario, para atacar su poca habilidad poética y menospreciar su Quijote. Considero que el mismo autor reconoce esta falencia cuando, en el prólogo de su obra “Las ocho comedias”, con amarga tristeza, desenvuelta sencillez y sin rasgos de velada modestia, dice: “Compuse en este tiempo treinta comedias que se recitaron sin que ninguna de ellas recibiera ofrenda de pepinos o alguna otra cosa quebradiza”. El mismo autor nos habla de las correcciones que hizo a estas obras.  El gran novelista reconoce que carecía de talento poético, lo cual no lo disminuye en nada porque su grandeza literaria quedó suficientemente demostrada en el Quijote. Este asunto ha sido mencionado también varias veces, incluso en sus mismos escritos, cuando canta así: Por parecer que tengo de poeta/ la gracia que no quiso darme el cielo”

Como se ha afirmado, todo su brillo como escritor fue derivado de su arte de dramaturgo y su genio como narrador. Solo el fanatismo cervantista empeñado en su exagerado entusiasmo, ha pretendido resaltar las cualidades poéticas de Cervantes, creo que es por esto que sus poesías aparecen publicadas independientemente o intercaladas en sus novelas.

En definitiva, Cervantes se destaca como novelista y es sin duda alguna el género en el que Cervantes alcanza la culminación de su genialidad. Se lo ha definido como “el hombre de vida intensa y espíritu despierto”, “narrador nato”, “prosista vivaz”, “el genio de la novela”. Cervantes toca todos los géneros con desigual fortuna ciertamente, pero con el Quijote se ubica a una altura universal.

El Quijote es la historia que protagoniza un hidalgo que enloquece por la lectura febril de libros de caballería, cambia de nombre a Quijote de la Mancha y se hace armar por un tendero para llamarse caballero. Tras muchas aventuras, don Quijote se repone y regresa a su aldea, donde es acogido por una sobrina, por el cura y el barbero. Entonces decide volver a sus aventuras y lo hace esta vez acompañado de Sancho Panza a quien contrata como escudero.

A partir de este momento inicia la dialéctica entre El Quijote y Sancho, uno de los grandes valores de la obra, factor esencial que ha dado lugar a grandes y numerosas interpretaciones, hasta llegarse a decir que hay tantos Quijotes como lectores. Ortega y Gasset afirma que no existe otro libro cuyas alusiones a la vida sean tan profundas y sabias, pese a que inicialmente la intención de Cervantes fue satirizar el género caballeresco, como lo señala claramente en el prólogo.

Muchas, tal vez todas las interpretaciones y lecturas del Quijote, pueden ser válidas y ninguna agota el contenido de este libro, síntesis de una época y a la vez fuente inagotable y perdurable de conocimiento y comprensión del hombre de siempre.

 

Don Quijote, uno de los grabados de Gustavo Doré, hecha en 1860 para una edición francesa de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes, partiendo de su experiencia vital en España, que había visitado ese año.

 

“El Quijote o el nuevo sentido de la aventura” Estanislao Zuleta

Libros para leer

 

 

El Quijote o el nuevo sentido de la aventura

 

En la lectura que hace Estanislao Zuleta del “Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, libro clásico de Cervantes, se nos revela que se trata de una novela de aventuras narradas con humor, en las cuales las historias de los embates del caballero andante van tejiendo una crítica profunda de las mentalidades dominantes de su tiempo, que sentó las bases del nuestro, “más allá del espíritu de pesadez con que tratan de cubrirlo en los estudios del bachillerato”.

Sus “múltiples formas de la parodia” combinan un nuevo sentido para interpretar la locura y la razón, el sueño y la realidad de un personaje como el caballero de la triste figura, cuyo perfil acaba convertido en una sátira a su mundo, incluida la teología medieval en tanto mística, locura sublime de la fe.

“La novela de Cervantes (también) aparece como un compendio de teología, (pues el Quijote es) dominado por una personalidad cuyas virtudes cardinales en nada tienen que envidiar a la de los santos más famosos. Humilde, obediente, puro, fiel, dispuesto en todo instante al martirio, dulce, aunque intratable en el tema de su fe, paciente pero rabioso si se toca el tema de su verdad. (…) La única diferencia (con ellos) es que su ideal es ridículo, sus móviles fútiles, su fe sin valor y cómica. Pero justamente la inutilidad de sus esfuerzos pone en tela de juicio el ideal, los móviles y la fe verdadera predicados por la ortodoxia religiosa.”

A través de breves ensayos Zuleta nos muestra que la historia del Quijote es la de un lector cuyo sentido de la vida no está designado de antemano, sino que se va haciendo a lo largo del relato, como en las buenas novelas, y cuya pasión por reconocerse está centrado en lo ya escrito: “La realidad que se opone al texto de don Quijote es siempre el texto de otros”, pues “no existe una realidad en sí y por sí; no hay más que versiones”.

A partir de allí Zuleta nos va mostrando las relaciones entre la soledad y la comunicación; la locura como un grado extremo de la soledad, y el delirio como una forma que revela de forma crítica lo dominante, pasando entre muchas otras cosas por la crítica de las armas y de las letras, dentro de la tensión entre el sentido de la realidad y el de la posibilidad en la vida personal y social.

 

Formas de gobierno en don

Quijote de la Mancha *

 

Por: J. Mauricio Chaves-Bustos

 

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

“Mira, Sancho: si tomas por medio a la virtud, y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a lo que los tienen príncipes y señores; porque la sangre se hereda, y la virtud se aquista, y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale”. M. de Cervantes S. (1).
Por lo que más se nos castiga es por nuestras virtudes. F. Nietzsche. (2)

 

Introducción

 

Muchas son las interpretaciones que a lo largo de los siglos se han hecho sobre la obra más importante de la humanidad, toda vez que en don Quijote de La Mancha se recrea el acontecer de todo ser humano: la cordura y la locura, lo sacro y lo banal, la euforia y el ensimismamiento, los excesos y las continencias… El golpe psicológico que Cervantes le da a la humanidad, no es fácil de sobrellevar, pues le permite una mirada al espejo, en donde recrea al humano en su exterioridad y en su propia psiquis, mostrándole el ángel o el monstruo que puede llegar a ser. Que es obra de realismo, que es obra ideal, es la discusión que ha imperado. Sin embargo, y es la tesis que recojo para este ensayo, Cervantes crea y recrea, hay algo de fantasía en su papel de poietes, y es un poder que el autor encuentra para construir realidad en la autoconciencia, así lo advierte el romántico Novalis cuando describe a la fantasía como punto referencial de la inspiración:

Genio es la facultad de tratar tanto objetos inventados como objetos reales, y de tratar objetos inventados como objetos reales.  Presentar el talento mismo, observar correctamente, describir las observaciones conforme a su finalidad, son cosas distintas del genio. Sin ese talento sólo se ve a medias y el genio lo es sólo a medias; puede contarse con disposiciones geniales que, a falta del nombrado talento, no   llegan a desarrollarse (3). Pero en Cervantes hay esta combinación y de una manera inusitada hasta entonces, pues el realismo está presente en su propia experiencia de vida.

 

 

Don Quijote en los molinos. óleo de José Moreno Carbonero; pintor español.

 

El Quijote no podía ser sin la España de Cervantes, y esta es la faceta de realidad que no se puede desconocer.  No  olvidemos  que  Cervantes  inaugura  el  género literario de novela en su acepción moderna, y este difícil género exige una compenetración más grande con la realidad y con la sociedad a la cual se pertenece, pues a diferencia de la lírica, cuya subjetividad se transa en los vericuetos del sentimiento y la abstracción, ésta requiere un dejo de mirada espacio- temporal más concreta, construyendo una especie de paralelogramo entre el sentir y el decir, entre el ver y el observar, es decir que el ejercicio del poietes está directamente concatenado con la cultura y el momento histórico singular y particular de una nación o de un pueblo. No quiere decir que la novela pierda vigencia al paso del tiempo y al cambio de lugar, ¡no!, porque entonces ¿dónde el lugar de los clásicos?¿dónde el gusto por las obras foráneas?¿dónde el sentimiento de humanización con nuestras creaciones?, pero no se podría entender el realismo mágico sin el Caribe colombiano, o el existencialismo sin la Francia de la posguerra, o el trascendentalismo norteamericano sin el movimiento abolicionista, ello sin desmedro de poder degustar una obra de cualquier tiempo y de cualquier lugar en  nuestra propia realidad; con razón Antonio Arango apunta certeramente al decir que: el buen novelista no debe olvidar su condición de hombre, su conciencia individual frente a la conciencia colectiva, o mejor, su compromiso. El mensaje del novelista generalmente sigue la línea del testimonio, la protesta y el combate (4).

Así las cosas, quiero de manera muy general mostrar un paneo de la España de los siglos XVI y XVII, luego veremos las formas de gobierno que se proponen: las del idealismo y las del realismo, posteriormente se hará el ejercicio académico de paralelo entre esa época y la nuestra, viendo el enclave de posibilidades de buen gobierno que encontramos en don Quijote de la Mancha y sus aplicaciones frente a nuestra propia realidad espacio – temporal.

 

La España de los siglos XVI y XVII

 

La España de Cervantes ya había tomado una forma institucional, existían bases legales definidas en donde se imponían penas y castigos a quienes infringieran la ley, todo centrado en la figura de un gobierno central: El Rey. Pero en esa misma España aún no estaba bien definida la pretensión aristotélica de lo que debería ser el gobierno: los buenos gobiernos son aquellos que mejor sirven al bien general; los malos gobiernos son los que subordinan el bien general al bien de las personas en el poder. Claro, no podemos desconocer que la España de los siglos XVI y XVII experimentaba una forma de consolidación en su propia monarquía, pues los estados europeos se debatían en guerras intestinas por dominio de poder con el pretexto de las religiones.

La monarquía hispánica, época de Cervantes, tuvo como enclave principal la defensa de la ortodoxia católica frente a los protestantes, a tal punto que encontramos a un Felipe II, el rey lego, a quien la defensa de su religión le acarreó a su país el enfrentamiento con musulmanes, protestantes anglicanos ingleses y calvinistas flamencos. El esplendoroso trasegar de los Austrias en Castilla, enriquecidos con el oro y la plata americanos, permitió generar una clase social privilegiada: la alta nobleza, los miembros destacados del clero o los letrados, quienes disfrutaron de los principales cargos de la monarquía; pero, así mismo, generó también su antípoda, el pueblo llano, sobre quienes recaía una carga fiscal impresionante, siendo además quienes engrosaban las filas de los ejércitos. Sin embargo, la región en que se desarrolla la trama de la obra, Castilla – La Mancha, experimentaba ya para fines del XVI una decadencia, fruto de la usura de los comerciantes, de la ociosidad y del excesivo peso fiscal generado para sustentar una guerra con los países bajos.

Al menos desde la gran crisis epidémica de finales del siglo XVI hasta mediados del siglo XVII, el interior castellano sufrió una fuerte crisis demográfica y económica que acabó con su prosperidad. Sus ciudades perdieron el papel que habían tenido en la economía y se despoblaron. La sociedad se polarizó y los exponentes de la incipiente burguesía, los sectores intermedios que protagonizaron la actividad manufacturera, mercantil y financiera del siglo anterior, desaparecieron. La obsesión por el ennoblecimiento y por vivir de las rentas agrarias sirvieron de base a una sociedad con fuertes diferencias entre los ricos y poderosos y la gran masa popular, empobrecida.

Don Quijote y Sancho son fieles reflejos de esta aparatosa sociedad. No hay en esta España posibilidades de libertad, ni de locomoción dentro de su propia geografía,  pues era menester contar con una buena suma de dinero para desplazarse, y hasta necesario demostrar la pureza de sangre, toda vez que aún existía el sentimiento xenofóbico hacia judíos y moriscos –hechos por demás que el mismo Cervantes sufrió, al serle negada la solicitud de un humilde puesto en América en 1590 y al serle necesario también demostrar su linaje de viejo católico-; así  se  recreará  gran parte de la historia Europea, por medio del domino de las conciencias, hasta el punto de generar la contrarreforma con la odiosa y repudiada inquisición.

 

 

“La noche de don Quijote”, de Mariano Villalba, 2005

 

El silencio, entonces, era un tesoro, y pocos se atrevían a exponer sus ideas por medios escritos; criticar al Rey y al gobierno era criticar al mismísimo Dios, así no lo hace entrever Nietzsche en su apología sobre el bien y el mal: la prolongada falta de libertad del espíritu, la desconfiada coacción en la comunicabilidad de los pensamientos, la disciplina que el pensador se imponía de pensar dentro de una regla eclesiástica o cortesana o bajo presupuestos aristotélicos, la prolongada voluntad espiritual de interpretar todo acontecimiento de acuerdo con un esquema cristiano y de volver a descubrir y justificar al Dios cristiano incluso en todo azar, -todo ese esfuerzo violento, arbitrario, duro, horrible, antirracional ha mostrado ser el medio a través del cual fueron desarrollándose en el espíritu europeo su fortaleza, su despiadada curiosidad y su sutil movilidad: aunque admitimos que aquí tuvo asimismo que quedar oprimida, ahogada y corrompida una cantidad grande e irremplazable de fuerza y de espíritu (pues aquí, como en todas partes, “la naturaleza” se muestra tal cual es, con toda su magnificencia pródiga  e  indiferente, la cual nos subleva, pero es aristocrática) (5). Cervantes se atreve no sólo a describir su entorno socio-político, sino que además se atreve a desafiarlo y a querer expurgarlo en la figura grotesca de Sancho en su gobierno de la ínsula Barataria, como veremos luego.

 

Formas de Gobierno

 

 

Alfombrilla de Mireya Duart, Quijote y Sancho

 

 

Los libros de caballería son en la obra un pretexto para abordar el tema del gobierno; si bien hay una clara referencia del libro como texto para acabar con los temas de caballería, hay también una burla, pues el mismo don Quijote es un libro de Caballería, veo que se quiere atacar una realidad por medio de un ideal, se respeta el espíritu caballeresco centrado en el idealismo del servicio, representado en la figura de don Quijote de la Mancha. Un ejemplo claro de la novela en esta perspectiva es la escena ante la reprimenda que da el amo a Andrés (6), don Quijote se aleja confiado en que el amo ha de cumplir su promesa, sin embargo, vemos cómo el pobre Andrés es castigado con más sevicia cuando el ideal se ha alejado. Don Quijote representa así el ideal del buen gobierno, es el conocimiento que Cervantes tiene de los neoplatónicos y que los pone en cabeza del personaje de su creación; pero así mismo hay la referencia al gobierno desde lo fáctico, no todo puede quedar en la pura intención, don Quijote es el ser de la intención, bueno, noble, desfacedor de  entuertos y de agravios, pero no puede quedarse ahí la cuestión, por eso la necesidad de la figura de Sancho, que el mismo Cervantes lo ha vislumbrado al inicio del capítulo en mención: Capítulo IV.

 

La aventura de Andrés

 

 

Mas viniéndole a la memoria los consejos de su huésped cerca de las prevenciones tan necesarias que había de llevar consigo, especial la de los dineros y camisas, determinó volver a su casa y acomodarse de todo, y de un escudero, haciendo cuenta de recibir a un labrador vecino suyo, que era pobre y con hijos, pero muy a propósito para el oficio escuderil de la caballería (7).

Se desarrolla así un contenido ético en el libro, pero una ética al modelo kantiano: el del ser y el del deber ser, es decir el hombre en el presupuesto de unas necesidades tanto espirituales como corporales. Se despliega así la mezcla de realismo e idealismo que da universalidad a la novela. Cervantes nos muestra que es menester no caer en los absolutismos tanto del idealismo como del racionalismo.  Sigue habiendo una burla a ese Estado español casi teológico con que se enfrenta nuestro autor, pues él mismo tuvo la desgracia de topar con la iglesia, como le dice don Quijote a Sancho, pues siendo administrador de rentas, vio de manera cercana la hipocresía eclesial, en donde la prédica tomaba camino yuxtapuesto con la práctica, siéndole a él mismo negada toda forma de caridad cristiana. No suene raro que mezcle aquí términos de estado y religión, pues bien, sabido es el contubernio que históricamente se ha dado entre los dos.

Pareciera que Cervantes juzga anacrónico el ejercicio de la caballería andante, como anacrónico le parece el gobierno en el estilo puramente idealista, la intención no vale para un país empobrecido, son necesarias acciones reales y concretas que respondan a esas necesidades humanas; habiéndose frustrado las propias intenciones de trabajo burocrático de Cervantes, bien porque no se accedió a sus pretensiones, o bien por la inoperancia misma del autor frente al manejo de rentas, cosa que le acarreó la cárcel, éste propugna por un verdadero ejercicio político de las clases menos favorecidas: uno es el Quijote con sus buenas intenciones, como hemos visto, y otro es Sancho en el ejercicio del poder; el hidalgo se queda en la pura intensión, en tanto que el pueblerino gobierna con honradez y lucidez; nuestro autor hace ejercicio de burla a los gobernantes, pues un hombre sin estudio, pero bueno; sin títulos, pero noble en su condición natural, ejerce un modelo de gobierno ante el asombro hasta de sus burladores. Es que con Sancho hay un juego literario frente a lo que pareciera grotesco, Cervantes tiene la magia de mostrarnos en éste parte de nuestra personalidad, pero con la madurez del reconocimiento de nuestras limitantes, para ello tomaré nuevamente a Novalis, quien en sus estudios sobre el humor descubre para el interés de este ensayo, la importancia de la ocurrencia dentro del pensamiento de Sancho, así nos dice nuestro recurrido autor: Allí donde entran en contacto la fantasía y la imaginación surge el chiste, la ingeniosidad, donde se aparean la razón y la arbitrariedad surge el humor. Lo insignificante, vulgar, tosco, feo, grosero, se hace sociable por medio de la ingeniosidad.  Únicamente lo es, por así decirlo, en virtud de la ocurrencia; su determinación final es la gracia (8). Pero es una gracia en la genialidad.

Cervantes sigue en el juego de lo ideal y lo real, para ello nos detendremos en los capítulos 42 y 43 de los consejos de don Quijote a Sancho de la II parte de la obra, para luego adentrarnos en el ejercicio de su gobierno, pasajes estos que muestran la añoranza a un pasado mejor, en donde la justicia obraba con razón a la equidad y a la cordura de los jueces, frente a una España decadente, donde hasta la nobleza era posible de adquirir, no en vano en diferentes pasajes de la obra se nos muestra cómo los reos y prisioneros son gentes del pueblo llano, frente a delincuentes de mayor cuantía, como el rico Juan Haldudo, quienes por la influencia del dinero detentaban una libertad convertida en libertinaje.

Frente a los consejos que da don Quijote a Sancho, ha de tenerse en cuenta la clasificación misma que de ellos se hace: los primeros consejos son dirigidos al fuero interno, es decir al animus, al espíritu si se quiere, que no es más que el juicio de los actos ante la conciencia, y los segundos consejos dirigidos a gobernar persona y casa, es decir a los de la parte física, los de la apariencia; Cervantes ve en ellos la necesidad social de cómo ha de ser el trato de jueces y gobernantes para con sus gobernados y recurrentes.

 

 

Consejos de don Quijote a Sancho en la Segunda parte, Capítulo XLIII

 

Don Quijote como juez obra las más de las veces con la esquizofrenia, en donde transforma la realidad en la historia de sus afanes y desvelos; por ello generalmente hay cosas que ve de manera tal que no existen, y su obrar está, por tanto, guiado por sus visiones; pero así mismo hay pasajes donde no hay locura, pero si una visión fantasiosa de la dolida realidad, tal es el caso narrado en el capítulo de los galeotes (9), en donde puede más la compasión que el rigor judicial, dando libertad a seres verdaderamente peligrosos; el concepto de justicia queda de esta manera en entredicho, pero es quizá la respuesta primera frente a un sentimiento de repulsión de un sistema criminal del que, como hemos dicho, el mismo Cervantes fue actor presencial.

La justicia en don Quijote continúa por el campo de su supuesto ideal; muchos estudiosos ven en este obrar un anacronismo, es decir una forma incorrecta de ideal aplicado a unos sucesos donde el ejercicio de la caballería estaba pasado de moda; sin embargo veo en ello una crítica cervantina a su momento concreto, a tal punto de corrupción y de burocracia había llegado el ejercicio de la justicia, que era menester recurrir a ese anacronismo para hacerla valer, así lo anota el académico Mario D ́Filipo: Su gesto tiene una misión de protesta frente al poderoso. Sabe que los delitos no se hubieran perpetrado si aquellos galeotes hubiesen disfrutado de un nivel de vida menos bajo en el orden cultural y económico (10), pero el bien pretendido que busca don Quijote no se concreta en la realidad, los mismos galeotes atacan a sus defensores y continúan con sus fechorías, ese es el problema del ideal de la justicia.

 

Pertinencia de las formas de gobiernos en nuestros días

 

 

Habiendo leído a don Quijote con la atención necesaria para no caer en anacronismos, nos es pues menester recrearnos en nuestro propio siglo. Hemos visto cómo el propio Cervantes se nos presupone real e ideal. Una realidad inusitada en su propia experiencia de una España en decadencia, y pone en boca de su protagonista la sentencia que sigue acompañando a la humanidad en su deliberada atención a sus problemas: procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico como por entre los sollozos e importunidades del pobre… si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva sino con el de la misericordia, ¿acaso no es esta una sentencia universal en su propia concepción sobre el ejercicio de la justicia?

La Latinoamérica del siglo XXI se nos presenta también angustiada y adolorida, hay una crisis social frente a la cual no podemos ser indiferentes; la intolerancia religiosa de tiempos de Cervantes, se nos presenta hoy en una disparidad económica en donde los más deben enfrentar la inoperancia de la institucionalidad; las respuestas, además, quieren darse con el quiebre de esa misma institucionalidad. Cervantes, como lo hemos mencionado, responde fantasiosamente a la ineptitud gubernamental de su época, por ello don Quijote es parodia de su propio momento, que como hemos dicho pareciera el nuestro, de ahí su pertinencia. Nuestra sociedad, diversa en su singularidad, nos preocupa y nos duele, ¿acaso no pululan en nuestra concreción los Juan Haldudos en sus severas reprimendas frente a los reclamos laborales de sus esclavos; los maeses Pedro Pérez confundiendo teología y practicidad, maculando las cabezas de los faltos de sal en las molleras; los bachilleres Sansón Carrascos, disfrazando la locura con sandez para socavar las utopías de los idealistas; los duques, en burla perpetua contra aquellos que pretenden afianzar sus vidas más allá de lo puramente racional, poniendo mentecatos como gobernantes, para alcanzar sus fines que se hunden en la sima de sus propias miserias? Sigue habiendo victimas de autoridades, de empelados, de personas de nombre y de prestigio. Víctimas cuya única respuesta es la prisión. Víctimas de las persecuciones, todas injustas. ¿Acaso la escasez de bienes temporales no sigue siendo la generalidad de nuestra población descontenta?

La sola aplicación de una justicia ideal como la de don Quijote no nos es suficiente; sin embargo, debe seguir existiendo la presunción de esa idealidad, la misma que no puede quebrantarse si se quiere dar respuesta a nuestra doliente sociedad, la pertinencia de esa idealidad radica en el supuesto aristotélico de lo que debe ser el buen gobierno: El fin de todo gobierno debería estar fundado en el bienestar común de los miembros de una nación.

El gobierno de Sancho en su ínsula Barataria se nos muestra como modelo de una idealidad práctica y razonada, pero también de dolor en las angustias del gobernante. Sancho Panza, que es mezcla de razón y de pulsión, es aquí la parodia del gobernante afanado en la premura de su ejercicio, le sobran  ganas  para  ejercer el dominio de su encomio gubernamental; al gobernante de hoy le es complejo el sustento honesto de sus apetitos, a Sancho, en cambio, se le priva de él, juega Cervantes aquí con una de las imitaciones quizá mejor elaboradas de toda la obra, es la crítica a aquellos gobiernos saciados en el hartazgo de sus ambiciones; Sancho, en cambio, puede avituallarse sin problema, no tiene el reato de culpa sobre su conciencia, por ello Cervantes idea al médico Pedro Recio de Agüero (11), quien no permite que se le brinde alimento al gobernador de la ínsula Barataria, representando éste el pensamiento general de la España de entonces: no es  posible que quien gobierne tenga reposo y calma, por ello les es extraño que Sancho pueda reposar con tranquilidad y añorar la satisfacción de sus apetencias; olvidan algo fundamental, y es que nuestro satírico personaje tiene la calma del que gobierna bien. Él, que en este caso representa al dolido Cervantes, desde el primer día de gobierno ejerce con quizá lo menos común en la humanidad: el sentido común, de ahí la admiración de sus burladores:

 

“Dice tanto vuesa merced, señor gobernador –dijo el mayordomo- que estoy admirado de ver que un hombre tan sin letras como vuesa merced, que, a lo que creo, no tiene ninguna, diga tales y tantas cosas llenas de sentencias y de avisos, tan fuera de todo aquello que del ingenio de vuesa merced esperaban los que nos enviaron y los que aquí venimos. Cada día se ven cosas nuevas en el mundo: las burlas se vuelven en veras y los burladores se hallan burlados” (12).

 

 

Capítulos Que Se Le Olvidaron A Cervantes Juan Montalvo 1898

 

 

Hay únicamente el ideal noble de la justicia, pero puesto en la aplicación frente a problemas concretos, sabe así Cervantes que la justicia debe ser parte fundante de la naturaleza humana, tanto así que en el célebre pasaje de Roque Ginart, pone en boca de Sancho esta sentencia: Es tan buena la Justicia, que es necesaria que se use aun entre los mesmos ladrones.

Justicia, es el eco que va y vuelve en nuestra angustiosa realidad; pero como lo expresa Cervantes, justicia en el ideal y en la práctica, sólo por medio de ella encontraremos la salida a las desigualdades sociales que nos socava y nos sigue hundiendo en la podredumbre de nuestras necesidades.

Paz con justicia social, nos reclamaba a las naciones uno de tantos Quijotes sacrificados en nuestros pueblos, y desde esta óptica es la tesis que transcurre en las páginas del universal libro cervantino: la justicia ideal no tiene eficacia sin la respuesta concreta a los problemas sociales que nos aquejan; pero también sigue siendo el grito perpetuo que nos pide y nos reclama abandonar nuestra apatía social, de ahí la validez de la sentencia de don Juan Montalvo:

 

“¡Desgraciado del pueblo donde los jóvenes son humildes con el tirano, donde los estudiantes no hacen temblar al mundo!, y que hoy toma vigencia en esta tierra Española, que por prosapia e hidalguía fue, es y seguirá siendo Quijotesca, y Latinoamérica parte importante en la heredad de sus concreciones.”

 

Citas

 

1 Miguel de Cervantes Saavedra. Don Quijote de La Mancha. Barcelona: RBA Editores, S.A. 1994. Tomo II. Capítulo XLII. p. 935 (Esta edición para toda referencia a la obra)

2 F. Nietzsche. Más allá del bien y del mal. Madrid: Alianza Editorial. 1983. Aforismo 132. p. 103.

3 Novalis. Granos de polen (1797-1798). En: Fragmentos para una teoría romántica del arte. Madrid: Editorial Tecnos, 1987. p. 49.

4 Manuel Antonio Arango L. Origen y evolución de la novela Hispanoamericana. Bogotá: Tercer Mundo Editores, 1988. p. 31

5 F. Nietzsche. ob. cit. p. 117.

6 Don Quijote I.

7 Don Quijote I. p. 122.

8 Novalis. Ob.cit. p. 50.

9 Don Quijote I. Capítulo XXII, pp. 283-294.

10 Mario Alario D ́Filipo. De la justicia en el Quijote. En: El Penalista. Bogotá, octubre de 1975. Año 1. No. 2. pp. 9-22.

11 Don Quijote II. Capítulo LXVII, pp. 963-962

12 Don Quijote II. Capítulo LXIX, p. 982-983.

 

(*Ponencia presentada en el marco del X Seminario de la Federación Internacional de Antiguo Alumnos Iberoamericanos del INAP de España, “Retos del funcionario iberoamericano ante los nuevos escenarios”, Madrid, 30 de septiembre a 3 de octubre de 2008).

 

1618. Es la primera ilustración que se conoce de El Quijote, la portada de una edición hecha en Londres edición en inglés, impresa en el taller de Bolunte.

 

El ingenioso Cervantes y 25 frases de El Quijote llenas de sabiduría

 

Por: Andrés Arzu Fernández, Artelaraña

 

Miguel de Cervantes Saavedra, nacido en Alcalá de Henares el 29 de septiembre de 1547 y fallecido en Madrid posiblemente el 22 o 23 de abril de 1616, fue un ingenioso novelista, poeta y dramaturgo; que cultivó todos los géneros narrativos habituales de su época (novela bizantina, morisca, picaresca y pastoril). Su obra más famosa, Don Quijote de la Mancha (escrita en dos partes), está considerada como la primera novela moderna; y es el segundo libro más editado y traducido de la historia después de la Biblia.

 

El ingenioso Cervantes

 

Fuera de su carrera como escritor, es conocido por su faceta de soldado, y por su participación en una célebre batalla contra los turcos; suceso que dejaría escrito muchos años después en sus Novelas ejemplares (1613). En ella, al mismo tiempo que perdió la movilidad de su mano izquierda, ganó su apodo más popular: «El manco de Lepanto». Su otro sobrenombre conocido es «El príncipe de los Ingenios»; y es que no cabe duda de qué ingenioso es el adjetivo que mejor describe a una de las más relevantes figuras de la literatura universal.

 

 

Retrato de Miguel de Cervantes de Juan de Jáuregui

 

Su vida bien pudiera haber formado parte del argumento de un best-seller. Además de en la citada batalla, y tras viajar a Italia (probablemente huyendo de la justicia por un duelo), estuvo 5 años preso en Argel, con otros tantos intentos de fuga de por medio, a manos de unos piratas que pidieron dinero por él. Todo ello quedó también reflejado en su obra de teatro El trato de Argel (1582).

 

 

Portada de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha

 

Tras su regreso, trabajó como recaudador de impuestos y escribió sus novelas; las más importantes, La Galatea (1585), todo un estudio psicológico del amor; y las dos partes de su obra maestra, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1605) y El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha (1615).

 

Don Quijote de la Mancha

 

La pretensión de Cervantes, a la hora de escribir la obra cumbre de la literatura en lengua española, era la de combatir el auge que tenían en aquel momento las novelas de caballerías (que vendría a ser el mismo que hoy en día tienen las películas de acción o el reggaetón); así, creó una sátira con las aventuras y desventuras de un hidalgo manchego, pobre pero idealista y adalid de la justicia, que se volvió demente por leerlas; llegando a creerse un caballero andante.

 

 

Don Quixote de Gustavo Dore

 

La primera parte, a lo largo de 52 capítulos, narra las dos primeras salidas, llenas de desdichas y derrotas, de don Quijote y de su fiel, bromista y pragmático «escudero» Sancho Panza; un personaje que sirve de perfecto contrapunto a la personalidad fantasiosa de don Quijote. En ella, predomina el medio rural, y es la mente de don Quijote la que deforma la realidad que le rodea; como en el conocido episodio en el que cree ver gigantes donde hay unos enormes molinos de viento (tal vez los de Consuegra, en la provincia de Toledo).

 

 

El Quijote de Pablo Ruiz Picasso

 

En cambio, en la segunda parte, que consta de 74 capítulos y cuenta la tercera salida, predomina el medio urbano (concretamente Barcelona); y son los demás personajes los que transforman la realidad. Esta es una novela más sosegada, con menos desventuras y algunas victorias (aunque los dos protagonistas son constantemente objeto de burla); y muchos más diálogos.

 

 

El Quijote de Salvador Dalí

 

A diferencia de los libros de caballería, El Quijote no transcurre en tiempos remotos y su cronología interna mantiene un orden lineal. Y en vez de ocurrir en lugares exóticos, sucede en un espacio cercano y familiar; «en un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…», como dice su primera y celebérrima frase. Además, los personajes describen, a través de su lenguaje y su conducta, el perfil representativo de la sociedad de su época.

 

Don Quijote y Sancho Panza de Antonio Saura

 

El tema principal es el enfrentamiento entre la locura y la razón; sin embargo, también es una novela que trata el amor, la libertad y la literatura (e incluso la metaliteratura, ya que el primer libro aparece en la trama de la segunda parte). Pero, en su interior hay algo más, quizás un reflejo de todas las experiencias del propio autor; ya que, aprovechando las conversaciones entre sus personajes, Cervantes hace todo un alarde de sabiduría vital. Aquí os dejo 25 ejemplos:

 

25  frases de El Quijote llenas de sabiduría

 

1.- El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho.

2.- Cada uno es artífice de su propia ventura.

3.- Como no estás experimentado en las cosas del mundo, todas las cosas que tienen algo de dificultad te parecen imposibles.

4.- El andar tierras y comunicar con diversas gentes hace a los hombres discretos.

5.- Al bien hacer jamás le falta premio.

6.- El amor nunca hizo ningún cobarde.

7.- Nunca fue desdichado amor que fue conocido.

8.- Amor y deseo son dos cosas diferentes; que no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama.

9.- No desees y serás el hombre más rico del mundo.

10.- El sueño es el alivio de las miserias para los que las sufren despiertos.

11.- La música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu.

12.- En el arte de la marinería más sabe el más simple marinero, que el mayor letrado del mundo.

13.- Por la calle del «ya voy», se va a la casa del «nunca».

14.- Más valía un «toma» que dos «te daré».

15.- La abundancia de las cosas, aunque sean buenas, hace que no se estimen.

16.- El año que es abundante de poesía, suele serlo de hambre.

17.- Las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se sienten bestias.

18.- Aún entre los demonios hay unos peores que otros, y entre muchos malos hombres suele haber alguno bueno.

19.- La ingratitud es hija de la soberbia.

20.- La alabanza propia envilece.

21.- Nada hay más pequeño que un grande dominado por el orgullo.

22.- ¡Oh, memoria, enemiga mortal de mi descanso!

23.- Donde una puerta se cierra, otra se abre.

24.- Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades.

25.- Para todo hay remedio, si no es para la muerte.

 

La espada y la pluma, Óleo de Antonio Navarro Menchón.

 

 

El Montalvo Ipialeño

 

Por: Julio César Chamorro Rosero

 

 

Julio César Chamorro Rosero

 

Luego de la caída del General Juan José Flores asume la presidencia del Ecuador el también General Francisco Robles y, por recomendación de sus hermanos, hacia el mes de julio de 1857, el joven Juan Montalvo Fiallos es destacado como funcionario de las embajadas ecuatorianas en Italia y Francia. Fascinado por su primer encuentro con el viejo mundo, permanece en Europa absorto ante la antigüedad romana, ante la majestuosidad histórica de sus museos, la riqueza de las bibliotecas, la diversidad de la ópera y los paisajes perturbados por el bullicio y la deshumanización de las grandes ciudades.

 

 

Juan Montalvo

 

Cumplida la misión diplomática retorna al Ecuador y su osadía juvenil lo lleva a escribir el 28 de septiembre de 1860, desde Bodeguita de Yaguachi, una epístola fulminante al gobierno provisional seudorevolucionario liderado por Gabriel García Moreno, en la que exige la restauración democrática del país, el retorno hacia la civilidad republicana y la moderación en el estilo de gobierno, advirtiéndole que a contrario sensu encontraría en él a un enemigo nada vulgar. Pues encontró a un país agobiado por las guerras civiles entre liberales y conservadores, amenazado por el Perú en la integridad de su soberanía, con pretensiones de establecer la sede de gobierno en Guayaquil y con aquel triunvirato de poder que no admitía contradicciones.

Posteriormente, el estilo del gobierno de García Moreno, ya a partir de 1861, mantenía aherrojado al Ecuador al capricho de su vaivén conservador y con acciones draconianas quería echar en saco roto los principios reformistas de Vicente Rocafuerte arguyendo que: “…restauraba la fe católica. Y además la moral pública. Pero igualmente bajo el sistema del terror: “A los que corrompe el oro los reprimirá el plomo” …” De hoy más, el patíbulo del malvado será garantía del hombre de bien”. (1)

 

 

Gabriel García Moreno

 

Esa era la incomodidad del joven Montalvo que en ese entonces era desconocido y cuyas amenazas no podían conturbar al gobierno de García Moreno porque no generaban ninguna influencia en la opinión pública ecuatoriana. Y esa incomodidad era heredada porque habiendo nacido en Ambato en el año de 1832, desde su más temprana edad sintió en carne propia la persecución de la tiranía que no permitía controversias ideológicas y optó por el principio del garrote para acallar insurrectos. Como sus dos hermanos mayores se encontraban vinculados al liberalismo, la pugna propia y de sus coidearios contra la dictadura de Juan José Flores, hizo que las retaliaciones en contra de su familia aparecieran en forma de vejámenes, de allanamientos de hecho y sin motivo aparente, de las groseras actitudes de la soldadesca oficial y de una persecución que no se cuidaba de maquillajes de ninguna índole.

Desde la famosa carta de Yaguachi de 1860 y luego del ascenso al poder de García Moreno en 1861, Montalvo se radica en su tierra nativa de Ambato y se dedica a elaborar “El Cosmopolita”, cuyo primer número circula en 1866 desatando en su contra una campaña encabezada por José Modesto Espinosa y Juan León Mera. Y en esta carta es menester detenerse por cuántas verdades dice un Montalvo que no manda a decir con nadie, sino que él mismo suscribe con pasión y valentía. Pues dice a García Moreno: “…Algunos años vividos lejos de mi patria en el ejercicio de conocer y aborrecer a los déspotas de Europa, hanme enseñado al mismo tiempo a conocer y despreciar a los tiranos de la América Española. Si alguna vez me resignara a formar parte en nuestras pobres cosas, Ud. y cualquier otro cuya conducta pública fuera hostil a las libertades y derechos de los pueblos, tendría en mí un enemigo, y no vulgar, no, Señor, y el caudillo justo, justo y grande; me encontraría asimismo decidido y abnegado amigo”. (2)

Este Montalvo que fustiga incesantemente lo convierte en el recipientario del odio gubernamental, del rencor de aquel que no permite que su gloria se opaque con diatribas contradictoras. A su mano dura para gobernar, García Moreno adosa las órdenes perentorias para terminar con los díscolos y con el mayor de ellos, Montalvo, que desde su tierra natal dispara verbos que incomodan y sacan de casillas.

Más adelante, Montalvo sigue virtiendo su virulencia cuando dice: “…Lo que sí hay es, que sus defectos y malas propensiones han preponderado sobre sus buenas cualidades y cuando pudo ser presidente bueno y bien quiso, ha sido tirano desenfrenado y terrible. Todo ha querido hacerlo con palo y látigo, como si fuera un capataz de Charentón o de Botany-Bay…”. (3) Y no solamente en El Cosmopolita radican las acusaciones de Montalvo sino también en otros escritos que se convierten en llamado de atención a la inteligencia del pueblo y en menosprecio a las actitudes dictatoriales.

Después de su primer mandato de 1861 a 1865, García Moreno sigue ejerciendo su influencia en la política ecuatoriana y es por ello que asume su segunda presidencia en 1869, la cual iría hasta 1875. Pero en su segundo ejercicio presidencial no está dispuesto a seguir tolerando las denostaciones montalvinas y a comienzos de 1869 determina una orden de prisión en contra de Montalvo, el cual avisado de la misma busca refugio en la legación colombiana en Quito hasta hallar la oportunidad de salir subrepticiamente del país.

Cuando la encuentra, acompañado por Manuel Semblantes y Mariano Mestanza, emprende la huida a caballo, haciendo pascanas en casas de amigos y de coidearios que les prodigan comida y abrigo fuera de la normal confidencialidad para que no fueran interceptados por los conmilitones del régimen imperante, hasta que arriban al pueblo de Tulcán donde son recibidos por la familia Arellano del Hierro, que conociendo la prestancia del escritor ecuatoriano lo recomiendan ante el doctor Ramón Rosero, afincado en Ipiales, el cual gozaba de importancia ciudadana y de merecido respeto por parte de sus paisanos.

Así pues, entre el 16 y el 17 de enero de 1869 llega Montalvo a Ipiales huyendo de la persecución Garciana y allí permaneció hasta el mes de abril según se desprende de una carta enviada al Cónsul General de Colombia en Ecuador, Dr. Cayetano Uribe. Tanto Manuel Semblantes como Mariano Mestanza permanecieron un tiempo en la población fronteriza, pero como contaban con los recursos necesarios de los que no disponía Montalvo, vía Barbacoas y Panamá se dirigen a Europa. El dilema de don Juan radicaba en no saber qué rumbo tomar porque Ipiales no era su destino final de desterrado. Le llama la atención el Perú, pero por obvias razones hacerlo implicaba un gran riesgo para su libertad a menos que lo hiciera vía marítima entre Buenaventura y El Callao.

 

Ipiales antigua: Casa donde vivió Montalvo en su destierro.

 

Don Juan Montalvo, sin embargo, para ese entonces ya no era un desconocido en su país. Pues estando en Quito antes de su primer viaje a Europa, se había vinculado a la tertulia literaria promovida y patrocinada por el traductor, poeta, ensayista y promotor de cultura Julio Zaldumbide, tertulia que siguiendo los lineamientos de la época tenía una marcada tendencia hacia el romanticismo y que contaba con la presencia de su coterráneo Juan León Mera, que con el correr del tiempo se convirtió en su detractor y firme opositor conceptual. En una de las reuniones de la tertulia, Montalvo leyó un panfleto que había escrito con ocasión de la muerte del General Juan José Flores y eso lo hizo aparecer en su primaria esencia de escritor y polemista, que al tiempo que cuidaba el sentido y manejo del idioma, desde ya condenaba el comportamiento de los detentadores del poder sin perder armonía y completa hilación en sus conceptos.

Como se advierte en las epístolas cruzadas con su familia en su primer viaje al viejo continente, es notable la influencia en él de los clásicos del Siglo de Oro de la Lengua por la utilización de la i latina en lugar de la y griega, la j en lugar de la g y el desecho de plano de la letra x, que no pocas controversias le traerían por parte de algunos críticos que lo consideraron un literato arcaico y sin la más mínima intención de renovar el idioma. Todo esto hace concluir que el Montalvo madurado en privaciones que se desterró a Ipiales en 1869, a través de El Cosmopolita se había permitido mantener relación con la época literaria europea de ese entonces, con marcada tendencia al romanticismo y a través de una que otra relación epistolar con Víctor Hugo y Lamartine, Montalvo se influenció en su concepción creadora. Pero los ataques de don Juan a García Moreno, su virulencia que combatía los desafueros de la tiranía, su repulsa a la inmoralidad y su voz altiva, lógico es que se tomarían como fundamento de persecuciones, pero jamás dejó de observar el purismo del lenguaje así hayan sido truenos y relámpagos los epítetos con los que calificaba a los sepultureros de la democracia.

 

Placas incrustadas en la pared de la antigua casa en Ipiales, en memoria de su residencia en tiempos de exilio

 

Esta circunstancia se reafirma cuando de entre los avatares del viaje hacia el destierro en el pueblo andino de Ipiales, Montalvo relata que El Cosmopolita ya era conocido y un pasaje vivencial da a conocer, además, cuál había sido su relación tormentosa con Mariano Mestanza: “En las ruinas de Ibarra, de paso para Colombia, estaba yo estirado por ahí en la barraquita donde me acogieron. Entraba la gente y salía en curioso vaivén, sin saludar ni despedirse, después de contemplarme preguntaban: ¿Cuál es? ¿Cuál es el Cosmopolita? En esto vi al doctor Mestanza tieso, inmóvil, agrio, fruncido, emponzoñado, porque la gente del pueblo no preguntaba ¿Cuál es el doctor Mestanza? Desde entonces me juró odio implacable…” (4).

Y efectivamente, mientras Mestanza hervía en odio y en envidia que muchos años más tarde develaría con escritos y denostaciones de verdadera saña, Semblantes optó por el respeto y la admiración hacia el combativo escritor que habiendo pisado tierra extranjera halló cobijo y alimento en la casa del doctor Ramón Rosero de la que dice: “Llegado a Ipiales fui hospedado en la casa de la familia del doctor Rosero…casa que se encontraba en pleno centro de la plaza principal, 20 de julio… era una amplia construcción de dos pisos, con un espacioso jardín interior… Así comenzó mi vida en esa casa amable y en ese pueblecito de gentes hechas al cariño…”. (5)

Luego de recibir la ayuda monetaria indispensable, toma la misma ruta de sus compañeros de huida y vía Barbacoas viaja a Panamá para emprender su segundo viaje a Europa, más exactamente a Francia, como se puede colegir de “Navegando a Europa en 1869” que corresponde a “Las Catilinarias”.

En principio, y desafortunadamente aún persiste esta equivocación en algunos estudiosos de su obra, se piensa que Montalvo vivió en Ipiales solamente por algunos meses, y, es más, se asegura que esta ciudad lo acogió en uno de sus destierros; otros aseveran que fueron dos las ocasiones involuntarias que lo trajeron a vivir entre nosotros. Digamos, entonces, para aclarar de una vez por todas esta circunstancia, que dos fueron los destierros de Montalvo y que tres las ocasiones en que se radicó en Ipiales. Pues una vez se encontró en París se sintió desengañado, acosado por las penurias económicas, viviendo de la ayuda escasa que le enviaba irregularmente su hermano Francisco Javier y la que generosamente le remitía el general Eloy Alfaro, con quien se encontró en su tránsito por Panamá, pero abandonado por sus amigos y connacionales que lo veían como un hombre de supremo orgullo y dueño de una arrogancia que ignoraban provenía de la lealtad con su pluma. Los escasos amigos que lo ayudaron lo hacían con el tino pertinente para no zaherir su orgullo de escritor y polemista. Es entonces cuando Montalvo decide regresar a América, pensando que primero llegaría a Panamá y luego lo haría al Perú. Pero, en últimas, se decide nuevamente por Ipiales.

Qué bueno a esta altura, considerar cuál fue la vida sentimental de don Juan Montalvo en este viaje. Aparece en su vida una mujer que bien pudo llamarse Laida Von Krélin, que en sus obras “Capítulos que se le Olvidaron a Cervantes”, “Geometría Moral”, “El Descomulgado” y “Diario” aparece señalada como Lida. Y vale la pena señalar estos pasajes, por cuanto éste su amor, fue motivo fundamental para que don Juan regresara a Ipiales en 1870.

El doctor Jorge Jácome Clavijo ha escrito con base en documentos epistolares, un interesante libro titulado “Montalvo y Lida en Niza”, del cual se concluye que su alta concepción moral no le permite atravesar la frontera de los placeres carnales y cuando Laida Von Krélin se ofrece toda para perpetuar su relación, e inclusive, para solventar sus penurias económicas, el maestro le dice: “¡Ah no vengas, Lida, no vengas! Es preciso que regreses a tu casa con tu pureza. Es preciso que abraces a tu madre con un corazón sin mancha…” y emprende su retorno a América el 19 de julio de 1870.

Además de darnos una muestra de sus profundos valores morales, nos sirve esta etapa de la tortuosa vida de Montalvo para denotar nuevamente el influjo del romanticismo en su obra, cuando oculta su identidad y la de su amada bajo nombres en forma de anagrama o apocopados, tal y como era usanza de esta corriente literaria. Vale la pena adelantar que inclusive en su obra de teatro “El Descomulgado”, escrita en Ipiales en 1872, como en otras, recuerda a esta mujer de la nobleza europea como Lida, simplemente.

El doctor Galo René Pérez considera que en los tiempos en que Montalvo llegó a Ipiales esta era apenas una aldea de pocas gentes, ubicada en un lugar geográfico triste y sombrío como para agravar la tristeza del desterrado. “Este es un rincón andino situado en la frontera norteña del Ecuador. En aquel tiempo era una aldea de muy pocas gentes. Con el ceño oscuro de los cerros. Con un aire cortante. Con un ambiente muchas veces compungido de niebla y de llovizna. Triste lugar, como para agravar la tristeza del desterrado…” (6)

 

Ipiales, ciudad de las “Nubes Verdes”

 

¿Pueblo de pocas gentes? Sí. Sin embargo, es bueno plantear que a esas alturas de 1869 Ipiales ya era capital de la municipalidad de Obando, creada en 1863, que existía gente interesante en el ámbito de la inteligencia y baste solamente decir que por la circunscripción electoral de la zona había tres representantes ante la Asamblea del Estado Soberano del Cauca, como lo fueron el doctor Avelino Vela Coral, el señor Ángel Rueda y el coronel José Rosero Bravo, lo que hace presumir que la acogida que le brindaron en algo pudo mitigar la dureza del destierro. Aún existen algunos asertos de tipo oral que valdría la pena confirmar de alguna forma, respecto de que, a pesar del carácter introvertido de Montalvo, fue objeto de inmenso respeto y cariño, aunque de casi restringido trato social por su seriedad y altivez.

Pero la verdadera importancia que para esta zona del país colombiano tiene la estadía de Montalvo, no radica únicamente en que fue él quien bautizó nuestro terruño como la “Ciudad de las Nubes Verdes”, en una inequívoca visión de sus celajes vespertinos, sino en que aquí creó algunas de sus obras que han sido consideradas a través de los tiempos como las mejores de su pluma, tales como “Siete Tratados” y “Capítulos que se le Olvidaron a Cervantes”, entre otras.

Si bien la publicación de “El Cosmopolita” desató en su contra una furiosa campaña liderada por José Modesto Espinosa y Juan León Mera, esta polémica no alcanzó las dimensiones de obstinación que desató la publicación de “Siete Tratados”, que halló eco en el colombiano Juan Bautista Pérez y Soto, residente en Guayaquil, que relacionó su posición de crítico en un periódico de esa ciudad y que luego recopiló en un libro intitulado “La Curarina: Antídoto contra el Montalvismo”, en un desmesurado afán pro clerical de contrarrestar el éxito obtenido por “Siete Tratados” en Europa.

Entre los “Siete Tratados” está “El Buscapié”, que aparece como prólogo a la publicación hecha en Besancon, Francia, de “Capítulos que se le Olvidaron a Cervantes” y da la sensación de que “Geometría Moral” fue escrita con el objeto de que se constituyera en el séptimo de los tratados, a última hora sustituido por “El Buscapié”.

“Capítulos que se le Olvidaron a Cervantes”, también escrito en Ipiales, aparece publicada en Besancon en el año de 1895, a los seis de haber muerto el maestro Montalvo, suceso acaecido en 1889. En ella, utiliza el lenguaje de los autores españoles del Siglo de Oro y su contenido es de dura réplica a quienes propiciaron su destierro, pero, aun así, se denota el incontrastable afán de perfeccionamiento en su estilo que recurre a los arcaísmos rígidos y utiliza la escritura singular de Cervantes, antes que de otros.

 

 

Juan Montalvo y su pluma panfletaria

 

El profesor Nöel Salomón, buscando las raíces del porqué de la imitación de Cervantes hecha por Montalvo, concluye diciendo que no puede pasarse por alto el proyecto político de esta obra, como pretenden hacerlo quienes la defienden e interpretan únicamente como maestra en referencia de forma y estilo. El texto es altamente comprometido y militante con la realidad histórica de su país y su época, y no puede encajarse, como pretendía Gonzalo Zaldumbide, en una concepción meramente idealista y formalista.

El polemista vigoroso, el estilista de formas bien cuidadas y el filósofo de conceptos claros que aparecen conjugados en Montalvo, bien podrían ser influencia del Quijotismo Liberal español del siglo XIX por su tendencia anticlerical que basada en la sátira, ridiculiza los vicios en que están inmersos sus contemporáneos. Y para reafirmar la opinión del profesor Salomón en cuanto al proyecto político de la obra de Montalvo, basta leer los “Capítulos que se le Olvidaron a Cervantes” y descifrar sin desgaste de ningún tipo de energía que Gabriel García Moreno es “Briel de Gariza y Huagrahuasi” o “el cruel Maureno”, con apócope del nombre y anagrama de los apellidos con correspondencia casi exacta. Más exacto es aún, cuando recoge la figura de Ignacio de Veintimilla sin preocuparse de apocopar ni disimular su fuente verdadera.

Algunas corrientes críticas de la obra de Montalvo se muestran intransigentes en una supuesta defensa de la literatura americana, que lucha por borrar el empleo del casticismo y el uso de las formas tradicionales de la lengua, como vía de búsqueda de una nueva dimensión en su manejo. Este “dogmatismo americanista”, es precisamente el que tacha de obsoleto el lenguaje de Montalvo, colocando fronteras insolubles, que desde luego no existen, entre el americanismo puro y el americanismo transculturizado o hispanismo.

Pienso que Montalvo utilizó un recurso literario de comunicación, que le permitió contemporizar o adecuar a su tiempo las ideas quijotescas de justicia y libertad como claros argumentos para acabar con la tiranía.

De “El Buscapié”, que aparece como prólogo de los “Capítulos que se le Olvidaron a Cervantes”, se puede concluir las circunstancias en que nace esta obra. “Una de ellas, es que, si bien la locación de Ipiales es exacta, la aparición de la Virgen a que se alude se podría referir a la de Nuestra Señora de Las Lajas. Sin embargo, si retomamos la historia de la Virgen y su Santuario, encontramos que su descubrimiento por parte de Juana Mueses de Quiñones ocurre a mediados del siglo XVIII y que incluso la capilla primigenia se terminó de construir muchísimo tiempo antes del nacimiento de don Juan. Pero lo que sí es cierto es que una réplica en miniatura de la misma imagen, fue descubierta por los días en que Montalvo estuvo desterrado en Ipiales en la población o caserío de La Taya, que era territorio colombiano y que ahora se conoce como la Parroquia de Urbina en Ecuador, cerca de la línea fronteriza. Al descubrimiento de esa imagen de la Virgen en un cepejón, imagen que aún se venera y se festeja en la iglesia de ese sector, se refiere la escena descrita en “El Buscapié” que dio nacimiento a los sesenta capítulos de que consta la obra”. (7)

Esta tesis que sustenté en el marco del Tercer Coloquio Internacional Montalvino de Colombia, realizado en Ipiales en el año de 1993, la aceptaron y dieron por probada los asistentes a él, entre los cuales se encontraban los bien recordados maestros Alberto Quijano Guerrero, Galo René Pérez, Jorge Jácome Clavijo, Fernando Jurado Novoa, Carlos Maya Aguirre, Germán Arciniegas, Vicente Pérez Silva, entre otros, con quienes visitamos la parroquia de Urbina donde aún se venera dicha réplica, desde los tiempos en que Montalvo se encontró en Ipiales en su segunda estadía.

Pero volvamos al Montalvo desterrado en Ipiales, para decir de una vez que en tres ocasiones de sus dos destierros vivió en esta ciudad. Una, de escaso lapso, entre enero y abril de 1869; otra a su regreso de Francia de julio de 1870 a 1876; y la tercera y última de 1879 a 1881, cuando fue nuevamente a París para no regresar vivo. Y agreguemos también, que fuera de las obras de singular importancia que hemos referido, escribió obras de teatro de las cuales se salva “El Descomulgado”, que se encontró en verdaderos aprietos económicos, que solucionaba con préstamos que nunca consiguió pagar; que escribió artículos de condenación a la dictadura de García Moreno como objeto principal de su estilo panfletario, entre los cuales se destaca “La Dictadura Perpetua”, que una vez publicado en Panamá llega al Ecuador y propicia el 6 de agosto de 1875 el asesinato del tirano cuando llegaba al Palacio de Gobierno en Quito.

 

 

Atentado contra Gabriel García Moreno, en Quito

 

A propósito de este hecho, existe un curioso libro escrito por el jesuita Severo Gómez Jurado denominado “Catorce Machetazos y Seis Balazos”, que atribuye el asesinato de García Moreno a un complot de agentes masónicos enviados por Bismarck desde Alemania a través de conexiones peruanas. Pero lo cierto es que Roberto Andrade, Manuel Cornejo y Abelardo Moncayo, después de leer este artículo que en algún aparte dice: “… Mirad allí un cuerpo exangüe tirado sobre el fango, García Moreno, sus esbirros y sus jesuitas, sus italianos y sus españoles, sus monjas y sus hermanas en muchedumbre infinita, andan por dentro y por fuera comiéndole desesperados. La guerra de los gusanos contra el cadáver. García Moreno no se va todavía, la esfinge no se mueve, su castigo está madurando en el seno de la divina providencia. Mas yo pienso que se ha de ir cuando menos acordemos y sin ruido. Ha de dar dos piruetas en el aire y se ha de desvanecer dejando un fuerte olor a azufre en torno suyo…”. (8)

Luego de ello, los antes mencionados se aliaron con Faustino Rayo, colombiano, Juana Terrazas y Manuel Polanco, para darle muerte. Enterado el maestro en Ipiales, acertó a decir: “No ha sido el machete de Rayo, sino mi pluma quien le ha matado”, que es lo que quieren contradecir quienes piensan que el asesinato fue producto u obra de la masonería alemana y peruana.

Muerto García Moreno, asciende al poder el presidente Borrero y a él le sucede el general Ignacio de Veintimilla. Montalvo, que había vuelto al Ecuador, se ve obligado a salir nuevamente en calidad de desterrado. Es entonces cuando en Ipiales escribe gran parte de “Las Catilinarias” en su tránsito hacia Panamá y París. Allí se muestra como abanderado de la libertad, profundo opositor de la barbarie y acude a su visión moralista para ampliar su concepto y atacar también a las dictaduras americanas en general, arguyendo el deseo de los ideales y de las aspiraciones del ser humano a través del análisis de la realidad histórica, social, económica, política y moral del Ecuador con proyección americanista, invitando a la praxis como meta para sanar los problemas que aquejan a este sector del mundo en lo que se ha dado en llamar el silogismo Montalvino.

Una vez en Francia, publica sus “Siete Tratados” y la crítica no se hace esperar generando dos corrientes contrarias de apreciación. Por una parte, la intelectual que goza leyendo a Montalvo y que le atribuye el mérito de no limitarse en su concepción moralista del mundo que le tocó vivir, y de manejar el idioma con su singular maestría, con vuelos insospechados en el manejo de la prosa hasta entonces no conocidos en autor hispanoamericano alguno, con recursos lingüísticos que de verdad lo denotaron como precursor del Modernismo y como fundador del Ensayo Moderno en Lengua Castellana.

Gaspar Núñez de Arce, Emilio Castelar, Juan Valera, Emilia Pardo Bazán, entre otros, dejan oír sus voces de aplauso hacia la obra del ambateño, mientras, por otra parte, en su propia patria, se toman medidas para que no sea leída. En efecto, el obispo de Quito Ignacio Ordóñez, a través de una pastoral señala a Montalvo como hereje, como contradictor de los dogmas de fe católicos, como postulador de pensamientos escandalosos, y prohíbe a los fieles la lectura de su obra afirmando que el maestro controvertía los postulados de la iglesia. La respuesta de Montalvo no se hace esperar y aparece en el panfleto “Mercurial Eclesiástica”, donde con recursos de sátira bien demarcada y dirigida demerita el fanatismo religioso, propiciador de guerras y negador de toda tolerancia con respecto a la creación artística.

De todo esto, concluyamos que el fanatismo religioso y las disputas conceptuales habidas con los ministros católicos, crean en torno de don Juan la imagen de un ateo irremediable, que él mismo se encargó de contrarrestar a través de toda su obra. Pues si bien fue un polemista de altura en cuanto a sus concepciones políticas, en sus digresiones religiosas se caracterizó por estar contra el mal clero, contra el mal manejo del clero y no contra el clero en sí como institución sagrada.

Montalvo fue un hombre profundamente creyente, de fe en Dios y en la Divina Providencia, nunca negó la existencia de un Hacedor Supremo y a través de todas sus obras es incansable recurriendo a la invocación del cielo. Con lo que no estaba de acuerdo era con la intromisión del clero en los asuntos del estado, con la censura clerical respecto de las artes, con la desmesurada recurrencia al culto de las imágenes sagradas que como efecto colateral lleva al fanatismo y con la sumisión que a nombre de Dios mostraba un pueblo ignaro y carente de conceptos clarificadores.

El concepto más adecuado a la personalidad de Montalvo en referencia religiosa, es el dado por Emilia Pardo Bazán cuando lo calificó de “Alma cristiana y pensamiento heterodoxo”, en el sentido de que su misma fe de creyente lo hacía apartarse de la forma de manejo de la religión. Hace algunos años, el doctor Jorge Salvador Lara, talvez el más importante pensador del conservadorismo ecuatoriano, se dio a la tarea de rescatar la imagen católica de Montalvo contra toda errónea apreciación y en alguno de sus escritos donde cita a Roberto Agramonte, cubano considerado como el mayor montalvista, señala que era: “… creyente cabal, absolutamente alejado de eso que se llama laicismo, es decir, del laicismo interpretado no como neutralidad ante el hecho religioso, que ya de por sí era discutible, sino hostilidad ante lo sagrado”.

Baste citar algún fragmento de su obra, donde la presencia de Dios se da por descontada, para de una vez por todas clarificar la personalidad del maestro don Juan, que a contrario sensu de lo que piensan algunos, sí merece estudiarse en este aspecto por haber sido el influjo del catolicismo determinante en el manejo de los estados incipientes del siglo XIX. En su “autorretrato” dice: “… Gracias eternamente, os sean dadas, Señor, Si para vivir y morir hombre de bien, si para ayudar a mis semejantes con mis escasas luces fuere necesario perder la cabellera, aquí la tendréis, y mirad que no es la de Absalón, el hermano traidor…”.

En “La Dictadura Perpetua” dice: “… los dioses se van, amigos míos. Se van también los diablos. Jesús es el que viene, Jesús trae la redención, la libertad, la democracia…”. En “El Cosmopolita” manifiesta: “… los días iguales a las noches, las nubes blancas, hacinadas en torno de la bóveda celeste figurando la Cordillera de los Andes, o ya purpurinas y violáceas en forma de templos o de pórticos por donde se llega al mismo Dios…”, y nada más clarificador al respecto, que la cita que hace Roberto Agramonte de las “páginas Inéditas” donde el maestro Montalvo señala: “… Amar a Dios ¿no es amar exactamente? Él es la fuente inexhausta de la inspiración…”.

Ir y venir parecía ser el destino irrenunciable del pensador ambateño, huir de la férula amenazante de las dictaduras de su patria, primero de la de García Moreno y luego de la de Veintemilla a quien atacaba con virulencia superior. Pero entre estos ires y venires, hay que destacar el por qué se convirtió en hijo adoptivo y admirado de la gente sencilla de Ipiales que aún recuerda su nombre con cariño y respeto. Esa misma gente que estuvo dispuesta a defenderlo por la solicitud de extradición hecha por gobierno ecuatoriano para que su pluma no perturbara sus oscuros y dictatoriales manejos. Esa misma gente que decía a voz abierta que recibiría a palazos a quienes pretendieren llegar al aposento de Montalvo para envenenarlo como la gitana y perjudicarlo.

 

Ignacio de Veintemilla

 

Pues en efecto, el gobierno ecuatoriano quería poner a buen recaudo al díscolo. Pero en cuanto el Prefecto de Obando recibió la mentada solicitud del ministerio pertinente, se apresuró a responder: “Cúmpleme decir a usted señor Ministro, que es tal la simpatía de que el señor Montalvo goza en estos pueblos, simpatía fundada en su carácter y comportamiento, no menos que su amistad declarada por Colombia, que una demostración contra él de parte de las autoridades, en todo caso habría ofendido altamente al público”. (9)

Al efecto, Camilo Romero Galeano, ex Gobernador de Nariño, también dice: “… la gente de Ipiales lo acogió como propio, respetó su privacidad, admiró su porte de hombre inteligente, apoyó su causa y en muchas ocasiones, como en 1873, lo defendió de las pretensiones de asesinarlo por parte de emisarios del gobierno despótico del Ecuador. Ciertamente que el Ipiales de ese entonces era un pueblo menor, de pocas gentes y escasas viviendas, pero el cariño de sus gentes compensó las durezas del destierro y él sintió, fuera de sus amores clandestinos que germinaron en semillas de su estirpe, un profundo amor hacia los niños ipialeños que lo saludaban como “don Juanito” y se emocionaban cuando por los lados de Los Lirios y otros parajes cercanos a la frontera lo escuchaban perorar en filípicas disquisiciones como si hablara a multitudes y no solamente a la naturaleza…”

“Pese a que desde 1863 Ipiales ya era municipio, la rudeza del destierro debió ocasionar en Montalvo una serie de crisis emocionales derivadas de la impotencia de regresar a su patria. Sus quejas como aquella de que se encontraba “sin trato de compañeros y sin libros”, no tenderían a mancillar el nombre de su segunda patria chica como tampoco debe mancillarla la apreciación de Gonzalo Zaldumbide en un folleto de 1932 cuando dice sobre el regreso de Montalvo de Europa a Ipiales: ”… fue una felicidad desde el punto de vista del arte, que el misérrimo pueblo fronterizo hubiese tomado en su destino el turno que Montalvo quería reservar en París…”. Imagínense, Ipiales compitiendo con París por la gloria de un escritor sin que ninguna fuese su tierra nutricia sino la estancia de sus creaciones.

Igualmente es oportuno considerar que Ipiales, al tiempo de la segunda estadía de Montalvo de 1870 a 1876, tenía como voceros en el Congreso del Estado Soberano del Cauca a los señores Avelino Vela Coral, Ángel Rueda y José Rosero Bravo, y que en las tertulias propiciadas por el Padre Silva él se encontraba también con ilustres ipialeños que lo consideraban en toda la estatura de su mentalidad prodigiosa y de su indeclinable amor por la libertad, hasta tal grado que se vio impelido a escribir: “… Son amigos que me hacen querer a su país, aunque todos sus habitantes no me hubieran sido tan favorables como me han sido…” y en otras líneas: “…En varias materias son cultos los hijos de Ipiales, en todas decentes, y en muchas más son buenos, sumamente buenos”.

A grandes rasgos, la cercanía con su patria y la fervorosa acogida de las gentes de Ipiales al ilustre desterrado, socorriéndolo en las necesidades derivadas de su pobreza y respetando su austeridad de intelectual puro, admirando su porte caballeresco y haciéndolo sentir propio y no ajeno, serían los argumentos que podrían explicar el porqué de Montalvo en Ipiales.

Estos y otros argumentos, los unos conocidos por la lectura de la historia y otros con el testimonio de su presencia, debieron haber sido los suficientes para que Montalvo tuviera confianza en residir en Ipiales, cobijado por manos generosas, por adeptos a su causa social, por condolidos de la dureza del destierro y, sobre todo, por el respeto que nace de las almas buenas y sencillas de los provincianos. Además, la cercanía con su patria hizo de Ipiales una razonable aspiración del perseguido para recibir expeditamente las cartas y las visitas de sus familiares y amigos con los informes sobre el desarrollo de los acontecimientos, y por ello era común, según fuentes de tradición oral, encontrarlo al borde de las lágrimas contemplando la patria cercana en geografía, pero lejana en sus sueños de emancipación de la dictadura que parecía imperecedera.

“Además de eso, fuera de la concepción libertaria que debió tener de Ipiales, existía no una sino varias razones sentimentales que lo ataron completamente a este pedazo de terruño sur colombiano. Los amores que de clandestinos pasaron a ser públicos con el consabido sobresalto de los pacatos, unos meramente idílicos y platónicos y otros azuzados por el fuego interior de la pasión, dejaron una progenie que con el paso del tiempo se ha rescatado para dimensionar a Montalvo en el aspecto vivencial y humano. Su descendencia ha brillado y brilla con luz propia en el ámbito de la inteligencia y se ha convertido en el más fuerte lazo de unión de Ipiales con la vida y obra de este hombre que fue y sigue siendo adalid de la libertad y la democracia.” (9).

 

 

Mausoleo de Juan Montalvo en Ambato, su tierra natal

 

Y de estas razones sentimentales a que hace referencia Camilo Romero, quiero referirme solamente a una por lo novedosa en el descubrimiento de él la descendencia de Montalvo, para arraigar, aún más, su nombre a la ciudad fronteriza de Ipiales. No se trata de sublimizar la humanidad de Montalvo con falsos tintes de moralidad sino de apreciar su estado de ánimo, su diario vivir alejado de su patria, de su familia y de sus amigos, para decir que lógico era que buscase compañía femenina como lo hizo en Europa con la noble Laida Von Krelin.

Galo René Pérez, dice respecto de la segunda estadía de don Juan en el sur de Colombia: “… nuestro prosista se sintió rápidamente estimulado cuando dio con una mestiza de la pequeña ciudad, supuestamente apellidada Hernández, que se comprometió a las labores de lavado y planchado y que mostraba un genio dulcemente asequible … hasta que al fin fueron llegando, por el lado de él, los indicios inconfundibles del enamoramiento y la pasión sensual, y ella tuvo que permitírselos sin otras resistencias que las de su pudoroso recelo … Pues que mantuvo por años ese concubinato del que el biógrafo Oscar Efrén Reyes ha afirmado que nacieron dos hijos: Adán y Visitación. Hasta ha llegado a indicar que comprobó que Visitación vivía aún en 1935 en aquel lugar de la frontera colombiana … He de advertir, con todo, que el doctor Jurado Noboa, alcanzó a hallar los registros bautismales de José Adán (7 de febrero de 1873) y de Clara Visitación (22 de octubre de 1875). El primero como hijo natural de Pastora Hernández. La segunda como hija legítima de Víctor Coral y Pastora Hernández”. (10)

No existe duda en cuanto a que la mujer que asistió a Montalvo en las labores de lavado y planchado de la ropa fue Pastora Hernández, mujer que casó con don Víctor Coral y que tuvo con él a su hija primogénita María Coral. Y estando unida en matrimonio con el señor Coral, al entrar en amores clandestinos con don Juan Montalvo, doña Pastora también procreó descendencia de él como me lo hicieron saber en grata visita hace algunos años sus descendientes. Con el perdón de genealogistas de alta estatura, como mi querido amigo Fernando Jurado Noboa, me remito a la información de primera mano elaborada por los bisnietos de Montalvo y doña Pastora Hernández, quienes me la entregaron manuscrita con las siguientes anotaciones:

1.- María Coral Hernández, hija legítima de Víctor Coral y Pastora Hernández, quien a su vez casó con Adán Ibarra y de cuya unión procrearon a Víctor, Juanita, Alfonso, Arístides y Telmo Coral Ibarra.

2.- José Adán Coral Hernández, hijo de la primera relación sentimental entre Juan Montalvo y Pastora Hernández, bautizado el 7 de febrero de 1873, quien repudió el apellido Montalvo de su padre biológico y asumió el apellido de don Víctor. José Adán casó con la señora Clementina Coral con quien procreó a: Secundina, Zoila, Guillermo y Enriqueta Coral Coral, que vienen a ser nietos directos de Montalvo a pesar de no llevar su apellido por disposición de don José Adán.

3.- Visitación Montalvo Hernández, hija segunda de Juan Montalvo y Pastora Hernández, bautizada así el 22 de octubre de 1875 en Ipiales, quien al contrario de su hermano José Adán asumió el apellido de su progenitor verdadero. Visitación casó con Marcelino Checa en cuyo matrimonio procrearon a: Alfredo, Erasmo, Rosa, Florinda, Víctor y Emérita Checa Montalvo, que vienen a ser nietos directos de don Juan y doña Pastora.

4.- Florinda Checa Montalvo, hija de Visitación Montalvo Hernández y a su vez nieta de Juan Montalvo y Pastora Hernández, casó con Manuel Montenegro y de ellos descienden: Efraín, Isabel, Over, Ovidio, Parménides y Beatriz Montenegro Checa, quienes se constituyen en bisnietos de Montalvo. Algunos de ellos, la mayoría, residen aún en Ipiales y otros en Cali y Bogotá.

Efraín Montenegro Checa que reside en Bogotá fue quien en compañía de sus hermanos me entregó en la Casa de Montalvo, Núcleo de Ipiales, el manuscrito de su genealogía, y por nuestra amena conversación pude darme cuenta que ellos defienden con orgullo que su abuela Visitación fue hija de Juan Montalvo y aseguraron que incluso una de las hermanas de su abuela, quien frisaba los noventa años en 2012, residía en Cali.

No se puede olvidar que fuera de esta relación con doña Pastora Hernández, don Juan Montalvo sostuvo otras en algunos municipios cercanos a Ipiales y dejó progenie destacada como el doctor Jorge Coral Samper, abogado de mérito y hombre de inteligencia comprobada, quien también como Adán Coral Hernández repudió el apellido Montalvo y se colocó Samper que en traducción del francés significa “sin padre”. De él vino el siempre bien recordado doctor Juan Coral, nieto de Juan Montalvo, buen conversador, simpático en su forma de ser, inteligente y sabio en sus apreciaciones, excelente amigo y contertulio, quien falleció no hace mucho tiempo en Tumaco.

A su vez, de él registramos a su hijo Juan Coral Eraso, (con s), abogado de reconocida trayectoria, investigador, inquieto por la historia y las labores culturales quien reside en Buesaco, Nariño. Juan se empeña y seguirá empeñado en la implementación de la Cátedra de Montalvo pactada por los Ministros de Educación de Latinoamérica y el Caribe en Caracas, Venezuela, y en esa gestión lo acompañamos con decisión y coraje.

Imprescindible decir que la figura de Juan Montalvo Fiallos es emblemática en el sur de Colombia, donde residió, escribió y fue querido y respetado. Tan es así, que en el recuadro inferior derecho del escudo de Ipiales aparece una antorcha del saber y junto a ella siete libros que son un homenaje a los Siete Tratados escritos por él en Ipiales. En el año de 1932, al conmemorarse el centenario de su nacimiento, el 13 de abril, el Concejo Municipal de Ipiales aprobó el Acuerdo por el cual se le rindió homenaje y designó como Avenida Juan Montalvo a la que se halla en la calle 18 entre carreras 2ª y 5ª, por ser el sitio de su habitual camino hacia el punto Los Lirios, en donde para menguar la soledad del destierro practicaba la oratoria ante el asombro de los niños y se desenvolvía en filípicas disertaciones sobre la literatura y la libertad de su patria.

 

La Casa de Montalvo, Núcleo de Ipiales y la alcaldía municipal, rinden homenaje a Juan Montalvo, en la avenida que lleva su nombre

 

Las anteriores son suficientes razones para concluir afirmando que el Juan Montalvo ipialeño seguirá residiendo espiritualmente, a través de sus obras y de su progenie, en la memoria colectiva del sur de Colombia. Pues él, desde ese entonces, fue y seguirá siendo considerado como hijo de la ciudad que bautizó como la de las nubes verdes.

Citas:

(1) PÉREZ, Galo René, Pensamiento y Literatura del Ecuador, Ed. Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1972.

(2) MONTALVO, Juan, El Cosmopolita. Tomo 1, Ed. Casa de Montalvo, Ambato, 2007.

(3) Idem

(4) PEREZ, Galo René, Un Escritor entre la Gloria y las Borrascas, Banco Central del Ecuador, Quito, 1990.

(5) QUERETEJA Barceló, Alejandro, Yo, Juan Montalvo, Paradiso Editores, Madrid, 2014.

(6) PÉREZ, Galo René, Pensamiento y Literatura del Ecuador, Ed. Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1972.

(7) COLOQUIO DE IPIALES, Memorias, Ed. Ministerio de Educación del Ecuador, 1995

(8) MONTALVO, Juan, La Dictadura Perpetua, Casa de Montalvo, Ambato, 1985

(9) ROMERO Galeano, Camilo, Juan Montalvo en Colombia, Consulado del Ecuador, Ed. Okey, Ipiales, 2013

(10) PÉREZ, Galo René, Pensamiento y Literatura del Ecuador, Ed. Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1972.

 

 

Ambato: casa paterna de Juan Montalvo

 

 

Leer a Mario Benedetti debajo de la almohada

Por: Arturo Prado Lima

 

 

Arturo Prado Lima

 

 

Sucedió que a mí me iban a expulsar del grupo por leer a Benedetti, a Vallejo y a otros que no estaban dentro del listado del momento, pero que históricamente debían estar ahí y en primera fila. Por ejemplo, Honorato de Balzac, Osorio Lizarazo, o si quería devorar poemas de verdad, a Luis Vidales, que sí estaban en la lista del instructor.

 

 

Mario Benedetti. Imagen de Hispanophone.

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Durante toda la semana solía leer, debajo de la almohada, los poemas de Mario Benedetti con la esperanza, siempre conseguida, de escoger el mejor poema que escribiría en la carta que enviaba en el correo los viernes por la tarde, después de llamar a la mujer de mi vida por teléfono. Siempre contaba con la ayuda de los versos del poeta uruguayo para lograr el cometido de mis mensajes: no contar uno, dos y tres, sino contar con ella para toda la vida. Por entonces, yo había aceptado hacer parte de un grupo de estudiantes aspirantes a dirigentes políticos de izquierda en una Colombia sumida en una de sus épocas más violentas. Un grupo de jóvenes revolucionarios que, además, pretendía practicar cómo es vivir realmente en comunidad, en solidaridad, y para ello, había que aislarse de la sociedad que nos rodeaba.

Ocupamos una sede sindical en la capital del país y adoptamos un régimen cuartelario, una disciplina de auténticos combatientes. Por casualidad, o por causalidad, aún no lo he descifrado, estábamos al lado de una sede policial, de un supermercado, de una cafetería y de la denominada Casa de los Poetas. Y viviendo un estatuto de seguridad que bajo un estado de sitio controlaba todos los movimientos de la población ante la posibilidad de ataques de grupos guerrilleros en pleno crecimiento.

Los instructores eran severos. Desde la mañana hasta bien entrada la noche, asistíamos a clases de economía, filosofía, historia, tácticas, estrategias y análisis de la situación sociopolítica actual. Por ningún motivo deberíamos distraernos con otras actividades, físicas o mentales, que no estuvieran dentro del programa de formación sugerido por un mando invisible que nunca conocí.

Eran éstas las condiciones que vivía cuando más deseos tenía de leer a los poetas de mi vida. Al ingresar al grupo, logré camuflar un libro de poemas de Benedetti, otro de César Vallejo y la novela Cien años de soledad.

 

 

Benedetti, el inmenso Poeta

 

Conseguí que se me permitiera salir del claustro todos los viernes a las seis de la tarde, ir hasta la sede de Telecom, depositar la carta y hacer una llamada telefónica a la mujer que estaba allá, en el sur del país, pero también disuelta en los poemas. Una de esas tardes, regresando a mi confinamiento, encontré un mantero con libros de segunda mano y allí estaba la obra completa de los cuentos de Mario Benedetti, cosa que me asombró, pues no me imaginaba al gran bardo escribiendo cuentos.

Me gustaba dormir en la litera alta porque allí llegaba la tenue luz de una bombilla del patio exterior lo cual me permitía leer los libros prohibidos en el pequeño cuartel. Después de las 11 de la noche, cuando todos teníamos que estar durmiendo, yo sacaba de entre el colchón y la almohada un libro grande y fuerte que en el día escondía en mi maleta. Fue el instructor de economía el que me descubrió leyéndolos, y el mismo que me acusó de tener vicios pequeño-burgueses respecto de las lecturas y, como consecuencia de ello, no apto para ser forjado como líder político de la Colombia convulsa de los años 80.

En una reunión dos días después, a las nueve de la noche, se acordó que mi presencia en la sede era inoportuna, por no decir peligrosa, y tendría por tanto que volver a casa. A esas alturas, ya los poemas y la narrativa en general del uruguayo, me asombraban. De sus cuentos me acuerdo especialmente de dos: Miss Amnesia, y Pequebú. El primero, porque una chica con amnesia vivía el mismo momento todos los días: hablaba con un hombre en un parque y vivía momentos perturbadores pero efímeros. El olvido era su memoria y horas después se repetía todo con las mismas cosas, el mismo parque, las mismas palomas y su mismo yo. Eran otras circunstancias, pero las mismas para ella, una metáfora de lo que ocurre en un continente donde los esclavos olvidan que lo son y terminan siempre con la cabeza gacha, una y otra vez, ante su verdugo.

 

El amor es un lazo que une pero no ata. El amor es un todo al borde de la nada. Es la luz que llega un día sin buscarla y que te cambia para siempre la vida. Es tan bello como una estrella, pero tan difícil de conquistar como a una de ellas.

 

Y el segundo cuento me gustaba porque es la historia de muchos poetas y escritores que se vieron abocados a incomprensiones de todo tipo en los movimientos de liberación nacional en toda la América Latina. Lo resumo. Un escritor y poeta nunca pudo hacer parte de un grupo de resistencia a la dictadura de la Argentina militarista, pero pagó con su vida el valor de demostrar que también la pequeña burguesía consciente podía aportar elementos a la causa liberadora. Fue apresado por las fuerzas gubernamentales. Durante los interrogatorios y las torturas, el prisionero acepta que sí sabe, pero se niega a delatar a nadie. Todos, de forma unánime, acusan a este “pequebú”, o pequeño burgués, de ser el delator.

Al contrario, fue este chico quien dio una lección de valentía a los demás. La acusación de debilidad de sus compañeros se basaba en que leía libros de autores “pequeño burgueses”, como “Machado y Hesse”. Que cuando él escribía sus propios cuentos, solo se inspiraba en cosas bonitas, las cosas feas las dejaba al margen, y por aquellos tiempos, todo lo que ocurría bajo las dictaduras militares eran feas: tortura, desapariciones, muertes, exilios y una masacre colectiva de los sueños de toda una generación. Pero lo que lo delataba definitivamente era que en sus cuentos y poemas no había obreros ni se mencionaba sus luchas. Así que no lo aceptaron en el grupo, aunque no se perdió la amistad y fue en estas condiciones que fue aprehendido por los militares.

Sucedió que a mí me iban a expulsar del grupo por leer a Benedetti, a Vallejo y a otros que no estaban dentro del listado del momento, pero que históricamente debían estar ahí y en primera fila. Por ejemplo, Honorato de Balzac, Osorio Lizarazo, o si quería devorar poemas de verdad, a Luis Vidales, que sí estaban en la lista del instructor. Eran tiempos para los clásicos del marxismo. Leer otro tipo de literatura era considerado un vicio pequeño burgués que se debía combatir. Jorge Luís Borges, Octavio Paz, Vargas Llosa y otros tantos estaban en la lista negra de los revolucionarios de finales del siglo.

 

Mario Benedetti: sus versos suelen ser auténticas seentencias

 

Y lo aceptamos así. Por mi parte, durante el juicio no opuse mayor resistencia a la expulsión, pues en el fondo me sentía culpable, pero el tema de la poesía, de los buenos escritores y los extraordinarios poetas que leía pudieron más. Solicité dos días de plazo para salir, que se me concedieron sin ninguna objeción. Esa noche ya no tuve que utilizar la luz de la bombilla que entraba por la ventana, sino que con la linterna de dotación y mi nueva condición de “pequebú”, saqué de debajo de la almohada el libro de cuentos de Benedetti y de más al fondo, uno de poemas, y sentí el elixir de leer a Benedetti a campo abierto.

En la mañana del día siguiente, el instructor que lideró la condena se acercó a mí, me tomó del brazo, me llevó hasta el gimnasio y se disculpó. “He estado equivocado”, dijo. “Y yo también”, le dije, pues había aceptado las reglas al ingresar al grupo. Me invitó a una reunión general y allí, para que todos lo oyeran, volvió a disculparse y me extendió la invitación para que me quedara.

Desde aquel día, el instructor dejó de darme consejos sobre cómo escribir poemas, y yo dejé de pensar en ser el líder político que en algún momento había ideado como respuesta a la grave situación de violencia nacional. Me propuse seguir escribiendo sin pausa ni reposo hasta donde me alcanzara la existencia. He agradecido ese gesto toda mi vida. Lo asumí de uno de los lugartenientes del Che Guevara. Un hombre sabio, silencioso y genial, que vivió en el anonimato desde el día en que se despidió de su comandante.

Leer los poemas de Mario Benedetti debajo de la almohada me dejó la experiencia de vivir dos clandestinidades al mismo tiempo: por el Estado opresor, y por mi propio grupo al que pretendía enfrentar. Y me enseñó, como leí en uno de sus cuentos, que por más disciplina que haya en cualquier faceta de nuestras vidas, no es cierto que “el cariño no es una prioridad en esta época”, sino todo lo contrario: es el cariño el que hace a los poetas, a los que se lee, incluso, debajo de la almohada.

https://elcomejen.com/2021/04/23/leer-a-mario-benedetti-debajo-de-la-almohada/

 

Y su ideario es claro y contundente

 

 

La historia detrás del telón

 

Por Nina Portacio

 

Nina Portacio

 

A Henry Carrillo Niño, sin lugar a dudas, y a todas esas personas que facilitan o sirven de puente para hacer realidad los sueños de otros, por el placer de aportar, construir o crear, sin esperar nada.

 

Era una mañana soleada del 5 de mayo de 2003 cuando caminé varias cuadras por la carrera séptima de Bogotá; me dirigía hacia el norte a una fotocopiadora cercana al edificio donde vivo en la capital. Al entrar tuve que esperar mi turno, así que me arrimé al mostrador y me quedé observando la nada. Supongo que seguí así, por un rato, hasta que retorné de mi estado mental ausente, fue cuando una imagen cautivó mi mirada. Era la imagen más bella que había visto en mucho tiempo; eran sin temor a equivocarme, las mariposas amarillas que anunciaban la llegada de Mauricio Babilonia. Le pregunté un tanto emocionada, al joven que atendía el lugar, de dónde o de quién era esa imagen que iba a digitalizar, y él, me señaló a un hombre de pulóver azul, jean y tenis, que se encontraba parado dos o tres pasos a mi izquierda, que también estaba arrimado al mostrador organizando sus asuntos en una carpeta. Me giré por instinto y le hablé sin pensarlo, porque deduje que él también me había escuchado: ¿Es tuya esa imagen? Pronuncié. Si, replicó. Son las mariposas de Mauricio Babilonia, ¿no cierto?, pregunté una vez más. Si, respondió algo sorprendido, lo hizo con un gesto amable pero discreto mientras se acomodaba el cabello. Es una imagen hermosa, agregué. Es un grabado al agua fuerte, me dijo. Y yo me acerqué para seguir indagando, olvidándome por completo, de lo que había ido hacer a esa fotocopiadora.

 

 

Cien Años de Soledad en trazos de agua fuerte

 

– ¿Aguafuerte, me dices?

– Si, es una técnica que se usa para grabar el metal.

– ¿Tienes muchos grabados como éste?, pregunté.

– 100 grabados que ilustran la novela y 20 grabados más con la letra capital ilustrada con un fragmento impreso del inicio de cada capítulo de la novela, contestó.

– ¿Los hiciste tú?, interrogué con susto, por la magnitud de lo que acababa de escuchar. Me sentía algo exaltada y por la dimensión de aquella imagen intuí que estaba a punto de acercarme a una obra monumental.

– Así es, agregó.

Mi alma enloqueció. Salimos de ahí como si fuéramos amigos de toda la vida e hicimos el camino de regreso a ningún lugar concreto, hablando de su obra.

– Soy Pedro, dijo, pasándome la mano. Yo, Martha Liliana, mientras correspondía a su mano para contestar el saludo.

Al observar otros grabados, supe que era una obra mucho más que magistral, que necesitaba volar alto y lejos. Era un deleite al espíritu. Una sinfonía que acompañaba las palabras. Un poema visual que recorría el mundo del creador de Macondo con la profundidad propia de quién ha dejado la vida en ello. La obra completa enmarcada y puesta en escena, pesaba una Tonelada.

Pedro Villalba Ospina, el artista, se había encerrado en su taller durante seis años a ilustrar Cien años de Soledad mientras el mundo seguía girando. Al salir de su encierro descubrió que habían inventado los teléfonos móviles y tuvo que observar atónito como la gente caminaba por las calles comunicándose a través de ellos. Durante ese tiempo, Pedro había vendido todo lo que tenía al alcance en su casa, para poder sacar su sueño adelante, dado que no tenía ninguna clase de respaldo institucional.

– Tienes por supuesto el permiso de GABO o el de su agente literaria para ilustrar la obra, increpé, mientras seguía observando.

– No, él no conoce mi obra y a mí tampoco, respondió. En México vio uno o dos grabados, a través de William Ospina, añadió.

– ¿Me estás diciendo que hiciste durante seis años una obra monumental que ilustra Cien años de Soledad sin el permiso de GABO ni de su agente? Lo interrogué incrédula.

– Sí. Contestó.

– ¡Es una locura!, le dije.

– Lo tendremos de algún modo, agregó con seguridad.

En ese instante tuve una premonición brutal; recordé por instinto la imagen de las mariposas que me atraparon, que siempre han revoloteado en algunos sucesos inefables de mi vida, y que quizás me guiaron a ese lugar, justo aquel día, pero opté por el silencio.

Dos mes después de conocer a Pedro y de haberme empapado hasta el tuétano de la técnica del grabado sobre metal y de sus detalles técnicos con el ácido, la cera, el dibujo, la prensa y el tipo de papel usado, de haber mirado cada grabado y escuchado recitar pequeños fragmentos del libro ilustrado y comprendido a fondo lo que es un libro de artista, me dirigí a la Agencia Colombiana de Cooperación Internacional (ACCI) y busqué a Henry Carrillo Niño; lo conocía por un par de proyectos científicos, en el marco de la Cooperación Técnica con Países en Vía de Desarrollo (CTPD), que yo había escrito y que la ACCI me había financiado a través de la entidad donde trabajaba como investigadora, en ese momento, en el marco de un programa Nacional de la Subdirección de Investigación Estratégica. Henry me atendió con su amabilidad característica, pensando que mi visita era por algo relacionado con eso, pero yo le aclaré de inmediato que no, que era por un tema muy diferente, que no tenía nada que ver con esos proyectos ni con mi trabajo. No obstante, le pregunté de una vez, si la ACCI financiaba proyectos culturales aparte de los proyectos científicos. Henry, contestó que eso dependía del proyecto y el interés cultural que éste suscitara. Entonces, tienes que ver algo, le dije. ¡Claro que sí, tráemelo cuando quieras!, replicó. No puedo, pesa una Tonelada, contesté. Él sonrió y yo lo seguí.

Había pasado una semana, era un sábado bastante gris, Henry y yo, nos encontrábamos en la casa de Pedro Villalba y su esposa. Ese día, Henry conoció la obra y después de una charla amenizada con pizza y cerveza pronunció estas palabras: “Esta obra ha terminado su peregrinaje. Hay que escribir la propuesta para poder llevarla a Casa de Las Américas en Cuba.” ¡Nos abrazamos de felicidad! sin tener nada escrito, pero entendíamos que se abría una puerta que sugería el camino. El lunes siguiente, Pedro y yo, nos vimos sentados trabajando frente a un computador que sonaba como una matraca, al encenderlo; Pedro estaba en la nube artística y yo en la perspectiva cultural de un proyecto CTPD, tratando de ajustar o adaptar en letras, el arte magno impreso en algodón italiano y enmarcado a mano, en un formato oficial de cinco hojas. Todavía no logro descifrar cómo lo hicimos, pero lo logramos. La parte poética y el componente técnico se confabularon. Todo fluyó. Fue una propuesta tan holística como maravillosa. La radiqué en Julio de 2003 y transcurridos veinte días hábiles, de la ACCI nos informaron que había sido aprobada por el comité y que la obra iría a Cuba el año siguiente. Para entonces, yo estaría en Barcelona, pero esa propuesta cultural que escribí, al igual que la obra del artista, ya brillaba con luz propia. Por lo que pude viajar tranquila.

 

 

Detalles de la exposición de Pedro Villalba en La Habana, Cuba, Casa delas Américas, con la presencia de Gabriel García Márquez

 

En el 2005, contra viento y marea, y según el pronóstico “Cien años de Soledad al Agua Fuerte” fue expuesta en Casa de las Américas en La Habana. Esta obra por alguna razón providencial debía estar en Cuba ese año, porque fue ahí donde GABO la conoció. El escritor y el artista la apreciaron juntos durante la exposición. GABO al observar los grabados llamó a Carmen Balcells y le dijo: “Creo que he encontrado la obra que ilustrará a Cien años de Soledad”. En febrero de 2008 llevé unos grabados de Colombia a Barcelona en un portafolio de cuero, el resto de los grabados viajaron en una caja de Colombia a Alemania y luego desde Alemania, a la casa de Rius i taulet, donde yo vivía en Sant Cugat del Vallés, en Catalunya. Pero ahí no terminaba el recorrido, porque debía llevar algunos grabados emblemáticos a Barcelona hasta la agencia de Carmen Balcells, ubicada en el número 580 de la Avinguda Diagonal. Y así lo hice. La conocí con su pelo blanco, su rostro rozagante y su espíritu jubiloso. La creadora del “Boom Latinoamericano” me saludo con cariño, me preguntó a qué me dedicaba y yo le contesté: ¡Soy músico, poeta y loco! Esa frase es de León de Greiff, me dijo ella con alegría. No sé, le contesté, pero yo, soy músico porque toco el piano, poeta porque escribo para serenar el espíritu y soy loco, porque estoy terminando un doctorado, para ejercer en un país donde todo el mundo es doctor por el simple hecho de usar corbata o tacones, pero yo quiero ser un Ph.D., de verdad. Se rio con ganas. Ana su secretaria revoloteó un rato por la oficina y luego nos dejó a solas. En cualquier caso, podría decir que conocí y charlé una tarde entera con quien me besó la mano como a una reina y me envió a una editorial, recomendada por teléfono con la voz y estilo propios de Carmen Balcells, con un tesoro dentro de un portafolio de cuero y con la clara intención de abrirlo al mundo. Y así lo hice, de nuevo. En esa casa editorial me recibieron con cierto privilegio, pero yo fui a lo que fui: a entregar los grabados de Pedro.

Jamás recibí alguna contraprestación por toda esta odisea, ni en Colombia ni en Barcelona. Fue un alto grado de altruismo, lo sé. Pero yo quise que así fuera. Todavía sonrío al recordar todo esto, porque pienso que fue la magia natural que irradian las mariposas amarillas, lo que me acercó a la obra para formar parte, en un trayecto, de su recorrido.

 

 

Edición ilustrada de Cien Años de Soledad, Editorial Norma. Detalles de la inauguración y las características de la publicación

 

Un año más tarde, vine a Colombia para la Navidad del 2009 y a mediados de enero de 2010 visité al artista y a su esposa. Fue en esa visita, cuando él me regaló el libro de Cien años de Soledad ilustrado por Pedro Villalba Ospina, del Grupo Editorial Norma, cuya dedicatoria es mi mayor satisfacción de toda esta historia: La historia detrás del telón. Siempre he creído que esa desnudez de las historias contadas sin adornos ni escenarios convenientes, es lo que las hace libres, sublimes, sensatas, palpables, políticamente correctas y éticas.

 

Nota del editor:

Las sesenta imágenes que acompañan la primera edición ilustrada de este libro hacen parte del trabajo de Pedro Villalba Ospina realizado durante los años 1996 a 2002, que lleva por título “Cien años de soledad al aguafuerte” y que consta en total de 120 grabados sobre metal.

“No tengo claro el momento en que decidí hacer los grabados, y no lo hice orientado por la historia, que muy bien conocía, sino por los relampagazos que en muchos fragmentos iluminaban las pala­bras develando el dibujo oculto que contenían. Afortunadamente, encontré una forma de felicidad hasta entonces desconocida para mí, que decidí proteger y prolongar a voluntad para dedicarme durante seis años a realizar esta obra”.

 

Lo diminuto, los libros y la virtualidad

 

Por: Henry Manrique

 

 

Henry Manrique

 

El pasado del hombre se mide por las proporciones de sus ejecuciones, para el caso, de elementos físicos materiales. Alguien afirmaba que en la actualidad el hombre es incapaz de afrontar empresas como la construcción de murallas o pirámides, porque su fe se va achicando. Lo cierto es que lo gigantesco tenía su sentido en lo religioso, defensivo, ritual mortuorio o templo astronómico.

Hoy las grandes empresas evitan lo colosal, porque ya, en las circunstancias actuales en las que la técnica y la ciencia sobrepasan todo límite, hasta el ético, hacen que el ser humano esté perdiendo la confianza en sí mismo y desde ahí en los demás, el otro. Lo grande adquiere otros significados que se acercan más a lo banal que a lo esencial.

Entonces lo diminuto se convierte en núcleo, todo se reduce o se acomoda para que esté al alcance de las  manos. En éste sentido, lo básico, porque se van generando necesidades incomprendidas también, es que lo creado e inventado sea inmediato y adictivo. Un celular, una memoria, en sus proporciones y en escala han hecho olvidar hasta la larga distancia muy común en la vida de ayer. Estos instrumentos han asociado lenguajes, porque hoy se oye, se ve, se interactúa, es decir toda actividad humana se efectúa instantáneamente y desde un aparato tal, que cabe en el bolsillo y que se activa con la huella, la voz o con el meñique si el caso lo amerita.

El libro, que en sus ancestros tenía también una connotación de grande: papiros, tablas de arcilla, en su evolución va adquiriendo una fisonomía que se adapta a la incesante transformación de los media, en palabras de Roman Jakobson (semiología). En la antigüedad y así mismo ubicados en el medioevo, los grandes textos escritos a mano e ilustrados, indicaban un testimonio de lo divino, hechos con la paciencia de quien tiene todo el tiempo del mundo; el que “transcribe” está aislado y enclaustrado; en esos espacios, es posible hacer de la letra, o la palabra, un acto de magia o ritual; parece que la época ocurría lenta. Luego el gran salto, Gütenberg, la imprenta socializan la escritura, se da el acto de solidaridad lingüística más glorioso, pues el libro estaba ahí, esperando la curiosidad en los ojos y en la mente del lector, aunque aún era necesario establecer espacios pedagógicos en los que la lectura se liberara de los recintos monarcales y burgueses para darse al pueblo en general.

En sí esa es la historia del libro, o de la palabra, o del lenguaje; Voltaire denominaba “Oseveras bibliotecas” a esos recintos con libros que debían servir para algo, no para el encierro, aludiendo al nuevo hombre destinado a la libertad. La enciclopedia, grandes colecciones, se convierte en el texto donde convergen todos los conocimientos humanos y desde allí se liga, especialmente el acto estético-literario, como un elemento asociado y beligerante lleno de compromiso. Hoy cualquier biblioteca del mundo cabe en una diminuta USB.

Para entonces nadie habría de percibir el futuro, lo cierto, aquello que fue aún nos maravilla por su estatura, pero más nos asombra en la contemporaneidad y la neo también, como en las dimensiones micro se puede albergar todo el ingenio del ser, incluido el literario creado en el pretérito, también, el que nace al instante.

 

 

De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación. Jorge Luis Borges.

 

Un micro-chip es un instrumento, es la memoria individual y la del mundo; es la condensación del saber vertido a lenguajes que se nomadizan o se vuelven trashumantes, pues, en su movilidad se convierte en el acompañante, siempre disponible, para orientar o guiar, enseñar, controvertir, dialogar y en forma  general comunicar. Está sucediendo como en el Aleph de Borges, un lugar, una luz diminuta, un haz en donde converge el espacio y el tiempo universal.

De esta manera, un paradigma comunicativo está latente, los lenguajes se renuevan para denominar, incluso a  los usuarios, milenials, término que abarca a todos los hombres y mujeres nacidos en las décadas del siglo XXI y para quienes la velocidad, la nitidez, lo instantáneo, la  resolución y todo el lenguaje tecnológico es la normalidad, la cotidianidad; sociedad líquida la llaman en el sentido que representa al joven que se transforma,  se moldea, se resetea tratando de ser transparente. Esto se opone, claro está, a la sociedad sólida, la que  persiste, nostalgia sobre el pasado quieto, pesado y lento. Ahí estamos.

En este ámbito, el libro, y en el concepto estético del mismo, la literatura, ha obrado de forma mágica y misteriosa, tal como es la  palabra dicha desde el arte. La literatura funge como esa cofradía a la que asisten los profetas (autores). No en vano desde el arte de la narración épica, o la novela, en sus ficciones desde antaño ya recreaba el futuro en sus avances tecnológicos increíbles, iniciando con Julio Verne, aunque esto era más antiguo (Ícaro), que propuso un viaje a la luna, un viaje submarino; o George Orwell, en su obra 1984; Aldoux Huxley quien cree que la felicidad se logra en los avances tecnológicos (Un mundo feliz); George Lucas, y sus  obras Star Wars, Isaac Asimov. ¿Quién de nosotros no veíamos con ojos de maravilla y asombro el videófono (sonido e imagen) o la tele- trasportación, o el hombre invisible? Eso era la ciencia ficción, la imaginación en sus más altos significados, entonces, la literatura lo dice primero, luego lo construye la ciencia. Eso es premonitorio, es fantástico, es lo maravilloso de la palabra, la alquimia del verbo.

 

Eso era la ciencia ficción, la imaginación en sus más altos significados, entonces, la literatura lo dice primero, luego lo construye la ciencia. Eso es premonitorio, es fantástico, es lo maravilloso de la palabra, la alquimia del verbo.

 

La ficción  se vuelve  realidad, es, aquí, ahora, un acto cotidiano y lo que veíamos como asombroso, en el ahora  no pasa de ser un artefacto de uso común e imprescindible, más en el momento en el que desde los encierros  provocados por el diminuto virus, nos abrimos al mundo a través de un celular o una Tablet y si acaso desde el computador. Ahora sí, que, de cierta forma se hace realidad el concepto de “aldea  global”, como lo plantea  McLuhan; creo, en cuestiones comunicativas, todo lo tenemos al alcance de la mano, tanto así que, en el afán de persistir, la virtualidad acerca a  los autores o creadores y, sencillamente, programaremos un festival y nos miraremos y escucharemos en la genialidad del hombre hecha signo.

Y del libro ¿qué? Se ha planteado varias veces  la muerte del libro, pero, este persiste y lo hará por los siglos de  los siglos. El libro tiene su aroma, su sabor, su color, su forma es “una  eternidad rectangular”; es más fácil encontrar la respiración del autor entre las páginas de papel y las tintas que en la lisura de un plasma. Miles somos adoradores de los libros y acaso nos resistimos al embate de la tecnología, pero, no la desechamos, pues, creo que  lo que cambian son los formatos y estos nos hacen cambiar. Como norma de adaptación,  buscaremos y encontraremos que el atributo del texto como tal, siempre será o estará, pues el libro, como lo plantea Carlos Ruiz Safón en la novela “La sombra del viento”, reposará en el cementerio de los libros viejos esperando un lector que se transformará en el personaje; ese hombre se encuentra y se reconoce; ese ser con su pasión por  la palabra llegará para que empiece a ser él, el libro, la página infinitamente.

Una cosa es  cierta, la realidad abona nuevos sistemas e instrumentos comunicativos (E-books, wattpad, podcast), los milenials “goglearán”, “Wasapearán”; las empresas editoriales ofrecerán vía internet sus  productos editoriales, las mismas pedagogías se centrarán en los textos virtuales; se asociará la escritura, el sonido y la imagen; se optará por la publicación virtual… todo, pero eso de ninguna manera, creo, superará la sensibilidad, el respiro que puede sentir el lector frente a unas páginas muchas veces “amasadas con lágrimas”. El libro en su formato tradicional se está convirtiendo en uno de los pocos instrumentos que nos  mantiene unidos al verdadero concepto de humanidad y los que hacemos de la biblioteca un gabinete mágico  donde reposa algo de la inmanencia del ser, quizá seremos los depositarios de la espiritualidad.

Finalmente, hace algunos años, Mario Vargas Llosa, en el entorno de su reconocimiento con el premio Nobel de Literatura, en una de sus acostumbradas intervenciones frente a los periodistas decía que, quizá en el futuro el premio Nobel se tendrá que otorgar a un procesador, a un diminuto chip que estará insertado en la piel o a un cerebro artificial. Creo que como vamos, el hombre en su afán de progreso sin limitaciones, logrará formular un  programa dotado de sensibilidad, es decir, una computadora tendrá sentimientos, sensaciones, imaginará, se inspirará o en el menor de los casos, las musas lo invadirán para recrear el caos del mundo en el que nos encontremos. Por lo pronto, me alegro con la utopía de que nunca lograrán, estos sofisticados elementos, la extinción del autor.

 

Los libros del futuro no podrán suplantar al autor

 

 

Pausada Percusión y otras memorias

 

Por: Felipe García Quintero

 

 

Felipe García Quintero. Fotografía de Isla Jiménez Kand.

 

El poeta y profesor de la Universidad del Cauca, Felipe García Quintero, hace un pórtico a propósito de la publicación del libro Pausada Percusión y otras memorias, de Julio César Goyes Narváez, publicado en la Colección Galáctica, Pasto, Nariño. El libro fue presentado en la Feria Internacional de libro universitario -FILU 2019- organizada por la Universidad Veracruzana, Xalapa, México, el 13 de abril, por el escritor mexicano Carlos Rojas Ramírez.

 

“Percusionista del silencio”

 

I

 

Julio César Goyes ha escrito este breve y unitario libro de poemas entorno al viaje, con un título de una belleza honda que conjuga dos maneras de la sensibilidad próximas al misterio cotidiano como son la música y la memoria, para acaso mostrar cuánto el lenguaje puede ser también otro territorio, aparte de lo recobrado por los recuerdos, y una conquista propia que inscribe muy adentro la experiencia tan humana de andar caminos, ver paisaje y otear distancias.

II

Con solo mirar el horizonte de sus manos o ver bajo los pasos sobre el camino hollado por el viento y la voz, el poeta es un viajero de sí mismo, un caminante del cuerpo, de su alma y sus sombras. Y de las palmas cerradas junto al oído, cuando escucha un tambor en la selva, nace el gesto antiguo y seminal que da inicio al viaje sonoro de encontrar el ritmo tan suyo de ese galope de caballos sobre el papel, a modo de un llamado inevitable con la historia personal y colectiva, de quien siente llegar las voces del pasado y reconoce su presente vital en ámbitos apropiados por las palabras justas que nombran el tiempo para darle un lugar a lo que desaparece si solo es visto.

III

En este punto cómo no recordar los potros de Aurelio Arturo, su paisano del Sur, cuando la lectura gratifica porque permite acompañar al poeta en su propia andadura por los sitios que la lengua remonta, incluso aquellos parajes citados de la tradición literaria, desde el inicio lejano del relato cultural de un continente que mira su orilla al otro extremo del mar como es la historia occidental, hasta descubrir o inventar el galope furioso de ese caballo fugado del sueño como lo hace la poesía, a modo de una lengua primordial o adánica que sabe de paraísos y tanto más de exilios.

IV

No cabe intentar traducir las imágenes que condensan la historia del viajero y de quienes llegaron a orillas y calles, de acá o allá, y cantan la perplejidad del mundo humano, si bien esta ‘pausada percusión’, acaso de pasos invisible, con voces interiores, entre el ruido de los días y el barullo de los hechos, ya es parte de la infancia, la patria común de todos los hombres; esa porción de tierra habitada, aun contra la voluntad de poblar una casa ajena, si bien cada uno de los cuatro poemas de este libro encarna  a un tiempo el dolor y la dicha, al dejar sentir que el poeta es el ‘percusionista del silencio’.

 

Pausada percusión

 

***

 

Vienen desde lejos los caballos de la noche:

relámpagos en el espejo de sus ojos,

crines goteando en las vasijas del silencio.

Inmemorial la ciudad corta la percusión

en múltiples galopes.

 

Soy el caballo manchado de sueño que ansía

el chasquido de la playa, el aliento sincopado

que canta clandestino entre las olas.

***

 

La sangre yace contenida en los días estivales,

de repente llueve como una bendición

sobre la tierra (efímeras son las sensaciones,

inmortales los relatos).

El corazón resiste porque el porvenir redobla

sin saber dónde

ni la hora en que llama,

ni quién con tanta maestría

lo ejecuta.

Percusionista del silencio, eso, no otra cosa,

quiero ser.

***

 

Al otro lado del océano duerme el sonero

mecido por un espejo de agua coralina,

aquí, en esta orilla, la noche escribe

y delira,

bebe la afrenta,

            prepara la estampida.

Una sombra íngrima espera el sol

que la mañana anhela,

(adelgazada resiste a contraluz)

bien sabe que los despiertos imaginan escenarios

con potros salvajes

y sones suicidas.

Yo soy la otra orilla en este pausado

y generoso mundo

(pocas veces o casi sueño),

nunca nuestro.

***

Tan lejos para decir y tan cerca para el mar,

para volver amar el cuerpo nocturno

que la luz ahoga.

Los dioses continúan derribados en la arena,

sus ojos calcinados, sus bocas que en otros veranos

pronunciaron palabras de amor hoy las inmolan,

sus oídos niegan la revenida memoria de la marea.

Yo vuelvo a cabalgar la ciudad, su lomo que suda

y refriego mis amanecidos ojos,

porque leve y testarudo es el son

y sordos están

los que no escuchan.

 

 

Julio César Goyes Narváez

 

 

Un pequeño homenaje

 

Por: Alberto Quijano Vodniza

 

 

Alberto Quijano Vodniza, en NASA

 

A la memoria del gran amigo Gerardo Dulce Hidalgo

 

En estos dos últimos años, he perdido muchos amigos, la mayoría víctimas de la pesadilla de la pandemia. Y este 20 de abril, un mes después del nacimiento de la primavera en las lejanas latitudes del norte, Gerardo Dulce Hidalgo gran Amigo de mi Padre Alberto Quijano Guerrero, se despidió tranquilamente de este planeta.

 

Gerardo Dulce Hidalgo, q.e.p.d.

 

Recuerdo vivamente su imagen fuerte y alegre que el tiempo no pudo cambiar. Se despidió de sus paisajes a pocos años de cumplir cien primaveras en compañía de sus inviernos, y la pandemia no pudo con él; sólo obedeció al dictamen de las Parcas.

En los lejanos años 60’s cuando disfrutaba de la niñez, recuerdo con nostalgia todos los domingos cuando acompañaba a mi Padre Alberto Quijano Guerrero a la misa de las diez de la mañana en el templo de Cristo Rey. A la salida de la misa, se presentaba la perfecta oportunidad para el encuentro de Gerardo Dulce con mi Padre.

Todavía recuerdo algunas palabras de sus largas conversaciones: “Alberto, vas a ir esta tarde a los toros?”

Ahora bien, para aclarar la última frase que parece estar fuera del contexto de nuestra región, en esa época lejana el Coliseo Cubierto de Pasto no era escenario únicamente de los vibrantes partidos de basquetbol entre los colegios Champagnat, Javeriano, San Felipe y otros; allí también en una oportunidad se presentaron los famosos “Trotamundos” de Estados Unidos; y en otras ocasiones se transformó el Coliseo en un improvisado teatro de espectáculos musicales internacionales. Pero también en contadas ocasiones se convirtió en plaza de toros, donde la música española y las emociones brindadas por cuatro toros de pequeño peso, nacían en cada rincón del Coliseo.

Gerardo Dulce hablaba también mucho sobre política con mi Padre y criticaban enérgicamente los gobiernos nefastos. ¡Me gustaría escucharlos en estos tiempos!

La memoria me ha ayudado a recuperar de los tiempos idos otra de sus frases: “Alberto, por quien votarás en esta jornada?”

Gerardo Dulce Hidalgo y Alberto Quijano Guerrero eran representantes de las verdaderas ideas liberales, muy diferentes a las que hoy se defienden. Eran fieles seguidores del gran líder Jorge Eliecer Gaitán, y murieron ellos cubiertos por su bandera roja de libertad, bandera que se debe izar nuevamente en esta época donde la corrupción germina en la mayoría de los gobiernos colombianos.

Fui compañero de su hijo el Doctor Gerardo Dulce Figueroa, destacado Ingeniero Civil Nariñense, durante toda la primaria en el Colegio Champagnat y durante dos años en el bachillerato. En esas lejanas épocas siempre disputamos en franca lid los premios de excelencia y bandera en el Colegio. Nuestros Padres siempre nos acompañaron en el estudio y en las premiaciones, en los éxitos y en los fracasos, que aún viven en la memoria, donde el tiempo se detiene y las alegrías y sinsabores permanecen intactos.

Ya en mi vida profesional, lo recuerdo rodeado de muchos amigos conversando alegremente en la plaza de Nariño. Gerardo Dulce Hidalgo siempre estuvo atento a mis logros en la Astronomía y me preguntaba sobre los últimos descubrimientos en la Astronomía y en la Conquista del Espacio. Y en muchas ocasiones me brindó felicitaciones por haber continuado las enseñanzas de mi Padre, buscando la poesía y la armonía cósmica por un camino diferente pero no incompatible con la Literatura y la Filosofía.

Llegó el triste día en que ya no lo volvía a ver en la plaza, y el Ingeniero Gerardo Dulce me comentó que su Padre había decidido descansar en su hogar …El Pasto moderno ya no se parecía en nada a la querida población de sus recuerdos, y los “leones dormidos” nunca más se levantaron ante las injusticias de la sociedad.

Este 20 de abril, Gerardo Dulce Hidalgo emprendió el vuelo de las Gaviotas hacia las regiones desconocidas de otro Universo Paralelo. Seguramente ya se encontró con otros viajeros y con mi Padre, y nuevas pláticas surgirán repletas de añejas anécdotas y nuevas ilusiones.

¡Hasta luego gran Amigo, Feliz viaje por el Cosmos! Ahora que viaja por los sutiles senderos de la Mente y el Sentimiento, es más fácil la comunicación con los Familiares y Amigos, porque su Alma está sumergida en el Mar que brota del Corazón del Eterno Creador.

Hasta luego gran Amigo, amante de la Vida y del Amor. Su existencia tuvo la fortaleza del viejo roble, y la ternura que jugó de vez en cuando con la fragilidad de una gota de llanto…

 

 

Alberto Quijano Guerrero, en su juventud

 

 

Así será nuestro futuro

 

Por: Enrique Barros Vélez

 

 

Enrique Barros Vélez

 

 

Al transitar por los alrededores del edificio donde vivo me sorprendió una presencia exótica. Parecía un extraterrestre en desprevenido paseo por nuestra tierra. Llevaba puesto un camisón blanco, una camisa y un pantalón grisáceos, como de un uniforme, y protegía su calvicie del sol con una sombrilla sostenida con su mano enguantada. Sobre su rostro tenía una mascarilla y una intimidante careta de acrílico. De esta forma se protegía del contagio a través del tacto o de sus vías respiratorias y, paradójicamente, con su sombrilla, de los saludables rayos del sol. Estaba encapsulado contra cualquier contacto. Intrigado por este sorprendente encuentro pensé en lo que nos está ocurriendo, en cómo nos está cambiando nuestra forma de vida. Y en las devastadoras consecuencias que este virus nos ha causado, y nos seguirá causando, por mucho tiempo. Ya aceptamos saludarnos sin tocarnos; compartir espacios distanciados al menos un metro; lavarnos las manos con desinfectantes y suministrar nuestros datos personales cada que ingresamos a un lugar; evadir las expresiones de cariño, como besos y abrazos; evitar los encuentros, o las visitas, hasta de los familiares; reducir nuestra presencia en establecimientos públicos y desinfectar las prendas al llegar a casa. Todo esto nos está convirtiendo en autómatas que solo salimos cuando debemos realizar labores específicas, que poco nos congraciamos con quienes encontramos a nuestro paso, que parecemos estar en tránsito hacia la indolencia emocional, marginados del elemental disfrute de lo que nos rodea, de las expresiones de vida, para asumir, en cambio, reprimidas normas de supervivencia.

Sobre las consecuencias que la pandemia podría estar causando en la salud mental la doctora Emiliy Holmes, PHD en sicología clínica, y su equipo, advirtieron que la soledad, la falta de contacto físico, el exceso de virtualidad y la ausencia de conversaciones causales, de caminatas y de visitas en casa, son factores que podrían disparar la ansiedad y la depresión, y que por ello estamos un poco más ansiosos, más decaídos de ánimo y sin saber cómo gestionar adecuadamente la incertidumbre.

Aunque ya llegaron las primeras vacunas eso no nos garantiza una cura inmediata. Para lograrla tendrán que transcurrir muchos meses, y hasta años, dependiendo de la seriedad con la que los gobernantes asuman este propósito de vacunación. Y la vacunación masiva no restituirá los comportamientos sociales que teníamos. Necesitaremos tiempo para reconquistar esas formas perdidas de convivencia y las cotidianas expresiones corporales de afecto y de amor. Mientras, el distanciamiento alimentará la soledad que abunda en las ciudades, donde cada persona se comporta como si fuera un ser independiente del conglomerado social. Y el miedo al contagio alimentará esa soledad invisibilizada, sumergiéndonos en profundos abismos de temor, de aislamiento y de tristeza, ratificando entonces lo que hace muchas décadas enunció Henry David Thoreau: “la vida de toda persona transcurre siempre en medio de una silenciosa y desesperante angustia”.

Y en esta nueva y confusa realidad conviviremos transfigurados en unos de esos seres cómicos ―con aspecto de astronautas de fabricación casera― que circularan rutinariamente por las ciudades, mientras esperan a que todo cambie para que todo vuelva a ser como antes…

 

 

Así será nuestro futuro. ¿O ya es el presente?

Marzo 12 de 2021

 

 

La apañadora

(Relato)

 

Por: Vicente Mora Mora

 

 

Vicente Mora

 

A: Mercedes Mora Saavedra.

 

Era de baja estatura, de pelo negro que nunca canó, de frente angosta, piel trigueña, de cejas y ojos negros, tenía cierto movimiento involuntario de su mandíbula inferior y siempre anduvo en pies descalzos con sus talones rajados de tanto caminar por los caminos y calles de Andino Alto.

Nunca se casó ni tuvo hijos, ni novios ni nada.

Vestía siempre de negro y con un pañolón raído por el tiempo.

Vivía con su hermana Dolores, quien sufría de una artritis general y a pesar de eso tejía algún sombrero de paja toquilla para vender.

Su casa situada frente al Chorro Guanga de donde tomaban el agua, era pequeña y de paja con dos piezas y un caído que hacía de cocina con un pequeño huerto sin alcantarillado.

El hermano menor, Segundo, siguió el mismo oficio del papá, hasta que se fue a prestar eI servicio militar y estando allá se dio el Bogotazo el 9 de abril de 1948, con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. Debió luchar y lidiar contra los vándalos y matones que querían acabar con la gente y el orden en esa guerra que se desató en la capital de Colombia.

La otra hermana, María de los Ángeles, había muerto ahogada en el pozo que formaba el chorro Guanga al desmayarse cuando cogía agua. Dejó huérfana de padre y madre a una niña que con el tiempo se casó y se fue a vivir con su esposo.

Cuando murió su hermana Dolores, quedó la apañadora completamente sola en la casa.

La madre de ellas fue hija del sargento Manuel Saavedra combatiente de la guerra de los mil días, quien salió ileso y nunca tuvo una pensión de veterano, ni siquiera obtuvo una migaja del botín como ganador de la contienda que le hubiera servido para educar a sus hijos.

La Michita, como la llamaban a la apañadora, estaba siempre pendiente de las cosechas de papa en los terrenos de Andino Alto, para ir a apañar detrás de los peones y así conseguir el sustento para las dos hermanas. Muchas tardes llegaba cargado a la espalda un pequeño bulto de papas después de haber sufrido los malos tratos de los capataces de las fincas ajenas.

El padre de ellas trabajó antes de morir como tejedor de lanas y también ayudó a construir la carretera al mar Pacífico a veces colgado de una cuerda que la sostenía una barra de hierro para horadar la montaña en el sitio llamado la Nariz del Diablo.

El hermano mayor, Humberto, componedor de sombreros, músico de bandas e integrante de un jazz se fue a vivir a la ciudad con su familia.

 

Crónicas de Viaje

 

Por: Oscar Seidel

 

 

Óscar Seidel

 

País: Alemania – Ciudad: Berlín

 

El sábado 24 de abril del 2021, salimos de Hamburgo rumbo a Berlín, transportados en el tren rápido de larga distancia EuroCity, cuyo destino final era la ciudad de Praga en Checoslovaquia. Con una velocidad promedio de 200 Km/hora llegamos a nuestro destino en un tiempo de dos horas.
Nos desembarcamos en la estación central de Berlín, que es la mayor estación ferroviaria de Europa, cuya construcción tuvo un valor aproximado de 900 millones de euros, iniciada en el 2002 y terminada en el 2006 cuando se celebró en esta ciudad la Copa Mundial de Fútbol.
Lo primero que visitamos fue la Alexanderplatz ubicada en el centro de la ciudad, y debe su nombre a la visita que hizo el zar Alejandro I de Rusia en 1805. Es una plaza enorme y a su alrededor quedan los monumentos y sitios simbólicos como la Torre de televisión de Berlín construida en 1969, sede de varias emisoras de radio y televisión, y tiene un bar con restaurante a 203 metros de altura. De igual manera, en la plaza está el Reloj Mundial que nos muestra el tiempo de varias zonas horarias del mundo.

 

Alexanderplatz, en el centro de la ciudad; alrededor quedan los monumentos y sitios simbólicos como la Torre de televisión de Berlín, tiene un bar con restaurante a 203 metros de altura. De igual manera, en la plaza está el Reloj Mundial que muestra el tiempo de varias zonas horarias del mundo.

 

Algo que me llamó la atención fue que los habitantes de Berlín son algunos de pelo negro, a diferencia de los pobladores de Hamburgo y Kiel, que son rubios y de piel casi que rosada, tal vez influenciada su etnia por la presencia vikinga. La ciudad es tan cosmopolita que se ve reflejado en el genotipo de sus habitantes, a diferencia de la zona del Báltico, donde se evidencia que conservan más el genotipo nórdico.
Luego de caminar un buen trecho, llegamos a la Rotes Rathaus, que es la sede de la Alcaldía y del Gobierno Federado de Berlín. Su nombre está relacionado con el color rojo de los ladrillos con que fue construida entre 1861 y 1869. Después de la segunda guerra mundial, fue ocupado el edificio por las tropas soviéticas, y sólo en 1991, cuando se produjo la re-unificación alemana, el gobierno local se trasladó allí. Está adornada en su exterior con la Fuente de Neptuno.
También visitamos la catedral de la iglesia evangélica construida en 1895, y cerca de allí, vimos desde afuera el Museo Antiguo, el cual estaba cerrado.

 

Rotes Rathaus, sede de la Alcaldía y del Gobierno Federado de Berlín.; la fuente de Neptuno; la catedral de la iglesia evangélica construida en 1895,;la Puerta de Brandenburgo; la cuadriga (carroza romana empujada por cuatro caballos), ubicada en todo lo alto del monumento.

Terminamos nuestro periplo en la Puerta de Brandenburgo, construida entre 1788 y 1791 durante el reinado de Federico Guillermo II de Prusia. Está llena de historias porque en 1806 después de ganar la batalla de Jena, Napoleón Bonaparte hizo que fuese llevada a París la cuadriga (carroza romana empujada por cuatro caballos), ubicada en todo lo alto del monumento, y más tarde devuelta a Berlin 1884. Por debajo de su estructura, en 1933 las tropas del partido nacional socialista desfilaron en una procesión de antorchas jamas vista por los berlineses.
Yo tengo especial afecto por Berlín porque en esta ciudad mi abuelo Max Seidel trabajó en los primeros años de 1900 como Rector del Colegio de Señoritas de Segunda Enseñanza. Fue desde aquí que mediante el convenio colombo-alemán fue contactado en 1911 para viajar a Tumaco a crear el Liceo de Bachillerato, y terminada la primera guerra mundial, estando él aquí en esta ciudad emprendió el segundo viaje a Tumaco para jamás regresar. Es por eso que, conjuntamente con mi hijo mayor nos dimos a la tarea de buscar algún recuerdo de la permanencia de Max Seidel en Berlin, pero todo fue infructuoso, debido al sinnúmero de colegios de este tipo de instituciones existentes en la ciudad, además que, los bombardeos y destrucción de la ciudad, no dejaron recuerdo alguno…

 

Institución Educativa Max Seidel, Tumaco

 

Pero, también tengo noticias buenas en la búsqueda de mi semilla. Aprovechando los medios virtuales, mi hijo Helmut y su esposa Crhistine quienes viven acá en Alemania, pudieron encontrar la información familiar en Leobschütz / Głubczyce (Polonia) en los archivos estatales de Opole, del árbol genealógico así:
Los ancestros alemanes de mi abuelo Max Seidel fueron:
1. PADRES: Franz Anton Seidel nacido el 20-Ene-1853 (Schmeisdorf), y fallecido en 1882 (Leobschütz). Profesión carpintero/ Martha Anna Pauline Krautwurst nacida el 29-Jul-1855 (Leobschütz) y fallecida el 20-Oct-1942 (Leobschütz) /Matrimonio 22-Feb-1881. Hijos 1 Max.
2. ABUELOS: Joseph Ludwig Seidel nacido el 19-Nov-1810 (Schmeisdorf) y fallecido el 24-May-1867 (Schmeisdorf. Profesión agricultor / Carolina Seichter nacida el 07-Jun-1817 (Badewitz) y fallecida el 22-Jun-1855 (Schmeisdorf)/ Matrimonio 3-Jul-1838 (Badewitz).
3. BISABUELOS: Franz Seidel nació el 21-Oct-1776 (Kreuzendorf) y falleció el 2-Dic-1851 (Schmeisdorf). Profesión Granjero/ María Elisabeth Kosch nacida el 02-Mar-1776 (Schmeisdorf) y fallecida el 29-Nov-1857 (Schmeisdorf)/Matrimonio 03-Nov-1801 (Kreuzendorf).
De allí en adelante hubo tres generaciones más hasta llegar a la última semilla de George Seidel quien nació en1624 (Leobschütz) y falleció en1673 (Leobschütz), casado con Anna Maria Lux quien nació en 1642 (Leobschütz) y se desconoce fecha de fallecimiento/Matrimonio 18-Feb-1664 (Leobschütz).
Regresamos a Hamburgo por la tarde-noche en el tren rápido ICE, con la alegría y nostalgia de haber conocido Berlín, la ciudad donde vivió mi abuelo…

 

“Los duendes del chorro grande”

 

Por: Tulia Mercedes Coral

 

 

Tulia Mercedes Coral

 

Eran las seis de la tarde, hora en que la familia se reúne en torno del calientico fogón para comentar los chismes del día.

Empujan la vieja puerta de la cocina y entra Bety la muchacha alegre que cada mañana llevaba el pondo de agua a muchas casas de mi pueblo. Todos miramos a Bety que con voz alegre y entrecortada gritaba “los ví los ví, eran chiquitos, alegres y caribonitos… Uno me cogió el pondo, otro me tomó la mano y el otro saltaba adelante, adelante tocando el tambor”.

Llegamos al chorro grande, entramos por medio del agua y Bety cerró los ojos, se cogió la cara con las dos manos y exclamó:

“Es el lugar más lindito de la tierra, con flores, pajaritos, mariposas de todos los colores y muchos hombrecitos alegres y cantarines que me han hecho muy feliz”, y cayó al suelo, muerta de la risa. Todos gritamos con tristeza: “¡Bety está enduendada, qué pena, está enduendada!”

El chorro grande es un manantial de agua pura que fue fuente de vida por más de un siglo en una hermosa ciudad de nubes verdes.

Los duendecillos aún siguen allí, cuidando con esmero el más puro manantial, para que algún día lleguen las lindas aguateras del chorro grande.

 

El Chorro Grande, en Ipiales. (Captura de pantalla, alcaldía al día)

 

 

Pesimismo

 

Por: Carlos Hernando Guevara Rodríguez

 

 

Carlos Hernando Guevara Rodríguez

 

Vuelvo a escuchar del alma los latidos

ahora que apenas los cincuenta empiezo;

una reserva de los tiempos idos

¿Será, tal vez, que vuelva a mi embeleso?

 

Ayer forjé jugando entre mis sueños

un mundo de hermosura soberana,

y he tropezado miles desengaños

tras el fervor de una ilusión temprana.

 

Se fueron los ensueños de la vida

tras de un esquife hacia espumosa playa

dejándome en espera con mi herida.

 

Que el tiempo es muy tenaz, un homicida,

que deja que una vez la fe se vaya

haciéndola volver envejecida.

 

Palabra aventurera

 

Por: Graciela Sánchez Narváez

 

 

Graciela Sánchez N.

 

Palabra aventurera,

voz que se desgrana y se agolpa,

viajando las memorias de otros tiempos

en los campos amarillos de la siega;

palabra aventurera,

¿de dónde vienes cuando has cambiado tu sentido?

 

Tal vez

 viajaste con las raudas mariposas

o te metiste entre el tropel de caballos desbocados,

buscando confundida tu salida,

entre la maraña del humo de cigarro

y la desnudez de las mujeres

con olor a trasnocho y borrachera.

 

Palabra aventurera,

sangras mieles o fluyes tempestades

en la brutal estampida

para saber de tus hazañas;

te estrellas con el acantilado

entre las olas del mar bravío

dando a luz temerarios torbellinos.

 

Palabra aventurera

que sales silenciosa por la cerca

para hacer el amor

en tus noches diáfanas de luna.

Regresarás,

pero no serás la misma;

cambiarás tu sino

en el beso espeluznante de tu muerte.

 

Palabra aventurera,

irresponsable,

palabra mía enamorada de un lucero,

palabra de otro enajenada en su delirio,

palabra vagabunda, palabra inquieta,

no pararás en tu huida desmedida,

no reconocerás los hijos que engendraste

en cada noche de amor,

y en cada beso infiel,

con otra palabra cargada de sentidos.

 

Quien cree ser tu dueño,

jamás sabrá de tu fuga y tu mentira,

vuela aventurera

en tus noches de extravío;

gira,

avanza,

retrocede,

sigue

engendrando vida a tu lenguaje.

Julio 2005

 

 

“No volvió”

 

Por: Marco Freddy Solarte Ruano

 

 

Freddy Solarte

 

 

Cautivó mis afectos entre sus entregas

Y me dio sus encantos entre sus placeres;

pero no volvió…

y quedé en la mitad de la nada,

confundido en el pasado con tristeza

y repasando las imágenes del ayer.

Pero sí dejó un montón de promesas escritas

y también su alma en las sombras;

y una voz en mi mente,

 que repite su nombre.

 

 

No volvió…

 

San Juan de Pasto, 2021

 

 

Poema XVI

 

Por: Arturo Prado Lima

 

 

Arturo Prado Lima

 

 

Lo más difícil será gritar dos veces,

Que nos avisen antes de tiempo

Que hemos muerto,

Que han caído los efímeros ejércitos

En manos de una lejana eternidad

Que no pudimos ver.

 

Lo más difícil será caer de nuevo

Sobre el mismo vacío que ya fuimos.

Que alguien nos grite desde lejos

Que ya somos memoria.

 

Que nuestros nombres ardieron

Antes del amanecer,

Que todo lo vivido va muriendo en el alma.

Pero lo más difícil será verte pasar

Hacia otros cuerpos

Cuyas tardes vencidas nos harán llorar a gritos.

 

 

Vivir de Nuevo

 

Por: Uriel René Guevara Revelo

 

 

Uriel René Guevara Revelo

 

Amada mía,

Agárrate de mis hombros

Y pon tus pies en mi espalda

Porque nos vamos a volar,

Nos vamos a recorrer

Los territorios inmensos

Que dejamos de cultivar

Desde aquella vez que decidimos

Instalar nuestro amor

En nuestra alcoba,

Para vivir el uno del otro

Y clausurar

Cualquier posibilidad

De intervención del mundo,

En un paraíso de sábanas eróticas

Tendidas para cernir

Los besos de nuestros cuerpos fundidos

En el abrazo feliz

De sentirnos inigualables

Bajo llave.

 

Agárrate de mi cuello,

Amada mía,

Apriétame con tus muslos la espalda

Y cerciórate de que vienes toda;

Bota la llave

Del dormitorio nupcial,

Escurre de tu cerebro

Las sensaciones vividas,

Sí,

Porque nos vamos del todo,

Nos trasteamos

De alma para vivir de nuevo

En el paraíso del mundo.

 

Ya no habrá llave,

Ni urna de cristal,

Amada mía.

 

Alquilaremos un parque

O la esquina más congestionada

De cualquier ciudad

Y allí viviremos

Desnudos,

Transparentes,

Lúcidamente diáfanos y cristalinos.

 

Asida a mi espalda,

Amada mía,

Volarás conmigo

Los territorios del mundo

Y cuando tú lo desees

Te sentirás libre,

Y serás libre,

De tal manera feliz,

Que sólo entonces comprenderás

Por qué nos trasteamos del todo.

 

 

Libertad y esclavitud

 

 

Tributo a Antonio Machado: “Caminante no hay camino”

Joan Manuel Serrat – Joaquín Sabina

 

Todo pasa y todo queda,

pero lo nuestro es pasar,

pasar haciendo caminos, caminos

sobre la mar.

 

Nunca perseguí la gloria,

ni dejar en la memoria

de los hombres mi canción;

yo amo los mundos sutiles,

ingrávidos y gentiles,

como pompas de jabón.

 

Me gusta verlos pintarse

de sol y grana,

volar bajo el cielo azul,

temblar súbitamente y quebrarse.

Nunca perseguí la gloria…

 

Caminante, son tus huellas

el camino y nada más;

caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

 

Al andar se hace camino

y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar.

 

Caminante no hay camino

sino estelas en la mar…

 

Hace algún tiempo en ese lugar

donde hoy los bosques se visten de espinos

se oyó la voz de un poeta gritar:

“Caminante no hay camino,

se hace camino al andar…”

golpe a golpe, verso a verso…

 

Murió el poeta lejos del hogar.

Le cubre el polvo de un país vecino.

Al alejarse le vieron llorar.

“Caminante no hay camino,

se hace camino al andar…”

golpe a golpe, verso a verso…

 

Cuando el jilguero no puede cantar,

cuando el poeta es un peregrino,

cuando de nada nos sirve rezar.

“Caminante no hay camino,

se hace camino al andar…”

golpe a golpe, verso a verso.

 

 

 

Tributo a Mario Benedetti: “No te rindas”

Luigi Maria Corsanico

 

 

No te rindas, aún estás a tiempo

De alcanzar y comenzar de nuevo,

Aceptar tus sombras,

Enterrar tus miedos,

Liberar el lastre,

Retomar el vuelo.

 

No te rindas que la vida es eso,

Continuar el viaje,

Perseguir tus sueños,

Destrabar el tiempo,

Correr los escombros,

Y destapar el cielo.

 

No te rindas, por favor no cedas,

Aunque el frío queme,

Aunque el miedo muerda,

Aunque el sol se esconda,

Y se calle el viento,

Aún hay fuego en tu alma

Aún hay vida en tus sueños.

 

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo

Porque lo has querido y porque te quiero

Porque existe el vino y el amor, es cierto.

Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

 

Abrir las puertas,

Quitar los cerrojos,

Abandonar las murallas que te protegieron,

Vivir la vida y aceptar el reto,

Recuperar la risa,

Ensayar un canto,

Bajar la guardia y extender las manos

Desplegar las alas

E intentar de nuevo,

Celebrar la vida y retomar los cielos.

 

No te rindas, por favor no cedas,

Aunque el frío queme,

Aunque el miedo muerda,

Aunque el sol se ponga y se calle el viento,

Aún hay fuego en tu alma,

Aún hay vida en tus sueños

Porque cada día es un comienzo nuevo,

Porque esta es la hora y el mejor momento.

Porque no estás solo, porque yo te quiero.

 

 

 

Tributo a César Vallejo: “Los Heraldos Negros”

Declamación y Remembranzas

 

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,

la resaca de todo lo sufrido

se empozara en el alma… ¡Yo no sé!

 

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras

en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.

 

Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;

o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

 

Son las caídas hondas de los Cristos del alma

de alguna fe adorable que el Destino blasfema.

 

Esos golpes sangrientos son las crepitaciones

de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

 

Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos, como

cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;

vuelve los ojos locos, y todo lo vivido

se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

 

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

 

 

 

 

Tributo a Pablo Neruda: “Farewell”

Leído por Luigi Maria Corsanico – Imagen: Tina Modotti

Astor Piazzolla: Tango apasionado

 

1

 

DESDE EL FONDO de ti, y arrodillado,

un niño triste, como yo, nos mira.

Por esa vida que arderá en sus venas

tendrían que amarrarse nuestras vidas.

Por esas manos, hijas de tus manos,

tendrían que matar las manos mías.

 

Por sus ojos abiertos en la tierra

veré en los tuyos lágrimas un día.

 

2

 

YO NO LO quiero, Amada.

 

Para que nada nos amarre

que no nos una nada.

 

Ni la palabra que aromó tu boca,

ni lo que no dijeron las palabras.

 

Ni la fiesta de amor que no tuvimos,

ni tus sollozos junto a la ventana.

 

3

 

(AMO EL AMOR de los marineros

que besan y se van.

 

Dejan una promesa.

No vuelven nunca más.

 

En cada puerto una mujer espera:

los marineros besan y se van.

 

Una noche se acuestan con la muerte

en el lecho del mar.

 

4

 

AMO EL AMOR que se reparte

en besos, lecho y pan.

 

Amor que puede ser eterno

y puede ser fugaz.

 

Amor que quiere libertarse

para volver a amar.

 

Amor divinizado que se acerca

Amor divinizado que se va.)

 

5

 

YA NO SE encantarán mis ojos en tus ojos,

ya no se endulzará junto a ti mi dolor.

 

Pero hacia donde vaya llevaré tu mirada

y hacia donde camines llevarás mi dolor.

Fui tuyo, fuiste mía. Qué más? Juntos hicimos

un recodo en la ruta donde el amor pasó.

 

Fui tuyo, fuiste mía. Tu serás del que te ame,

del que corte en tu huerto lo que he sembrado yo.

Yo me voy. Estoy triste: pero siempre estoy triste.

Vengo desde tus brazos. No sé hacia dónde voy.

…Desde tu corazón me dice adiós un niño.

Y yo le digo adiós.

 

 

 

 

Muchas Gracias por estar con la Revista Tdn,

Testimonio de Nariño,

Periodismo para Pensar en Serio

 

 

Edición, redacción, diagramación y diseño:

Uriel René Guevara Revelo 

Ipiales, 25 de abril de 2021

1 comentario
  1. Tulia Mercedes Coral dice

    No puede haber un mejor espacio para llevarnos a desempolvar los cuadernos dónde se plasmaron los sentimientos profundos y sencillos que nacen del diario vivir y por permitirnos revivir el gusto por volver a escribir y leer las temáticas tan interesantes de valiosos escritores de nuestro medio. Mil gracias y Éxitos

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