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DE REACCIONARIOS E ICONOCLASTAS

los símbolos están enfrentando también un período de decadencia y de revaluación, porque los significados cambian

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Por:

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

Hace algún tiempo, un gran amigo me decía, en son de burla, que nos habíamos vuelto reaccionarios, en la medida que nuestras ideas, que siempre creímos de avanzada o revolucionarias, se parecían mucho a la añoranza de aquello ya pasado. Hoy ha vuelto a mi cabeza el término en relación a un comentario que hice respecto de por qué se borró la icónica imagen del Ché en la Universidad Nacional de Colombia. Llovieron toda clase de improperios y hasta de insultos, porque dije que la Plaza Ché sin el Ché parecía un tamal sin chocolate, recordando aquella célebre canción cachaca de antaño. Entonces, en detenida meditación quise relacionar el hecho, banal si se quiere para algunos, de volverse iconoclastas o reaccionarios, con los hechos que han sucedido en el país en los últimos días.

Dije que a los iconoclastas toda memoria les recuerda a la revolución, pero alguien comentó que igual pasó cuando quitaron el Santander de la plaza que lleva su nombre, hecho del cual fui testigo presencial, cuando los entonces guardias rojos sacaron amarrada la estatua que permanecía en la Biblioteca “Camilo Torres”, para cogerlo a martillazos y destruirlo. Esto me puso a reflexionar, claro, Santander, el mayor impulsador de la educación laica a inicios de la República, y quien en plena guerra de Independencia fundaba universidades y colegios, fruto de ello son las Centrales de Quito y Caracas, y la hoy Nacional de Colombia, además de un centenar de colegios que se riegan por todos los rincones del país, aun en los más recónditos y pequeños. Pero así mismo recordé como en otra ocasión los encapuchados sacaron un antiguo retrato al óleo de Santander e intentaron quemarlo en la plaza Ché, ante lo cual, me opuse de manera ferviente, no tanto por lo que el retrato representaba políticamente, el odiado enemigo de Bolívar, según argüían los pirómanos de entonces, sino porque consideré que era una pieza de arte importante y que no merecía tal suerte, menos mal se sumaron otros compañeros y el cuadro finalmente fue puesto en manos de los gendarmes contratados por la Nacional para cuidar a sus habitantes, según propia expresión de ellos.

Y como si esto fuese poco, hace unos pocos meses se levantó en Pasto, capital de Nariño, un verdadero revuelo porque se propuso sacar de la ciudad el monumento a Bolívar que se había erigido a mediados del siglo XX, aduciendo que éste era un sanguinario, enemigo de la ciudad, y que había ordenado desaparecerla de la faz de los pueblos, como bien puede comprobarse en su correspondencia con el entonces Vicepresidente Santander, la razón no tan simple, es que Pasto fue afecta al rey hasta bien entrada la Independencia, ya que las élites querían mantener su status quo y se prendieron de cuanto fanatismo existiera para hacer figurar no sólo a Bolívar, sino a todo lo que les oliera a independencia, como a verdaderos diablos enemigos de la fe y del rey. Y para sorpresa de muchos, las palabras más fuertes y los enconos más grandes llegaban de jóvenes que han crecido o han alimentado más los odios, porque realmente fueron muy pocos quienes argumentaban que el símbolo debe ser revalorado, y que la estatua realmente es lo de menos.

Pero falta un ingrediente principal frente a esta serie de hechos de iconoclastas y de reaccionarios, la no tan victoriosa del No frente al plebiscito para aprobar los acuerdos del Gobierno con las Farc, digo no tan victoriosa, porque lo que realmente demuestran esos resultados es la polarización que vive el país, fruto de un desgaste de la clase dirigente, de todas las posiciones y colores, así como del cansancio de un país que no sabe qué decidir frente a su propio futuro. Yo voté por el sí, convencido por demás de que la victoria sería aplastante, pero cuan equivocado estaba. Claro, las reacciones inmediatas son decir que los del No se dejaron manipular, máxime cuando es el propio asesor de la campaña quien sale a decir a los medios que se basaron en una lucha mediática para desinformar a las personas con cosas tan de la raigambre popular como son el salario para los guerrilleros, el castro-chavismo-gay, que dicho sea de paso nadie entiende qué es realmente, y el fin de la familia con la inclusión del enfoque de género en los diálogos, cosas que realmente no se encuentran en los diálogos, sino en cabeza del ex procurador Ordoñez, quizá, y de sus áulicos.

¿Entonces? Son muchos los asuntos por tratar, pero quiero detenerme exclusivamente en la posición que los jóvenes toman frente a los sucesos del país. Las apabullantes marchas a favor de los acuerdos luego del plebiscito, convocadas por estudiantes, realmente muestran que son una fuerza viva en el país, el problema es reconocer hasta qué punto de convencimiento y de apropiación del tema existe por parte de ellos, lo digo porque las arengas, las silbatinas, las andadas, son las mismas que hacíamos hace más de 20 años los jóvenes de entonces, y mientras entregan una flor a los miembros del ESMAD, cantan arengas cargadas de rencor y odio hacia el señor innombrable, por citar un solo ejemplo.

 

Borran imagen del Che Guevara de la fachada del auditorio León de Greiff en la U. Nacional

 

En la Universidad Nacional, pasa otro tanto, parece que por orden de la Rectoría el icónico Ché fue borrado, sin embargo, al otro día es pintando nuevamente, y nuevamente borrado, según versiones no oficiales, por los propios estudiantes. Tal vez son las contradicciones propias de la edad, pero también muestran manifiestamente la polaridad en que vivimos. Uno de los argumentos frente a lo que escribí respecto del Ché, fue que “a rey muerto, rey puesto”, así como primero fue Santander y luego el Ché, la pregunta es ¿y ahora quién?

En el romanticismo revolucionario propio de los de mi generación, el Ché es el símbolo de la lucha, de la entrega constante, de la oblación total por los más necesitados; sin embargo, muchos argumentan que es un asesino, un homicida y que no quieren ni al Ché ni a Camilo Torres en la Nacional. Nuevamente, ¿entonces? Según esa lógica, deben desaparecer de la faz de la tierra todos los monumentos a todos aquellos que por hacer una revolución, por buscar cambios, debieron enfrentar una guerra y convertirse también en homicidas, si no ellos, sí sus huestes y sus seguidores, como en toda guerra.

En la semiótica, el objeto deja de serlo porque tiene un significado para alguien, entonces los símbolos están enfrentando también un período de decadencia y de revaluación, porque los significados cambian, ya el Ché no le dice al joven de hoy lo que le decía al joven de hace 20 o más años; pero entonces aparecen también los reaccionarios, como en Pasto, en donde los odios toman otros matices frente a la imagen de Bolívar; hay una apropiación del símbolo para querer demostrar singularidad, no fundada ésta en el reconocimiento de las alteridades, sino también como centro de poder y de dominio desde una ciudad hacia todo un departamento.

Quizá hemos crecido odiándonos, los principales medios de comunicación han hecho que seamos banales y superfluos, por eso sufrimos más cuando no se marca un gol o cuando a una reina le quitan su corona, esos son nuestros símbolos. Quizá nos hace falta dialogar con “los otros” para poder compartir también esos significados, para re-fundarnos como nación, y que no terminen los monumentos y las estatuas oliendo a las micciones del odio y la apatía.

 

(Escrito en 2016)

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