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CONTRADICCIONES EN EL SENO DEL PUEBLO

Las contradicciones y el conflicto son inherentes al ser humano, por su carácter diferente y diverso

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Por:

Graciela Sánchez Narváez

 

Graciela Sánchez Narváez

 

“En tiempos difíciles,
debemos tener presentes nuestros éxitos,
 ver nuestra brillante perspectiva
y aumentar nuestro coraje”.
Mao  

 

Con la expresión “Contradicciones en el seno del pueblo” se reconocían, en los tiempos de la Revolución China, las diferencias de criterio que llevaban a enfrentarse a personas, asociaciones o partidos políticos que tenían una base común relacionada con la misión histórica de representar los intereses del pueblo.

El énfasis central de esta expresión, apuntaba a orientar la forma como debería manejarse aquellos asuntos relacionados con diferencias de criterio entre las personas que se consideraban formando parte de un mismo bando histórico. Se utilizaba la expresión para indicar que la forma de confrontar las ideas entre quienes tenían como enemigo común al estado o a un invasor externo, difería completamente de la radicalidad con que se trataría cualquier confrontación real con el verdadero enemigo.

Tomo esta referencia a propósito de la sorpresa con la que el país presenció el reclamo presentado por la precandidata Ingrid Betancourt a su colega Alejandro Gaviria, con motivo de lo que ella considera una violación de los acuerdos de la Coalición de la Esperanza, al aceptar apoyos provenientes de aquellos partidos políticos a los cuales se les endilga los procesos de corrupción en los que ha incurrido el país, ya sea por su tolerancia con los malos manejos ejercidos por sus dirigentes o bien por la misma naturaleza del proyecto político de su organización.

Este hecho puede constituir simplemente un incidente en la actual contienda electoral, pero reviste especial importancia por tratarse de dos de los aliados de una convergencia política e ideológica que pretende presentar al país los ejes fundamentales de una ruta alternativa de desarrollo y de quienes se espera, en primer lugar, una unidad de criterio común sobre lo fundamental y, en segundo lugar, un manejo de las contradicciones internas acorde con un espíritu de equipo.

Sin entrar a tomar partido en la discusión, lo cual es asunto de cada lector, el interés de estas notas es mostrar que en este tipo de controversias se está reviviendo el clima de una enconada polarización en la que se encuentra inmerso el país por cuenta, no solamente de posiciones que pueden considerarse irreconciliables, sino por la agresividad con que muy generalmente son manejadas las confrontaciones.

En muchas oportunidades se ha hablado de los colombianos como personas violentas, pero, si analizamos un poco más, se trata de un fenómeno que ha vivido el mundo entero. En las redes sociales se manifiesta una gran afición por mostrar excesos y desafueros, que desafortunadamente son cada vez más frecuentes entre los ciudadanos y que, por desgracia, desembocan en tragedias y hechos sangrientos.

Tal vez, los prolongados años de guerra que ha vivido el país, la irracional violencia producto del fanatismo, el surgimiento y persistencia de grupos armados que causan daño a la población civil, amén de otros factores, han generado una actitud de permanente prevención y ánimo de enfrentamiento que constituye una evidente huella en la conciencia ciudadana de los colombianos, quienes hemos llegado a asimilar las noticias degradantes de los enfrentamientos y los crímenes como algo cotidiano, todo ello atizado en las temporadas electorales por la exacerbación con que muchos dirigentes descalifican a sus adversarios.

No se trata de que nuestras posiciones sean tibias, ambiguas o descoloridas. Por el contrario, lo que necesitamos en el momento crucial por el que atraviesa el país, con un proceso de paz difícil, con una pandemia en marcha, con desilusionantes índices de pobreza y desigualdad y con gran incertidumbre en el futuro inmediato, es discernir las mejores argumentaciones, en ese convulsionado escenario de propuestas para orientar el rumbo del país en los próximos años. Pero necesitamos hacerlo con serenidad, sin fanatismos, sin cerrar los ojos a las realidades contundentes porque no se corresponden con nuestros deseos o convicciones.

Se requerirá entonces, una pedagogía ciudadana que poco se manifiesta. Los jóvenes no deben ser arrastrados simplemente por consignas, necesitan el contenido, es preciso acercarlos a la vida pública y a la política en forma clara y firme; los campesinos merecen que se les aclaren las rutas posibles para que puedan continuar garantizando al país la autonomía alimentaria, y por lo tanto deben recibir propuestas de sostenibilidad y protección; los trabajadores deben poder manejar las categorías que les permitan una inserción sana y constructiva en el aparato productivo del país, y así, en cada dimensión, en cada quehacer, las propuestas y alternativas deben ser muy claras para que podamos decidir. Para eso no se necesita la descalificación absoluta sino la controversia clara y fundamentada.

Las contradicciones son inherentes a las diversas posiciones, incluso a la misma naturaleza humana, el asunto es que definamos cómo su discusión se convierte en un escenario que propicie reflexión y aprendizaje y no simplemente en un espejo de la violencia que azota al país.

Pero hay una circunstancia que los actuales políticos nunca deben olvidar y es el ejemplo en que se constituyen para la población joven del país, por el simple hecho de aspirar a representar a la sociedad colombiana. Los jóvenes son sujetos de derecho que están atentos a lo que ocurre con la clase dirigente; ellos serán, no solamente los ciudadanos electores sino los futuros gobernantes, y la responsabilidad en su formación no solo está en la educación formal, el campo político es una escuela en la que ellos están inmiscuidos, de manera que debe ser el crisol donde ellos puedan aprender para sus futuras acciones ciudadanas.

Como conclusión, las contradicciones y el conflicto son inherentes al ser humano, por su carácter diferente y diverso; estas mismas diferencias son las que dan paso a las discusiones que, orientadas a la reflexión y al análisis, posibilitan los acuerdos y son base de progreso y desarrollo, pero las contradicciones deben ser resueltas mediante la lucha y no por el apaciguamiento de los contrarios, pues nunca se podría hablar de cambio sin conflicto, entendido este, como el diario enfrentamiento que los sujetos sostenemos por nuestras distintas formas de ser y de pensar.

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