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ACONTECIMIENTO DE LA PALABRA POÉTICA EN LA OBRA DE AURELIO ARTURO

Para los Nariñenses Aurelio Arturo es el símbolo que orgullosamente mencionamos cuando se trata de referirnos a la intelectualidad, a la literatura y al arte de nuestro medio en el siglo XX.

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Por:

Gabriela Sánchez Narváez

 

Gabriela Sánchez Narváez

 

Hablar de Aurelio Arturo en nuestro medio parecería una acción repetitiva y muy conocida por todos. Sin embargo, para muchos otros, entre los que me encuentro personalmente, cada vez que nos acercamos a su vida y a su obra poética “Morada al Sur” encontramos algo nuevo y percibimos que de cada palabra florecen nuevos sentidos e inagotables imágenes que nos sorprenden y nos encantan. Muchas veces he vuelto a leer su poesía con el único ánimo de disfrutar la musicalidad y la armonía de cada uno de sus versos. Es así como, nuestro poeta se instala con su obra, en el sitial en que hoy se encuentra en el mundo, en nuestro país y nuestro departamento.

Para los Nariñenses Aurelio Arturo es el símbolo que orgullosamente mencionamos cuando se trata de referirnos a la intelectualidad, a la literatura y al arte de nuestro medio en el siglo XX. Y es que, caminando la “Senda Arturiana” que conduce hasta donde transcurrió su infancia en La Unión, municipio al norte de Nariño y afortunado lugar donde nace nuestro autor el 22 de febrero de 1906, se puede comprender, por una parte, el origen de cada uno de sus versos y, por otra, la dimensión profunda de su obra.

Evidenciemos cómo retrata su entorno natural en uno de los trece poemas, que tiene como título “Clima”:

Este verde poema, hoja por hoja,
lo mece el viento fértil, suroeste
este poema es un país que sueña
nube de luz y brisa de hojas verdes.

Tumbos de agua, piedras, nubes, hojas
y un soplo ágil en todo, son el canto
Palmas había, palmas y las brisas
y una luz como espadas por el ámbito.

Si nos aproximamos al título de su obra, “Morada al Sur”, no pudo haberlo elegido mejor pues, según su hijo Gilberto Arturo, de 60 poemas seleccionó los 13 mejores. Detrás de cada verso, se rumora su historia de vida en relación con su entorno natural y, en cada sentido, parecería que anida una novela que destaca las voces y las conversaciones de los personajes que habitaron esa casa grande familiar, en medio de un paisaje increíble y misterioso. Nadie como Aurelio Arturo para comprender la palabra como esa morada que habitamos todos. Con el título de su obra, Aurelio Arturo le dijo al mundo que la palabra es esa morada donde residen nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestros afectos.

Su palabra vuelta poesía aparece a finales de los años veinte y es recibida por los lectores como única en el panorama lírico nacional y latinoamericano, por esa nueva concepción del lenguaje poético.

Algunos críticos han dicho que el estudio de “Morada al Sur” se ha reducido a comentarios emotivos y sueltos y a una lectura más bien superficial, pues, su poesía es “insular”, ya que no se la podía catalogar en ninguno de los parámetros de los grupos literarios existentes en su tiempo, como fue el de “Los Piedracielistas”, entre otros. Sin embargo, encontramos en acuerdo a críticos y lectores, cuando afirman que su obra es única, original, decantada, musical, marcada por esa melodía secreta que no le dan ni la rima, ni la métrica de su tiempo. Son estas cualidades las que hacen de su poesía un canto diferente, provocador, incitador, señalado con una cierta sensibilidad misteriosa, derivada de la infancia y de la juventud del poeta, signada por la nostalgia del entorno donde ocurrieron todos los acontecimientos felices y también los hechos dolorosos de su vida: vacíos, ausencias y muerte.

Las imágenes expresadas por el poeta, con su voz cargada de paisaje y con la sensibilidad inteligente de su carácter, no encontró otra alternativa que habitar por siempre esa palabra viva que retrata hojas, que siente el canto del viento, que despierta las voces de los seres que se fueron y aún después de muertos pasean por los corredores y los jardines de su casa grande que fue también su morada.

Charry Lara (2003) asegura en su crítica que Aurelio Arturo sorprendió y fue motivo de admiración en la década de los años cuarenta, por esta forma propia y única de hacer poesía. En 1928, Víctor Amaya Gonzáles, que fue su primer lector, estuvo atento a la manifiesta dificultad de ubicación de su obra dentro de los movimientos y las corrientes de poesía colombianas, debido según él, a la distancia que había entre la retórica tradicional que marcaba la poesía colombiana y la depuración del lenguaje poético exigente que Aurelio Aturo le imprimía a su obra.

Oscar Torres Duque (2010), en su texto “Recepción de la obra de Aurelio Arturo”, divide sus referencias en dos partes: antes de la muerte del autor y después de su muerte. Dice que la crítica primera de su obra, o sea, antes de su muerte, corresponde a una mirada emotiva y afectiva, porque su única obra no da para la comparación necesaria con otras, que facilitarían evidenciar un ámbito literario completo. De manera que, a la muerte de Aurelio Arturo, no había una crítica constituida ni rigurosa, pero si una exploración de los temas y las características centrales de su poesía.

Hay razón en esa dificultad debido a que su natural melodía es el sello de su estilo poético propio. Además, la denominación imaginativa y universal de “Sur”, cuya significación, a mi manera de ver, va mucho más allá de lo geográfico y está, tal vez, relacionada con una estética de la naturaleza escondida, con lo no descubierto, con lo secreto y misterioso, tal vez, con lo que no es abordable, tal vez con una perspectiva teórica hermenéutica clara del hombre silencioso, del escritor melancólico, discreto y nostálgico, como lo era su autor.

Oscar Torres Duque aborda la infancia en Aurelio Arturo cundo el poeta afronta no solo lo perdido, sino lo cantable, donde de la experiencia autobiográfica deviene la recreación mítica.

Gustavo Cobo Borda relaciona como fundamento del mundo mitológico propio del poeta. De manera que se puede pensar la poesía de Aurelio Arturo como origen posible de la nueva poesía colombiana.

Aurelio Arturo, en mi concepto, despierta sus propios mitos y devela esas imágenes embrionarias que, como luciérnagas anidan en el inconsciente, para resplandecer cuando se expresan artísticamente. Son estas imágenes primeras, evocadoras, magistrales, inspiradoras y esa voz musical que le habla al poeta como la única alternativa para expresar el acontecimiento poético de su palabra origen. Es entonces ese algo donde se encuentran y se mezclan lo fijo y lo movible, el tono y palabra quieta, la voz y el silencio, como expresa Bajtín, donde el embrión imaginario germina y
florece en la pluma de Aurelio Arturo excavando territorios, imágenes y voces lejanas, escondidas, para encontrar en la “semiosis” de palabras claves, nuevos sentidos, como nadie lo había hecho hasta el momento. Ese origen musical, dulce, suave, como impronta que marca a su autor y a su obra, es cuestión de trabajo lento y continuado, de emoción e inteligencia, por eso es allí donde se define también la visión del mundo y de la vida, que solo en el arte es posible.

Aurelio Arturo es el héroe de sí mismo sin espectacularidades sino con la expresión serena de su propia percepción de la vida y de su entorno, con la música de la naturaleza, del viento y de las hojas que cantan al caer. Este es el universo autónomo en el que vive fecundamente su expresión poética. Su palabra omnipresente, cuya acción se hace efectiva dentro del poema, hace que sus versos estén ausentes de normas establecidas, pues prescinde de la rima, de la métrica y de imágenes espectaculares, como ya se ha dicho, canta lo que percibe con esa musicalidad latente, con una rima asonante y halla otras sonoridades internas, mucho más diluidas y cautas.

No podemos finalizar esta referencia sin cantar a nuestro Sur con una estrofa de su Poema “Morada al Sur” de donde sale el título de su obra.

En las noches mestizas que subían de la hierba,
Jóvenes caballos, sombras curvas,
brillantes,
estremecían la tierra con sus cascos de bronce.
Negras estrellas sonreían en la sombra con dientes de oro.

En otro aparte:

El viento viene vestido de follajes,
y se detiene y duda ante las puertas grandes
abiertas a los patios, las trojes
y se duerme en el viejo portal donde el silencio
es un maduro gajo de fragantes nostalgias.

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1 comentario
  1. Vicente Perez dice

    Congratulaciones, muchas congratulaciones de satisfaccion y solidaridad ARTURIANA. Cordial saludo.
    VICENTE PEREZ SILVA

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