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100 AÑOS DEL TERREMOTO EN CUMBAL

El jueves 13 de diciembre de 1923, algunos hechos inusuales auguraban cosas malas para el pueblo...

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Por:

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

El jueves 13 de diciembre de 1923, algunos hechos inusuales auguraban cosas malas para el pueblo, dos chimbilacos rondaban la escalera de una casa, los cuyes habían sido miados por la araña, la leche se había cortado y un aire pesado rondaba la comarca. La madrugada del viernes 14 los animales se notaban inquietos, algo estaba por suceder. A las 5:31 de la mañana, un terremoto en escala 6.2 MW, a una profundidad de 10 Km, arrasaría con Cumbal y sus alrededores.

TERREMOTO 1923

 

Muchos de los ancianos recordarían la maldición que un cura del lugar, de apellido Ortega, había lanzado contra el pueblo, todo porque de manera inexplicable se le había enterrado un alfiler en la cabeza, ocasionándole fuertes dolores, insistiendo en que debía ser extraído cuanto antes, sin embargo, por circunstancias desconocidas, ni sus feligreses ni sus familiares le hicieron caso, ante lo cual este sentenció: “Si no me sacan un alfiler que tengo en la cabeza, Cumbal será destruido por un terremoto, además con el tiempo será una guarida de malhechores, unos de hecho y otros de encubrimiento”. Lo primero estaba sucediendo, lo segundo sabrán contarlo sus propios habitantes.

Para entonces, los colombianos tenían fresca la noticia del terremoto ocurrido en el lejano Japón el 1 de septiembre de dicho año, llamado el Gran Terremoto de Kanto, dejando un saldo de más de cien mil muertos y de más de medio millón de hogares damnificados. Pero era algo tan lejano, que jamás pensaron que dicha desgracia tocaría las puertas de sus casas.

Cumbal y todos los pueblos aledaños en Nariño y en Ecuador fueron sacudidos por el fuerte sismo, entonces las campanas de la iglesia sonaban alborotadas, alentadas por ese movimiento que venía del centro de la tierra. Las paredes y techos caían como naipes, la tierra se abría en varios lugares, principalmente en las faldas de los volcanes Cumbal y Chiles, así como en varias zonas veredales. Todos huían para protegerse de las tapias y casas viejas que estaban desde la época colonial. En medio de ese caos, una inmensa granizada empezó a azotar la tierra, entonces los crédulos y los incrédulos invocaban el nombre de Dios y de la Virgen para que los auxiliara.

 

La destrucción telúrica de hace 100 años todavía tiene cicatrices

 

Una réplica después de unos minutos terminó por hacer caer la iglesia del pueblo, igual cayeron la escuela, el matadero, el coso y muchas casas particulares. Una nube de polvo se mezcló con la sangre de las víctimas y con el granizo que ya era barro. La imagen no podía ser más dantesca. La zona veredal de Cumbal, Chiles, Panán y Nazate; Cuaspud, Túquerres, Aldana, Ipiales, Pupiales, Tulcán y otras localidades cercanas fueron también afectadas. Los templos fueron los primeros en caer, así como las viejas casas hechas con tapias de barro pisado, típicas de la región. En Cumbal 92 personas perdieron la vida, en Tulcán 40, en Cuaspud 10, más otros que jamás fueron registrados, ya que para entonces los sistemas de alerta, monitoreo y seguimiento de desastres eran un capitulo de una novela de ciencia ficción. El cónsul de Estados Unidos en carta al Secretario de Estado anota: “Se puede calcular moderadamente que el número de muertos puede ser de 200 a 300, y  de los que quedaron sin casa unas 20.000 personas”.

La réplica del domingo 16 de diciembre, a las 3 de la mañana, terminó por arruinar lo poco que había quedado en pie, generando aún más miedo y zozobra entre sus habitantes, se secaron las quebradas Panán y Cumbal, quizá como efecto de las grandes grietas que se abrieron en el terreno, principalmente en la hacienda Chautalá y en el camino que de Cumbal conducía a Chiles. Los temblores fueron constantes y se sintieron en el Sur de Nariño y norte del Ecuador hasta el 21 de diciembre. Este día cayó el templo de Guaitarilla, siguiendo la suerte de otros del territorio.

 

Plaza de Cumbal después del terremoto

 

El 21 de diciembre un terremoto en el estado de Sonora, en México, destruyó las poblaciones de Granada, Huasapas y Oporto. Estos siguieron registrándose en Colombia, el 22 de diciembre, a las 5:00 am, una fuerte sacudida se sintió en Bogotá, Gachalá, Gachetá, Ubalá y Medina, dejando un saldo de 7 muertos. Se registraron temblores en Líbano, Tolima, así como en Villavicencio. Año de temblores, sin duda alguna.

El periódico El Tiempo de la ciudad de Bogotá hace el cubrimiento de los hechos, de cables recibidos de sus corresponsales en Ipiales y Pasto, principalmente, mostrando la tragedia que dejaron los temblores del 14 y el 16, así como las réplicas que no pararon durante unos días. En nota del 16, anota el periódico en primera plana: “Los cuerpos insepultos, amontonados en las calles, y los heridos a la intemperie, faltos de los cuidados más indispensables por no haber tiempos ni medios siquiera para proporcionárselos, hacen que la situación de esos pueblos colombianos en esta hora de tragedia llegue al máximum el pavor y del dolor”, se retrata de esta manera el estado de aislamiento en que se encontraba el territorio, no solamente respecto de Bogotá, sino también respecto de Pasto, ya que los caminos que se utilizaban eran los de herradura, de tal manera que esto dificultó enormemente la llegada de la ayuda humanitaria.

El corresponsal describe desde Ipiales su visita a Cumbal, anotando que sacaron de las ruinas 85 muertos, los caminos derruidos y las viviendas destruidas, además de que empieza ya a azotar el hambre, pues todas las tiendas de abastecimiento y los cultivos quedaron destruidos. Se resalta en las notas del periódico El Tiempo de esos días, la falta de ayudas por parte del gobierno central, aduciendo que le competía al Congreso autorizar los auxilios, lo cual se haría 6 meses después de la tragedia; en telegrama del Ministerio de Gobierno se lee: “… desean como el que más contribuir en el auxilio de los damnificados, pero como este debe concederse por el Congreso, que acaba de clausurar sus sesiones, se espera reunión del entrante año para presentar el proyecto de ley respectivo.” Además, anuncia que el estado fiscal de la Gobernación de Nariño está en crisis y que no puede solventar sola los auxilios necesarios para los damnificados. Clientelismo y burocracia, quizá a eso se refería el cura Ortega cuando lanzó la maldición sobre el humilde poblado.

 

El viejo Cumbal

 

Los habitantes, según las notas de prensa, recibieron auxilios de la Cruz Roja ecuatoriana, ya que la colombiana no tenía fondos; así mismo del obispo de Pasto, quien organizó una recolecta y fue llevada por él mismo al lugar de los hechos; desde Bogotá, El Tiempo organizó una suscripción para apoyar a los damnificados, dineros que fueron enviados a la junta de apoyo de la Cruz Roja en Ipiales. Así mismo, empezó un éxodo de víctimas, principalmente de Cumbal, a Ipiales, familias que se asentaron definitivamente en la ciudad fronteriza y también en la vecina Tulcán y otras ciudades ecuatorianas.

Aunque muchos hablan de que el epicentro del terremoto fue pequeño, el mismo periódico en nota del 17 de diciembre por parte del corresponsal en Tumaco, afirma que los ríos Mira y Dosquebradas presentaron una creciente inusitada, arrasando árboles y barrancos, inclusive anotan que el vapor “Buenaventura”, que navegaba cerca de Salahonda, fue arrollado por una enorme ola que se llevó la carga que llevaba sobre cubierta. La Junta de Socorros del puerto reunió dos mil pesos, los cuales fueron destinados a las víctimas de la tragedia de las provincias de Túquerres y Obando. También se anota que la Reina de los Estudiantes en Bogotá, Elvira I, convocó a sus pares en Colombia para que reúnan fondos, así mismo solicitó a los hermanos Di Dominico, para que realizaran algunas funciones de cine con el fin de recolectar dinero para los damnificados.

 

Panorámica después del terremoto, 14 de diciembre de 1923

 

Los habitantes de Cumbal, al ver su pueblo destruido, optaron por desplazarse hacia el lugar denominado “Llano de Piedras”, el cual empezaron a llamar “Consuelo”, en razón de que ahí encontraron algo de solaz en medio de tanta barbarie, desconociendo, eso sí, que el territorio pertenecía a la comunidad indígena de los Pastos, desencadenando una serie de conflictos de difícil solución, ya que ahí se fundó el nuevo Cumbal, dejando a un lado el viejo Cumbal, el cual puede visitarse y ver las ruinas que dejó el terremoto de hace 100 años, en donde se conjugan maldiciones de curas retrógrados que buscaban sembrar miedo, antes que el evangelio, para perpetuar su poder terrenal; así mismo, hoy se valora profundamente las narraciones orales recogidas por los sobrevivientes, sirviendo de fuente principal para rehacer la historia de un pueblo que, pese a ver sido casi borrado del mapa, subsiste con sus sueños y sus propias realidades, al pie de los  volcanes Chiles y Cumbal, que siguen siendo los guardianes de este Sur de Colombia.

 

Información de:
Sistema de información de sismicidad histórica de Colombia: http://sish.sgc.gov.co/visor/* Datos estimados a partir de documentos históricos.
Infografía elaborada por Diana Barbosa, Milena Sarabia y Mónica Arcila – Dirección de Geoamenazas (2019)

 

 

 

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