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¿Y POR QUIÉN VOTAR?

A votar con el territorio en la cabeza y en el corazón. No hay de otra.

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Las elecciones de 2022 ponen en cada uno de nosotros una responsabilidad histórica muy grande, de ahí que es necesario pensar muy bien cuál es el destino que queremos para nuestros territorios, tan golpeados por la violencia y tan indiferentes para quienes gobiernan desde el centralismo nacional y los centralismos regionales. Hay que detallar muy bien por quién vamos a votar, de eso depende nuestro presente próximo y nuestro futuro.

 

Por:

Mauricio Chaves-Bustos

 

 

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

 

Como cada que hay elecciones en Colombia, pululan en las redes los candidatos visitando las regiones, besando ancianos y alzando niños en sus brazos, como si esa imagen del buen pastor pudiese redimir todo el abandono y la corruptela a las que nos tienen tan acostumbrados a los colombianos, tanto, que ya nada nos asombra y los escándalos tienen vida tan corta en nuestras memorias como en la célebre canción El periódico de ayer que tan majestuosamente interpretara Héctor Lavoe.

Debo confesar que le rehuyó a todo político, sea de la tendencia que sea y del color que represente, la experiencia me ha confirmado el viejo adagio español de que olivos y aceitunos, todos son unos, pero así mismo soy un convencido de que es necesaria la representación en nuestro país y que la división de poderes es una garantía, quizá la menos mala, frente a todo exabrupto de totalitarismos y dictaduras, aunque desde que se avaló la reelección presidencial en nuestro país, mediante una sucia jugada de quien no podemos nombrar, se ha visto cómo los órganos de control son cooptados por los partidos de gobierno, de tal manera que Procuradores, Contralores y hasta Fiscales, no son sino comodines para distraer la atención y fijarnos en lo mediático, de tal manera que el asesinato de un estilista es atendido con mucho más requerimiento que el de los más de 570 líderes sociales asesinados en el país durante el desgobierno de Duque.

Y claro, los candidatos que más atraen la atención de los colombianos son aquellos o que son famosos por sus escándalos, como María Fernanda Cabal y su desastroso esposo José Félix Lafaurie, o Rodolfo Hernández y sus pretensiones de gamonal bajo el disfraz de demócrata, por solo mencionar aquellos que, como he dicho, están a la orden del día en periódicos y noticieros, muchos de estos propiedad de quienes se han beneficiado de esta guerra fratricida absurda, como el noble empresario Luis Carlos Sarmiento Angulo, quien toma whisky con todos los candidatos, preferiblemente los de derecha, y da el espaldarazo a los de su mejor conveniencia.

Lo usual es escuchar que nos volveremos como Venezuela, que el Castro-Chavismo está en la antesala de nuestras casas y que pronto nos despojarán de todo, pero ¿de qué nos van a despojar, si más del 43% de los colombianos viven en condición de pobreza y más de siete millones en la pobreza extrema? Y la pregunta que asalta en el más simple de los racionamientos es ¿Cuándo ha gobernado la izquierda en Colombia? La respuesta es sencilla: nunca. Quienes lo han intentado han sido eliminados, como Gaitán o Pizarro, por mencionar solo dos nombres que a muchos jóvenes no les deben decir mucho.

Los últimos 4 años hemos estado gobernados por los más fieles representantes de ese modelo hegemónico de casta y sangre, por eso lo usual es escuchar: ¡Estudien vagos!, o en el mejor de los casos ¿Usted no sabe quién soy yo?, que no son frases sueltas, sino que obedecen a un entramado social construido desde la exclusión, por eso este país sigue siendo clasista y racista, pese a que muchos no lo quieren ver así, porque lo que importa es la camiseta tricolor cuando la patria se vuelve todo en un estadio de fútbol.

Iván Duque Márquez, con apellidos que recuerdan las viejas cortes de coronas ajenas, ni siquiera ha gobernado en cuerpo ajeno, porque ahí no hay mollera que sostener, ni siquiera ha operado como el terrorífico muñeco de ventrílocuo que es sacado de la caja para el espectáculo. Tristemente pasará a la historia como el juguete de los periodistas que lo pusieron a cantar, a tocar guitarra y a hacer piruetas, mientras el país se preguntaba qué pasaría con el proceso de paz, con la minería, con el narcotráfico, con la inseguridad y con la violencia en el campo, que es donde más se siente pero menos se visibiliza. Ahí les cabe a los medios un grueso de responsabilidad que la historia no debe olvidar.

Pasará a la historia como el más servil de los esbirros del que mantiene en vilo a la patria desde el ubérrimo, con el índice a punto de jalar el gatillo para armar los zaperocos que tanto le atraen. Por eso se mostró servil enviando recados a un rey que pareciera ya no es de nadie, respondiendo a un periodista con una pregunta que recuerda a un bonachón cerdito de una vieja caricatura, o haciendo cábalas numerológicas en la Unesco cuando todos esperaban un pronunciamiento sobre la situación real del país.

Y a ese programa caricaturesco han sido invitados sus amigotes de una universidad que recuerda el nombre de un esclavista, Sergio Arboleda, como Carlos Camargo, el supuesto defensor del pueblo, burócrata de paramilitares y corruptos; o del ex comisionado para la paz – para la guerra dicen algunos – Miguel Ceballos, quien salió por la puerta trasera al no tener una conexión con la realidad del país; así como el fiscal Francisco Roberto Barbosa Delgado, a quien le atraen más los viajes a playas y mares que la situación del país, y quien quiere posar como el sabio dentro de una cuadrilla de gamines, porque seamos sinceros, uno no se imagina a Duque y a este grupo reuniéndose para estudiar para un examen o para repasar una materia, pero sí para cuadrar las fiestas de fin de semana o hasta el prom de tan excelsa institución. Sumado a esto, claro está, van también al convite Ernesto Macías, Jennifer Arias y Julián Bedoya, buscando asesorías para sus trabajos de grado mientras degustan de sus finas amistades.

Muchos de estos políticos cuestionados ya no aspiran a sus curules, Ernesto Macías, María del Rosario Guerra, José Obdulio Gaviria y el mismísimo innombrable, quien renunció a su curul para poder manipular las investigaciones judiciales que se adelantan en su contra. De igual manera, por parte de los partidos tradicionales y sus subsidiarias, muchos no irán, sin embargo, como es costumbre en las tradiciones monárquicas y plutocráticas, muchos de estos han heredado sus curules a sus familiares, esposas e hijos, de tal manera que seguirán detentando un poder de manera no tan disimulada: Julio Alberto Elías Vidal, hermano del “ñoño Elías”, investigado por corrupción de Odebrecht; John Moisés Besaile Fayad, hermano de Musa Besaile, investigado por pertenecer al  cartel de la toga y por parapolítica; Claudia Pérez Giraldo, ficha de Eduardo Pulgar, condenado por cohecho y tráfico de influencias; Carlos Rojano Llinás, cercano a Aida Merlano, investigado por compra de votos; Óscar Barreto, investigado por corrupción; Álvaro Hernán Prada, investigado por manipulación de testigos; Johana Milena González, esposa del exrepresentante Edwin Ballesteros, investigado por corrupción y ya capturado; Sandra Villadiego, investigada por su relación con Odebrecht y esposa del condenado por parapolítica Miguel Ángel Rangel Sosa; Olga Lucía Velásquez, investigada por escándalos de contratación en la Universidad Distrital de Bogotá.

Por su parte, el senador Guillermo García Realpe cede el turno a su hijo Gustavo García Figueroa, de igual manera, en esta que parece una tradición del realismo pastuso, Ruth Caicedo, recibe las banderas del extinto senador y esposo Eduardo Enríquez Maya; y Camilo Cuéllar de su padre Parmenio; y Andrés Zúñiga de su padre Eduardo; y Juan Daniel Peñuela, nieto del mítico político conservador Rogerio Bolaños; y Rafael Escrucería nieto e hijo de los Escrucería en Tumaco; y Teresa Enríquez, hermana de Manuel Enríquez Rosero. Y deben haber más, pero bastan, por ahora.

Triste panorama político para una realidad nacional aún más triste. Pese a todo ello, creo que es necesario que los ciudadanos miremos con lupa de detalles a los candidatos que conformarán el próximo Congreso de la República, para así no tener que soportar durante otros cuatro años el síndrome de Calimero, es decir, la queja de la quejadera, todo por que no escogimos bien a nuestros representantes y senadores, porque cedemos a las necesidades de lo más urgente y desconocemos las más necesarias, de ahí que el voto valga una cifra de dinero, un tamal o una camiseta, quizá esta última sirva para desempolvar la pobreza que nos seguirá cubriendo si no cambiamos de actitud.

Y finalmente, mirar bien a esos candidatos desde la óptica de las regiones, duele, por ejemplo, que en Nariño hace años no se tenga un representante de las Comunidades Afrocolombianas en el Congreso de la República, duele que las curules indígenas únicamente parecieran defender sus propios intereses desconociendo los de las vecindades que son muchas veces propias. Para ello, es menester que los líderes sociales hagan pedagogía electoral desde el enfoque territorial, nada se gana conque alguien de otro lugar los visite, se tome la foto y luego desaparezca del territorio, como es una costumbre a lo ancho y largo de nuestra geografía colombiana, principalmente en aquellos territorios que siguen siendo recónditos para la mayoría de nacionales.

A votar con el territorio en la cabeza y en el corazón. No hay de otra.

 

jemaoch@gmail.com

 

 

1 comentario
  1. Iván VILLOTA bravo dice

    Todo en Colombia, que tenga que ver con política, sea de derecha, izquierda, centro o en cualquier mierda, huele, sabe, es para robar, saquear, traficar con las necesidades de un pueblo.

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