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VUELO DE IDA

Luego de que la Editorial Komala de México seleccionará el cuento La píldora en Ontología de la Locura en 2024, Heldyn Guevara Revelo es finalista del concurso de Cuento. Migraciones y desplazamientos organizado por Editorial Polifonía de México con el cuento Vuelo de ida.

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Por:

Heldyn Guevara

 

Heldyn Guevara Revelo

 

Vuelo de ida

 

No podía definir la diferencia entre marchar o escapar, pero sabía que tenía que ir. Luego del ¡bum! en mis montañas, huí como el fantasma, personaje imaginado por un autor anónimo, leve, sin peso, como el espectro de la mariposa Monarca que va y vuelve en busca de un amor foráneo, fallido y sin rostro; como un actor parado sobre el entablado que calla cuando no lo ven.

 

La migración de la mariposa monarca un verdadero fenómeno de la naturaleza

 

En este viaje tuve que emparedar (mi nombre) entre paréntesis, en medio de dos orejas que oyen más y dicen menos. Entre dos arcos que lanzan flechas. En medio de manos cóncavas que atrapan el sol a lo lejos, que retienen el eco de los ríos muertos, revividos con baldes de agua que apagan los incendios. He vivido con mi nombre entre paréntesis para aclararme y resaltar de cuál patria es que vengo. Para recordar que debo soportar el miedo de enfrentarme cada día a mi guerra a solas conmigo.

No obstante, he sentido a veces la necesidad de desandar mis pasos perdidos. No hay viaje tan equívoco que mendigar amor al volver adonde nunca te esperan. Adonde nadie te llama ni te quiere de vuelta y que te engañan en la ausencia con el doble ánimo de la nube impredecible del cambio climático. Que te extrañan porque sólo ofrecías espectáculos como la algarabía inconforme de las golondrinas al volver con la falsa lluvia que no hacía verano o como el estallido de la ballena jorobada que canta para no llorar y anuncia su arribo al romper con sus caídas la superficie del olvido.

 

Una ballena jorobada hace un viaje de casi 19.000 km en 265 días, desplazándose desde la Antártida hasta su zona de cría frente a Colombia y de vuelta.

 

Dejé mi casa sin techo y las paredes agujereadas para desertar ajeno a la belleza como el murciélago que le huye a la sangre, que busca la felicidad en otras cavernas y la comprensión que le niega el espejo y que encuentra en los labios dulces de la fruta.

He sabido que el salmón, tras escapar del tiburón, regresa con rubíes intangibles en sus entrañas. Algo parecido parece suceder conmigo. Creo que he perdido para siempre el apetito, que ha huido como el cabello de la cabeza desnuda, sin sueños, sin ideas emancipadas por temor a la vejez; sin embargo, sé que debo comer a horas; el estómago no tiene la culpa de lo que haga la cabeza. Pero ya vienen. Escucho ruidos dentro de mí, ladridos en el estómago, ¿por hambre de vivir?; un ataque de bacterias, hueso a hueso en franca lid; susurros de mi alma en pena, que anhela poseer nuevos cuerpos, eternos techos a la sombra sin fin; es el canto de un niño que a veces me habita y que no conozco; que ruego concebir. Soy yo mismo, el hijo sin cuna, que aún no tengo y que juega a alzar los brazos en señal de rendición.

Aunque me esfuerzo por sonreír e intento ser simpático ante los demás, hay algo en mí que no cuadra. Desde que me levanto hasta más allá de la media noche, realizo infinidad de elecciones que implican una o varias pérdidas, abrigando siempre la esperanza de hallar la mejor opción de conjugar en todos los tiempos el verbo retornar. Necesito el abrazo, el consejo de una mujer con pechos llenos de suspiros donde dormir, donde desovar este vaivén proscrito, que me detenga en esta locura de ir adonde ya no hay espacio, que me ofrezca la habitación de su corazón, donde alimentar esta soledad que pateo con el reflejo rotuliano.

Mientras hago la fila en la oficina de migración, concentro la vista vidriosa de rechazo sobre el bonsái ubicado rigurosamente en la esquina derecha de uno de los escritorios atiborrados con caras de documentos como muertos de una fosa común. Me siento inconforme con las cortas raíces expuestas de la planta, desvestidas abusivamente, de manera vergonzosa a la vista, y con las ramas levantadas pidiendo clemencia ante los dolorosos tirones de los alambres templados y asegurados con remaches desde el cuello hasta los orillos de la artesa. “En lo poco se conoce lo mucho”, pensé al impugnar la conduta de los funcionarios y su aversión en contra de los seres vivos.

El pecho del doctor (quien emitiría un concepto favorable teniendo en cuenta mi óptima salud requerida para mi visa de residente) se hinchó de engreimiento. Sacó del bolsillo del capote un habano con aroma a canela y mordió su punta con rabia. Escupió por encima del hombro y luego encendió la fosforera marmórea, cuyo relieve de porcelana representaba a una geisha arrodillada. Sorbió el habano con ansiedad y dejó la llama encendida que acercó lentamente a mi boca.

—Saque la lengua, por favor —exigió el doctor con aire mal intencionado—. Introdujo la paleta y sentenció: — La ansiedad ha vuelto su lengua muy blanca. Pero tampoco es motivo para angustiarse. En este país la mayoría de las personas tenemos la lengua blanca por causa del pánico que nos causan los atentados bélicos.

Sin quitarme de encima la mirada confrontativa, el doctor movió seis veces el bolígrafo entre el pulgar y el índice en un glutinoso vaivén. Tuve el presentimiento de que el doctor planeaba provocarme con palabras insidiosas. Sentí que mis mejillas enrojecían en un vibrar inflamable. Me pareció que su actitud poco a poco se volvía impropia. ¿La decisión de acudir a su guarida había sido equívoca? Experimenté una inquietante sensación de abuso y vulneración. Aún con la lengua afuera, muy cerca de la llama, entendí que el galeno amenazaba con incinerar —antes de que salieran— las palabras que no quería escuchar. Las cosas de pronto dieron vueltas a mi alrededor y luego de un corto vahído tomaron su posición inicial. Entonces imaginé que el doctor, en su latente antipatía, quería encender la mecha de mi lengua y hacer estallar la bomba de mi cabeza incomprendida.

Era difícil empatizar con personas que no respiraban tu aire, que no se deleitaban con tus manjares, que no bailaban con tu música ni sonreían con tus paisajes.

Sin embargo, todo cambia cuando ella, tan extraña que se ve más que humana, dice que escribo bella poesía y que debo desenrollar su lengua con la mía para que pueda entenderla. También sé que sale a bailar conmigo, aunque no sepa, y que adora los libros mucho más que a mí. ¡Qué bello que lo amen así!, de carne y verso, ángel errante y terrícola, tal y como uno es.

No hay vuelta de hoja.

Renuevo mi tiquete cada día para volver a volar solo de ida.

Heldyn Guevara

***

 

Afiche promocional del Concurso

Comunicación Ediciones Polifonía

 

Estimado Heldyn Guevara:

Queremos enviarte un cordial saludo y compartir contigo una excelente noticia: entre los cuentos que participaron en el Concurso Internacional de Cuento sobre Migraciones y Desplazamiento, organizado por Ediciones Polifonía, tu texto “Vuelo de ida” fue reconocido como uno de los finalistas. ¡Celebramos contigo este importante reconocimiento!

El proceso de selección fue exigente debido a la riqueza, originalidad y fuerza de las propuestas recibidas.

 

Concepto del Jurado

 

Con respecto a tu cuento, el jurado asignó el siguiente puntaje y concepto:

Puntaje final: 95/100

Desglose por criterios:

Originalidad en la propuesta narrativa: 20

Profundidad emocional y tratamiento: 19

Coherencia y solidez en el desarrollo de personajes: 18

Calidad del lenguaje y estructura narrativa: 19

Pertinencia con el enfoque del concurso: 19

 

Comentario del jurado:

 

El relato asume una voz interior que se mueve entre la reflexión poética y la conciencia migrante. La escritura se despliega como un flujo simbólico, donde el desplazamiento no es solo geográfico, sino existencial. El texto desafía las convenciones del relato lineal y se afirma como monólogo lírico de una subjetividad escindida entre la pertenencia y la errancia. La metáfora se vuelve forma de resistencia frente al desarraigo. El lenguaje, preciso y evocador, sostiene un tono íntimo que transforma la experiencia migratoria en una meditación sobre identidad y supervivencia.

Desde Ediciones Polifonía queremos visibilizar nuevas voces que exploren lo diverso, lo íntimo y lo disruptivo en la literatura contemporánea. Por eso, reuniremos los cuentos finalistas en una antología impresa, que será publicada entre diciembre de 2025 y febrero de 2026, una vez finalice el proceso de corrección, diagramación y diseño

 

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