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VICENTE PÉREZ SILVA, 97 AÑOS DE VIDA

Lo verdadero mágico en este mundo es encontrarse con uno de esos seres excepcionales, que en conjunto convoca las cualidades que muchos deseamos y cultivamos de una u otra manera, lo que se llama un ser íntegro.

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Por:

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

Los seres humanos excepcionales existen de verdad, baste repasar la historia de la humanidad para encontrar mujeres y hombres que han marcado su derrotero desde diferentes facetas, en el arte, en las ciencias, en las religiones, en las culturas, sobresalen los nombres de aquellos que han dejado una huella perenne de su existencia. Lo verdadero mágico en este mundo es encontrarse con uno de esos seres excepcionales, que en conjunto convoca las cualidades que muchos deseamos y cultivamos de una u otra manera, lo que se llama un ser íntegro. Ahí la sapiencia conjugada con la sencillez, los reconocimientos junto a la humildad, la maestría frente a frente con la amistad, y, en muchos casos, luengas vidas llenas de anécdotas y de afectos que no se pierden en el tiempo, sino que, al contrario, parecen revitalizarse a cada instante.

Esas y muchas otras cualidades más ostenta el maestro Vicente Pérez Silva, quien el domingo 25 de enero cumplió 97 años de edad. Nos une una amistad de hace ya varios lustros, fue mi hermano Fabio (+) quién me lo presentó cuando adelantaba sus estudios de Derecho en la Universidad Nueva Granada, hablándome primero de un maestro nariñense que era un verdadero sabio, hecho que conocía de antemano por la cuantiosa obra de investigación del maestro Vicente, así como del afecto que sentía hacia sus estudiantes, destacándolo entre todos los demás. Desde entonces he sido su discípulo constante, aprendiendo en viajes y tertulias, en charlas y cafés, en caminos y espirituosos licores, que la vida es maravillosa, que cada instante y cada lugar dejan una marca indeleble en la experiencia humana, y que eso hay que aprovecharlo para escribir, como lo ha hecho y lo sigue haciendo él, que cuenta con más de 50 libros escritos y un millar de investigaciones publicadas en periódicos y revistas de diferentes partes del mundo.

Con los amigos en común, hablamos constantemente de su vitalidad, de la forma amena como se toma la vida, sin complicaciones, amando los libros, por eso cuando le llega uno, lo abraza y lo toma como un amigo; con una sencillez que envidiamos, jamás le he escuchado hablar contra alguien, siempre encuentra una cualidad para resaltar; es miembro de academias, pero jamás pontifica, al contrario, le desvela constantemente el distanciamiento que hay entre éstas y la realidad del mundo concreto. Habla de sus proyectos con un entusiasmo juvenil, siempre tiene una idea en la cabeza, un libro que escribir, un dato que hay que rastrear, un autor que hay que leer, de ahí su vitalidad que es una verdadera cualidad. Es de una generosidad maravillosa, comparte sus investigaciones abiertamente, su sabiduría se riega por entre los amigos y conocidos sin ningún aspaviento, además de haberse desprendido de su extensa biblioteca, muchos de cuyos libros reposan ya en la Biblioteca Departamental de Nariño, encontrando ahí verdaderas joyas literarias, muchos de esos textos en primeras ediciones, con firmas de autores, entre otros de Aurelio Arturo, para mencionar solo un caso, y que esperamos sean puestos a disposición del público nariñense prontamente.

Él mismo se define como: “alegre y festivo, idealista y soñador”, tal cual, no puede haber mejor descripción, una conjunción de don Quijote y Sancho, los célebres personajes que han sido su guía a lo largo de su vida, y a quienes ha rastreado desde su temprana infancia, emulándolos a lo largo de su caminar, para forjar su vida en continua evocación de su tierra nariñense, a la que ama entrañablemente, desde esa Cruz del Mayo, chinchano de pura cepa, para expandirse e ir por los Campos de Montiel, que es el mundo, junto a todos aquellos personajes y autores que lo desvelan pero que no lo enloquecen, sino que le permiten ser cada día más sabio.

Generosamente sus hijas, Maritza y Pilar, invitaron a Hernando Cabarcas Antequera, a José Triana Antorveza y a quien esto escribe, a conmemorar entre amigos su cumpleaños número 97, y fue una constancia entre nosotros que en tres años estaremos celebrando su centenario, ya que dada su jovialidad, su ánimo y su vocación de servicio investigativo, con seguridad nos seguirá sorprendiendo y enseñando, tal y como lo ha hecho a lo largo de su fructífera y noble existencia.

Seguiremos escanciando los vinos, querido maestro, mojando la palabra, para continuar por los caminos de la amistad que usted generosamente nos ofrenda, alimentando las ganas de vivir bien y honestamente, como Usted lo ha hecho a lo largo de su vida: sencillo, sabio, amigo de verdad.

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Nota al margen:

 

J. Mauricio Chaves-Bustos con el maestro Vicente Pérez Silva

 

Querido Padre VICENTE  SALVADOR:

Hoy en el día en el que cumples tus 97 años de VIDA, te felicito  por llegar a esta magna edad .

Doy  gracias al CREADOR por concedernos este inmenso privilegio de tenerte a nuestro lado y disfrutar de tu compañía, todo tu intelecto y tu creatividad en estos últimos años, en los cuales  has tenido una producción literaria asombrosa; y, en donde muchos de tus amigos y conocidos se manifiestan escribiéndote maravillosos elogios; los cuales llenan tu espíritu de ganas de VIVIR. Gracias a todos por estos irreemplazables mensajes.

Doy gracias  a mi hermosa madre CARMENCITA QUIMBAYA, quien te amó y guio durante 70 años de extraordinario matrimonio, al levantar siete descendientes: VICENTE LEONARDO, FRANCISCO DE PAULA, MARITZA DEL CARMEN, LIBIA PATRICIA, MARIA DEL PILAR, FERNANDO ANIBAL y MARCELA DE LOS ANGELES.

Doy gracias también a nuestros abuelos paternos: MODESTO PEREZ, patriarca de La Cruz del Mayo en el departamento de Nariño, del cual heredaste ese gen de longevidad, quien falleció a los 96 años; así mismo a mi abuelita DOLORES SILVA, a quien me une especiales recuerdos de vida, de su nieto consentido.

En fin, después de esta travesía, mi padre se define a sí mismo desde su niñez: “alegre y festivo, idealista y soñador”…

 

VICENTE LEONARDO PÉREZ QUIMBAYA
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