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TAPAR EL SOL CON UN DEDO

El celular en manos de un alumno inteligente mientras asiste a una clase es una arma homicida del pensamiento o la sapiencia de quien ejerce el poderío de ser profesor en una clase de colegio.

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Por:

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

En Colombia, país de leguleyos y de Fecode, ya se había conseguido, con respaldo de la Corte Constitucional, que en los manuales de convivencia de las entidades educativas se prohíba el uso de celular. En otros países más dizque civilizados y desarrollados económicamente que nosotros han adoptado la misma medida. En España se hacen buches porque la comunidad de Madrid así lo ha dispuesto y en Suecia se hacen gárgaras por lo mismo, alegando que la Unesco propuso una prohibición global de los celulares en los colegios dizque para mejorar el ambiente educativo y proteger a los estudiantes.

Los que se dicen públicamente partidarios de la medida prohibitiva alegan que son una fuente de distracción, acoso y desigualdad. Los que osan defender que los muchachos tengan su celular durante las clases que reciben, alegan cargados de lógica que los celulares son una herramienta utilísima para el aprendizaje, la comunicación y hasta para la seguridad.

La discusión, como siempre en estos casos de la evolución de las costumbres y la modernización de los medios electrónicos, puede gastarse muchas décadas. Pero lo que no creo que van a poner sobre la mesa para discutirlo es el efecto competitivo que esos aparaticos tienen en manos de un alumno para poder desmentir, enfrentar o discutir a un profesor.

Hemos acelerado tanto en el conocimiento que ya los dueños del poder le están cogiendo miedo y apelan a la eterna norma moralista de la prohibición. El celular en manos de un alumno inteligente mientras asiste a una clase es una arma homicida del pensamiento o la sapiencia de quien ejerce el poderío de ser profesor en una clase de colegio.

Por supuesto, tampoco se pondrá en la mesa de discusión la necesidad de modificar sustancialmente la metodología educativa que todavía usamos porque es allí, en ese caduco procedimiento, donde reside el verdadero problema. No en los celulares. No tapen el sol con un dedo.

Muchas gracias.

El Porce, enero 30 del 2024

 

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