SOMOS FRONTERA, SOMOS PAIS
Nuestra voz no es de reclamo, sino de esperanza. Porque aún creemos en el país que soñamos.
Por:
Alonso Villacís Aguilera

En el sur profundo de Colombia, donde el himno se canta con el corazón en la mano y la patria se defiende a diario con dignidad, se alza Ipiales: ciudad fronteriza por historia, por geografía y por vocación.
Aquí la frontera no es una línea: es un compromiso. Es el primer muro contra la ilegalidad y la última mano extendida de Colombia hacia el sur. Pero hoy sentimos que ese compromiso no está siendo correspondido.
La economía de frontera no puede ser tratada con fórmulas generalizadas. Nuestros municipios no pueden seguir enfrentando las mismas reglas que las grandes ciudades del interior, cuando vivimos dinámicas complejas de comercio binacional, presión migratoria, contrabando y amenazas a la legalidad.
El actual plan de abastecimiento de combustibles, lejos de fortalecer a los actores formales, los está debilitando. Las demoras, los sobrecostos y la ausencia de ajustes diferenciales amenazan con desmontar años de lucha por la formalidad y el desarrollo económico regional. No pedimos privilegios: exigimos equidad.
No hay paz duradera sin justicia territorial. No hay legalidad posible si se desincentiva al que cumple. No hay frontera segura si no se protege al que representa al Estado desde la iniciativa privada.
Hacemos un llamado al Gobierno Nacional para que escuche a la frontera. Para que vea en Ipiales y en cada uno de sus municipios vecinos no un problema, sino una oportunidad: de construir país desde la periferia, de hacer de la legalidad una política rentable, de garantizar abastecimiento justo y eficiente para quienes abastecen a los demás.
Nuestra voz no es de reclamo, sino de esperanza. Porque aún creemos en el país que soñamos. Porque aún creemos que la frontera, bien cuidada, es la puerta de entrada a un futuro más justo para todos.

