NO SE LO TOME PERSONAL
El pasado domingo, la mal llamada marcha del silencio, convocada en principio como señal de solidaridad con la difícil situación del senador Miguel Uribe Turbay, se convirtió en una muestra más de lo enfermos que estamos.
Por:
María del Rosario Laverde

Esta era una conversación telefónica normal, acerca de los problemas de la economía familiar. Mi interlocutor era una persona cercana, así que me resultaba muy fácil contarle mis preocupaciones. De repente las cosas se subieron de volumen, él las subió, y empezó a gritarme: “petristaaaaaaa, petristaaaaaaaa, petristaaaaaaaaaa”, completamente poseído por un odio hacía mí, desconocido hasta ese momento. Colgué el teléfono y corrí a esconderme, presa del pánico. Por supuesto, nunca más pude hablar con esa persona. Para entonces, jamás hubiera pensado en ser etiquetada con tal adjetivo, pues había pasado por una mala experiencia laboral durante la alcaldía de Gustavo Petro, y no planeaba hacer parte de sus filas.
Esta columna no es una invitación a que no se involucre: hágalo hasta los huesos, grite todo lo que tenga que gritar, pelee todo lo que tenga que pelear, pero primero párese duro por los que tiene al lado.

