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MI EXPERIENCIA QUIRÚRGICA EN PAÍSES BAJOS: EL SISTEMA DE SALUD NEERLANDÉS

Muchos hospitales aquí están diseñados para ser acogedores, son casi como centros culturales. Recepciones amplias, luz natural, colores cálidos, ilustraciones artísticas, minibibliotecas y espacios verdes crean un ambiente relajante.

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Por:

Luis Fidel Cabrera

 

Luis Fidel Cabrera

 

En medio de una vida que transcurría con normalidad, una urgencia médica en los Países Bajos me confrontó con una verdad universal: la fragilidad humana no conoce fronteras ni horarios.

Una enfermedad grave puede sorprendernos cualquier día y a cualquier hora. Esta experiencia inesperada me llevó a depositar mi confianza en un sistema sanitario desconocido, y a reflexionar sobre cómo el trato humano, la eficiencia y la empatía pueden marcar la diferencia en los momentos críticos.

A través de este relato comparto no solo lo vivido, sino también una mirada honesta al sistema hospitalario neerlandés. No pretendo establecer comparaciones vanas ni desacreditar otros modelos de salud, sino más bien aportar una perspectiva que inspire confianza, especialmente en quienes enfrentan decisiones médicas lejos de casa. Mi objetivo es animar a muchos (en particular a extranjeros) que, por desconfianza, optan por regresar a sus países de origen para recibir tratamiento.

Fútbol y dolor. Comienzan los síntomas

 

El miércoles pasado, mientras miraba un partido de fútbol, sentí una fuerte hinchazón y dolor en el abdomen. No le di mucha importancia y me preparé un té de orégano (mi remedio habitual para estos males), intenté dormir, pero pude hacerlo muy poco. El jueves pasé el día adolorido y decidí esperar. El viernes por la mañana, no aguanté más, a primera hora, decidí llamar al centro de salud para pedir cita con mi médica de familia.

La llamada la atiende su asistente, como es habitual aquí. Ella realiza una serie de preguntas, y en muchos casos da recomendaciones simples, incluso remedios caseros (algo que sorprende a muchos de otras tierras). En mi caso, se trataba de una urgencia, así que me dio cita inmediatamente. Me pidieron llevar una muestra de orina, y el análisis de sangre lo harían allí mismo.

En bicicleta al centro de salud.

 

Diez minutos de pedaleo, los aguanté sin problemas. La médica, al revisar mis síntomas, dudaba entre una infección renal y una apendicitis. Dada la gravedad, me remitió al hospital. Ella misma se encargó de localizar el hospital disponible más cercano, dándole prioridad a la cercanía con mi domicilio. Así llegué al hospital de Almere (Flevoziekenhuis).

 

Ingreso al hospital

 

Al llegar al hospital, todo estaba preparado. Los médicos remitentes envían previamente toda la información del paciente mediante un sistema de comunicación interno eficiente. En los Países Bajos, los hospitales generalmente atienden sólo a pacientes remitidos por su médico de cabecera, lo que permite evitar la saturación hospitalaria y garantizar una atención más organizada. En situaciones extremas, como accidentes o casos transportados en ambulancia, los hospitales pueden recibir pacientes sin remisión previa. Tan solo el precio de la ambulancia puede rondar los 700 euros (tres millones de pesos colombianos). Si la persona no cuenta con seguro médico, el coste del servicio te puede costar un ojo de la cara, dependiendo del tipo de atención recibida.

 

Cómo funciona la atención médica en Países Bajos

 

Todos los residentes deben contratar un seguro médico básico obligatorio, que cubre atención esencial como médico de cabecera, hospitalización y medicamentos. Los menores de 18 años están cubiertos gratuitamente a través del seguro de sus padres. Aunque está regulado por el gobierno, este sistema es operado por aseguradoras privadas sin ánimo de lucro.

Hospitales que curan con humanidad

 

Muchos hospitales aquí están diseñados para ser acogedores, son casi como centros culturales. Recepciones amplias, luz natural, colores cálidos, ilustraciones artísticas, minibibliotecas y espacios verdes crean un ambiente relajante. Aplican el principio de “entornos curativos”, con habitaciones individuales, salas de espera cómodas, ventanas que permiten aire fresco y un ambiente silencioso.

Vuelvo a mi caso: en el hospital volvieron a analizar mi sangre y orina a profundidad. Para estar 100 % seguros, me realizaron un escáner CT (tomografía computarizada), una técnica de imagen que crea “rebanadas” detalladas del interior del cuerpo.

Mientras esperaba los resultados, pude comer algo en el restaurante del hospital (abierto incluso a visitantes externos) y disfrutar de un concierto de piano en la entrada, ofrecido por voluntarios, personal o ¡inclusive pacientes! Este gesto improvisado alegra y reconforta a todos, creando una atmósfera más cálida y humana. La música en vivo tiene un efecto terapéutico también para el personal médico que se cansa y se emociona por la delicadeza de su trabajo.

 

En recuperación…

En el quirófano

 

Me remitieron a una joven cirujana. Antes de la pandemia, era común que los médicos estrecharan la mano; ahora el saludo es más una venia, diciendo nombres y apellidos. Todo el equipo médico fue profesional, cálido y muy atento. Me explicaron cada paso con claridad, respetaron mi espacio, mi opinión y se aseguraron de que estuviera cómodo.

El diagnóstico confirmó una apendicitis. Necesitaban realizar una apendicectomía laparoscópica, una práctica común en hospitales de todo el mundo. Como era un caso no programado, me dijeron que me podía operar a las 10 p.m. o incluso a medianoche. Afortunadamente, hubo un cupo a las 6 de la tarde. En la antesala me recibió el anestesiólogo y el equipo de enfermeras quirúrgicas. Me explicaron nuevamente el procedimiento, completé un formulario con mis últimos antecedentes (consumo de alcohol, tabaco, deporte, dieta, etc.) y firmé el consentimiento, incluyendo la decisión sobre si quería ser reanimado en caso de emergencia —por supuesto que sí.

En el quirófano, el equipo volvió a presentarse, confirmaron mi identidad y explicaron brevemente el procedimiento. La sala estaba fría; me colocaron dos pequeñas mantas previamente calentadas para ayudar a relajarme. Me administraron la anestesia general, me colocaron la máscara de oxígeno… y perdí la conciencia…..

 

Recuperación con vistas al parque

 

Una hora después desperté en la sala de recuperación, compartida con otra paciente. El ambiente era luminoso y silencioso; una gran ventana enmarcaba un parque lleno de árboles y vegetación exuberante. Pedí que no la cerraran: era verano, y el atardecer teñía el cielo con colores maravillosos. Las últimas aves cruzaban el aire en dirección a sus nidos, y aquella escena, tan serena y viva, se convirtió en un bálsamo inesperado. Creo sinceramente que esa vista contribuyó enormemente a mi recuperación.

Las enfermeras entraban con frecuencia, midiendo mi pulso, temperatura y niveles de oxígeno. Me impresionó el enfoque humano del sistema: no se trata solo de curar, sino de cuidar. Si alguien me preguntara cómo es operarse aquí, les diría que pueden confiar plenamente. Sentí que estaba en buenas manos, rodeado de personas que aman lo que hacen.

Muchos hospitales aquí están diseñados para ser acogedores

Una experiencia que trasciende fronteras

 

Países Bajos suele liderar los rankings europeos como el Euro Health Consumer Index, y con razón. Su sistema de salud ofrece una combinación poco común: calidad y accesibilidad. Casi toda la población tiene acceso a atención médica de alto nivel, respaldada por innovación e investigación constante y hospitales de renombre internacional como el Centro Médico Erasmus en Róterdam o el Centro Médico Utrecht.

Pero más allá de las cifras y prestigios, lo que viví en mi día de hospitalización fue profundamente humano. Escuché al personal hablar dos o tres lenguas. Conocí personas de distintas nacionalidades, razas y religiones, todas reunidas en torno al cuidado. Mi médica de cabecera es de Surinam, el anestesiólogo era polaco, las enfermeras de Filipinas, dos mujeres técnicas del escáner venía de Túnez, llevando orgullosamente sus velos musulmanes. Seguro había muchas otras historias cruzándose por esos pasillos.

Esa diversidad, lejos de ser ruido, fue armonía. Un hospital como espejo de una sociedad abierta, inclusiva y profesional. Sentí que no solo me trataban médicamente, sino que me cuidaban con empatía y respeto, sin importar de dónde venía ni qué idioma hablara.

El trato con el médico es de enfoque horizontal y cercano, de tú a tú: usan lenguaje claro y directo, sin tecnicismos. Visten ropa informal, incluso durante procedimientos clínicos. Tratan a todos por igual, sin importar origen, edad o nivel educativo. Preguntan tus preferencias, te incluyen en las decisiones. Se toman el tiempo para escucharte sin prisas. Este estilo refleja los valores neerlandeses: igualdad, autonomía y confianza mutua. La atención en Países Bajos no es solo técnica: es profundamente humana. Y eso marca la diferencia.

Uso responsable de antibióticos

 

Aquí existe una política estricta para prevenir la resistencia bacteriana. ¿Por qué se receta tan poco? Se prescribe solo en casos confirmados de infección bacteriana. Se hacen pruebas antes de indicar antibióticos. El paciente recibe educación clara: no sirven para gripes o resfriados. Hay guías médicas nacionales muy precisas. En farmacias no se venden antibióticos sin receta, y los farmacéuticos verifican su uso adecuado. Países Bajos es ejemplo mundial en el uso responsable de antimicrobianos.

Reflexión final

 

Este fue un susto inesperado, pero ya superado. Hoy estoy en casa, me recupero bien, y lo único que tengo es paracetamol contra el dolor (casi no lo uso). Volví a la medicina natural y casera. Quiero expresar mi profundo agradecimiento a todo el personal del hospital. Hoy, tras el sobresalto, valoro más que nunca la medicina ejercida con delicadeza: con técnica, sí, pero ante todo con humanidad. A Karin, mi compañera de viaje por este hermoso trayecto de vida, gracias por estar conmigo en cada instante. Este viernes 25 de julio, entre risas y nervios, compartimos un recorrido más: hacia el centro de salud, hacia la ciencia, la tecnología y, sobre todo, hacia la humanidad, seguro será un día inolvidable.

Ahora no queda más que apreciar cada segundo de vida, cada detalle pequeño que se nos brinda… y continuar avanzando con gratitud, día a día, en este regalo que es estar vivos….

Luis Fidel

Cabre018@planet.nl

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