Banner cabezote

MEMORIAS Y DISCUSIONES FRENTE A LA ESCRITURA FEMENINA

Entonces surge la pregunta: ¿Cómo estas “amas de casa” fueron las primeras narradoras de la historia, si estaban recluidas dentro de esas cuatro paredes que la cultura les había determinado?

0 1,206

Por:

Graciela Sánchez Narváez

 

Graciela Sánchez Narváez

 

Frecuentemente he escuchado ciertas discusiones y he leído algunos textos, basados lógicamente en consideraciones masculinas, sobre las condiciones que marcan la escritura de las mujeres y la de los hombres a través del tiempo. Claramente se nota en ellas esa franja que pone límite a los géneros de los escritores, invisibilizando la escritura de las mujeres. Es innegable que esta mirada machista ha existido siempre.

Desde mi punto de vista, y sin ningún afán feminista, he constatado que la historia real nos muestra cómo las mujeres, desde la antigüedad, han desempeñado un papel importante como eslabón para la educación de los hijos, la administración del hogar y la comodidad del esposo, quien ha sido el proveedor económico de la familia. Sin embargo, dentro de esas cuatro paredes en las que estuvo relegada hasta hace poco, por no decir hasta el momento, sobre todo en la ruralidad de los pueblos, ellas han estado presentes en la escritura mucho más de lo que creemos.

A los hombres les interesó siempre que las mujeres que iban a ser sus esposas fueran educadas y moralmente correctas para formar su familia y tener sus hijos. Los romanos, por ejemplo, siempre supieron que ellas serían las primeras formadoras de sus “hijos hombres”, ya que ellos serían quienes los perseverarían en el tiempo y los representarían como los futuros políticos, jueces, guerreros, militares y sabios dirigentes de la sociedad. Este era el proyecto que empezaba a gestarse en el pensamiento de los padres desde que el niño se encontraba en el vientre materno. De allí también, la felicidad y el orgullo que se experimentaba cuando nacía un hombre y la desesperanza cuando se trataba de una mujer. Con esta concepción, la educación de las mujeres les interesaba sólo porque eran el instrumento necesario para formar a los “niños hombres”, pues las niñas mujeres sólo deberían seguir su ejemplo. Nunca se pensó en una educación para ellas, por ellas mismas.

Entonces surge la pregunta: ¿Cómo estas “amas de casa” fueron las primeras narradoras de la historia, si estaban recluidas dentro de esas cuatro paredes que la cultura les había determinado?

Pues sí, fue así. Fueron ellas quienes, precisamente por esa condición, dinamizaron la oralidad en su entorno, que estaba conformado por otras mujeres y sus hijos, lo que propiciaba que, después de realizar las tareas del hogar, se reunieran para tejer, coser o bordar. Allí contaban anécdotas o leyendas referidas a la vida diaria, frecuentemente recreaban las narraciones de sus esposos o relataban los acontecimientos religiosos que su líder comentaba y socializaba. Si su voz, por algún motivo, lograba salir de ese estrecho entorno, frecuentemente encontraban la voz del hombre que, podía ser la de su esposo, de su padre o la de sus hermanos, para acallarla. Se sabe que, de la misma manera, en muchas circunstancias, las mujeres se rebelaron a todo riesgo contra esas voces que las silenciaban, como en el caso de la Odisea, donde se narra esta excepcional situación femenina.

Se considera que el primer texto con registro de autor que aparece en la historia lo escribió una mujer de nombre Enheduanna, de la ciudad de Acadia, en Mesopotamia, una princesa y sacerdotisa que escribió y firmó su libro, aunque durante mucho tiempo permaneció como anónimo. Había sido poeta y narradora antes de Homero, pues vivió en el Siglo XXIII antes de Cristo. Es la primera mujer que escribe en primera persona y firma su obra. Para explicar su acción de escribir utiliza una metáfora o un mito, diciendo que, cuando escribe, recibe la visita de la diosa Inanna, quien posee su cuerpo, concibe la idea y “da a luz” las palabras que constituyen sus textos. Esto el parto del poema, pero más aún, en las sociedades griegas que fueron de marcado perfil misógino, se dice que Aspasia, quien se casa con Pericles, en muchas oportunidades le hacía sus discursos.

En mi consideración personal, en la escritura no debe considerarse géneros. La escritura es única y universal, como el arte y el sentido de la palabra. Ella fluye en el pensamiento humano, procede de una ontología totalizante; de manera contraria estaríamos aceptando que los únicos seres humanos inteligentes son los hombres. Sabemos que hay distintas clases y niveles de inteligencias en los seres pensantes, pero esta distinción no es válida para diferenciar a hombres de las mujeres en la escritura. Otra cosa distinta son los temas, los estilos, las técnicas, los recursos creadores.

Todo esto lo escribo para que las mujeres que inician a escribir mantengan en su memoria estos postulados afirmando su papel de escritoras, ni menos ni más que los hombres, sólo iguales. Pese a que muchas mujeres han ganado el premio Nobel, aún en el momento se continúa desconociendo e invisibilizando a la mujer escritora y por lo tanto, a la mujer pensadora.

Después de la Edad Media, cuando hubo muchos períodos de crisis, las artes florecieron de manera especial, como ocurrió en el Siglo de Oro. La Contrarreforma, como respuesta a la “reforma protestante”, hizo cambiar muchos puntos de vista en la sociedad. Mientras los moralistas escribían para la “Contrarreforma”, los hombres nobles participaban de la guerra y en los monasterios se ampliaba más al mundo medieval, surgió la literatura femenina de este siglo, de modo que cuando ellos volvían a la Corte, encontraban un mundo más letrado. Este ambiente intelectual llegaba a las mujeres de la aristocracia también, pero la crítica continuaba. La literatura era religiosa y mística. Fray Luis de León en su obra “La perfecta casada” afirma que los hombres y las mujeres tienen su propio lugar. Los moralistas dicen que el silencio es la cualidad que debe distinguir a la mujer. Francisco de Quevedo que es un escritor crítico, se burla de aquellas que tienen actitud de escritoras.

Con lo que digo antes, queda claro que la mujer ha escrito siempre, por encima de la crítica negativa que continúa silenciando la voz de la mujer, pues hay un proceso de desvirtuar su escritura, incluso en el mundo académico, que sigue siendo excluyente. He constatado que, en los programas de estudio, son muy pocas las autoras mencionadas. La Literatura femenina, en estas últimas décadas, ha recuperado poco a poco esa cierta visibilidad, aunque aún siguen siendo los hombres quienes tienen el mayor espacio para hablar de estos temas.

Todo lo anterior, para comentar que se ha pensado congregar a las mujeres escritoras de Nariño para un encuentro de pensamientos y voces frente a esta circunstancia. Se empezará primero con algunas que han coincidido en pensar en la necesidad de encontrarnos para reconocernos y, poco a poco, se ampliará el círculo para intercambiar nuestras escrituras y lecturas frente a esta propuesta, Les seguiremos contando.

Publicidad Nación
Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.