“¡MALDITOS CONGRESISTAS!”
Cuando el ciudadano siente que el gobernante por el cual han votado libre y a conciencia, no les está cumpliendo, ese poder popular se alerta y defiende.
Por:
Guillermo Linero Montes

Esta mañana, en una tienda de barrio, escuché quejarse a un hombre corriente, con el desahogo propio de la indefensión: “¡Malditos congresistas!”, dijo. Su exclamación obedecía a una charla con otros dos ciudadanos, que igualmente mostraban asombro por el hundimiento en la Cámara de Representantes de algunos artículos de la reforma laboral con los cuales el gobierno buscaba beneficiar a los campesinos.
Con todo, hoy las cosas comienzan a revertirse; pues por primera vez el pueblo votó a conciencia y esto le da fuerza moral y derecho político para manifestarse y reclamar. Antes no ocurría así, porque a los electores les compraban el voto; porque, tanto los paramilitares como sus empleadores los conminaban para que votaran sólo por quienes ellos dijeran y, especialmente; porque los periodistas al servicio de las grandes empresas -esos mismos que en el presente hacen oposición asquerosa desde los micrófonos- los confundían con mentiras, como todavía hoy lo hacen, cada vez con menos eficacia.
En tal contexto de corrupción socio-política, hicieran lo que hicieran los gobernantes, el pueblo siempre estaba moralmente inhabilitado para criticarlos. Los trabajadores, los obreros y los campesinos, no tenían el poder popular, al no haber votado por nadie a conciencia, que es lo que da vida al poder popular. Cuando el ciudadano siente que el gobernante por el cual han votado libre y a conciencia, no les está cumpliendo, ese poder popular se alerta y defiende.
Eso ya se acabó. En el presente el pueblo es consciente de que por primera vez está en el poder; y tendrá que llevar esa conciencia a la praxis de una revolución. No bajo la acepción peyorativa de “violentas” que la extrema derecha da a las revoluciones. No, ahora se trata de una revolución correspondiente a un cambio de agujas en la ruta, con el estricto propósito de encaminarse en la vía del progreso.


Son unos desgraciados arribistas malvados, pretenden continuar en el feudalismo, que los trabajadores del campo sigan de jornaleros y sumidos en la pobreza, este país seguirá siendo el.mas desigual del mundo.