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LIPOGRAMA CON LA LETRA QUE ANTECEDE A LA Z

La letra que he decidido excluir es sumamente importante, es la vigésima sexta letra del alfabeto español, conocida también como i griega

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Por:

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

Un lipograma es la exclusión voluntaria de una letra en un texto, la razón es únicamente el capricho del escritor, puesto que no es otro el motivo que conduce a tal supresión. En 1994 la Asociación de Academias de la Lengua Española sacrificó tres letras, llamadas dígrafos, siendo estas la che (ch), la elle (ll) así como la erre (rr), implementando la normatividad en 2010, el motivo lo da la RAE: “Con esa decisión tomada en 2010, el español se asimiló al resto de las lenguas de escritura alfabética, en las que solo se consideran letras del abecedario los signos simples, aunque en todas ellas existen combinaciones de grafemas para representar algunos de sus fonemas.”

De tal manera que quienes crecimos recitando el estribillo de las letras en español, nos vimos privados del derecho a deletrear cosas importantes con esas letras llamadas dígrafos, entonces empecé a deletrear mi apellido, no con la consabida che (ch), en su lugar como c, h, a, v, e, s. Igual sentimiento experimentaron los Herrera, los Chamorro, doblemente sacrificio los Carrillo. Todo por el capricho de unos malos servidores de oficio del idioma.

En el caso de este escrito, que no se si es un cuento, un relato o un estudio , he decidido sacrificar la letra que antecede a la z, así como hicieron los académicos reunidos en no se que lugar, e ignorando también el motivo por el qué lo hicieron, puesto que la razón antes aludida no convence. Así que elimino la letra que antecede a la z por mero capricho.

La letra que he decidido excluir es sumamente importante, es la vigésima sexta letra del alfabeto español, conocida también como i griega; para los estudiosos en materias filológicas, esta letra representa dos fonemas: el consonántico palatal central sonoro, así como el vocálico. Además es una conjunción copulativa, empleada para sumar, añadir o unir elementos, siendo la más usada en español.

Este recurso literario no es de invención reciente, en el siglo VI a.n.e., el poeta lírico Laso de Hermione lo utilizó suprimiendo la letras sigma (Σ) en su Oda a los Centauros así como en el Himno a Démeter; el poeta latino Lucio Septimio Néstor escribió en el siglo II n.e., la Ilíada, omitiendo en cada uno de sus veinticuatro cantos la letra correspondiente a cada uno (A, B, C….); el escritor español Francisco de Navarrte – Ribera escribió en 1640 Flor de sainetes, sin emplear la letra A; el escritor portugués Alonso de Alcalá – Herrera publicó en 1641 Varios effetos de amor en cinco novelas exemplares, omitiendo una vocal en cada uno de ellos; el escritor español Alonso de Castillo Solórzano, insertó en la colección de novelas cortas La quinta de Laura, la novela El desdén vuelto a favor omitiendo la letra I; el poeta romántico alemán Gottlob Wilhelm Burmann tenía tal aversión a la letra R que ni siquiera pronunciaba su apellido, escribió en 1788 el poemario Gedichte ohne den Buchstaben R, es decir Poemas sin la letra R; el escritor francés Jacques Arago publicó en 1853 el libro Viaje alrededor del mundo sin la letra A ; el escritor estadounidense Ernest Vincent Wright publicó en 1939 una novela que lleva como subtítulo “Una historia de más de 50.000 palabras sin usar la letra “E””, según los contadores de letras, la más usual en el idioma inglés; el parisino Georges Perec escribió en 1969 La disparition sin emplear la letra A; el escritor canadiense Christian Bök publicó Eunoia en 2001, utilizando en cada uno de los cinco capítulos una sola vocal, es decir son lipogramas univocálicos, donde se emplea solo una vocal suprimiendo las demás; Gabriel Vázquez, escritor mexicano, publicó en 2015 la novela Vivir sin i, donde se suprime esta vocal; la escritora española Carmen J. Nieto publicó en 2024 la novela Gambuesa eliminando la letra T.

Me he visto obligado a hacer un listado, notarán los lectores que he debido recurrir a varias estratagemas para no emplear la letra aquí voluntariamente desechada, sin embargo éste se entiende, no he cometido ningún arbitrio que no sea subsanado fácilmente en un buscador, principalmente en el título de una novela que contiene dicha letra, por lo tanto me es imposible citarla.

Los inoficiosos, pero interesantes, contadores de letras aducen que: “las letras que más utilizamos, una clasificación que encabeza la e, seguida de la a -, en tercera posición, también una vocal, la o. Completan los cinco primeros puestos las consonantes s – r. _ en el extremo opuesto, la x, la k – la w, que  son las que menos se usan” (Fundeu, Buscador urgente de dudas, 2022). Es por ello que en el listado, son las vocales las más excluidas en los ejercicios lipogramáticos, seguidos de algunas consonantes.

Considero que excluir en este texto, que sigo sin saber qué es, la letra que antecede a la Z es medianamente arriesgado, fácil hubiese sido no utilizar la W, incluida en el abecedario español oficialmente en 1969, pero puede que algún día me anime para sacrificar cualquier otra letra, están en peligro las 27 letras que actualmente lo componen, esto para cobrarme como una afrente el haber eliminado la CH.

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