LAS LEALTADES DEL PRESIDENTE
Lo demás es pura alaraca de politiqueros y de los medios de comunicación comprometidos con los grandes empresarios y con los poderosos políticos que antes del gobierno del presidente Gustavo Petro, hicieron de este país un narcoestado.
Por:
Guillermo Linero Montes

El presidencialismo como modelo democrático está fundado en el poder electoral; es decir, en los votos del pueblo que le apuesta a un programa de gobierno. No en vano se habla tanto del mandato concedido por el pueblo al elegido a la presidencia para que desarrolle a cabalidad su programa, y cumpla con las promesas hechas en campaña.
En efecto, aunque los presidentes se acompañen de asesores meramente técnicos y hasta de sabios conocedores de las necesidades de cada sector del gobierno, es menester que también se aseguren de incorporar a quienes coadyuvaron en el éxito electoral con la consecución de votos.
De hecho, la vicepresidenta Francia Márquez, por ejemplo, obtuvo en su campaña de elección setecientos mil votos de los once millones que se necesitaron para ganar. De igual manera, es muy sabido que algunos otros ministros ni siquiera participaron en la campaña electoral o no alcanzaron a conseguir al menos cien mil votos. Mientras que el hoy jefe del despacho de la presidencia, Armando Benedetti -como bien lo sabe el país entero y los medios de comunicación- consiguió un estimable porcentaje de votos -tal vez tres millones de los once millones alcanzados por el entonces candidato Gustavo Petro. En tal suerte, querámoslo o no, Benedetti es alguien con legítimo derecho a desempeñar un apreciable cargo en la tarea de administrar al país.
Lo demás es pura alaraca de politiqueros y de los medios de comunicación comprometidos con los grandes empresarios y con los poderosos políticos que antes del gobierno del presidente Gustavo Petro, hicieron de este país un narcoestado.

