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LA OPERACIÓN PANTOMIMA

"El hombre que fue un pueblo"

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Por:

Pablo Emilio Obando A.

 

Pablo Emilio Obando A.

 

 

“Mi nombre es John Mepples Espirito, soy nacido en los Estados Unidos, de origen siciliano. Mis padres, ambos, también son sicilianos; ciudadanos norteamericanos ahora”. Así comienza la declaración del verdadero asesino de Jorge Eliecer Gaitán (Bogotá, 9 de abril de 1948); esta confesión la hizo el agente estadounidense “detenido en la isla cuando adelantaba operaciones de inteligencia para la CIA con miras a derrocar el régimen de la Revolución Cubana en los años 60”.

En ella describe los verdaderos hechos acontecidos en Colombia y cómo se fraguó el complot y asesinato contra el líder socialista que había dado muestras de un incorruptible proceder, pues según él mismo revela, la Agencia Central de Inteligencia le había hecho seguimientos y en varias oportunidades trató de acallar su voz mediante las prácticas del soborno y el chantaje, pues en reiteradas ocasiones se le había ofrecido a Gaitán para que desista de su pretensión de llegar a la Presidencia de la República y de impedir que continúe realizando denuncias contra la oligarquía colombiana:

 

“La CIA intentó sobornar a Gaitán para que dejara la política a cambio de la cátedra de Derecho Penal en la Universidad Sorbona de París o en la Universidad de Roma. De acuerdo a donde eligiera, le ofrecieron un apartamento lujoso en esa ciudad (París o Roma); dos fincas: una en la Sabana de Bogotá y otra en los Llanos Orientales y la financiación necesaria para que sus hijos pudieran estudiar por el resto de sus vidas en cualquier universidad o colegio de Europa…”.

 

Ante la negativa contundente de Jorge Eliécer Gaitán, se prepara la ‘Operación Pantomima’, cuyo objetivo es la eliminación física del líder socialista, uno de los más populares de América Latina. Se elige, entonces, el 9 de abril de 1948 por cuanto para la fecha se llevaba a efecto en Bogotá la IX Conferencia Interamericana, a la cual, y por obvias razones Gaitán no fue invitado. Igualmente confiesa este agente de la CIA que “fui mandado directamente a Colombia para participar dentro de un ‘teem way’, o sea, dentro de un grupo de especialistas ya establecidos en el país, para trabajar junto con ellos: para llevar a cabo una operación denominada ‘Pantomima’”.

John Mepples Espirito en su extensa confesión, que es grabada y filmada, expresa que se presenta en Colombia como estudiante y con pasaporte falso con la misión de conocer los orígenes de los recursos estudiantiles y hacer seguimiento a los estudiantes que acompañaban a Gaitán en sus manifestaciones: “Naturalmente, para llevarlo a cabo me hice pasar por un estudiante de habla italiana, debido a mi caracterización. Dentro de los cuadros de estudiantes participé y entonces pude saber a ciencia cierta su fortaleza, pude saber a ciencia cierta quién lo apoyaba y naturalmente estos estudios, con otros estudios ya hechos por los agentes radicados ahí, como el tal Tomás Elliot, jefe de grupo, pues llegamos a un acuerdo de que Eliécer Gaitán, el líder, independentista, muy popular, pues era necesario llevarlo a una eliminación física…”.

Esta eliminación física se lleva a efecto mediante un plan bien urdido y con una sincronización perfecta. Se contacta a Juan Roa Sierra y se le encarga la misión de asesinar a Gaitán, pero este personaje no tenía la preparación, ni los medios, ni los arrestos necesarios para pretender intentar solo el asesinato del líder socialista que convulsionaba a Colombia y América entera con su verbo apasionado cargado de misticismo y revolución.

Sobre Roa Sierra, el mismo asesino de Gaitán, John Mepples Espirito, afirma: “Al llegar a Colombia, conocí a otras gentes que trabajaban también para el Centro (de la CIA en Houston) vinculados a la Embajada (de EE.UU.) en Bogotá. Me presentaron a un individuo llamado Juan Roa Sierra. Este individuo, colombiano, de tendencias fascistas, era un individuo de confianza que ya había hecho algunos programas tanto para el Centro como para la Embajada. Se le prometió protegerlo debidamente ante las autoridades colombianas en caso de que fuera arrestado al cometer el hecho y a la vez se le prometió, aparte del dinero, sacarlo lo más pronto posible fuera del país. Todo eso se arregló con él de manera bastante bien. Pero nosotros pensábamos después eliminarlo físicamente, ya que iba a ser para nosotros un estorbo y un testigo presencial del caso. Nos ahorramos ese problema ya que al ajusticiar a Gaitán también fue ajusticiado (Rosa Sierra) por el pueblo”.

Tras el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán se agudiza y recrudece en Colombia la violencia partidista, azuzada siempre por las oligarquías liberal y conservadora, interesadas en mantener el poder mediante la argucia de la división y odio entre el pueblo colombiano. En una célebre manifestación, realizada tan solo dos meses antes del magnicidio, en Bogotá, Gaitán pronuncia su célebre ‘Oración por la Paz’ y en ella le expresa al presidente Mariano Ospina Pérez, quien llega a la Presidencia precedido de un río de sangre de humildes campesinos liberales y conservadores:

 

“¡Bienaventurados los que entienden que las palabras de concordia y de paz no deben servir para ocultar sentimientos de rencor y exterminio. Malaventurados los que en el gobierno ocultan tras la bondad de las palabras la impiedad para los hombres de su pueblo, porque ellos serán señalados con el dedo de la ignominia en las páginas de la historia!”.

 

En la misma página antológica el líder socialista en alusión directa a Ospina Pérez exclama: “Señor Presidente: serenamente, tranquilamente, con la emoción que atraviesa el espíritu de los ciudadanos que llenan esta plaza, os pedimos que ejerzáis vuestro mandato, el mismo que os ha dado el pueblo, para devolver al país la tranquilidad pública. ¡Todo depende ahora de vos!, Quienes anegan en sangre el territorio de la Patria, cesarían en su ciega perfidia. Esos espíritus de mala intención callarían al simple imperio de vuestra voluntad…”.

 

 

La CIA, el gobierno conservador, la oligarquía colombiana –liberal y conservadora-, urden la Operación Pantomima en la cual es asesinado el líder socialista Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948. Pero sus gritos revolucionarios, sus consignas de libertad y amor hacia lo infinito, la justicia y la equidad social aún resuenan en los pechos de cientos y de miles de colombianos que cada año se congregan para evocar las palabras, las imágenes y los postulados de su líder.

 

Durante muchos años se nos vendió una imagen de un Gaitán muerto y ensangrentado, vencido por las balas y acallado por las oligarquías. Hoy, bajo la tutela invencible de su hija. Gloria Gaitán Jaramillo, se empieza a esbozar y consolidar otra imagen, la única, la real y verdadera, la del líder socialista que tuvo el valor y la osadía de enfrentarse a una clase dirigente que arrastró al país entero por el sendero de la muerte, la sangre y la violencia partidista entre el mismo pueblo liberal y conservador.

¡GAITÁN VIVE! Hoy más que nunca vive en el corazón de los colombianos que vemos en sus palabras y en su doctrina la solución para tanto mal que nos aqueja y estremece.

 

No se equivocaba Gaitán cuando afirmaba que si a él lo mataban el país se anegaría de sangre durante cincuenta años para luego resurgir con la victoria de su misma sangre purificada y enriquecida con los dolores y angustias de su pueblo. Esa resurrección se está presentando en la Colombia siglo XXI.

 

@peobando

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