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“LA GUARIDA DE LOS ASESINOS”, DE RICARDO GÓMEZ

Centenario

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Por:

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

El autor

 

Ricardo Gómez Arturo, nació en Pasto en 1892. Víctor Sánchez Montenegro dice de él: “Historiador de dilatada fama, por su obra “La guarida de los asesinos”, en donde relata con los colores más siniestros y exactos, los crímenes de la Casa Arana del Perú, en nuestro Putumayo, digna de figurar al lado de “El libro rojo” de Sir Roger Casement, sobre el mismo tenebroso tema que clamó venganza al cielo, por la crueldad de tal gente patrocinada por algunas autoridades de esa época.” Fue concejal de Pasto en el período 1935-1937, y contralor del departamento de Nariño en 1936. En 1944 fue nombrado Tesorero General del Departamento de Nariño.

En 1935 fue designado Miembro de Número del Centro de Historia de Pasto; aparte del libro en mención, hemos encontrado el artículo Costumbres de indios, recuerdos del Putumayo, publicado en el volumen 7 # 78-80 del Boletín de Estudios Históricos de dicho centro, donde recuerda su vivencia en el Putumayo; ahí anota: “En 1904 era yo un adolescente que apenas frisaba en los 12 años de edad. En aquel entonces, sin reflexionar en la larga serie de penalidades que había de sobrellevar en mi peregrinación por tierras desconocidas, penetré a la región amazónica, en donde con la inquietud habitual de un muchacho observador, me dediqué a la tarea de captar ciertas costumbres características de la raza indígena, que hoy me propongo rememorar en estos apuntes, al calor de los recuerdos que de aquella época lejana perduran en mi imaginación.”

 

Ricardo Gómez Arturo

 

Publicó también un opúsculo denominado: Jorge Eliécer Gaitán. Homenaje de admiración en el sexto aniversario del asesinato del gran caudillo liberal, escrito en Ipiales en 1954, y publicado ahí en la Imprenta La Cosmopolita, 1955. Ahí sale a relucir su vena de liberal, no sin razón anota: “Y es que solo los que sentimos de veras fervoroso amor por los principios liberales, podemos apreciar lo que implica para el partido la pérdida de Gaitán”, además de incluir un breve relato que retrata vivamente la violencia partidista de entonces. Quizá debió publicar el cuadernillo en Ipiales, de recia raigambre liberal, huyendo del conservadurismo de su ciudad natal, tal y como se desprende de otro cuadernillo, en donde anota que debió exiliarse por un tiempo en el Cauca.

Publicó también unos Apuntes Históricos, un documento mecanografiado que contiene 6 ensayos: Por tierras del Cauca, Por tierras del Valle, La guerra de los tres años, Finaliza la guerra, La muerte del Cóndor y Jorge Eliecer Gaitán, el documento que publicó en Ipiales en 1955. Este material reposa en el Banco de la República de la ciudad de Pasto.

En 1935 la Imprenta del Departamento de Nariño, publicó: Apéndice al informe del señor contralor general del departamento, un informe netamente oficial de su autoría.

 

El libro

 

La guarida de los asesinos. Portada original, 1924

 

“La guarida de los asesinos” tuvo 4 ediciones: la primera en agosto de 1924, “poco antes de la aparición de La vorágine, y de la cual se hicieron cuatro ediciones. Fue traducida al inglés y publicada por entregas en el Times de Londres”, anota el maestro Vicente Pérez Silva en su célebre libro: Raíces históricas de La vorágine (1988), pese a las pesquisas realizadas, encontramos dos ediciones, ambas publicadas en Pasto: la primera en Imprenta Ramírez, 1924 y la cuarta en Imprenta La Cosmopolita, 1933, no ha sido posible dar con las otras ediciones ni tampoco con la traducción en inglés realizada en Londres de la que habla el maestro Pérez.

En la 4ª edición (1933), se inserta la conferencia sobre asuntos amazónicos: La fuerza del derecho, de Arcesio Aragón, historiador bugueño, hijo adoptivo de Popayán, ahí se exponen las tesis de pertenencia por parte de Colombia de los territorios amazónicos, en contra de la pretensión peruana de entonces.

La Guarida de los asesinos recoge su propia experiencia en el Putumayo y en Caquetá, ya que fue  testigo presencial de estos hechos por 6 años, donde relata crudamente los asesinatos y violaciones cometidos por los dueños y capataces de las caucherías, anota que llegó a La Chorrera en abril de 1904, donde quedaba la sede principal de la tristemente célebre Casa Arana. Su padre había muerto en la Guerra de los Mil Días, razón por la cual decidió acompañar a su tío José Francisco hacia el Brasil, el cual era realmente su destino final, sin embargo, fueron refrenados por peruanos y brasileños, quedando en predios de la propia Casa Arana junto a 80 personas más, mientras su tío viajaba a Iquitos. Ahí es donde va a ser testigo de las atrocidades cometidas, anota: “Contra mi voluntad… fue que arribé y permanecí más de cinco años en esa guarida de vandalismo, donde mis ojos vieron las bárbaras escenas de sangre que sólo en parte narro en mi libro” (1933).

 

Falsa portada

 

Gómez recoge los nombres de aquellas personas que explotaban el caucho en el Putumayo, tanto peruanos como colombianos y otros extranjeros -entre estos dominicanos-, que llegaron a este territorio pagados por la Casa Arana con el fin de esclavizar a los indígenas y someterlos a una serie de tratos inhumanos, obligándolos a entregar el líquido del caucho, el cual era pagado sumamente mal. Cita, entre otros a: Abelardo Agüero, Armando Normand, Carlos Poppe, apodado el Yanqui, Jacob Isaac Barchilón, apodado el judío, entre muchos otros que quedaron grabados en su memoria. Gómez señala:

 

“Siendo nuestro propósito exhibir ante la faz del mundo la silueta moral de cada uno de los tenebrosos asesinos que aún hoy vegetan por las regiones amazónicas, haremos que desfilen por las lúgubres páginas de esta histórica narración toda esa pandilla de bribones, no superados por nadie en la magnitud de los crímenes cometidos en el centro de estos vastos y dilatados montes, donde el canto de las aves, con sus sonidos quejumbrosos, parece fueran las únicas que lanzaran al cielo su grito de protesta” (p. 7).

 

Su propio tío, José Francisco Gómez, fue asesinado por órdenes de la Casa Arana, de tal manera que el libro describe crudamente lo que el autor pudo vislumbrar en su adolescencia, quedando grabados para siempre el horror causado por la manera inhumana con la que se trataba a indígenas y colonos, en una de las “cacerías” que practicaban, el autor relata: “Nuestra vista se despeja, y entonces -¡Oh espantosa realidad!- lo que vemos son multitud de cabezas ensangrentadas unidas unas con otras por las puntas de los cabellos. En capachos de hojas exhibieron asimismo orejas, dedos, dientes, testículos y otros despojos de los indios sacrificados en aquella bárbara jornada de sangre, que dejara en nuestro pecho un hondo surco de angustia y desesperación”.

Este aparte un breve ejemplo de la realidad que narra Ricardo Gómez en lo que él consideró verdaderamente una “Guarida de asesinos”, una antesala de lo que vendría unos meses después con La Vorágine, publicada en Bogotá el 24 de noviembre, y cuyo propósito, según el propio Rivera, era mostrarle al país la cruda realidad de lo que estaba pasando en la amazonia.

Además, el mismo año -1924-, otro nariñense publicaría un libro con una visión diferente sobre la selva, pero también en donde el colono rompe en cierta forma con las propias contradicciones que ahí se encuentran, se trata de “En el corazón de la América virgen”, publicada por el pastuso Julio Quiñones en París, del cual hablaremos en la próxima entrega.

 

 

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