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LA ESTUPIDEZ COMO RENUNCIA AL PENSAMIENTO CRÍTICO

LA REFLEXIÓN DE WILLIAM VIANNEY SOLANO QUE GENERA DEBATE EN REDES

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William Vianney Solano

 

Las recientes reacciones suscitadas por la visita del abogado y figura pública Abelardo de la Espriella a la Basílica del Señor de los Milagros, en Guadalajara de Buga, Valle del Cauca, dieron origen a una profunda reflexión del periodista y docente de filosofía William Vianney Solano, quien cuestiona la relación entre fe, poder e idolatría en la sociedad contemporánea.

En su artículo titulado “La estupidez también se arrodilla”, Solano plantea que el verdadero problema detrás de la controversia no radica en la presencia de una personalidad pública ni en la organización del evento religioso, sino en la facilidad con la que algunos sectores de la sociedad renuncian al pensamiento crítico para adoptar posturas de obediencia y admiración incondicional.

El autor recurre al pensamiento del teólogo alemán Dietrich Bonhoeffer, reconocido por su oposición al régimen nazi y ejecutado en 1945, para sustentar una de las ideas centrales de su análisis: la estupidez puede resultar más peligrosa que la maldad.

Según Solano, Bonhoeffer no asociaba la estupidez con la falta de inteligencia o de educación, sino con la decisión consciente de dejar de cuestionar, analizar y reflexionar sobre la realidad.

 

Fe, poder y adoración a los líderes

 

Uno de los puntos más críticos del artículo se centra en la forma en que algunas personas pueden llegar a confundir la práctica religiosa con la exaltación de figuras políticas o mediáticas. Solano señala que ciertos comportamientos observados durante la visita a Buga reflejan una tendencia preocupante hacia la idolatría del poder, incluso dentro de espacios que tradicionalmente promueven valores espirituales y de reflexión moral.

El periodista advierte que la fe auténtica no debería estar reñida con la capacidad de cuestionar y pensar de manera autónoma. Por el contrario, considera que una sociedad democrática requiere ciudadanos capaces de formular preguntas incómodas, analizar los discursos públicos y evitar caer en formas de obediencia ciega disfrazadas de devoción o lealtad.

 

Una sociedad con mucha información y poca reflexión

 

Otro de los aspectos destacados en la reflexión es la aparente contradicción entre el acceso masivo a la información y la creciente facilidad con la que las personas pueden ser manipuladas. Solano sostiene que el exceso de información no garantiza ciudadanos mejor informados ni más críticos, pues el verdadero desafío consiste en desarrollar la capacidad de interpretar, contrastar y evaluar aquello que se consume diariamente en medios de comunicación y redes sociales.

En este sentido, afirma que la falta de pensamiento crítico se manifiesta cuando las personas comparten consignas sin argumentos, siguen líderes sin analizar sus propuestas o consideran la diferencia de opinión como una traición. Estas conductas, advierte, debilitan la participación democrática y favorecen la consolidación de liderazgos basados más en la admiración personal que en el debate de ideas.

 

El coraje de pensar

 

Lejos de presentar una crítica exclusivamente política o religiosa, el artículo concluye con una invitación a la reflexión individual y colectiva. Para Solano, la mejor forma de combatir la estupidez no es mediante la acumulación de títulos académicos ni de información, sino desarrollando el valor de pensar por cuenta propia, cuestionar las narrativas dominantes y mantener una actitud crítica, incluso cuando la opinión mayoritaria parece imponerse.

La reflexión del periodista trasciende el episodio ocurrido en Buga y plantea un debate más amplio sobre el papel de la ciudadanía en una época marcada por la polarización, la influencia de las redes sociales y la creciente personalización del poder.

Su mensaje final invita a recordar que una sociedad que deja de formular preguntas corre el riesgo de reemplazar el pensamiento por la obediencia y la reflexión por la idolatría.

 

Le invitamos a leer el artículo…

 

Como profesor de filosofía llevo años enseñando que la primera obligación de un ciudadano libre es formular preguntas incómodas. Como periodista, he aprendido que en las verdades oficiales suelen esconderse intereses muy terrenales. Y como observador de la realidad colombiana he comprobado que la estupidez organizada produce más daño que muchas formas de maldad.

LA ESTUPIDEZ TAMBIÉN SE ARRODILLA

(Basado en el artículo “La estupidez también se arrodilla”, de William Vianney Solano)

 

Quiere que le diga por qué lo digo, le contaré…

Hay personas profundamente indignadas por lo ocurrido en la ciudad de Guadalajara de Buga, en el departamento del Valle del Cauca, con ocasión de la visita de Abelardo de la Espriella; las redes sociales ardieron, los comentarios se multiplicaron y muchos parecían sorprendidos por la forma en que se movilizó toda una estructura de poder alrededor de un personaje mediático, político, polémico; algunos cuestionaron la actitud de quienes regentan la Basílica del Señor de Los Milagros, otros señalaron el comportamiento de ciertos fieles que se autoproclamaban creyentes, piadosos, defensores de valores cristianos.

A mí no me sorprendió absolutamente nada, la verdad: ni la reverencia, ni la exaltación, ni el entusiasmo casi litúrgico, mucho menos la facilidad con la que algunos confundieron la fe con la propaganda y el culto religioso con el espectáculo político; lo que vimos en Buga tiene nombre y no es precisamente santidad, se llama estupidez.

Y antes de que alguien se ofenda, conviene aclarar algo que entendió mejor que nadie, el teólogo alemán Dietrich Bonhoeffer, asesinado por el régimen nazi en el año de 1945, precisamente por oponerse a Adolf Hitler.

Bonhoeffer escribió desde una prisión una de las reflexiones más profundas sobre la condición humana. Allí afirmó que la estupidez es más peligrosa que la maldad. No estaba hablando de personas con bajo coeficiente intelectual. No se refería a que no tuvieron acceso a la educación, tampoco a quienes desconocen ciertos temas, hablaba de algo mucho más inquietante; la renuncia voluntaria a pensar.

Bonhoeffer observó cómo una de las sociedades más cultas de Europa, llena de profesores, médicos, abogados, religiosos y académicos, terminó arrodillada ante un fanático; no entendía cómo tantas personas aparentemente inteligentes podían apoyar semejante barbaridad y descubrió algo aterrador: el problema no era la falta de inteligencia, era ausencia de pensamiento crítico, porque el mal puede combatirse, el mal tiene una intención, una estrategia, unos objetivos, se le puede desenmascarar; la estupidez, en cambio, es invulnerable a los argumentos; el estúpido no razona, repite, no analiza, obedece, no cuestiona, aplaude, no piensa, pertenece, y cuanto más poderoso es el grupo al que pertenece, más orgulloso se siente de haber entregado su criterio personal.

Por eso no me sorprende que algunas personas conviertan cualquier visita en una especie de aparición celestial.

Tampoco me sorprende que ciertos líderes religiosos parezcan más interesados en las fotografías de protocolo que en el evangelio que predican.

Lo verdaderamente fascinante es observar cómo algunos creyentes son capaces de citar a Cristo por la mañana y rendir culto al poder por la tarde sin experimentar la menor contradicción moral. Es una habilidad extraordinaria, casi milagrosa.

La misma institución que debería enseñar a cuestionar la idolatría termina muchas veces facilitándola, los mismos fieles que se persignan frente al altar, se inclinan después ante personajes de carne y hueso, como si acabaran de descender del cielo montados en una nube, y si alguien se atreve a señalar la incoherencia, pues inmediatamente aparece la vieja defensa de los fanáticos: no, usted está atacando la fe.

No, la fe no necesita ser atacada, lo que merece crítica es la obediencia ciega, disfrazada de devoción, porque una cosa es creer y otra cosa muy distinta es dejar de pensar.

Como profesor de filosofía llevo años enseñando que la primera obligación de un ciudadano libre es formular preguntas incómodas. Como periodista, he aprendido que en las verdades oficiales suelen esconderse intereses muy terrenales. Y como observador de la realidad colombiana he comprobado que la estupidez organizada produce más daño que muchas formas de maldad.

La verdad, el problema no es Abelardo de la Espriella, tampoco en la basílica, ni siquiera los organizadores del evento; el problema es una sociedad que cada vez parece más cómoda delegando su capacidad de pensar; una sociedad donde muchos leen titulares, pero no artículos; comparten consignas, pero no argumentos; siguen líderes, pero no ideas; una sociedad donde disentir se considera traición y donde la reflexión crítica es vista como una molestia,

Bonhoeffer entendió algo que sigue vigente, 80 años después, quién lo diría.

No, la estupidez no se cura con información; vivimos rodeados de información, nunca hubo tanta información como ahora, y sin embargo, nunca fue tan fácil manipular a tanta gente al mismo tiempo; la estupidez tampoco se cura con títulos universitarios, hay doctores profundamente estúpidos y campesinos extraordinariamente lúcidos e inteligentes; la estupidez se cura con coraje de pensar por cuenta propia, con la valentía de cuestionar al grupo cuando todos aplauden, con la capacidad de decir no estoy de acuerdo cuando el aplauso colectivo promete aceptación y comodidad.

Por eso lo ocurrido en Buga, no debería indignarnos tanto como hacernos reflexionar, porque el verdadero peligro no está en quienes buscan influencia, siempre existirán; el verdadero peligro está en quienes están dispuestos a entregársela sin hacer una sola pregunta, y cuando una sociedad deja de hacer preguntas pues termina confundiendo el pensamiento con obediencia, la fe con la sumisión y el liderazgo con la idolatría.

Entonces la estupidez deja de ser una debilidad individual, se convierte en una fuerza política y como advirtió Bonhoeffer desde una celda nazi en algo mucho más peligroso que la propia maldad.

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Con permiso.

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Vea el video en el siguiente enlace:

 

 

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Soy Periodista y Docente.
Me ha pasado como periodista, que no estoy de acuerdo a veces con lo que escribo, pero no puedo escribir para engañarme yo mismo y debo ser real y objetivo, así la publicación y dicha verdad llegue a molestarme.
De verdad, gracias por seguir mis publicaciones.
https://www.youtube.com/@williamvianney 

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