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LA DESIGUALDAD SOCIAL, UNA FRONTERA INTERNA EN IPIALES

El municipio ha crecido a la desbandada, no se  cuenta con un programa social, cultural, político, económico, que sea interdisciplinar y que apunte hacia la inclusión en todos sus aspectos.

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Por:

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

La historia de Latinoamérica es una historia de dependencia, de dominación.
Enrique Dussel (Introducción a la filosofía de la liberación)

 

Asombra ver cómo Ipiales ha crecido en las dos últimas décadas. Si se habla en términos de desarrollo bajo el esquema del capital, éste se manifiesta en calles pavimentadas, nuevas edificaciones y nuevas urbanizaciones; igual, se mira con asombro que las antiguas casonas son aprovechadas al máximo, hasta sus zaguanes hoy son convertidos en expendios de comercio de toda clase, género y especie. Si hablamos de desarrollo en sentido humanístico, éste no asombra tanto, son pocos los nuevos centros educativos, escasas las universidades y escuelas que forman técnica o profesionalmente a quienes habitan en Ipiales, los colegios siguen manteniendo la vieja brecha de colegios para ricos y colegios para pobres, y de ahí se desprende la calidad que se quiere para sus egresados, aunque, hay que reconocerlo, la educación básica que se recibe en Ipiales es mala, por no decir que pésima, habría que estudiar la pertinencia del pensum que se está dando en una zona de frontera donde confluyen múltiples actores y escenarios que pueden ser tema de interés dentro de los currículos.

Pero si hablamos de desarrollo en términos puramente sociales-humanísticos, entonces saltan a la vista múltiples factores que muestran a primera vista la brecha inmensa que se acrecienta entre pobres y ricos, entre quienes detentan los medios de producción y entre quienes no. Como diría el maestro Eduardo Umaña Luna: “Los ricos son más ricos, y los pobres son más pobres” (2002).

Los capitales emergentes que han existido en Ipiales desde que impera el tráfico de armas y el narcotráfico de estupefacientes, es decir por más de treinta años, han pretermitido el equilibrio socio-económico que busca toda sociedad cuando tiene un proyecto de vida a largo plazo. Pero el municipio ha crecido a la desbandada, no se  cuenta con un programa social, cultural, político, económico, que sea interdisciplinar y que apunte hacia la inclusión en todos sus aspectos. Los mandatarios de turno abogan por el enriquecimiento de sus capitales personales, tanto económicos como electoreros, olvidando trazar ese proyecto a mediano y largo plazo, enfocándose en políticas públicas que justifiquen sus años de gobierno, generalmente manifiestos en la obra física, la de cemento (plazas de mercado sin estudios de impacto social y ambiental, carreteras que quedan insuficientes a los pocos años, etcétera), olvidando que la política pública debe apuntar principalmente a la atención de las necesidades básicas de sus habitantes (agua potable, servicios públicos eficientes y económicos), así se lograría iniciar un proceso de paz con justicia social. Pero para muchos en Ipiales, la paz sigue siendo una paloma pintada en una pared.

Las endogamias terminan por corromper a las especies, porque se hace una mirada desde dentro, sin contemplar el espacio inmerso en un teatro mucho más grande. Por eso se observa el crecimiento físico como bueno, pero no se observa que en las calles hay muchas más personas pidiendo limosna, que las muertes se acrecientan, que las bandas criminales, en contubernio con los grupos al margen de la ley y con los que están con la ley, pescan mejor en río revuelto.

La mirada chata, primaria, sin análisis, no permite observar que la desigualdad social se transforma en una frontera interna en Ipiales y, que si no se obra con la inmediatez que el caso requiere, la ciudad se convierte en una bomba de tiempo, donde la miseria hará su verdadero asidero.

 

 

(Escrito en 2012)

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