INCENDIOS FORESTALES EN EL MUNDO: EL FUEGO SE COMBATE CON FUEGO.
Es necesario destacar que no todos los incendios forestales son perjudiciales y que el fuego juega un papel importante en muchos ecosistemas.
Por:
Luis Fidel Cabrera (*)

Es jueves 18 de enero, enciendo la radio y sintonizo la emisora más escuchada de Colombia. ¡Los bosques colombianos arden! Gustavo Gómez, notablemente alarmado, atribuye los incendios forestales directamente a los cambios climáticos y al fenómeno del Niño. Pocos minutos después, su compañera de mesa, Diana, pregunta a un bombero: ¿Qué se puede hacer desde casa, para enfrentar la situación? El agua escasea en un país que posee abundantes recursos hídricos. En entrevistas posteriores, los alcaldes municipales respaldan las afirmaciones de escasez hídrica, coincidiendo con las preocupaciones expresadas por Gómez. En Facebook, la periodista Yolanda Ruiz confirma la vinculación directa del cambio climático con los incendios y, además, expresa su preocupación alertando sobre climas extremos en Europa y América del Norte, menciona vuelos cancelados y da un número exacto de víctimas mortales. Para enfatizar la gravedad, habla sobre un vídeo viral de gente lanzando agua caliente al aire para ver lo rápido que se congela, un experimento familiar que lo repiten quienes viven su primer invierno. Estos comentarios, expresados por reconocidos periodistas, generan temor y pánico entre la población colombiana.
El fenómeno del Niño y los Cambios Climáticos, manifestados en sequías y altas temperaturas, deshidratan la vegetación, creando condiciones propicias para los incendios forestales. La geógrafa de incendios, Cathelijne Stoof (Universidad de Wageningen, Países Bajos), asegura que más del 98% de estos incendios son causados por actividades humanas. No todos los problemas son atribuibles directamente a estos fenómenos.
Los incendios forestales
Tanto en la radio como en la prensa escrita la ciencia y los ambientalistas han abordado repetidamente el tema de los incendios forestales, advirtiendo sobre el peligro inminente. En Colombia vivimos en una cultura arraigada a las quemas. ¿Cómo consiguieron tantos predios los terratenientes? ¡Quemando bosques! Incluso hoy, este comportamiento persiste; aquellos sin tierra aprovechan la oportunidad para obtener un pedazo de suelo para subsistir o para placer. La ausencia de una política ambiental sólida, el mal uso del suelo, la mala planificación en el campo y una educación deficiente en el manejo de la naturaleza hacen que Colombia sea cada vez más vulnerable.
Los incendios forestales constituyen una forma común de desastres naturales, no solo en Colombia, sino también en diversas regiones del mundo, como las Islas Canarias, los países mediterráneos, Siberia, California, Australia, India e Indonesia Chile y Argentina entre otras.
A diferencia de otros incendios, los forestales se propagan sin planificación, gestión ni control en áreas naturales y silvestres, consumiendo vegetación, flora y fauna. Su expansión supera el lugar de origen, con una velocidad impredecible que a veces se dispersa rápidamente, cambiando de dirección inesperadamente y superando obstáculos como carreteras, ríos y caminos cortafuegos sin dificultad.
Los modelos climáticos pronostican que, para finales de este siglo, los efectos de los cambios climáticos, como el calor extremo y las sequías, aumentarán la sequedad de la flora natural, generando un combustible propicio para incendios. Esto resultaría en un incremento del 50% en la tasa de incendios forestales. Además, se prevé que estos incendios serán cada vez más frecuentes en áreas donde anteriormente no ocurrían, como en el Ártico y en lo profundo del Amazonas.
Causas
La sequía y el calor solar provocan la deshidratación de las hojas de las plantas. Estas, a su vez, intentan recuperar el agua perdida del suelo. A medida que la humedad del terreno disminuye, las plantas ya no pueden obtener agua, y todo se seca gradualmente. En estas circunstancias, tanto las plantas como los microorganismos del suelo emiten etileno, un compuesto químico altamente inflamable. Además, la materia en descomposición puede producir metano. Grandes masas secas de vegetación y aire con gases inflamables aumentan el riesgo de incendio. Una simple chispa de un cigarrillo, una brasa de carbón de un asado, un fósforo o cerilla, un pequeño cortocircuito o el escape de gases de un vehículo pueden desencadenar un incendio. Si se suma el viento como otro factor, el incendio se volverá más seguro y se propagará con facilidad.
A lo largo de la historia humana, el fuego ha sido objeto de numerosos mitos en diversas culturas y constituye una herramienta esencial para expandir tierras privadas. Además, presenta múltiples usos, como la caza de animales, prácticas religiosas y festividades como la noche de San Juan en España. En el pasado, en el sur de Colombia, la noche del 28 de junio, vísperas de San Pedro, se disfrutaba del fuego al quemar los restos del trigo.

Desde los tiempos de las cavernas hasta las tribus primitivas, el fuego ha sido el núcleo del hogar. Las quemas agrícolas se llevan a cabo para eliminar malas hierbas, rastrojos y matorrales. Algunos las utilizan para regenerar pastizales para el ganado o para ahuyentar bestias peligrosas para los animales domésticos. En los países del Mediterráneo, como Portugal, España, Italia y Grecia, se queman extensas áreas con el fin de destinarlas posteriormente a la urbanización. En ocasiones, el fuego ha sido empleado como medio de venganza entre campesinos.
En Colombia, en regiones ricas en minerales y piedras preciosas, la vegetación puede convertirse en un obstáculo para la explotación (minería ilegal). En un país con campesinos sin tierra, muchos buscan un pedazo para subsistir. Por último, pero no menos importante, en el mundo existen pirómanos que provocan incendios por placer o malicia.
Colombia ha sido históricamente un país de incendios forestales; hoy en día se les otorga mayor importancia debido a que los problemas que estos acarrean son cada vez más visibles, como contaminación ambiental, pérdida de agua, biodiversidad, cultivos y propiedades como casas de campo y de recreo y establos para animales.
Es cierto que, si se controlan adecuadamente, las quemas no representan un problema, pero la negligencia en el campo puede dar lugar a incendios. Incluso una quema mal apagada puede originar otro incendio y extenderse a nuevas áreas. En regiones volcánicas, como Hawái, las Islas Canarias, Indonesia e Islandia, las erupciones volcánicas han desencadenado incendios en los bosques circundantes. La propagación del fuego depende de las condiciones atmosféricas, la topografía del lugar y la vegetación presente. La probabilidad de que fenómenos naturales, como un rayo, provoquen incendios es mínima.
Cada caso es único

Cada incendio forestal es único y presenta características distintas. Los que ocurren en Australia, las Islas Canarias, Hawái, Chile, Brasil, las turberas de los Países Bajos y los páramos colombianos difieren significativamente entre sí. Los incendios en turberas afectan al suelo y subsuelo, propagándose a través de la materia orgánica en descomposición y las raíces. Suelen quemarse lentamente, con poca llama o incluso sin ser visible debido a la falta de oxígeno. Los incendios de copas avanzan por las copas de los árboles, y el viento desempeña un papel crucial en su propagación. En ausencia de viento y con caminos cortafuegos, a veces se extinguen por sí mismos. Los incendios en los páramos colombianos, aunque no son frecuentes, parecen estar experimentando un cambio. La falta de estudios científicos dificulta la elaboración de planes efectivos de recuperación y prevención. La gravedad de la situación radica en que en los páramos se condensa el agua de las nubes, dando origen a las quebradas, riachuelos y grandes ríos. La necesidad de investigaciones más profundas se vuelve crucial para abordar esta problemática y salvaguardar estos ecosistemas vitales.
Los Grandes Incendios Forestales (GIF) pueden abarcar hasta 500 hectáreas y son difíciles de extinguir debido a sus largas llamas y altas velocidades de propagación. Estos GIF queman vastas áreas en pocas horas o días, y su frecuencia está en aumento. Los incendios de última generación son un peligro adicional, más frecuentes debido a la influencia del cambio climático en la vegetación. La intensidad del fuego es tal que lanza columnas de aire caliente a la troposfera, que al enfriarse caen al suelo, generando múltiples problemas secundarios.
Prevención

La prevención de incendios se basa en evitar su origen y en crear condiciones que minimicen sus consecuencias. La concienciación social y la educación son clave para promover un uso racional del fuego y evitar situaciones de riesgo. En bosques secundarios, es esencial plantar especies ignífugas, (especies que no se inflaman ni propagan el fuego) Estas especies, también, pueden establecer franjas delimitadoras que actúen como barreras en caso de incendio. Estos bosques deben ser planificados y cuidados con limpieza periódica de la biomasa del suelo, deben tener caminos cortafuegos y disponibilidad de depósitos de agua.
La adopción de medidas legislativas es crucial para prevenir que individuos o grupos se beneficien de los incendios. Reforzar la persecución policial y judicial de incendiarios es fundamental para evitar impunidad. Se debe vigilar y educar a aquellos que, tras cumplir condena, quedan en libertad.
Reforzar los medios de vigilancia de los montes, como patrullas, puestos de observación, cámaras, aviones, satélites y drones, junto con la instalación de sensores de detección de incendios, es esencial para detectar y combatir rápidamente los incendios.
La extinción de incendios forestales requiere técnicas, equipamiento y formación específicos que difieren de los incendios urbanos. Es crucial comprender la vegetación y adaptar las tácticas a cada situación única. La extinción de incendios forestales es peligrosa, ya que el frente de fuego puede cambiar inesperadamente y superar barreras, mientras que el intenso calor y humo pueden causar desorientación y pérdida de la percepción de la dirección del fuego.
El fuego se combate con fuego

La idea de “combatir el fuego con el fuego” puede parecer contradictoria, pero es una técnica probada a lo largo de los siglos. Poblaciones indígenas en el Amazonas y comunidades aborígenes en Australia, que aún viven de manera tradicional en reservas naturales, han utilizado esta práctica con éxito. Consiste en realizar quemas controladas que actúan como una medida preventiva contra incendios descontrolados. El incendio se apaga cuando ya no encuentra combustible, cuando ya no encuentra que quemar. Esta técnica se aplica en la silvicultura moderna, países como Alemania y Suecia controlan los incendios forestales de esta manera. No todos los incendios forestales son perjudiciales.
Ecología del fuego
Es necesario destacar que no todos los incendios forestales son perjudiciales y que el fuego juega un papel importante en muchos ecosistemas. En praderas, sabanas, chaparrales y bosques de coníferas, el fuego es un elemento necesario para la vitalidad y renovación del hábitat. Australia se encuentra entre las zonas con mayor riesgo de incendio del mundo; sus ecosistemas han evolucionado con el fuego como parte integral de su ciclo natural. Aproximadamente un tercio de su superficie se incendia cada año. Algunas plantas han desarrollado mecanismos para sobrevivir y, en ocasiones, incluso requieren incendios forestales para su ciclo de vida, por ejemplo, los eucaliptos contienen aceites inflamables en sus hojas como una estrategia para eliminar la competencia de especies menos tolerantes al fuego.

Los pinos canarios, típicos de las Islas Canarias, han desarrollado mecanismos de adaptación al fuego. Sus piñas serótinas permanecen cerradas en el árbol durante años y solo se abren para dispersar las semillas cuando son sometidas a elevadas temperaturas. Estas poblaciones arbóreas han experimentado fuegos recurrentes a lo largo de miles de años y han evolucionado para sobrevivir y prosperar en esas condiciones específicas.
La comprensión de la ecología del fuego es esencial para una gestión adecuada de los ecosistemas, permitiendo aprovechar sus beneficios y minimizar los riesgos asociados con incendios forestales no controlados.
De la misma manera es crucial entender a fondo los hechos, las causas y las consecuencias de los incendios en los páramos. Se necesitará mucho estudio para medir sus consecuencias a largo plazo. La gestión adecuada por parte de las autoridades ambientales, agrícolas y judiciales es esencial para abordar estos problemas de manera efectiva. Es una lección importante que debe ser aprendida y aplicada
La concienciación pública y la colaboración entre la comunidad, los expertos y las autoridades también son clave para abordar eficazmente los desafíos asociados con los incendios forestales. La protección y gestión sostenible de los ecosistemas, especialmente en áreas sensibles como los páramos, son responsabilidades compartidas que requieren una acción coordinada y consciente.
Deseamos que nuestros hijos no tengan que vivir en un círculo vicioso: donde un aumento en el calor y la sequía provoque más incendios, y a su vez, la disminución de agua dificulte la extinción de los mismos. Buscamos un futuro donde la sostenibilidad y la acción preventiva mitiguen estos riesgos, creando un entorno más seguro y equilibrado para las generaciones venideras
(*) Luis Fidel Cabrera
Biólogo Ambiental, Periodista de Ciencia
Cabre018@planet.nl


Muy buen artículo a tomar conciencia para salvar el planeta 💛💙❤️🌎🌎
Excelente columna, muy educativa.