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HISTORIA DE UN DEICIDIO

GEOMETRIAS

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Por:

Jorge Luis Piedrahita

 

Jorge Luis Piedrahita

 

“Yo con triste paso/camino sobre el puente de la nave en que yacía mi capitán/ caído, frío y muerto”:
Walt Whitman

Gloria Gaitán su amante y confidente lo llamaba “el compañero presidente” y así tituló una biografía en su recuerdo. Como llamaban al comandante Fidel y entre nosotros a López Michelsen (MRL) y al actual presidente, toda su militancia. Para mi generación este cincuentenario viene a ser nuestro primer encuentro con la política y con la historia latinoamericana si se tiene en cuenta que varios colegiales del Champagnat estábamos en vísperas de cumpleaños y el acontecimiento sacudió para siempre nuestras celebraciones.
Salvador Allende se forjaba como figura icónica en el imaginario de los quinceañeros que supieron así la existencia del país austral y de su experiencia frustrada de haber sido el primer socialismo implantado en nuestro subcontinente. Su lucha apuntaba a salvar el abismo que distancia la avaricia capitalista y la desesperación proletaria. Su promesa final sería desde entonces una plegaria siempreviva:

“Colocado en el tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo, y les digo que tengan la certeza de que la semilla que entregamos a la conciencia de miles de chilenos, no podrá ser cegada definitivamente. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas, por donde pasará el hombre libre para construir una sociedad mejor. ¡Viva Chile, viva el pueblo, vivan los trabajadores!”.

La hija de Jorge Eliécer -también mártir de los factores reales de poder-, sorprendió a todos fugándose espectacularmente en la cajuela de un coche diplomático, de la persecución implacable que desató de inmediato la incipiente pero siniestra dictadura del espectral Pinochet.
Gloria había sido en los últimos tiempos la enigmática treintañera que acompañaba furtivamente al médico – presidente en La Moneda. Incluso se habló de su embarazo que pasmaría al mundo -por lo menos al socialista- con el advenimiento de un hijo de Allende al mismo tiempo que nieto de Gaitán, -la fidedigna estirpe de la izquierda latinoamericana-. Allende pasaba largas temporadas en la patria de su amada desafiando los servicios de seguridad y exasperando a la fauna antigaitanista que puso queja ante la cancillería mapuche.
Fidel Castro también pernoctó más de tres meses en Santiago con el escalpelo de su veteranía de tres lustros, y pronosticó la caída de su protegido. Allende fue cercano a la intelectualidad colombiana, especialmente de Otto Morales con quien conferenció sobre la cuestión agraria, quien le alertó de los vacíos de la ley de reforma agraria de Eduardo Frei, los que el gobierno de la Unidad Popular aprovechó, propiciando la “toma de tierras” por los campesinos, haciendo que la Corporación de la Reforma Agraria (CORA) expropiara las fincas. A finales de 1971, se llevó a cabo la expropiación de más de 2 millones de hectáreas. Estas tomas de terreno empezaron a adquirir ribetes más y más violentos por los enfrentamientos entre terratenientes y campesinos.
También fue amigo de López Michelsen quien lo conoció vía Radomiro Tomic, cofundador de la Democracia Cristiana chilena y candidato presidencial para suceder a Eduardo Frei. La suerte no lo favoreció cuando se enfrentó a Salvador Allende. Tomic era el más espectacular orador de Latinoamérica. Decía López que Allende “Pensaba con el rigor de los principios aristotélicos, más no para reafirmarse en las doctrinas tomistas sino para cuestionarlas, desde su ángulo materialista. Murió tratando de conciliar sus convicciones de marxista con sus compromisos de francmasón: preservar las libertades políticas y consolidar un estado socialista en plena democracia”.
Como Gustavo Petro en Colombia, un socialista llegaba al gobierno a través de la votación popular. Allende intentó una experiencia difícil y única: llevar al país a transitar por una vía democrática hacia el socialismo. Allende -como Petro- son convencidos de que el socialismo puede construirse sobre la base de las convenciones democráticas. En este sentido, fue significativo que una de las pocas leyes aprobadas en el parlamento fue la nacionalización de la gran minería del cobre y de la plata. Afirmaba que ese era el sueldo que tenía Chile.
Con lo que no contaba Allende era con la contundente y desalmada intervención del fatídico binomio Nixon – Kissinger, crucial ese martes 11 de septiembre -hace 50 años- cuando le propinaron golpe de Estado a un ensayo constitucional alternativo.
García Márquez reivindicó la verdad de que al presidente lo asesinaron las fuerzas armadas combinadas y terroristas que usurparon la democracia; como al Nobel Pablo Neruda embajador en Paris del socialismo austral, cuyo envenenamiento en Isla Negra, se comprobó hace muy poco.
Hoy por hoy quizá Biden-Blinken no sea el binomio de la amenaza. Los enemigos de la social democracia colombiana son internos. Como cuando Bolívar, cuando Melo, cuando Mosquera, cuando López Pumarejo… los industriales, las Eps, los fondos de pensiones, los latifundistas, los agiotistas, los políticos iluminatis y reaccionarios, los medios de comunicación aceitados por el capital financiero…los congresistas igualmente fletados por la oligarquía del dólar… Ojalá la memoria del presidente volado en átomos nos sirva a los colombianos para prevenir tan dantesco desenlace.

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