GERMÁN VARGAS LLERAS, SEGÚN EL PERIÓDICO EL TIEMPO
El periódico El Tiempo titula: “Germán Vargas Lleras, el estadista que defendió la democracia; perfil, vida y legado”.
Por:
Fernando Enríquez

El periódico El Tiempo titula: “Germán Vargas Lleras, el estadista que defendió la democracia; perfil, vida y legado”. En su intento por elevar la memoria de Vargas, la casa editorial reconstruye distintos episodios de su vida política para moldear un perfil casi épico del dirigente colombiano. Sin embargo, el relato está atravesado por una profunda condescendencia frente a hechos que, en cualquier lectura crítica, reflejan algo muy distinto.
Uno de esos episodios es el recordado coscorrón que Vargas Lleras, siendo vicepresidente de Juan Manuel Santos, propinó a uno de sus escoltas. El Tiempo lo describe como el gesto de “un hombre de carácter”, cuando en realidad evidenciaba la naturalización de la violencia ejercida desde el poder. El hecho ocurrió durante una caminata bajo una intensa lluvia, rodeado de su esquema de seguridad y otras personas. En medio de ese escenario, el único protegido con sombrilla era él. Cuando el escolta intentó cubrir su paso y ambos tropezaron, Vargas reaccionó con un golpe acompañado de un regaño público, exhibiendo altanería y un profundo desprecio por quienes lo rodeaban.

¿Desde cuándo el esquema de seguridad de un funcionario debe entenderse como una forma de servidumbre medieval, susceptible de soportar los vejámenes propios de la soberbia elitista?
Otro episodio que la casa editorial ornamenta es la famosa fotografía de un Vargas Lleras niño, de pie sobre una mesa, junto a su abuelo, el expresidente Carlos Lleras Restrepo, mientras presidía un consejo de ministros. El Tiempo describe la escena diciendo que el niño estaba “observando el horizonte” y que “la mirada, el gesto y la pose auguraban un destino”. Añade incluso que, “mientras otros niños jugaban rondas infantiles, él recorría la Casa de Nariño entre salones, escritorios y bargueños de los siglos XVIII y XIX.”

Más que una imagen romántica del liderazgo, aquella fotografía revela una concepción patrimonial del poder. Las oligarquías entienden el Estado como un asunto de familia y no de nación. Vargas Lleras fue criado bajo la certeza de que el poder le pertenecía por sucesión, como si el apellido fuese una credencial histórica y la política un derecho hereditario reservado para ciertas castas.
Pero no, Vargas Lleras no fue un estadista. Fue, sobre todo, uno de los representantes más visibles del proyecto de nación construido por las élites colombianas. Defensor del modelo político y económico que gobernó durante décadas, transitó por ministerios, el Congreso y la Vicepresidencia, encarnando las continuidades del establecimiento.
Sin embargo, la Presidencia siempre le fue negada; su apellido, pese a todo el peso histórico que cargaba, no le alcanzó para conquistarla.
La historia juzgará su legado.

