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FRANCIA MÁRQUEZ Y LA COLOMBIA OLVIDADA

IDEAS CIRCULANTES

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Por:

Graciela Sánchez Narváez

 

Graciela Sánchez Narváez

 

 

En los inicios del año 2020, cuando el mundo afrontaba la llegada del Coronavirus, Francia Márquez, estaba lejos de constituirse en el fenómeno social y político que es hoy. Sin embargo, escribí un artículo sobre esta líder colombiana después de escucharla en un discurso que exaltaba su origen y las raíces de su pueblo. Ese día tuve un claro presentimiento de su posible ingreso al campo político, pero debo confesarlo, nunca me imaginé que llegara a ser la más destacada candidata vicepresidencial y menos que, con su discurso honesto, calmado pero lleno de coraje, pudiera alcanzar una votación tan alta como la que tuvo en la consulta.

 

Tal vez, con su voz, que es la de “los nadies y las nadies de su pueblo”, como ella lo dice, conmovió la conciencia de esta sociedad, pues supo representar a las mujeres acalladas, a las mujeres abusadas, a los jóvenes sin esperanza y a esas comunidades de la tan nombrada “Colombia Profunda”.

 

Decía en un aparte del artículo antes mencionado, titulado Francia Márquez: una propuesta inédita.

“Pocas personas en el país han escuchado el nombre de Francia Márquez, muy pocos saben que, en 2018, o sea hace muy poco tiempo, obtuvo el galardón denominado Goldman Environmental Prize o, más sencillamente Premio Goldman, que es considerado como el equivalente al Premio Nobel del Medio Ambiente o Premio Nobel Verde. Para muchos colombianos ha sido una sorpresa enterarnos de que tenemos una lideresa con ese reconocimiento internacional y otros tantos, hemos preguntado por qué no se ha divulgado suficientemente esta noticia”.

En mi consideración, si bien es cierto que fue Humberto de la Calle quien popularizó en su discurso la expresión de “Colombia Profunda” para referirse a la Colombia olvidada, aquella que no conoce el estado, no porque esté tan profunda, sino porque se la ha abandonado, a sabiendas de que existe a lo largo y ancho del territorio nacional, fue Francia Márquez quien le dio todo el sentido a este término mencionado por muchos otros políticos, a veces sin conocer de lo que realmente se está hablando.

También es cierto que estas dos palabras lograron llamar la atención, puesto que con ellas se optimizó el discurso y se renovó la significación de lo que siempre ha sido la injusticia y la desigualdad política y social de nuestros pueblos. Sí. Ha existido como un lastre, como una vergüenza para el país que habitamos, pues parecería que nadie alcanza a representar lo que realmente vive, sufre y sueña esta enorme población, incluida en el concepto de lo que se ha llamado “Colombia Profunda”.

En esta consideración, esta Colombia se encuentra más allá de la geografía conocida, se encuentra escondida, marcada por la violencia que se desata con el hambre, con las drogas, con la muerte por desnutrición, con la falta de vivienda, con la ausencia de atención a su salud y educación, con la escasez absoluta de solución a las necesidades básicas que todo ser humano requiere para vivir.

No creo que para conocerla haya que atravesar ríos y montañas boscosas, aunque allí también está la Colombia adolorida, pero, con solo un evento, he conocido una parte mínima de esta Colombia olvidada desde hace mucho tiempo, suficiente para saber de lo que está hecha. Algún día, siendo nosotros aún estudiantes universitarios, la mayor parte jóvenes pobres, provincianos y sin orientación, le robaron el bolso a una compañera. Seguramente, para quienes la asaltaron fue un mal negocio. Jamás teníamos un peso, menos joyas ni objetos de valor, pero nuestra amiga, se lamentaba por sus textos y unas fotocopias que un hermano le había enviado desde Bogotá. Después de lamentar y analizar el hecho, con la solidaridad de todos, alentados por el compañero más aventajado de la clase, denunciamos el hurto ante la policía. La respuesta de las autoridades fue que solo era un maletín con papeles, que los únicos que hacen eso son “los tusas”, pero que dónde ellos vivían, no podían entrar los agentes.

Nos extrañó mucho la respuesta, por eso preguntamos si la policía no era el agente idóneo del gobierno para proteger a la ciudadanía. Nuestro líder nos lo explicó fácilmente:

– Es que a ellos les tienen miedo, ya que cuando llegan al barrio los sacan corriendo. Todos reímos, pero nos propusimos iniciar una aventura para rescatar el maletín.

Se planeó ir durante el día. Con algunas compañeras nos quedamos en un lugar determinado para pedir ayuda, si los osados investigadores no regresaban en un tiempo señalado. Los pocos valientes avanzaron en lo que era un campo de batalla con personas durmiendo en las aceras, absorbiendo el famoso pegante de las bolsas, niños tosiendo, mujeres metiendo a la casa a sus hijos sucios, casi desnudos, una señora encorvada luchando por prender unos cartones para calentar algo que tenía en un tarro, imágenes completamente impactantes para nosotros. Fue allí donde conocí lo que pasaba alrededor de las ciudades grandes, fue entonces cuando vi los caedizos hechos con cartones y latas y las personas durmiendo en colchones húmedos y viejos.

Ni las palabras, ni los tiempos alcanzarían para narrar todo lo que vimos ese día. En este rincón de nuestro país, estábamos realmente sorprendidos de la extrema y grave pobreza. Aquí, nadie era poseedor de absolutamente nada.

Volviendo al tema, como candidata vicepresidencial, Francia tiene conocimiento claro de estas realidades. Su discurso honesto, inteligente y directo con el que hace gala de su origen y sus concepciones sobre lo que puede ser el futuro del país, hace un compromiso con el cuidado de la vida. Esto tiene que ver con todos los frentes sociales, pero especialmente con la lucha por la justicia y la igualdad social y por el derecho de nuestro país para vivir en armonía y paz.

 

Francia, sabe de qué país está hablando. Sabe que el mundo es “la casa grande” y el espacio para la vida y la convivencia. Sabe que a nuestro pueblo le hace falta soñar en serio y pasar la página del dolor y la violencia. Sabe que nada podemos alcanzar los colombianos, si continuamos con el ejercicio de la marcada corrupción política y el desequilibrio de oportunidades. Sabe que nada se logrará sin la inversión social para que se resuelva el problema de estas comunidades marginadas y vulnerables, no solo por el difícil acceso a ellas territorialmente, sino por el rampante desconocimiento que se tiene sobre ellas, aun estando presentes en todos los lugares del país.

 

Todos esos pueblos jóvenes que no alcanzan a realizar sus sueños, a tener acceso a la salud o a la educación, se ubican en esa Colombia profunda y están allí, durmiendo en los andenes y en las calles de las grandes ciudades de nuestro país. No están lejanas, son desconocidas por la falta de interés en ellas, son rechazadas, marginadas y sin esperanza de cambio.

Por encima de todas las agresiones en contra de Francia Márquez, por no poder callar ante las injusticias, como ella misma lo dice, es claro que se puede reescribir la historia, “ya no con la pluma de los poderosos ni solamente del lado de los oprimidos”, sino con una mirada de un país moderno que tiene la intención de reconstruirse desde adentro y desde sus bases, encontrando el equilibrio multicultural, político, económico, pluriétnico y plurisémico.

Para finalizar, por lo antes dicho, a la “Colombia Profunda” no tenemos que buscarla tan profundo, no está debajo de las piedras, todos lo sabemos, la encontramos por allí, buscando sobrevivir de alguna manera.

 

La Colombia profunda, es una herida social que es conocida por los políticos y la ciudadanía, no necesitamos viajar mucho para conocerla, la pandemia evidenció niños sin conexión eléctrica e internet en lugares aledaños a lugares céntricos de nuestro país, donde lo tienen todo de sobra. La idea es reconocerlas y empezar por allí, como Francia Márquez lo tiene claro.

 

En nuestra conciencia, como electores, está el destino de nuestro país y la posibilidad de que esta Colombia nuestra, sea un espacio visible para todos, sin corrupción, con igualdad, con paz y justicia social.

 

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