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EL ÚLTIMO LIBRO DE POEMAS EN LA COLECCIÓN MÓVIL DE ARTURO PRADO LIMA

Tú me desnudas y me llevas en los brazos al cielo

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Por:

Julio César Goyes Narváez

 

Julio César Goyes Narváez

 

Tú me desnudas y me llevas en los brazos al cielo (Colección Poesía Móvil nº 72) (Spanish Edition), de Arturo Prado Lima. Se puede comprar en AMAZON (4.58 EU) para leer en el móvil, es decir cotidianamente como un saludo afectuoso con café:  https://editorialbgr.com

 

Portada del libro de Arturo Prado Lima

 

El poeta oriundo de Chambú, Nariño, reside hace 22 años en Madrid, España. Cada vez que escribe o conversa online y, en sus generosas notas que hace de sus paisanos escritores, se le entromete un tono melancólico que lo hace retornar a su tierra; esperamos que la visite pronto. Y es que es un emigrante de la vida, un buscador de anhelo y bienestar social y político, un persecutor de sensibilidad con el que apuntala su escritura narrativa / poética / periodística; pero, sobre todo, es un hombre generoso que dispone su estrategia comunicativa para saludar y difundir la obra de sus paisanos, colegas y escritores en la ConexiónNorteSur.

 

 

Su libro Tú me desnudas y me llevas en los brazos al cielo reverbera en mí el tono maravillado y dolido de Ernesto Cardenal en su “Oración por Marilyn Monroe”, “aunque ese no era su verdadero nombre”; un mundo repleto con más ofertas que demandas, identidades falsas y perfiles a la imagen de “me gusta” que no deja rastro o trazo de alguna oración gramatical; miles de deseos por asir sin saber cómo, ni dónde, ni de qué suerte. El texto de Arturo Prado es un prolongado verso con ritmo encadenado hecho de anhelo, uno que consuma la humildad (se viaja desnudo, vestido solo con la dignidad) y la esperanza por re-encontrar el cielo hecho carne, el pedazo de cielo que todos quisiéramos en la tierra. No era, acaso, ¿lo que le solicitaba Dante a Beatriz para que lo acompañara en la travesía del inferno con tal de alcanzar el paraíso? Los dos amantes solo se vieron dos veces pero fue la eternidad. La divina comedia es nuestra comedia triste, derrotada, perversa. La voz fundante del origen resopla entre un Adán y una Eva imaginarios, como una conversación en el comienzo de los tiempos cuando los cuerpos desnudos se encuentran y fundan la fugacidad del sexo, su lucha de cuerpos sagrados y por consagrarse en la soledad del instante en que todo arde y cesa:

Y la savia de Dios fluyó entre los besos

hasta el último instante de la gloriosa desnudez

que el cosmos había activado ya en nuestras manos.

Qué le vamos a ser poeta vivimos bajo un cielo inclemente, no es posible elevarnos a su dicha, no sin tareas arduas y agresivas. “Me tomo el tercer café y tú no llegas/ de las guerras nadie regresa completo/ cuando el amor es fuego hay riesgo de ceniza”, dice el poeta, pero no es solo un pensamiento del amante al margen de la historia, sino el tiempo de la existencia cotidiana, noticiosa, violenta, por eso su deseo se activa en un lugar exacto, pues es un café memorioso y por ello dolido. Quizá solo el apalancamiento de su ausencia redima, así sea para tragar saliva:

 

Me tomo el cuarto café

en la esquina de siempre

las madres de Soacha ya regresan de su infierno

sus hijos viven aún en la memoria del tiempo.

Leguaje y cuerpo, imágenes cocidas con la lengua (signos y carne) lamiendo los cuerpos escribiéndolos. Un erotismo tranquilo y memorioso que nos recuerda que la poesía, en sí misma, ya es una erótica, por eso hay que decirla, enunciarla, cuidarla:

Leer con la lengua los silencios

ocultos de tu cuerpo.

Sí, porque aunque vayamos por distintas rutas e incluso porque las evitemos adrede, llegaremos sin remedio al punto donde el horizonte cae:

Tú y yo habremos dividido el único camino

pero llegaremos al mismo sitio

de la tierra prometida que seremos.

Y sin embargo el poeta no se rinde, insiste, increpa, solicita más allá del ruego y la humillación, tal vez como un ofrenda, una constatación de que hay vida si hay anhelo, así sea furtivo; si no hay pregunta no habrá jamás sentido. La Palabra que se acuna en este reino creativo que es la poesía adviene mundo posible:

Lo quise siempre así, pero la guerra amor,

la guerra andaba suelta por la sangre

y no pudimos enterrar nuestros cuerpos

en el instante preciso que se encontraron

en la niña dulce de los ojos del otro.

Bien, a leer este refrescante poemario no exento de la herida trágica que abre cualquier búsqueda de un pedacito de cielo, quiero decir de un tris de paraíso, porque “Eso quería, enterrarme en tus huesos/ y en tu carne, letra a letra, y después/ saborear tu nombre”. Mi abrazo renovado poeta, el amor como la poesía tiene su cuerpo, su guerra y su escritura; habremos de morir en el combate pero antes gozado como victoria la derrota. Que haya búsqueda siempre aunque sea poco el cielo que se encuentre:

Que alguien nos grite desde lejos

que ya somos memoria,

que nuestros nombres ardieron

antes del amanecer.

 

 

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