Por:
Jorge Luis Piedrahita Pazmiño

Ha concluido la legislatura ordinaria de este año con un arqueo deplorable para los parlamentarios revanchistas y altaneros otrora alzafuelles y paniaguados de los Uribes y Duques, a los que arroparon con holgadas habilitaciones presupuestales, alcabaleras y confiscatorias, a cambio de sumisión y chantaje mesnadero.
Inclusive al nefasto Duque le autorizaron delirantes créditos y empréstitos que asfixiantemente está cubriendo el gobierno Petro, que ayer no más acabó de pagar setenta billones por lo del Fondo de Ecopetrol.
Este Congreso mercenario no tuvo empacho en mocionar la censura para un ministro de Hacienda –como Bonilla-, pedagogo, académico, pulcro, responsable; de la altura de un Palacio Rudas o un Esteban Jaramillo, hasta conducirlo a la inmolación, a sabiendas de que mantuvo la inflación en cinco puntos (el mes de septiembre en cero) y colocó la economía colombiana en el sexto renglón mundial de eficiencia. Y eso es lo que se espera de un Min Hacienda.
Pero a una Procuradora corrupta, nepótica, clientelista, prevaricadora, ayer mismo las noticias acreditaban que había comprado una oficina en Barranquilla por $ 20.000 millones, el 100% más que el precio comercial y a un vendedor cuestionado legalmente. Súmese la nómina paralela, la contratación con el exprocurador Ordóñez, la negativa al concurso que le ordenó el Consejo de Estado; las absoluciones amañadas pero direccionadas a limpiar la cara de sus compinches, como su compañera de gabinete con Duque, la impresentable Abudinem, que ella sí embolató criminalmente 70.000 millones que eran de los niños ávidos de internet. Todo ese prontuario no le valió al nauseoso Congreso para someterla a enjuiciamiento, pero, ¿cómo?, si ellos, de Cepeda para abajo, todos están untados de tráfico de influencias, trueques y especulaciones burocráticas con la Cabello.
Y hablando de Cepeda, tan alevoso y engreído, tal como su antecesor Name, también terminará involucrado en la Corte de Instrucción Penal por sus enredos contractuales.
No se sabe el origen de esta arremetida imprevista de la rama legislativa, en los ayeres tan sumisa, tan embadurnada y tan vergonzante, no en vano es la entidad más desprestigiada del Estado. De anónimos parlanchines -porque la verdad excepcionalmente hay sobresalientes-, han trasmutado en insobornables catones de la moral, de la austeridad, del patriotismo. Pero vaya y ofrézcaseles canonjías y contratos y tendremos la fisonomía exacta del parlamentario.
Ha sido recurrente en nuestra historia el pugilato entre congresos diminutos y presidentes relevantes ajenos a los tejemanejes clientelistas y pecuniarios. Desde la época de Nariño y de Bolívar, que se invistieron de dictadura para resistir los aquelarres de la fronda rabulesca y plutocrática, hasta Mosquera y Reyes, que precisaron clausurar las Cámaras para tramitar sus administraciones. A López Pumarejo, no sólo la caverna laureanista sino la propia derecha liberal liderada por Olaya, Santos, Lozano le acorraló desalmada, tanto que su revolución en marcha quedó en obra negra.
Inclusive los historiadores conciliadores y oficialistas reconocen cómo la ruptura del orden jurídico por el desplazamiento, mediante actos de fuerza de los mandatarios, “se ha producido la mayor parte de las veces por desavenencia entre el poder Ejecutivo y el Congreso”, y agrega Restrepo Jaramillo: “Hay una constante histórica: que por regla general el parlamento está siempre celoso cuando los Presidentes quieren hacer mucho más o cuando los programas del Ejecutivo superan el ambiente de rutina y tradición en que se ha vivido”.
El propio Rafael Uribe Uribe, paladín y mártir, salía en defensa de Reyes: “Si el Congreso no le otorga al General Reyes las facultades que pide, haría bien el Excelentísimo señor Presidente en tomárselas”. Y Guillermo Valencia: “Desde los tiempos de Cromwell los gobiernos arriendan las casas de los parlamentos hostiles…”.
Lo propio vienen haciendo las Altos Jueces que bajo un melancólico pero inocultable mea culpa vociferan que ellos son ajenos a las malas prácticas siendo que -por poner un ejemplo- por algo estuvieron concordes –tanto la Corte como el Consejo de Estado- en ternar para procurador a un alfil del partido de Vargas Lleras –el más corrupto del espectro político- y al cual pertenece la nefanda actual procuradora.
Debe ser que la continuidad de un obispo de Cambio Radical les garantizaba la continuidad de sus enchufados y protegidos (por centenares) como remuneración a esa perfecta combinación delictual de nominadores y procuradores.


Análisis profundo y crítico del estado deplorable en que se encuentra el país, por la responsabilidad de la clase dirigente en el pasado y el presente,
Bien por el uso de neologismos, que revitaluzan el idioma
Espero que corresponda a los planteamientos del artículo