EL PAPEL DE LAS MUJERES LATINOAMERICANAS EN LA LUCHA POR LA PRIMERA INDEPENDENCIA
Fundación Educativa Sindical a Distancia FUNDESAD Colección Venceremos

POLICARPA SALAVARRIETA,
EJEMPLO DE REBELDÍA Y VALENTÍA A SEGUIR

Salida de Policarpa Salavarrieta hacia el patíbulo
1944. © Colección Museo de la Independencia – Casa del Florero
Reproducción de Jairo Gómez
Policarpa frente a su encierro y ante la pena de muerte a que fue sentenciada, en voz alta, con ira, resolución y entusiasmo patriótico les replicaba a los sacerdotes, que la exhortaban a confesarse y a aplacar la ira:
“En vano se molestan, padres míos, si la salvación de mi alma consiste en perdonar a los verdugos míos y de mis compatriotas, no hay remedio, ella será perdida; porque no puedo perdonarlos ni consentir en semejante idea. Déjenme ustedes desahogar de palabra mi furia contra esos tigres, ya que estoy en la impotencia de hacerlo de otro modo. Con qué gusto viera yo correr la sangre de esos monstruos de iniquidad. Pero ya llegará el día de la venganza, día grande en el cual se levantará del polvo este pueblo esclavizado y arrancará las entrañas de sus crueles soñadores”.
Los padres le suplicaban que se callara, pero la Pola respondió que aceptaba que la fusilaran en ese instante, ya que no se callaría, era imposible para ella guardar silencio al ver a los tiranos de su patria.
En camino al cadalso iba acompañada de dos sacerdotes. La Pola se resistía a marchar. Una vez vio al mayor de plaza, gritó con ira a los sacerdotes que la fusilaran ahí mismo, que sus ojos no podían ver que un americano fuera irónicamente su ejecutor.
Finalmente, después de las súplicas de los sacerdotes para que se callara, la Pola marchó con paso firme hasta el patíbulo y en vez de repetir lo que decían los sacerdotes, no hacía sino maldecir a los españoles y enaltecer su venganza. Al salir de la plaza y ver al pueblo agolpado exclamó:
“Pueblo indolente, cuán diversa sería hoy vuestra suerte si conocierais el precio de la libertad. Pero no os preocupéis, mirad que mujer y joven, me queda valor para aguantar esta muerte y mil muertes más. No olvidéis este ejemplo”.
Llegada al pie del banquillo, volvió otra vez los ojos al pueblo y dijo:
“Miserable pueblo, yo os compadezco, algún día tendréis más dignidad”.
Entonces se le ordenó que se montase sobre la tableta del banquillo porque debía ser fusilada por la espalda, por traidora; ella contestó:
“Ni es propio, ni es decente, en una mujer, semejante posición; pero sin montarme yo daré la espalda si esto es lo que se quiere. Muy orgullosa por defender los derechos de mi patria”.
Se la vendó y aseguró con cuerdas, así fueron fusilados ella y sus compañeros, 9 en total. Pero el sacrificio de Policarpa y sus compañeros no fue en vano, ya que cada vez se unían más hombres a los ejércitos patriotas. Se desataron una serie de enfrentamientos entre los ejércitos realistas e independentistas y después de un largo periodo de enfrentamientos, en 1819 cuando las guerrillas de Cundinamarca se unieron a las tropas de Simón Bolívar, el ejército patriota tomó fuerza y resultó victorioso, logrando así cambiar radicalmente la historia del pueblo latinoamericano.

armas contra los opresores de
la Patria. Muero gustosa y mi
sangre será vengada bien pronto
por los libertadores de la Patria”.
© Colección Museo de la Independencia – Casa del Florero
Reproducción de Jairo Gómez
EL PAPEL DE LAS MUJERES LATINOAMERICANAS EN LA LUCHA POR LA PRIMERA INDEPENDENCIA
Mención muy especial ha merecido la mujer como protagonista vital en la vida de las naciones. En los albores de la primera independencia, el genial pensador y pedagogo Simón Rodríguez se propuso dar existencia espiritual propia al nuevo mundo que nacía. Planteó entonces el derecho que asistía a los indios, negros, mestizos, mulatos, pardos y zambos de educarse junto a los blancos, y a las mujeres junto a los hombres, para que desde niñas aprendan a no temer a los hombres, y para que éstos, desde niños, aprendieran a respetar a las mujeres.
Es en la pedagogía genuinamente latinoamericana donde encontramos las primeras propuestas de reivindicación a la mujer. Recordando las palabras luminosas de José Martí, “ante las mujeres americanas se puede hablar sin miedo de la libertad”.
Mujer fue La Gaitana, la india madre, con su grito de guerra al invasor repercutiendo del Pericongo al Puracé y de Timaná al Caguán. Mujer la cacica Tomasa, la amazona de Acos, resistiendo en la trinchera andina al frente de los indios Cholos. Mujer Micaela Bastidas, inspiradora fiel y compañera del gran inca Túpac Amaru. Mujer la paraguaya indómita, la hija de Juan Mena, vistiendo sus mejores galas para asistir a la ejecución del rebelde Antequera, porque “es día de celebrar aquél en que un hombre bueno muere gloriosamente por su patria”.

Mujer la Manuela Beltrán, chispa de trenza y cotizas; la que arrancó y pisoteó en El Socorro el edicto de los impuestos y alzó a la lucha a veinte mil comuneros.
Mujer Mercedes Nariño, la hija del precursor y mártir, la primera en disparar el cañón en defensa de la naciente unidad republicana. Mujer la flor margariteña, Luisa Cáceres, la que respondió a sus carceleros que la presionaban para que su esposo depusiera las armas: “jamás lograréis de mí que le aconseje faltar a sus deberes”. Mujer Mercedes Abrego, a quien decapitaron porque había bordado con el oro más fino y amoroso el uniforme de Simón Bolívar. Mujer la hermosa Policarpa Salavarrieta, la que en medio de la niebla despachaba hombres y armas a las guerrillas del Llano, sacrificada en el patíbulo junto a su novio. Mujer la Simona Duque, la que alistó en Marinilla, Antioquia, a sus hijos para que empuñaran las armas Libertadoras.
Mujer la María Antonia Bolívar, la hermana del Padre de Nuestra América, a quien escribió para desenmascarar las propuestas urdidas en Caracas para que se proclamara emperador: “… di siempre lo que dijiste en Cumaná (…) ‘que serías Libertador o muerto’. Ese es tu verdadero título”.

anillo que llevaba puesto y señaló su corazón para que los soldados dirigieran allí los disparos. (Obra de Luis Ángel Rengifo.
© Colección Museo de la Independencia – Casa del Florero. Reproducción de Jairo Gómez
Mujer Antonia Santos, la guerrillera del Hatillo y Coromoro, fusilada en El Socorro días antes de que sus escaramuzas, fulgurantes e insólitas, ayudaran a despejar los campos a los vencedores de Boyacá.
Mujer la Sáenz, la Manuela, la Libertadora del Libertador: volcán ecuatorial, amante, revolucionaria, internacionalista, a quien después de la muerte de Bolívar y del licenciamiento del ejército Libertador, los nuevos ricos en el poder desterraron de Bogotá, Jamaica, Quito, Guayaquil y Lima, hasta que su estrella se apagó de frente al mar.

Y mujeres también las “chisperas”, las “guaneñas”, las “montoneras” y las “chihuahuas”: esas “Juanas de América” que iban a la grupa de Bolívar, Nariño, Artigas, San Martín y Morelos; compañeras de los soldados revolucionarios, de los mambises, cuates y compas de José Martí, Emiliano Zapata y Augusto Sandino, que iban, como van hoy, alumbrando en los campos y barriadas de Colombia y de América, la redención de un mundo.
Sí; esas mujeres de América, anónimas y desconocidas, pero vivas y presentes en los instantes cruciales de la historia. Sobre ellas escribió Joaquín Posada Gutiérrez, oficial del ejército de Bolívar:
“Estas ‘hijas del regimiento’, jóvenes las más, bellas, son la providencia para el soldado en marcha y en campaña (…). En los combates su heroísmo las santifica; en los mayores peligros, por en medio de las balas, metiéndose por entre los caballos, apartando las lanzas enemigas, buscan desesperadas al hombre que aman cuando notan que falta en su fila, y a veces lo encuentran o su cadáver, y lo sepultan, o lo hallan respirando todavía, y entonces, provistas de tiras de lienzo, o sacándolas de su propia ropa, lo vendan, avisan, piden auxilio hasta en el campo enemigo, y muchos infelices deben la vida a la tierna solicitud de su mujer; algunas de ellas caen traspasadas por las balas, y sin embargo ninguna se retira, ninguna huye mientras tiene la esperanza de servir en algo al pobre compañero de su triste vida”.
Sí, es ante aquella mujer del pueblo, ternura pura y heroísmo sublime, ante la mujer múltiple con alma de comuna, la que el Libertador contempla extasiado y le arranca su ardiente proclama:
“¡La mujer! Ah, ¡la mujer! … Nuestros antepasados la consideraban inferior al hombre. Nosotros la consideramos nuestra igual. Unos y otros estamos grandemente equivocados, porque la mujer nos es muy superior… Dios la ha dotado de gran perspicacia y sensibilidad, y ha puesto en su corazón fibras delicadísimas; cuerdas muy sensibles a todo lo noble y elevado. El patriotismo, la admiración y el amor, hacen vibrar esas cuerdas; y de ahí resultan la caridad, la abnegación y el sacrificio”.
Mujeres combatientes como las de Trujillo:
“Las mujeres, sí soldados, las mujeres del país que estáis pisando combaten contra los opresores y nos disputan la gloria de vencerlos y con estos ejemplos de singular heroísmo en los fastos de la historia ¿habrá un solo hombre en Colombia, tan indigno de este nombre, que no corra veloz a engrosar nuestras filas (…) a romper las prisiones en que gimen esas verdaderas Belonas? ¡No, no! todo hombre será soldado puesto que las mujeres se han convertido en guerreras y cada soldado será un héroe, por salvar pueblos que prefieren la libertad a la vida”.
Mujeres como las comuneras del Socorro:
“Un pueblo que ha producido mujeres varoniles, ninguna potestad humana es capaz de subyugarlo. Vosotras, hijas del Socorro, vais a ser el escollo de vuestros opresores. Ellos, en su frenético furor, profanaron lo más sagrado, lo más inocente, lo más hermoso de nuestra especie; os hollaron. Vosotras habéis realzado vuestra dignidad endureciendo vuestro tierno corazón bajo los golpes de los crueles”.
“Heroicas socorreñas: las madres de Esparta no preguntaban por la vida de sus hijos, sino por la victoria de su patria; las de Roma contemplaron con placer las gloriosas heridas de sus deudos; los estimulaban a alcanzar el honor de expirar en los combates. Más sublimes vosotras en vuestro generoso patriotismo, habéis empuñado la lanza; os habéis colocado en las filas y pedís morir por la patria. Madres, esposas, hermanas, ¿quién podrá seguir vuestras huellas en la carrera del heroísmo? ¿Habrá hombres dignos de vosotras? ¡No, no, no! Pero vosotras sois dignas de la admiración del Universo y de la adoración de los Libertadores de Colombia”.
Con igual embeleso se pronunció el Libertador ante los estudiantes de Arequipa en el Perú transmitiéndoles el más sentido mensaje de solidaridad:
“En quince años de combates por la libertad, vuestra suerte ha estado constantemente alimentando el valor de nuestros soldados. ¡Hijas de la América sin patria! ¡Qué! ¿No había hombres que la conquistaran? ¡Esclavos vuestros padres … por esposos humildes esclavos… esclavos también vuestros hijos! ¿Hubiéramos podido sufrir tanto baldón? No, antes era preciso morir. Millares y millares de nuestros compañeros han hallado una muerte gloriosa combatiendo por la causa justa y santa de vuestros derechos… y esos soldados que hoy reciben de vuestras manos un premio celestial, vienen desde la costa del Atlántico buscando vuestros opresores para vencerlos o morir. ¡Hijas del sol! ¡Ya sois tan libres como hermosas! Tenéis una patria iluminada por las armas del ejército Libertador: libres son vuestros padres y vuestros hermanos: libres serán vuestros esposos, y libres daréis al mundo los frutos de vuestro amor”.


Sí, mujeres María Cano, Betsabé Espinal y muchas tantas obreras que encabezaron y continúan las épicas luchas proletarias en nuestra patria. Sí, Mujeres las que aun levantadas en armas, guerrilleras revolucionarias, continúan su lucha emancipadora por la Segunda Independencia, sin capitular, sin rendirse, sin traicionar los principios y los intereses proletarios, campesinos, étnicos y populares que se comprometieron defender hasta vencer o morir.
Mujeres todas aquellas que desterradas del campo templaron su fuerza de lucha en la recuperación de los terrenos citadinos que hoy habitan sus descendientes.
Sí, Mujeres todas las asociadas y militantes en partidos revolucionarios y organizaciones sindicales y sociales clasistas, cuyo talante, ahínco, perseverancia, carácter, resistencia, fortaleza, valentía y lucha inclaudicable las ha caracterizado.
Mujeres todas aquellas que han permitido construir memoria en la historia de Nuestra América y Nuestra Patria. Mujeres, sin duda alguna, definitivas y vitales en todo el proceso histórico-revolucionario de la humanidad.

© 2023 Editorial Litopropu
ISBN 518-2022-11-14
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