EL JUICIO A URIBE NO ES POLITICO, ES CRIMINAL
GEOMETRIAS
Por:
Jorge Luis Piedrahita Pazmiño

Político fue el juicio que se le siguió al Precursor Antonio Nariño, o a José María Obando, o a Melo, o al Gran General Mosquera, o al Teniente General Rojas Pinilla… Todos cargados de una densa intensidad histórica. Paradójicamente, todos y los únicos acusados en la historia constitucional del país fueron Generales de la República. Y todos, ante el Senado de Colombia.
No hay para qué rastrear las causas y antecedentes del juicio de Nariño, acusado de entregarse a la monarquía en Pasto y de no haber vivido en la Gran Colombia tres años antes de su elección. El santanderismo acusador envuelto en tan imbéciles tramas cuando bien conocido era que la ausencia del Precursor se debía a su agonía en las cárceles gaditanas perseguido por su devoción libertaria.
El juicio a Obando se circunscribió a fustigarlo y castigarlo por el abandono del puesto y su entrega impune a los golpistas del 17 de abril de 1854. Al general Melo -primer socialista en la presidencia- le siguieron proceso por su inclinación artesanal y democrática. Fue cuando las armas se pusieron al servicio de la causa popular, pero los vasallos de la oligarquía librecambista lograron derrotarlo y remitirlo a Centroamérica a morir en olor de heroicidad y martirio.
Con el gran General Mosquera, igualmente se amalgamaron todas las camarillas pequeño-burguesas e igualmente librecambistas. El anuncio de que decretaría la rescisión de los bienes de manos muertas, adjudicados a los políticos radicales, por debajo de su valor real y de manera fraudulenta, los hizo entrar en coalición con los conservadores, en la necesidad de derrocar al presunto dictador. Terció la Iglesia con sus admoniciones antimosqueristas.
Mosquera argumentaba que para los artesanos no bastaba el proteccionismo arancelario, había que darles crédito y financiación para que sus productos sean competitivos, todo sin descuidar la educación popular, gratuita y eficiente.
Como en nuestros atribulados tiempos del gobierno del cambio (2022-2026), el juicio ante el Congreso de la Unión puso en evidencia la coalición gólgota-conservadora que saboteó las reformas que Mosquera había diseñado para cumplir sus promesas sociales. El Presidente les incrimina perentoriamente de traición a la patria y les alerta de que con el pueblo y el ejército se impondrá a la dictadura parlamentaria. Se da inicio así al duelo a muerte entre el presidente reformador y el congreso vocero de los intereses de las oligarquías, particularmente de las del dinero y de la banca.
Y el juicio al Teniente General Rojas Pinilla delata la codicia del frente liberal-conservador, ayuno de la nómina y de la contratación. Rojas había intentado la paz, pero el obstinado boicot de los plutócratas la hizo imposible. Se inventaron lo de la responsabilidad compartida, la paridad política y judicial y la alternación presidencial. La alta burguesía bipartidista pactó una nueva dictadura -de la que abominaban cuando Rojas Pinilla-, esta -la de ellos- sí institucionalizada, que lo primero que decretó fue el sobreseimiento para los autores y ejecutores de la violencia de los últimos decenios y el olvido de los genocidios cometidos en contra de miles de campesinos y obreros y el sometimiento consentido e implorado a los dictados de Estados Unidos (ayer como hoy). Así surge la efigie y realidad de un país con democracia restringida y cosmética, alineado a la política gringa, que impone la entrega a los monopolios transnacionales y la represión popular.
Pero este juicio a Uribe Vélez, es un pequeño pleito de bandidaje de corredores de celdas en busca de impunidades particulares. Delitos de ajada hilaza que habla de sus tutores y ejecutantes, lo único llamativo es que entre ellos campea un ex presidente de la república.
Ojalá se investigara al opulento cabecilla por sus verdaderos delitos que comprometen el Derecho Internacional Humanitario.
La Corte Suprema de Justicia no puede abandonar a la intrépida y denodada Jueza, que inerme -únicamente con el canon constitucional y el pliego punitivo- enfrenta al cíclope del flagicio.


Condena lapidaria ejemplar para la justicia ordinaria