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EL GAITÁN DE RICARDO GÓMEZ ARTURO

“El perfeccionamiento espiritual de Gaitán fue el resultado de sus propios esfuerzos, de sus prolongadas vigilias y de sus perpetuas abstinencias”

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Por:

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

J. Mauricio Chaves-Bustos

 

Un apego importante sentía Jorge Eliécer Gaitán por Nariño, principalmente por Ipiales, no sin razón llamada “La plaza roja”, en alusión al liberalismo que impera en la ciudad. Anota Jorge Luis Piedrahita que el caudillo estuvo en Nariño en varias ocasiones: 1931, 1933, 1946 y 1947. Así mismo anota que fue elegido Representante a la Cámara por Nariño en 1931 y en 1942 tomaría posesión como Senador por este departamento. Volvería al territorio en su correría como candidato a la presidencia en 1946, desde el aeropuerto San Luis se dirigía a sus habituales reuniones, no solamente con los líderes del partido, sino también con los obreros y artesanos, con el pueblo llano al cual excitaba con sus discursos; no sobra recordar que un gremio de obreros en Túquerres se puso en sus solapas una pequeña hacha, como símbolo de su labor, obsequiándole una a Gaitán, de ahí que en un discurso desde la plaza pública los bautizara como “mis queridos hacheros”, nombre con el cual se conoce a los tuquerreños hasta la actualidad. La foto que le tomó Teófilo Mera en Ipiales en 1946 se convirtió en una especie de objeto de reverencia, ya que en la mayoría de las casas de liberales ocupaba un lugar destacado.

 

Jorge Eliécer Gaitán en Ipiales

 

Recientemente hemos encontrado un documento poco conocido, cuyo autor es el escritor y hombre público pastuso Ricardo Gómez Arturo, “Jorge Eliecer Gaitán. Homenaje de admiración en el sexto aniversario del asesinato del gran caudillo liberal”, publicado nada más ni nada menos que en Ipiales en 1956, Tipografía La Cosmopolita. El autor es conocido por su libro “La guarida de los asesinos. Relato histórico de los crímenes del Putumayo”, cuya primera edición fue publicada en 1924 y de la cual se hicieron cuatro ediciones en total.

 

Gaitán, de Ricardo Gómez Arturo

 

El documento que consta en total de 20 páginas, está dividido en dos partes, la primera, que ocupa casi la totalidad, dedicada a hacer una semblanza humana y política de Gaitán, desde sus primeras defensas hasta su asesinato y la violencia que se generó en el país; y una segunda parte, un breve relato sobre esa violencia.

Curioso documento este sobre Gaitán, máxime hecho por Gómez Arturo, un liberal que según sus propios testimonios él y su familia debieron salir de su ciudad natal en varias ocasiones, tanto al Putumayo como al Cauca, en razón a las persecuciones por sus ideas liberales, aunque es necesario anotar que alcanzó a ser concejal de Pasto así como el Primer Contralor del Departamento de Nariño, y su padre y tíos importantes lideres sociales y periodistas.

El documento está dedicado a Plinio Mendoza Neira, el célebre amigo de Gaitán, con quien salía de brazo del edificio donde segundos más tarde sería asesinado. Gómez realiza lo que él mismo denomina unos “breves apuntes biográficos del malogrado tribuno”, inicia diciendo: “Era el más ilustre y esforzado de los caudillos jóvenes del partido liberal. Dinámico, valeroso, audaz, de cerebro robusto y perfectamente cultivado, predicó en todos los tonos inimaginables las excelencias de la libertad”, de donde se colige la profunda admiración que sentía por el caudillo y que irá retratando en el desarrollo del texto.

Habla de sus orígenes humildes y del sano orgullo que lo acompañó desde la tierna juventud, hasta el punto de rechazar una beca conseguida por su madre para estudiar en Europa, ya que como anota Gómez: “el perfeccionamiento espiritual de Gaitán fue el resultado de sus propios esfuerzos, de sus prolongadas vigilias y de sus perpetuas abstinencias”. Anota que desde que empezó a darse a conocer Gaitán, despertaba la admiración de las personas, particularmente de las más humildes, siendo un lujo lucir el botón que mostraba su rostro en las solapas de los vestidos, como una distinción de admiración por el hombre que sería luego su caudillo.

Destaca el autor los duros momentos de persecución que debió enfrentar Gaitán por parte de las élites políticas, y ni qué decir del fantasma de un gobierno falaz que no le daba tregua; anteponiéndose a esos contratiempos, Gaitán se convierte en el espíritu del pueblo, recoge su sentir y así se lo hace saber a esa élite desdeñosa. Además, Gómez se une al grupo de quienes piensan que Roa Sierra no pudo ser “el autor solitario de este monstruoso delito”, inclusive pudo ser un chivo expiatorio a quien se le endilgó un delito ajeno, “ni una sola huella quedó que aportara luz para dar con la trama en que se planeara el horrendo delito, porque el victimario fue borrado también de la faz de la tierra por las enloquecidas muchedumbres que en aquel aciago día se desbordaron por las calles de la capital.”

Describe breve aunque crudamente los desmanes de lo que se conocería como “El bogotazo”, donde una parte estratégica de la ciudad capital sería destruida -para beneficio de disfrazados reformadores y constructores de la ciudad, según otras versiones-, y ante el dolor que le causa la pérdida al autor del texto, hay también un ánimo esperanzador para sí mismo: “Hoy ya no existe en verdad el excelso tribuno; se extinguió para siempre la materia corpórea del ilustre y aguerrido Capitán; pero ¡Vive Dios! Su espíritu es inmortal: flota en el ambiente de la Patria y él seguirá fortaleciéndonos mientras dure nuestra peregrinación en este mundo.”

Luego hace una síntesis de la violencia que se regó en el país, sobre todo con la llegada al poder de Laureano Gómez, persiguiendo a los liberales por todos los rincones de la patria, generando resistencias que darían origen a guerrillas que resistían los embates horrorosos de dicha persecución, y no sobra recordar que el documento está firmado en 1954, de tal manera que esta primera parte termina así: “A buen seguro que si providencialmente no llega para Colombia el 13 de junio del año 53, el liberalismo habría desaparecido casi en su totalidad aniquilado por aquella vorágine sectaria con que el Cielo quiso castigarnos. Por eso bendigamos esa fecha  en que volvió a brillar para los oprimidos la aurora de la Libertad.”

La segunda parte, subtitulada: “Un drama de la violencia en Cundinamarca. La trágica historia de una viuda y de un huérfano”, es un crudo relato que nos recuerda esas terribles descripciones que hace el autor en “La guarida de los asesinos”, donde el realismo se impone para darle una alta sensibilidad, la historia de una mujer a quien le asesinan a su esposo y a su pequeña hija, “Al fondo y en una de las habitaciones estaba el cuerpo de su hija Camila, a la cual habían violentado y luego asesinado. El dolor de la madre y esposa no tuvo limites; en unas pocas horas había perdido todo lo que para ella era su mundo, su felicidad, sus más caros amores. Ahora se encontraba desolada y triste, e increpó al cielo el no haber estado allí cuando aquellos salvajes destrozaron la vida y la honra de sus seres queridos”. Al final del texto anota entre paréntesis: De El Espectador, de tal manera que ignoramos si es obra de Gómez o replica algo que apareció en el periódico capitalino, de todas formas, la crudeza del relato muestra el estilo del autor del cuadernillo.

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Nota: Agradezco profundamente a Milena Ruiz Gómez, nieta de Ricardo Gómez Arturo, quien generosamente me obsequió una copia de este importante e histórico documento. Se publica hoy 9 de abril de 2024, a los 76 años del asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, día Nacional de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas.

 

J. Mauricio Chaves-Bustos

1 comentario
  1. Mauricio Chaves Bustos dice

    Pido disculpa a los lectores, el folleto fue publicado en 1954 y no en 1956 como anoto en el artículo. Excusas!!!

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