EL CACHORRO DE MARCO RUBIO
Lo que se conoce es que son las autoridades ecuatorianas las responsables del aumento del tráfico de cocaína a través de sus puertos, acusando debilidad en los controles y la posible infiltración de mafias en sectores políticos y económicos de ese país.
Por:
Jorge Luis Piedrahíta Pazmiño

Hoy sesiona en Ipiales -frontera colombo ecuatoriana- el Consejo de Ministros para dirimir de una vez por todas las vicisitudes de la relación bilateral caída en picada por la insolente arremetida del exportador de banano y otras especias, Daniel Noboa.
El presidente ecuatoriano devenido en peón del imperio, viene dando saltos al vacío que le hacen más daño a su país que al colombiano. Imponer improvisadamente gravámenes arbitrarios al comercio colombiano lesiona las exportaciones ecuatorianas y por eso con clarividencia integracionista el presidente colombiano redujo a cero los aranceles para no romper los principios de libre comercio subregional que con sus patadas ha destruido el alfil de la derecha gringa. Como si los aranceles sirvieran como zanahoria para evitar el narcotráfico. Con la decisión de Petro se protege el abastecimiento y el mercado, se alivia la presión sobre el comercio, se reducen los precios de alimentos y bienes de consumo y se fortalecen los lazos comerciales que se han consolidado a lo largo de los decenios y que el improvisado derechista quiere extinguir.
El expresidente Correa no solo lo ha calificado de alucinógeno, sino que le ha dicho que el pobre no pone condiciones a la tercera economía de la región como es la colombiana después de Brasil y México.
Más de cincuenta años de guerra declarada contra la droga no valieron a anteriores gobiernos locales y extranjeros -incluidos los gringos desde Nixon- para erradicar el flagelo. Y este pichón de alguacil de frontera pretende extinguir con comparendos.
Y este es otro manotazo al derecho internacional que produce el principiante de ogro artificial comoquiera que cuando se robó al exvicepresidente y asilado Jorge Glas de la embajada de México profirió el primer atropello al derecho de los tratados.
No se sabe cuáles son las íntimas y ulteriores intenciones del señor Noboa, que ha desatado una descarnada guerra en contra de sus antiguos hermanos y benefactores los colombianos. Se sabe que está alineado con Marco Rubio y Trump en sus designios de torcer la voluntad popular colombiana e interferir proditoriamente en el proceso electoral colombiano, que todo conduce a pensar será de continuidad de las grandes transformaciones sociales y políticas que ha impulsado y llevado a cabo el gobierno del presidente Petro Urrego.
No solo el presidente Petro ha ordenado el retorno de la embajadora, sino que excluyó a Colombia del Pacto Andino que ha sufrido mortal estocada con la paranoica conducta del ecuatoriano. Colombia se convertirá en socio pleno del Mercosur y se integrará con el Caribe y Centroamérica.
Lo verdaderamente grave es la postración económica en la que queda la frontera colombo-ecuatoriana, asediada por la brutalidad impositiva de Noboa que, sin ningún pudor ni norte ha desatado la estrangulación de las dos comunidades al sur-norte de Rumichaca. Generando como fatal consecuencia que el comercio formal se derrumbe, y las trochas o pasos ilegales se reactiven, golpeando las finanzas de los países y fortaleciendo las rutas controladas por los grupos ilegales, que es lo que supuestamente Noboa alega evitar.
En el propio Ecuador hablan del desplome de las importaciones porque no están comerciando mejor sino comerciando menos. Desvío del comercio que reemplaza proveedores más eficientes por otros más costosos encareciendo bienes e insumos y reduciendo el valor económico en general. El cachorro del imperio lo que debe hacer es parar la guerra comercial y no celebrar que se destruya el comercio bilateral.
Y es que en el fondo subyacen los desastres del narcotráfico y la seguridad en la frontera.
El presidente colombiano ha sido perseverante y contundente en su lucha contra el narcotráfico incluso desde el inicio de su vida política, colocando en riesgo su vida misma por la valerosa denuncia que hizo de las estructuras paramilitares y las mafias del narcotráfico.
Lo que se conoce es que son las autoridades ecuatorianas las responsables del aumento del tráfico de cocaína a través de sus puertos, acusando debilidad en los controles y la posible infiltración de mafias en sectores políticos y económicos de ese país. El propio presidente ecuatoriano ha sido cuestionado por el posible involucramiento en el tráfico de estupefacientes camuflado con su tradicional exportación de bananos. Sucede igual con los barones de la derecha colombiana, empezado por el titiritero mayor -como lo llama Iván Cepeda- que lanza dardos envenenados en contra de Petro-Cepeda sin parar mientes que los condenados y perseguidos por los delitos de narcotráfico, corrupción y paramilitarismo son precisamente los fundadores y dirigentes del Centro Democrático, partido que más parece gueto de mafias y bandidaje de derecha.
Petro, por el contrario, ha defendido los avances de Colombia en la lucha contra el narcotráfico, asegurando que se han logrado importantes incautaciones internacionales y una reducción significativa de cultivos ilícitos, especialmente en zonas fronterizas como Nariño y Putumayo.
Precisamente en nuestra ciudad de Ipiales se cumplirá hoy el Consejo de Ministros para puntualizar las falsas acusaciones de Noboa y todos sus satélites dentro y fuera del querido y hermano pueblo ecuatoriano.

