EDUARDO ESCOBAR, POETA NADAISTA
(Envigado, 20 de diciembre de 1943 - 18 de marzo de 2024)
Por:
J. Mauricio Chaves-Bustos

Me entero de la muerte del poeta nadaista Eduardo Escobar, sucedida anoche en Envigado a los 80 años de edad, después de padecer cáncer de pulmón. Recordé que en 1998 tomé un curso de Nadaísmo, lo organizaban estudiantes de literatura de la Nacional, los sábados en la madrugada salíamos del campus hacia el municipio de San Francisco (Cundinamarca), donde vivía en una ostentosa finca el “niño” de los Nadaistas, y ahí, en una rigurosa jornada leíamos, escribíamos y escuchábamos a los otros nadaistas invitados -Jota Mario Arbeláez, X-504, Mario Rivero, entre otros- algunos posaban como inspiradores sacerdotes, otros, más humanos, descendían a nuestro plano de ignaros literatos.

Cumplida a cabalidad la jornada académica, venía luego una bacanal de licores y otras especies, entonces era Dioniso quien presidía la tarde y la noche, los licores y los paraísos artificiales cumplían su papel y la poesía era una rueda de personas sueltas hablando de la amistad que nos uniría por siempre y de otras lindes -debo confesar que nunca más volví a ver a ninguno de los cursantes-. Eduardo Escobar se mostró siempre altivo, la estatura le ayudaba un poco, empleaba un lenguaje demasiado críptico para mi gusto, pero siempre nos trató como se esperaría que tratara un nadaista a un aprendiz de todo y de nada. Lo leía durante un tiempo en las columnas de El Tiempo, seguía siendo críptico, pero mordaz hasta consigo mismo.
Qué mejor descripción que la que hace el propio fundador del Nadaismo, Gonzalo Arango, sobre él: “Eduardo Escobar aportó 15 años fracasados y un manojo de cajetillas de papel higiénico con poemas carcelarios. Fue aceptado por su cara de serafín loco y sus ganas de ser cualquier cosa menos gerente del Banco Comercial Antioqueño. Militó los primeros años en una bohemia atorrante, suicida y estupefaciente, hasta que contrajo una tisis romántica que lo hizo cambiar de clima, de ruta y de vida. Hijo legítimo de la burguesía, su pasión revolucionaria fue el poeta comunista Vladimir Maiacovski, de quien quiso plagiar su suicidio. En vista del fracaso, olvidó la tontería de la muerte, y tomó del poeta ruso sus impulsos para los primeros gateos hacia la perfección. Liberado de su aplastante influencia, tornó a sus fuentes y se sació en la luz protectora del espíritu brujo de Fernando González, más entrañable a sus rebeliones. Eduardo es en su figura la imagen misma del desamparo. Tanto que, para salvarse de su roedora soledad, inició una errancia apache por mapas de ciudades desconocidas, por escenarios culturales, por los Marymounts de angelicales coca-colas-de-caballo, por bares vomitivos y piojosos, por los frustrados caminos de regreso sin salvación”. (Tomado de: Invención de la uva, contraportada).
A un poeta se lo recuerda con su poesía, para así no perderlo de su infierno o de su propio cielo, no sin razón cuando le preguntaron qué es ser poeta, respondió: “Ser poeta es sentarse a caminar”.

Envío
¿Dónde están, Egipto
aquellos tus sabios?
Y el profeta Isaías, ¿dónde está?
¿Y Lu Ki?
¿Y los antiguos poetas aztecas
que cantaban la tierra donde no se muere?
¿Y qué se hizo François Villon
mentiroso ladrón y buscapleitos?
¿Y León de Greiff, su cómplice o compinche?
¿Y Jorge Manrique, el poeta?
¿Y Mercedes Simone
y Silvia Pinal y Lucho Gatica?
¿Carlos Gardel y “los muchachos de entonces”
le dieron para siempre mate al mate?
Y con aquel muchacho, Beto, en los puentes
estupendo fumador de marihuana, ¿qué pasó?
¿Dónde venden fósforos de palo?…
¿Cuándo volveremos a ver a Pedro Infante?
¿Y a Luis Sandrini?
¿Pero qué se hizo Mario Lanza?
¿Y Néstor Urrea, que tomaba Noctinal
y ambicionaba ser libre como el agua?
¿Y Joselillo?
¿El modelo T de la Ford
está definitivamente descontinuado?
¿Y los que mataron a Uribe Uribe
qué camino cogieron?
¿Y dónde echaron los automóviles de manivela
y las neveras de petróleo
y las cucharas de guayacán
y los peroles de hierro?
¿Y Edgar Le Masters
con qué colina linda para siempre?
¿Dónde corre Manuel Fangio, el bólido?
¿A quién le pega Sony Liston?
¿Y en qué Hollywood vive ahora María Montes?
¿Cómo canta la Callas?
¿Y cómo se llamaba el león de la Metro, ya cano?
¿Oscar Gil, el hombre de la llama, qué nos dice?
¿Y qué se hizo el que hizo
la Estatua de la Libertad?
¿Está preso?
¿Y qué fue de las rotundas rodillas de Ivonne de Carlo?
¿Pero por dónde huyó el soldado desconocido?
¿Y Oppenheimer, a qué se dedica?
¿Y el que derrotó al agente 007?
¿Y el que manejaba el auto en que se mató Iván pineda?
¿Y Rossi y Sívori y Labruna
en qué estadio escarbarán la yerba?
¿Son todavía invencibles?
Un solo instante vivimos.
Todos fueron quebrados
como vasos de barro.
Gordos y flacos los capitanes
todos tienen
pies de ceniza.
Juro que no miento.
Otro tanto se lleva el viento
pero la luna se renueva…


