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CINCO CURULES A LA CÁMARA DE NARIÑO, UN NUEVO MAPA POLÍTICO

uando la política se vuelve conversación en el barrio, en la universidad, en el trabajo, en la casa, deja de ser espectáculo y se convierte en conciencia, y esto es lo que está pasando en Colombia.

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Por:

Fernando Enríquez

 

Fernando Enríquez

 

La democracia no es una jornada para hacer una fila frente a una urna ni un tarjetón marcado con el afán del día. Es decir, la democracia no son elecciones y las elecciones no son la democracia. La elecciones son, entonces, un punto en la democracia, no es de inicio ni de llegada. La democracia es, ante todo, una forma de organizar la vida colectiva, tiene apellidos (representativa y participativa), pero su esencia es más profunda, es la capacidad de las personas para ejercer su libertad.

El pensador colombiano Antonio García Nossa entendía la democracia como un sistema de vida, no como un simple mecanismo institucional.

“La democracia constituye ante todo un sistema de vida, entendido como un todo orgánico y multilateral, a la vez coherente y contradictorio, en el que cada una de sus partes representa una función y además una función interrelacionada y cambiante”

Para él, una democracia auténtica debía propender por crear libertades concretas y herramientas materiales para ejercerlas. No basta con el derecho abstracto a decidir, se requiere conciencia, información, deliberación pública y condiciones para poder participar.

“La democracia es total en el sentido que no puede existir a medias, ni como una suma de partes desordenadas y sueltas, ni como un sistema contrahecho que declara a los hombres libres pero niega los medios – económicos, culturales y políticos – de ejercicio de libertad. Si quiere mantenerse nada más que la democracia política, sin democracia en la economía, ni ordenación abierta de clases y partidos, ni formación de una conciencia que funcione por dentro de la voluntad electoral del pueblo, ni Estado construido para abolir estructuras de dominación y privilegio, la “democracia” no pasará de ser una ficción de libertad y de representación de pueblos sin voluntad propia.”

Ahí radica la dialéctica de la democracia, representación sin participación es mero formalismo; participación sin representación se diluye en espontaneidad. El hecho electoral es el punto de encuentro de ambas nociones. Como síntesis es voluntad organizada.

 

Cuando la política entró a la mesa del comedor

 

Uno de los fenómenos más notorios de estos 4 años es que la política ya no es asunto exclusivo de élites, noticieros, círculos cerrados, académicos o temporadas electorales. El Pacto Histórico logró lo increíble, convertir la discusión pública en conversación de lo cotidiano.

En gran  medida, ese giro tiene un protagonista central: Gustavo Petro. Su constancia en explicar las reformas, el presupuesto, la deuda, la transición energética o la justicia social, transformó la política en lenguaje común. La pedagogía permanente desplazó la consigna.

También hubo comunicación en el territorio,  dirigentes sociales, líderes de opinión alternativa, congresistas y activistas que comprendieron que hablar de país no podía reducirse a cada cuatro años. La clave fue asumir la política como práctica cotidiana. Como sistema de vida. Justamente en la línea que sugería García Nossa.

Cuando la política se vuelve conversación en el barrio, en la universidad, en el trabajo, en la casa, deja de ser espectáculo y se convierte en conciencia, y esto es lo que está pasando en Colombia.

 

Encuestas, continuidad y tendencia

 

Desde 2022, las encuestas han mostrado línea estable: el Gobierno Nacional y su fuerza política han mantenido los niveles de aprobación y reconocimiento. La consulta interna del Pacto en octubre de 2025 confirmó capacidad organizativa y movilización electoral en una fecha particular. Las mediciones de las  recientes encuestas, siguen señalando que es la colectividad con mayor identificación popular.

Las encuestas no son las que  votan, eso es claro, pero sí revelan el clima político. Y el clima político importa muchísimo.

Este 8 de marzo no será una elección más, será el resultado de cuatro años de conversación permanente.

 

El escenario en Nariño

 

Para el departamento de Nariño se asignan cinco curules en Cámara de Representantes. Los números de 2022 mostraron una estructura que se la puede tomar como espejo para el 2026. Quien supera los 80.000 votos asegura escaño, quien ronda los 70.000 entra en zona de tensión y disputa, mientras quien bordea o supera los 150.000 puede aspirar con firmeza a dos curules.

Hoy el mapa no parece cambiar drásticamente esa aritmética. Pero la diferencia se encuentra en la vanguardia.

El Pacto Histórico proyecta convertirse en la lista más votada del departamento y aspirar a una segunda curul. Erick Velasco y Rosita Guevara representan esas posibilidades. El conservatismo mantendría una curul entre Cabeto y Peñuela, con mayor favorabilidad en el primero. La coalición Verde-Aico disputaría otra en un escenario de fotografía cerrada entre sus principales figuras: Alejandra Abásolo y el ipialeño Fernando Ramírez. En la franja de mayor competencia se ubican la U con Teresa Enríquez y la coalición La Fuerza–Mira con Jhon Rojas. Rosita Guevara, en términos de cifra repartidora, podría oscilar entre la tercera y quinta votación.

Cinco partidos para cinco curules. Pero solo uno con posibilidad real de llevarse dos.

Desde esta columna de opinión, que obviamente no pretende ser la verdad electoral,  no se vislumbra un terremoto en los guarismos respecto de 2022, el cambio estaría en el liderazgo de la votación. El Pacto Histórico ya no como fuerza emergente, sino como fuerza dominante.

 

Más allá del resultado

 

La política tradicional sabe que sus herramientas siguen siendo poderosas. Pero también sabe que están bajo cuestionamientos y en decaída. Las nuevas generaciones que hoy deciden no se movilizan por inercias familiares ni por lealtades automáticas. Tienen otro horizonte, los mueve la justicia social, derechos, transición, participación real. Ese horizonte no nació espontáneamente. Se construyó en conversación permanente.

El 8 de marzo será el pueblo quien escriba la historia. Si el Pacto Histórico se impone, no será únicamente por una campaña, será por haber entendido que la democracia no es temporada sino cotidianidad; no es un pacto de élites, todo lo contrario, es un acuerdo social vivo.

La democracia, cuando es sistema de vida, no se delega, se ejerce.

 

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