Banner Before Header

CASI 100 AÑOS

La mamita Nila fue el amor, la generosidad, la fuerza y la bondad hecha persona.

0 329

Por:

Elsy Melo Maya

 

Elsy Melo Maya

En efecto, el 9 de marzo cumplía sus 100 años de vida, la señora María Maximiliana Castillo de Erazo, la esposa y madre, nacida en el municipio de Sandoná, reconocida como una mujer trabajadora, con una fe inquebrantable en el Dios Todopoderoso, misma que le permitió sacar adelante a su numerosa familia, participando siempre en sus compromisos y emprendimientos, los cuales asumió y defendió con compromiso y entereza como una verdadera líder de su hogar.

Su fallecimiento, el pasado viernes 7 de enero, deja un inmenso vacío entre quienes tuvimos la fortuna de conocerla, admirarla y compartir momentos especiales, y ni qué decir, entre sus familiares. Es la pérdida en la tierra de un ser muy especial, tal como lo describe con inmenso amor, uno de sus nietos, el Ingeniero Físico Carlos Augusto Andrade Eraso:

“Es increíble cuántas cosas, lugares, circunstancias y recuerdos puede desencadenar una sola persona. El café dulce, una bendición con la más bella sonrisa, la alegría de llegar en noviembre, diciembre y la triste despedida de enero; el café secándose al sol mientras jugábamos en una casa llena de plantas, un sancocho en la olla mágica de la que todos podíamos comer y siempre alcanzaba, o el motivo de esperar hasta las 12 de la noche, un 31 de diciembre para pedir una bendición que, de verdad, nos daba fuerza para afrontar un nuevo año.

La mamita Nila fue el amor, la generosidad, la fuerza y la bondad hecha persona. Y Jehová Dios la bendijo y la quiso tanto como nosotros, por eso descansó satisfecha sus días, viendo crecer sus
ramitas hasta de cuarta generación. Nos dio y nos enseñó tanto, que sientes que no fue suficiente lo que dimos a cambio, sientes que has quedado en deuda. Este dolor que sentimos es testigo de
cuánto la amamos y cuán grande fue su impacto en nuestra vida, y por eso una parte nuestra muere con ella hoy.

Sin embargo, pienso que ella nos quería tanto que sé cuánto se molestaría si nos viera demasiado tristes. Desde hace tiempo ella era consciente de que quería descansar, porque así veía a la muerte, con un dormirse esperando despertar y ver a sus seres queridos. Y creo en esa promesa de volverla a ver, porque el paraíso sin ella no estaría completo para mí.

Hoy, con un dolor que me carcome por dentro, he decidido que con el tiempo y la fuerza que nos da Jehová, la tristeza eventualmente se transformará en una sonrisa, que nos permitirá recordar esa casa, ese café, ese abrazo. Hasta mi último suspiro la recordaré porque al igual que toda nuestra familia, yo soy su legado.

Gracias tíos, mamá y papá por cuidarla y quererla, por servirla hasta el final. Gracias primos por visitarla, apoyarla y amarla. Gracias amigos por apreciar su valor. Sé que nada será igual sin ella, pero también sé que continuaremos con una vida en paz y armonía, la que ella impulsó para toda su familia”.

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.