TAN CERCA DE ESTADOS UNIDOS Y TAN LEJOS DE DIOS

El deterioro del orden público, la corrupción, el desplome de la economía dieron al traste con el establecimiento y se abrieron las avenidas para la irrupción vigorosa y desafiante de la era de Chaves Frías y Maduro Moro.

Por:

Jorge Luis Piedrahita Pazmiño

 

Jorge Luis Piedrahita Pazmiño

 

Juan Vicente Gómez, autócrata, supersticioso y totémico, asaz bolivariano, decidió que su natalicio fue el 24 de julio y que moriría un 17 de diciembre, tal como ocurrió en coincidencia con las fechas del Libertador. (Claro que se falsificaron los registros civiles por orden del dictador). Por eso será que también le decían “el brujo”. En los parlamentos hegemónicos que escogía personalmente sesionaba lo más diestro y erudito de la inteligencia venezolana, toda cooptada por el oro y la espada del déspota. Juristas de fachenda, médicos consagrados, militares vástagos de la oligarquía, todos fueron congresales puntillosos, aunque vilipendiados. Todos hicieron su pasantía en los congresos sometidos y de allá algunos ascendieron al escalafón diplomático.

Piénsese en José Gil Fortoul (autor de la “Historia Constitucional de Venezuela”), Diego Bautista Urbaneja, Santos Dominci, Caracciolo Parra Pérez (constitucionalista, historiador, autor de la “Historia de la República”), Esteban Gil Borges (historiador, canciller), Pedro Manuel Arcaya, Laureano Valenilla Lanz (autor del “Cesarismo Democrático”, apologético de la dictadura), Julio César Salas, Pedro Emilio Coll, Luis Urbaneja Achepal, Jesús Semprún, Manuel Revenga, así como el papá del eminente Arturo Uslar Pietri, todos ellos de la élite hemática y cultural venezolana e internacional. E insólitamente también el propio Rómulo Gallegos, novelista y futuro presidente que recibió las migajas de la dictadura, que lo hizo rector universitario y senador de Apure, amén de financiarle la edición de “Doña Bárbara”, dedicada al dictador. Así que Gallegos no solo tuvo que renegar del gomecismo sino defenderse de quienes lo calumniaban de haber plagiado “La Vorágine” del colombiano Rivera.

Sólo evadieron el maleficio del “Benemérito” quienes huyeron al exterior, como José Rafael Pocaterra, Rufino Blanco Fombona, Arévalo Cedeño, que conspiraba desde Arauca. Los futuros presidentes Raúl Leoni y Rómulo Betancourt eran universitarios insurgentes, e igual partieron al destierro. Leoni se vino a estudiar al Externado y fue condiscípulo del director de El Tiempo, García-Peña. Rómulo estaba en Bogotá el 9 de abril y fue acusado de matar a Gaitán (por comunista) y también sufrió un atentado urdido por Trujillo, el dictador de República Dominicana.

Más lujuriosos y becarios resultaron los generales López Contreras y Medina Angarita. López, historiador y letrado fue el escritor fantasma del dictador. (Fue su legatario en 1935). En su período tuvo que reprimir el primer paro de la industria petrolera que ya asomaba su fuste y carcinoma estatal. Como todos sus predecesores, fue apresado, expulsado y condenado por peculado y enriquecimiento ilícito. Murió nonagenario.

Lo sustituyó el también general -como era de rigor- Medina Angarita, que fue su ministro, pero también su némesis y al que igualmente lo asoló el fantasma calcinante de los hidrocarburos que robustecieron el presupuesto, la burocracia y la consabida corrupción. El 18 de octubre de 1945, ya casi al final de su administración, fue derrocado por un golpe de Estado encabezado por jóvenes militares y profesionales sublevados pero fletados por el dólar petrolero.

En tiempos del “benemérito” ya se hablaba de Diógenes Escalante como presidenciable. Tanto el dictador como López Contreras y Medina, así lo tenían presupuestado. Inclusive los adecos -con Betancour- lo candidatizaron. Intempestivamente, cuando ya preparaba su plataforma y su posesión, enloqueció irremediablemente. El Air Force One de Truman (que era su amigo personal) vino por él con destino a un sanatorio en Illinois, en el que murió 20 años después. Lo reemplazó en la candidatura un doctor Biaggini, que la arruinó porque al agradecer su postulación escribió entusiasmo con “c”. Escalante es el responsable de que una pintura del Libertador Bolívar esté empotrada en la Oficina Oval por orden personal de Truman.

 

Presidentes de Venezuela reunidos tras la caída de la dictadura perezjimenista. De izquierda a derecha: Wolfgang Larrazábal, Rómulo Gallegos, Édgar Sanabria, Eleazar López Contreras y Rómulo Betancourt.

 

Los «adecos», de Betancour, Leoni y Gallegos apoyaron la sublevación que derrocó a Isaías Medina Angarita en 1945 y llevaron a Betancourt a la Presidencia de la República (hasta 1948).

Le sucedió el también «adeco» Rómulo Gallegos, por nueve meses y fue el primer presidente elegido por voto. Pero también lo derrocaron los militares que se quedaron por 10 años envueltos en oleadas de corrupción, fraudes, opresión y crímenes, también como era de rigor.  Carlos Delgado Chalbaud era el  jefe de la junta hasta su asesinato. Allí comienza la parábola fatal de Marco Pérez Jiménez hasta 1958, dictadura de represión policial, auge y peste del petróleo y la podredumbre. Fue destituido (1958), juzgado por desfalco (1963) y encarcelado (hasta 1968).

Gabo, a la sazón habitante en Caracas, escribió un reportaje sobre la huída del dictador de turno y allí capta a Pérez Jiménez trepando en la escalerilla del helicóptero, desesperado porque olvidó en el piso una valija repleta de dólares, que era su pequeña caja menor para los tintos.

Vino el Acuerdo de Punto Fijo, el engendro de un Frente Nacional a la venezolana. Períodos presidenciales de cinco años. Pero Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera repitieron y no fueron inferiores a las dictaduras. Bajo el duende malhadado de los hidrocarburos, se habló de la “Venezuela saudita”. Los nacionalizaron, pero los gringos alegan que sin indemnización. Caldera ganó en 1968 con 32.000 votos, es decir con el 0.89%. En su segundo período, el deterioro del orden público, la corrupción, el desplome de la economía dieron al traste con el establecimiento y se abrieron las avenidas para la irrupción vigorosa y desafiante de la era de Chaves Frías y Maduro Moro.

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