Por:
Gustavo Álvarez Gardeazábal
Hoy, hace 25 años se demostró, para horror de muchos, que el poderoso imperio norteamericano no es invulnerable. La gesta suicida de las 4 tripulaciones de musulmanes que apoderándose cual piratas aéreos del control de 4 aviones de línea hasta hacerlos chocar contra las Torres Gemelas y el Pentágono, le quebró el espinazo a un mundo que todavía pensaba en las guerras entre cañones y tanques, barcos e infanterías y lo puso a enfrentar la realidad del atrevimiento terrorista.
El pánico creado en Nueva York, y después en el resto del mundo que seguíamos por la pantalla de los televisores el transcurrir no ha podido ser igualado ni con las amenazas de la guerra nuclear de Trump y Putin ni con la vesania de Netanyahu o los Ayatollas.
Haberse ingeniado el apoderarse de los cuatro aviones, conseguir quién pudiera saber manejar esos aparatos gigantescos y desviarlos a estrellarse contra los blancos elegidos, requería no solo imaginación criminal, como han querido seguir presentando, sino inteligencia perversa como la que tenían los mongoles o los hunos.
La historia manejada por los fallidos dueños del poder de entonces y de ahora, ha construido la teoría a lo largo de estos 25 años de que los musulmanes son el azote de la humanidad y que seguir las enseñanzas de Mahoma es pernicioso para sus creyentes como para el resto de la humanidad.
Si no se tuviera ese criterio, el mundo se habría levantado contra la masacre de Gaza y la habría condenado con la misma fuerza que hoy esgrime contra los mahometanos y el Islam.
Quizás ahora, o en el mundo, por llegar de la peligrosa pero muy atractiva IA, esas diferencias entre cristianos y musulmanes se puedan superar y el crecimiento del monstruo cibernético nos lleve a buscar una convivencia o un entendimiento para marchar juntos a defendernos de las monstruosidades que nos abrirá la IA.
Entonces valoraremos en su justa medida la gesta suicida y asesina del 11 de septiembre.
Muchas gracias.
Septiembre 11 del 2026