SOY PUPIALEÑO

Tercamente, dolorosamente me arraigué a Pupiales y, a veces, los amores sangran.

Por:

Albeiro Arciniegas

 

Albeiro Arciniegas

 

Soy pupialeño y uno de esos pupialeños extraños, que con hechos intentó que esta tierra sea conocida en el pais y en otros lugares.

Soy orgulloso de coterráneos como el doctor Domingo Sarasty Montenegro, José Elias del Hierro Guerrero, hombres de Estado de imponderable y jamás repetido prestigio, de José María Hernández Vivas, el gran héroe de la guerra con el Perú, de Juan Ernesto Chamorro, subcampeón del Tour de L’Avenir en Francia y de mucha otra gente talentosa que hay en la zona, de mi gran amigo Fernando Otmaro Belalcazar, el médico de las celebridades en Colombia.

Tercamente, dolorosamente me arraigué a Pupiales y, a veces, los amores sangran. Como todo ser humano subyace en mí un deseo profundo de vivir en paz, pues tengo una gran responsabilidad, hijos a quienes educar en valores y conceptos de civilidad humanística y social.

Entiendo que no puedo ser indiferente a lo que ocurre en mi pueblo. En estas horas, en las calles, sólo se le da vueltas al mismo tema. ¿Y ahora qué va a pasar? ¿Qué viene para nosotros?

Hay preocupación, es entendible, y yo no sé qué decir. No se me ocurre nada. Quizá todo dependa ahora de nuestras decisiones personales asumidas con responsabilidad. “En las horas de peligro es cuando la patria conoce los quilates de sus hijos”, decia Marco Tulio Cicerón.

Mi solidaridad inmensa, en la parte humana, por el doloroso episodio. Nunca he pertenecido a esa gente de espíritu enfermo que se alegra con los problemas ajenos. Ver a un coterráneo en esas imágenes dramáticas me tocó el alma, sacudió mi sensibilidad, que no es común.

Permitamos, por ahora, que las aguas se decanten. Pero acentuemos, queramos más a este pueblo, es el único, en el que nacimos, el que nos tocó; seamos solidarios en la medida de nuestras posibilidades, a alguien por ahí le dije, “yo, por lo menos, moriré pobre, pero jamás dirán de mi que fui tacaño”.

Ayudar, ayudar siempre en lo que nos sea posible a todos y trabajar, trabajar mucho en lo que se debe y nos corresponde; mientras tanto les prometo que seguiré volviendo cuentos y novelas este tipo de dramas.

Ojalá algún día me lean para que jamás se repita, para que se aprenda. Ojalá podamos aclararle al país que acá somos gente buena, que sólo sufrimos el golpe de la desesperanza que nos marcó como nación. Yo no juzgo a nadie, no condeno a nadie…

Oraciones por todos, por los unos y los otros. Nada de rencores. Eso ayuda bastante.

(No estoy diciendo con mi escrito que no haya responsables internos que tendrán que explicar muchas cosas y también asumir consecuencias. Si se recuerda, yo voté en Pasto porque avisoraba lo que podia pasar. Lo advertí. Lo reiteré. Utilicé plastilina y no me creyeron. Como académico tengo una responsabilidad, que no es política, pero sí de orientación ética y moral en los procesos sociales y cumplí. Igual, de lo ocurrido debemos aprender todos. De esta crisis salimos más fuertes como sociedad o terminamos hundidos. Y eso no lo merece nadie, menos nuestros hijos y los que quedan. Agrego esta aclaración para que se entienda mejor. El fenómeno es tan nuevo, tan complejo, tan humano y, si se me permite, tan torpe, que debe mirarse desde diversos ángulos).

Pero tampoco será agrediéndonos como salimos de esto.

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